Callar o no parar de hablar. Esa es la cuestión de María Jesús Montero.

La vicepresidenta María Jesús Montero, en el candelero por haber desvelado información que no debería tener sobre los problemas de la pareja de Ayuso con Hacienda, porque son absolutamente confidenciales por la Ley de Protección de Datos, dijo en sede parlamentaria, señalando con el dedo al líder de la oposición, que su mujer había recibido subvenciones de la Junta de Galicia cuando él era presidente.

Es una información que se ha demostrado falsa, pero parece casi imposible que la vicepresidenta del gobierno de una nación con tradición democrática se retracte de lo dicho, ni en el Parlamento ni en ningún otro lugar.

Un gobierno enrocado en una defensa numantina, que contesta a cualquier pregunta en las sesiones de control con un “Ayuso dimisión”, menospreciando al Parlamento y la inteligencia de la gran mayoría de los españoles.

Locuacidad que contrasta con el silencio total que mantuvo sobre el escándalo de los ERES y otros delitos de malversación en Andalucía, siendo como fue miembro destacado de la Junta, en la que ostentó cargos de suma importancia, entre ellos ser titular de dos consejerías, una de ellas de Hacienda, desde 2002 hasta 2018, ¡16 años! Durante los que, al parecer, o no se enteró, algo prácticamente imposible, o, sabiendo lo que pasó y seguía pasando, optó por mantener cerrada esa boca suya que ahora utiliza con tanta soltura.

Esta actitud, ahora generalizada en el Parlamento, parece un problema menor, pero tiene un aire ineludible de falta de convencimiento democrático y manifiesta una alteración evidente del concepto de servicio público, el fundamental, el único, como es que los miembros del gobierno son elegidos para administrar los recursos del Estado buscando nuestro bienestar, (“nuestro” engloba a todos los españoles) y promulgar leyes ajustadas a la Constitución.

Manteniendo, como debe ser, la cortesía y la transparencia que se merece el Parlamento, sede de la soberanía popular y no de la soberanía del gobierno de turno, por muy democráticamente que haya sido elegido.

Indudablemente, vamos de mal en peor.

Valencia, 22 de marzo de 2024

José Luis Martínez Ángel