Se está corriendo la especie de que el silencio del gobierno sobre el reconocimiento de Edmundo González como ganador de las elecciones en Venezuela se debe a que están trabajando en la sombra para conseguir una “transición democrática” en aquel país.
La palabra transición significa, según la RAE, “acción y efecto de pasar de un modo de ser o estar a otro distinto”, pero estamos en España y, para nosotros, esta palabra tiene un sentido político muy especial y totalmente diferente a lo que pueda ocurrir en Venezuela.
Porque, de entrada, en España el dictador murió en la cama derrotado por la vejez y porque la transición a un estado democrático se gestó durante muchos años antes por un grupo de estrategas, entre los que estaban los custodios del entonces príncipe, el propio príncipe cuando tuvo edad para hacerlo, una parte de la cúpula de la iglesia, otra de los mandos militares y un grupo importante de notables de la vida civil.
Equipo que diseñó y controló una estrategia para que la transición se realizara sin enfrentamientos sociales, porque en España seguía existiendo un núcleo muy importante de poderosos de la extrema derecha, eso sí que era extrema derecha, y era fundamental que las calles se tomaran con ilusión y no con armas.
Y fue muy complicado, mucho, pero funcionó.
Y lo que aquí se pretende, supongo, es un apaño vergonzoso por el que Maduro y toda la cúpula del poder en Venezuela, tiranos enriquecidos a costa del tráfico de cocaína y de robar al pueblo, puedan salir del país con todas sus riquezas y con total impunidad.
Y a eso le llamarán transición. Y proclamarán el gran trabajo de Zapatero y de todos los impresentables de la extrema izquierda, también de nuestro gran líder, el presidente Sánchez, los que han estado años y años beneficiando y beneficiándose de la dictadura venezolana y aplaudiendo enfáticamente todo lo malo que ha hecho el tal Maduro, no más lejos que en las últimas elecciones generales.
Es cierto que será bueno para las víctimas que desaparezcan los verdugos, pero no lo es menos que estos verdugos han sido engordados y protegidos por los que ahora pretenden figurar como salvadores del pueblo venezolano.
Solo que el pueblo venezolano no consentirá semejante maniobra propagandista, ni los muchos que han sufrido las fechorías de su gobierno, ni los menos que se han beneficiado de ellas.
El gran Zapatero, el que fabricó la leyenda de ser el que derrotó a ETA porque estaba en el gobierno el día que dejaron las armas después de tantos años de enterrar a inocentes, de sufrir el acoso de las fuerzas armadas, de quedarse sin posibilidades de continuar la lucha armada y de sentir en la nuca el rechazo de la sociedad.
El gran mentiroso que podría haber facilitado el final del chavismo muchos años antes y que ha intentado hasta última hora que países de la OEA, en la que actúa como representante de España, reconocieran a Maduro pese a ser consciente del gran fraude del día de las elecciones.
En Valencia, a 13 de septiembre de 2024, día universal de la democracia, tan amenazada por dictadores de todo el mundo y por sus cómplices, algunos de ellos disfrazados de personas de bien, de trabajadores para la paz.
José Luis Martínez Ángel