Una foto gigantesca que nunca tendremos: la de los voluntarios de la Dana

La hecatombe de la Dana que hemos sufrido hace días en Valencia ha puesto muchas cosas en valor, también algunas negativas y, sobre todo, dos importantes:

La primera, que ya he comentado en varias ocasiones, como lo han hecho otras muchas personas, es la sorpresa de descubrir a una juventud comprometida y solidaria con las víctimas, que no ha dudado en calzarse botas de agua, armarse con escobas y acudir desde el primer minuto en ayuda de las víctimas.

La otra es que particulares, policías locales, bomberos, tractoristas, propietarios de maquinaria pesada o cocineros de todas partes, por mencionar a algunos colectivos, han acudido a esta llamada sin carteles ni trompetería, desde que vieron la primera imagen en las televisiones nacionales.

Y el ver uniformes de todos los colores y con todos los escudos de España, ha demostrado que seguimos siendo un gran país. Que a pesar del empeño de algunos descerebrados en buscar lo que nos separa, el ver a mossos d’escuadra, policía navarra, bomberos andaluces, tractoristas de Aragón o socorristas gallegos, recuerda viejos tiempos y antiguas conexiones entre españoles.

Porque no es que hayan venido de todas las comunidades. Es muy posible que, por las calles de Paiporta, de Sedaví de Benetusser, o de cualquier lugar de los arrasados por el agua, hayan pasado voluntarios de todos los lugares imaginables.

Puede que de todas las provincias españolas.

No digo que merezca la pena que haya ocurrido semejante desgracia para poder componer esta foto gigantesca e imaginaria de miles de hombres, mujeres, niños y jóvenes sucios de barro y limpios de corazón. Claro que no.

Pero una vez ocurrida, lo visto estos días en nuestra comunidad nos ha devuelto la confianza en nuestros hermanos de toda España, incluso de otros llegados de lugares insospechados, casi al mismo tiempo que nos ha hecho desconfiar un poco más de los políticos responsables de protegernos y cuidarnos.

Gracias a todos. A los de aquí, que han ayudado a su vecino incluso arriesgando su propia vida y a los de allá, que también han salvado vidas y ayudado a quién lo necesitó.

Porque, pese a muchos, todos formamos parte de esa cosa aparentemente abstracta, pero tan concreta, llamada humanidad

Valencia 11 de noviembre de 2024

José Luis Martínez Ángel