Ayer mantuvimos un cambio de impresiones en un entorno amigable, aunque con opiniones diferentes, sobre algo absolutamente imposible de descifrar, como es la forma de actuar del cerebro de Trump, siempre en ebullición, y tratando de adivinar que hay detrás de sus decisiones, más o menos firmes, o de sus amenazas, siempre poco consistentes.
Y, como tema predominante, su interés en <<conquistar>> Groenlandia
Mi opinión, muy aventurada, claro, es que el argumento de que la seguridad del Ártico se reforzaría con un mayor control de la zona por los Estados Unidos, cae por su peso, ya que para esta nación resultaría más cómodo y mucho más barato si ese control lo realiza la OTAN, en la que está incluida, que no su propio país.
Porque la seguridad del Ártico también compete a los países europeos componentes de la OTAN, que son los titulares actuales de esa franja costera que abarca las costas de la latitud 80º y longitud entre los 80º W y 30º E. Desde el oeste de Groenlandia hasta el este de Noruega.
¿Tierras raras y otros recursos naturales? Parece seguro que hay, pero también que existen otras formas de beneficiarse de su explotación llegando a acuerdos con terceros, entre ellos, claro está, con la propia Groenlandia, que estaría encantada de obtener ingresos por sus propios recursos, pudiendo controlar, al mismo tiempo, la intensidad o el ritmo de las explotaciones para no dañar el medio ambiente más allá de lo estrictamente necesario, una de las líneas rojas nacionales.
Algo parecido a lo que hizo Noruega, cuando todavía era Suecia y firmó acuerdos con la Liga Hanseática alemana para la explotación de la pesca, especialmente del secado del bacalao, llegando a construir viviendas para los alemanes y enormes secaderos en ciudades como Bergen.
Pero los más viejos tratamos de ver que hay detrás de lo que parece y, en este caso, hay algo que podría justificar la verdadera razón de un megalómano como el tal Trump, empeñado en pasar a la historia siendo <<más que el que más>> en todo, como demuestra su otra obsesión, conseguir el Nobel que en su día obtuvieron los presidentes Theodore Roosevelt, Woodrow Wilson, Jimmy Carter y Barack Obama, que es el que más le duele.
Y su gran triunfo sería conseguir que Groenlandia pasara a ser otro estado de los Estados Unidos, con lo que ampliaría en 2.166.086 km² su territorio, casi un 22 % más de su superficie actual.
¿Se imaginan que Trump lo consiguiera comprando el territorio o convenciendo a los groenlandeses de la conveniencia de la adherencia?
Hasta las trompetas del Olimpo yanqui, que también lo han fabricado, sonarían proclamando la gloria del gran líder.
Me decían que Trump está dispuesto a todo para conseguirlo, pero no lo creo. No creo, por ejemplo, que se atreva a romper la OTAN, porque sería una mala nota en su historial y dejaría a los Estados Unidos en un estado de mayor debilidad, defensiva en primer lugar, pero, sobre todo, como proveedor de gran parte de su armamento y como mercado exclusivo de muchos productos estadounidenses que se podrían producir en Europa a medio plazo o de los que se puede prescindir.
Y porque, aunque lo parezca, no es el amo del mundo. Ni siquiera de los propios Estados Unidos, donde empiezan a emerger movimientos en contra y sentencias judiciales que han paralizado parte de sus decisiones, aunque sea de momento.
Me decían que Trump se salta los tratados internacionales y las leyes de su nación y es un <<sí, pero no>>. Que se salta los tratados internacionales es absolutamente cierto, como también lo hacen cuando les interesa los otros dos grandes, China y Rusia, pero las leyes nacionales, no.
Lo que hace, como nuestro propio presidente cuando busca grietas en la Constitución o la rodea, es apelar a leyes americanas, que, si bien no están debidamente interpretadas, le permite una cierta duda ante su congreso y su judicatura. Y ese es el caso de la invasión de Venezuela para capturar a Maduro, al que previamente y con mucha habilidad dejó de denominar presidente de Venezuela, titulándolo como la cabeza visible del cártel de la droga venezolana, el de los Soles, un narcoterrorista que invadía de droga su nación con ánimo de hacerles daño. De destruirla, ha llegado a decir.
Camuflando su operación para controlar el petróleo, ahora en sus manos, con una actuación defensiva, como en su día se hizo cuando otro presidente, Barack Obama, Invadió Pakistán para matar a Bin Laden, o como ha hecho recientemente el propio Trump cuando bombardeó Irán, alegando que había destruido sus plantas de fabricación de armas nucleares porque estaban fabricándolas para atacar y destruir a los Estados Unidos.
En fin, Trump daría pie a muchas páginas de comentarios en un solo año de mandato, pero hoy me había propuesto hablar solo de Groenlandia y de nuestra discusión de ayer, y es lo que he hecho.
Valencia, 18 de enero de 2026
José Luis Martínez Ángel.