No soy lector habitual de Jesús Cacho, pero un amigo me ha recomendado un artículo suyo publicado esta misma mañana, titulado “¿está muerto el caimán?”, en el que, entre otras muchas cosas, reproduce una de las frases de Frédéric Bastiat, liberal francés de principios del siglo XIX, que decía:
“Cuando el saqueo se convierte en una forma de vida para un grupo de hombres en una sociedad, con el tiempo se crea un sistema legal que lo autoriza y un código moral que lo glorifica”
Yo, que soy un modesto aficionado a escribir sobre hechos y sensaciones de lo que sucede en España desde hace algunos años, decía hace unos días corrigiendo a una amiga que había publicado la famosa frase “hecha la ley, hecha la trampa”, que la situación actual, desde la última legislatura, debería ser: “hecha la trampa, hagamos la ley que la ampare”.
Y no me refiero solo a la corrupción económico, que siendo grave es la que menos daño hace al Estado, sino a todas las maniobras que están dirigidas a que el Ejecutivo sea el único poder real de la nación, ocupando los otros dos, el Legislativo y el Judicial, de forma más o menos sibilina al principio y totalmente descarada en la actualidad. Descarada y con visibles urgencias.
Es lo que he venido denunciando desde mi modesta plataforma, con el añadido, y también lo decía muy recientemente, de que los líderes políticos de este supuesto PSOE, solo reconocible al que surgió en Suresnes por las siglas, han conseguido que, cuando se utiliza el término “corrupción”, se limite a los casos en los que alguien utiliza dinero público para enriquecimiento personal o del partido al que pertenece, quitando importancia a todo lo demás, especialmente lo que suponga uso indebido de cargos públicos para este deslizamiento continuado desde una democracia limpia, la conseguida en la transición, hasta este alto grado de autarquía del gobierno de la nación, siempre en su provecho y con el “bien mayor” de mantenerse en el poder cueste lo que cueste.
Estrategia absolutamente sucia, antidemocrática, por muy legal que resulte, y desleal con el Estado.
Porque todos los casos de corrupción por mal uso del dinero público, siendo escandaloso en cantidad, desde Filesa, trama montada para financiar al PSOE, los casos Carmen Mestre, Roldán y tantos otros que se enriquecieron personalmente en la etapa de Felipe Gonzalez, los muchos casos de chorizos del PP con pulsera con bandera nacional pillados metiendo la mano en las arcas públicas, los muy importantes de los ERES y otros tangenciales de Andalucía, los protagonizados por dirigentes de UGT o de Comisiones Obreras, también en Andalucía o en otros lugares de España, no son más que “chocolate del loro”, carne de titulares, que apenas han provocado problemas al Estado.
Se ha tratado, repito, de casos de chorizadas aisladas, aunque parezcan una multitud y el importe total de lo robado apenas araña ligeramente los presupuestos Generales del Estado.
Nada que realmente haya causado más daño a la nación que el mal ejemplo de los pillados metiendo la mano donde no debían.
Sin embardo, los nombramientos a dedo para cargos públicos de personas “amigas” del poder sin preparación para desempeñarlos que nos han costado millones y prestigio, las famosas puertas giratorias, los tráficos de influencia y, sobre todo, el debilitamiento de nuestras instituciones colocando en puestos clave a personas afines, como es el caso actual del Congreso o del Constitucional, para asegurarse la estrategia de cambiar la Constitución por la puerta trasera a base de debilitar su contenido, o redefinir delitos a conveniencia del gobierno, eso si que son casos gravísimos de corrupción que, por otra parte, serán muy difíciles de enderezar.
Son, en menor medida y sin la violencia histórica de otros que también fueron elegidos democráticamente, lo que hizo Hitler en su tiempo, lo que ha hecho y está haciendo Putin y lo que hacen tantos sátrapas que gobiernan naciones americanas.
Siempre con el mismo proceso: llegar al poder por unas elecciones y, una vez conseguido, aferrarse a él tergiversando la letra o, en nuestro caso, el espíritu de los constituyentes.
Y en ello estamos. En algo muchísimo más importante que los casos Koldo, Ábalos, Armengol y todos los que vayan apareciendo conforme se avance en la investigación sobre la compra de las mascarillas.
Y, curiosamente, podría ser este caso y no el intento de colar la Ley de Amnistía en beneficio del gobierno y de delincuentes condenados o perseguidos, el que haga caer el gobierno de Pedro Sánchez con el apoyo de todos los desleales a la nación que ha podido encontrar por los rincones. Debajo de las piedras, dijo literalmente.
Sería una paradoja digna de estudiar en los mismos foros internacionales que estudiaron la transición.
Otra batalla, la de Sánchez, que se perdería, de ser así, porque su caballo perdió una herradura. En este caso la mascarilla.
Valencia, 3 de marzo de 2024
José Luis Martínez Ángel