Pedro Sánchez, el “acapara éxitos”

Los que siguen de cerca las noticias reconocerán en nuestro presidente una habilidad especial, un auténtico don, para hacer suyos todos los éxitos obtenidos por cualquiera en el ámbito de las administraciones, sin que nunca, jamás, estuviera presente en ninguno de los hechos luctuosos ocurridos durante su mandato. Ni una visita, ni un reportaje, ni una foto.

Y ayer nos dio otro ejemplo magistral cuando, hablando de las mascarillas, dijo que el gobierno iba a sugerir que se retirara la obligación de utilizarlas dado los buenos resultados sobre el control de la pandemia. Siento no disponer en este momento de la cita literal, pero más o menos dijo que “al haberse cumplido los objetivos del gobierno…

Y lo hizo en Barcelona, en un acto que no venía a cuento, sin haberlo hablando ni negociado con las autonomías. Otro conejo que se saca de la chistera

Un anuncio muy importante para los más de cuarenta y siete millones de compatriotas en nuestro país” dijo, que se aprobará en “un consejo de ministros extraordinario” ¡Ele la “cogobernanza”!

Hizo mención, como no podía ser menos, a las autoridades sanitarias, a los profesionales, a las empresas y a no se cuantos más, pero en un segundo nivel y muy igualitario, como si todas hubieran contribuido de igual forma en la lucha contra la pandemia y muy especialmente en el proceso de vacunación.

Es decir, en el mensaje subliminal y casi en el real, todos lo han hecho bien porque han hecho lo que les decía el gobierno que hicieran. Ergo el éxito es del planificador y no tanto de los ejecutores.

Cosa que podría ser válida si fuera cierta, pero en este caso no lo es. Pedro Sánchez no tuvo ninguna participación, ninguna, en la gestión de compra de vacunas porque la hizo directamente la comisión nombrada por la Comunidad Europea aunque, esos sí, se apresuró a colocar una gran pegatina del “gobierno de España”, sobre la primera caja, pequeña,  que entró en nuestro país, ni tampoco ha tenido ninguna intervención directa sobre las vacunaciones porque la sanidad está transferida a las autonomías y han sido las autoridades de cada comunidad y el extraordinario esfuerzo del personal sanitario responsable de las vacunaciones el que nos ha sacado adelante.

Pero ahí está él, luciendo palmito y con esa sonrisa de “la modestia me impide…”. Porque lo único que ha hecho en realidad es distribuir las vacunas como había acordado la Comunidad, en función de sus diferentes poblaciones  y poner en bastantes problemas a algunas de ellas por mezclar política y sanidad en demasiadas ocasiones y crear retrasos e incertidumbres con el asunto de las marcas a aplicar en primera o segunda dosis, por ejemplo, cuando todos estos protocolos los tenían claro la Comunidad Europea, las Agencias de Medicamentos, la Organización Mundial de la Salud y la inmensa mayoría de los profesionales virólogos o epidemiólogos  independientes.

Pedro Sánchez es el capitán, el líder, el conseguidor de todo lo bueno, sea o no sea suya la autoría del éxito y, si me apuran, apropiándose de hechos que ni siquiera han existido o que no han sucedido con él los cuenta.

Un auténtico campeón en el que, sin duda, seguirá creyendo mucha gente porque dispone del mejor equipo de propaganda y ensalzamiento del líder que yo he conocido. Y casi casi incluiría al del propio Franco, el que comenzaba muchas noticias diciendo “gracias a Franco…” o “gracias a nuestro caudillo…”

En definitiva: esto va para largo y mi única esperanza es que, como hasta ahora, sea Europa la que le pare los pies y le impida cometer tropelías que nunca aceptarían sus miembros. Mientras se trate de amagos y de palabrería para mantenerse en el poder, vale, pero en cuanto toque un solo ladrillo de nuestro armazón constitucional, todos nuestros Estamentos y la propia Comunidad se lo impedirán. Y eso ocurrirá en cuanto avance un poco más la exigencia de los independentistas o la rebelión de las Autonomías que se vena perjudicadas por financiaciones que les perjudiquen.

Aquí tenemos un ejemplo: cuando gobernaba el PP a nivel nacional, el PSOE, oposición en Valencia, se hartó de denunciar la injusticia de nuestra financiación, que por cierto la había determinado un gobierno nacional del PSOE. Ganó Sánchez la moción de censura y Ximo Puig y las otras fuerzas políticas del gobierno de la Comunidad se apresuraron a reclamar “lo nuestro” en la seguridad de que conseguirían una normalización y recibieron una de las palabras favoritas del gobierno actual “pronto”.

Pues bien, pasa el tiempo y parece ser que nuestro President de la Generalitat ha urgido a la Moncloa que resuelvan la grave injusticia presupuestaria que sufre Valencia y me temo que ni siquiera la han repetido “pronto”. Como ahora son tan amigos de los gobernantes catalanes, casi seguro que la habrán dicho la frase favorita de Pujol: “ahora no toca”. ¡Y no será porque Ximo Puig no ha resultado ser paradigmático en cuanto a la mansedumbre, la paciencia, la compresión y el seguidismo a Pedro Sánchez!

Las mentiras interesadas sobre el coste político de los indultos de Sánchez.

Oigo, escucho y leo comentarios sobre el supuesto coste electoral que sufrirá el PSOE por el posible indulto de los políticos condenados en Cataluña y realmente tengo que pensar seriamente que vivo una realidad paralela y veo cosas que realmente no existen.

Porque prácticamente todos coinciden en estos análisis que a mí me parecen absolutamente disparatados por irreales. En primer término, porque, aunque parezca mentira, el PSOE no está involucrado en semejante disparate. Lo está el “Sanchismo”, que no es lo mismo, aunque se parezca, porque una gran parte del socialismo actual y casi el cien por cien del histórico, excepto los vividores falsarios abducidos por Pedro Sanchez (no hay más que ver las declaraciones de ministros y voceros o la interpretación de Ábalos sobre lo sucedido en Cataluña los días del golpe de Estado) no están de acuerdo con la decisión del presidente.

Y es muy posible que se demuestre el próximo fin de semana en la manifestación de Madrid y su lista de asistentes.

Por lo que, en contra de lo que circula por los foros de opinión, creo que lo que de verdad le ocasionaría un gran coste político, una catástrofe de hecho, sería no conseguirlo.

Así, según mi opinión, es falso, totalmente falso, el mensaje torticero del “gran riesgo político que corre nuestro presidente” sacrificándose en favor de no sé qué extrañas convivencias futuras y por acabar con “los rencores y las venganzas” que en el pasado inmediato perpetraba nuestra justicia contra los pobres e inocentes golpistas que solo querían “ejercer la democracia”.

Otra de las grandes mentiras orquestadas con diabólica pulcritud por nuestro buen amigo Iván Redondo y su factoría, con el gran telón de fondo que supone la carta de Junqueras, en la Sexta naturalmente, que parece acompañada por ese sonido de flautas que interpretan dulcemente el arranque de “la mañana” de Grieg

Porque la única verdad es que no conseguirlo le supondría perder el favor de los grupos que le apoyan en este momento a cambio de compensaciones insensatas y con ello su amada Moncloa y todo el poder que supone ser presidente de un país como España. Sin ninguna duda.

A no ser, opción “B”, que de fracasar esta maniobra y como mal menor Esquerra Republicana consienta en entrar en un gobierno “bi” o tripartito en Cataluña y con nuevas concesiones, cosa que nunca aceptarán ni las huestes de Puigdemont ni tampoco el PNV que se quedaría de alguna forma sin escalera y agarrado a la brocha porque perderían gran parte de su influencia política y sus posibilidades de exprimir todavía más al Estado Español.

Porque a estas alturas y después del daño que ha hecho a la nación y a la convivencia de los españoles, es absolutamente imposible que Sánchez pudiera formar un gobierno de coalición a nivel nacional, o con algún tipo de apoyo parlamentario, con ningún partido constitucionalista.

Así que desde el punto de vista político y en lo referente al interés desmesurado de mantenerse como presidente del gobierno, “indultos o muerte política”.

Y lo tiene francamente mal en primera o segunda instancia. Porque si decreta el indulto, que sería parcial por la oposición inicial del Consejo de Poder Judicial, lo que aceptarían de muy mala gana los indultados, y el hecho de tener en contra a toda la oposición parlamentaria, a un sector amplísimo de los socialistas españoles y a un alto porcentaje de la población española no nacionalista, supondrá demasiados “contra” para tan menguado grupo impulsor.

Y aun consiguiendo el indulto y una relativa paz inicial pactada con los interesados puede haber recursos con muchas probabilidades de que salgan a delante. En cuyo caso el enorme desprestigio del gobierno actual en particular y de la fiabilidad democrática de la Nación Española en general sería francamente motivo de análisis en las universidades del mundo, como lo fue la transición española.

Como también lo sería el comportamiento político-social del electorado español que está permitiendo semejantes desatinos desde hace demasiado tiempo.

Por lo que vuelvo a citar una frase que he mencionado en muchas ocasiones: “Locura es repetir lo mismo una y otra vez esperando resultados diferentes

Frase de autor desconocido, pero que es un fiel reflejo de nuestra España actual

La evidente inmoralidad de algunas legalidades. Venganza, revancha y el respeto debido a las leyes españolas y a los estamentos del Estado.

El otro día y desde Bruselas, nuestro presidente de gobierno hizo unas declaraciones a propósito de posibles indultos a los golpistas catalanes ahora en prisión. No entro en repetir las razones de su encarcelamiento porque ya las explicó en su día y en sentencia firme el Tribunal Superior de Justicia, que es el máximo intérprete de las leyes en España, después de un juicio realizado con luz y taquígrafos y con todas las garantías legales.

Tampoco dudo de la facultad que tiene el gobierno en indultarlos por la simple razón de querer hacerlo, aunque tuviera en contra la opinión del Consejo de Estado, la Fiscalía, o el Tribunal Superior de Justicia. O la de todos a la vez.

Esta es una brecha evidente en nuestro estado de derecho que habrá que condicionar mucho más en algún momento, porque según la interpretación de nuestro presidente, cualquier gobierno puede revocar de hecho y sin dar cuentas a nadie, cualquier sentencia firme de los tribunales, fuera cual fuera el delito y sus circunstancias.

Lo que supone en la práctica reconocer que el gobierno de turno, el ejecutivo, está por encima de las leyes y tiene un poder y una autoridad superior al judicial cuando, ignorando una sentencia y la opinión de los que la dictaron, puede indultar a condenados.  E incluso por encima del legislativo, que es quién redacta las leyes que aplican los jueces en nuestro país

Estoy exagerando deliberadamente, pero ese es el poder real del indulto. Facultad legal del gobierno que si no se motiva adecuadamente vulnera claramente los fundamentos de la democracia.

La Constitución, Señor Sánchez o quién le haya escrito las famosas frases, no está hecha para fomentar la convivencia. Está escrita para que podamos convivir pacíficamente, que no es lo mismo, aunque lo parezca. La Constitución es un compendio de reglas y marcos legales en los que se describen los derechos y las obligaciones de los españoles para que podamos mantener una mínima convivencia. Y luego cada cual convive mejor o peor con su vecino según niveles sociales, culturales, razas, ideologías, o aficiones deportivas.

Porque, repito, la Constitución no obliga a que nos amemos, sino a que nos respetemos. Y a que todos los estamentos del Estado, representados en el cada día por el gobierno, respeten nuestros derechos fundamentales, salvo circunstancias excepcionales que ella misma define. Su texto no favorece ni dificulta que un independentista vasco o un vecino de Teruel me quiera más o menos, o que se quieran entre ellos de forma especial. Solo exige respeto mutuo y luego allá cada cual con sus ideas o sus convicciones.

Algunos, los independentistas por ejemplo, sostienen la absurda opinión de que fomenta la discordia, pero no es cierto. La Constitución nos califica a todos libres, iguales y dueños y responsables de las grandes decisiones de Estado ejerciendo nuestro derecho al voto o participando en las consultas que el gobierno formule en cada momento. Y digo el gobierno, único autorizado para hacerlo en temas constitucionales en España, porque las comunidades si pueden convocar algunas de rango menor siempre que no afecten ni directa ni indirectamente a lo autorizado en la Constitución.

Son ellos los que fomentan la discordia porque no la acatan y quieren regirse por reglas y preceptos triviales y fuera de contexto que ellos mismos han inventado y que atentan contra las leyes y los derechos del resto de los españoles.

Y es un argumento tan falso como que un pedófilo diga que la Constitución le dificulta la convivencia porque le priva de sus derechos a abusar de menores.

Y siendo cierto que el gobierno tiene derecho a conceder indultos, no es menos cierto que esta facultad está regulada por una serie de condicionantes previos, como pedir la opinión al Consejo de Estado, o a la Judicatura, por ejemplo. Sus recomendaciones no son vinculantes, pero sí preceptivas.

Y sí que tienen influencia sobre la opinión del gobierno, porque si el informe del Poder Judicial no es favorable, el gobierno no puede aplicar indultos totales, sino parciales.

Y en caso de que la decisión de indulto no este debidamente motivada, se puede recurrir a la judicatura que, en algunos casos, ha sentenciado la anulación de algún indulto.

También conocemos indultos motivados por el ejecutivo y con voto favorable del judicial. Se trata de casos en los que, entre el momento de la comisión del delito y la sentencia y el decreto del indulto, han concurrido circunstancias que aconsejan el perdón y la reinserción del condenado.

Claro que ahora los voceros del gobierno y la factoría Redondo están lanzando mensajes sobre indultos concedidos a personas físicas, incluso a algún implicado en el golpe del 23F, como si todos fueran como el que propone el gobierno en este momento.

En primer lugar, fueron indultos individuales pedidos por los condenados o sus representantes por razones de edad, enfermedad, o circunstancias especiales. En esta ocasión, que yo sepa, no han sido los condenados los que han pedido el indulto, sino sus partidos políticos. Y, además, también por lo que se, se pide un indulto a un colectivo, por lo que en el fondo se está pidiendo un indulto al delito más que a los propios delincuentes.

Y en todos los casos conocidos se cumplió uno de los requerimientos necesarios para concederlo. El del arrepentimiento y las garantías de que no se reincidirá en el delito. Yo no digo que Antonio Tejero estuviera arrepentido de lo hecho cuando le pidieron el indulto, indulto que aprobó el Tribunal Superior pero que al final el Gobierno no concedió, pero desde luego no se pasó su tiempo en prisión diciendo que lo volvería a hacer.

Sí que se lo concedieron al General Armada, otro involucrado en el 23F, también con informe favorable del Tribunal, siendo titular de Defensa el socialista Narcís Serra.

Pero es lo mismo. Todo el poder mediático del gobierno dirá que este indulto es igual “que otros” cuando, evidentemente no lo es. Ni Igual, ni parecido. Indulto que crearía un precedente muy peligroso por tratarse de lo que se trata, circunstancias que no se daban en los casos anteriores

No puedo dar fe de que todos los indultos, desde la transición, cumplían los requisitos necesarios, pero parece que este no los cumple a juzgar por el dictamen del Consejo Superior del Poder Judicial. Pero este un tema legal en el que no puedo entrar porque carezco de la formación necesaria para hacerlo.

Lo que si puedo es condenar y quiero hacerlo con toda rotundidad, las desafortunadas palabras de nuestro presidente, el de todos los españoles y responsable máximo de cumplir y hacer cumplir la Constitución y las leyes del Estado, cuando hizo pública la intención de indultar a los políticos presos de Cataluña. A todos a la vez, en racimo.

Porque, según mi opinión, al pedir el indulto para los golpistas afirmando que “de ahora en adelante hay que buscar la convivencia y no la venganza y revanchismo”, da a entender, casi afirma, que la motivación del Tribunal Superior de Justicia al dictar sentencia no fueron los delitos cometidos y demostrados fuera de toda duda por los condenados, sino una persecución implacable y deliberada hacia los acusados. Extraña, retorcida y perversa interpretación de los hechos por parte de Pedro Sánchez.

Y porque, además, un posible indulto no aplacará los desvaríos de los independentistas catalanes que han afirmado y siguen afirmando que no se arrepienten de lo hecho y que seguirán con la misma hoja de ruta. Es más, saldrían fortalecidos por lo que supone de semi inmunidad por lo hecho. Y la prueba es que no se conforman con el indulto, aunque lo aceptarían como paso previo. Ellos exigen la inmunidad alegando que los políticos presos nunca cometieron delito alguno.

No beneficia a los catalanes no nacionalistas porque si crece la sensación de impunidad, también crecerá la presión del gobierno catalán en temas que afectan a los que no son independentistas.

No beneficia a los españoles no catalanes porque con esta decisión y otras en la misma línea, crea agravios comparativos con otras comunidades y genera una sensación de desamparo frente a los abusos de todo tipo de determinadas autonomías.

Beneficia, claro que sí, los intereses políticos del nacionalismo catalán y sus aspiraciones de autodeterminación e independencia.

Beneficia los intereses del resto de nacionalismos chantajistas presentes en el congreso, especialmente al PNV, por lo que tiene de precedente para futuros desmanes y exigencias

Y beneficia, como gran beneficiado, a Pedro Sánchez, persona física, el presidente más egoísta y amoral de cuantos he conocido y también al “presidente Sánchez” en su interés de mantenerse en el poder a toda costa y sin considerar las nefastas consecuencias de muchas de sus decisiones.

Es decir, en la balanza de daños y beneficios:

Gana Pedro Sánchez en su obsesión por mantenerse en el poder cueste lo que cueste y haga el daño que haga.

Ganan los partidos independentistas porque al tener al presidente sujeto por donde no deberían tenerlo, ganan en competencias, prebendas económicas e influencia en las decisiones del Estado. Un Estado que quieren destruir.

Y perdemos todos los demás, los de todas las autonomías, incluida Cataluña.

No sé cómo juzgará la historia a Pedro Sánchez, pero lo tiene muy difícil, casi imposible. Zapatero se equivocó en muchas cosas, una de ellas y muy grave fue negar la existencia de la crisis pensando quizás en no alarmar al capital extranjero, pero nunca fue un mentiroso y un trilero. Fue un iluminado peligroso, eso sí

Pero este presidente que ha gestionado mal todo lo que ha tocado, que se envuelve en el oscurantismo más absoluto calificando como secretos de estado muchas de sus actuaciones personales, que ha practicado el nepotismo nombrando asesores y  presidentes  de grandes empresas a amigos o gente afín, que cada vez cuenta menos en la esfera internacional, Comunidad Europea y Estados Unidos incluidos, que trata de invadir continuamente a los otros Poderes del Estado, que minimiza la función institucional del Jefe del Estado, que trata de burlar la constitución buscando trucos y atajos, que ha mentido si ningún rubor en muchas ocasiones, que ha pactado con el diablo político para mantenerse en el poder y que está haciendo desaparecer a un Partido Socialista histórico que tanto ha hecho por la paz, el progreso y la modernización de España, solo puede ser “premiado” con el olvido en el mejor de los casos.

Porque, no lo duden, cuando termine su mandato y se abran armarios y cajones, aparecerán informaciones que nos ruborizarán mucho más. Aunque parezca imposible.

Valencia 27/5/2021

El Marruecos de hoy, el Marruecos de siempre.

Ayer se produjo otro incidente de mucha gravedad entre Marruecos y España cuando la policía marroquí abrió las puertas de la frontera y provocó un efecto llamada, que había empezado días antes, para que miles de sus compatriotas cruzaran la frontera en lo que era casi una invasión al estilo de la marcha verde, o al menos una puesta en escena tan propia de reino de Marruecos, para amenazar con una invasión a Ceuta.

Invasión que no van a llevar a cabo porque tendrían a medio mundo en contra, el mundo que más interesa a Marruecos, pero sí que creo que están dispuestos a escenificar sucesivos actos de fuerza y a provocar esas tensiones puntuales que tan buenos resultados están dando al reinado de Mohamed VI, como ya les dio a sus antecesores.

El pretexto reconocido ha sido que España ha acogido a un miembro destacado del Polisario para tratarlo de una determinada dolencia. No entro en detalles del nombre del acogido ni de cuál es su enfermedad porque casi no viene a cuento ya que no es más que una excusa. El tema de fondo es la falta de apoyo de España a la anexión del antiguo Sahara Español, apoyo imposible entre otras cosas porque somos los administradores del territorio nombrados por la ONU hasta que se resuelva el conflicto mediante un referéndum del pueblo saharaui que dudo mucho que se llegue a realizar.

Se dice que Marruecos es el vecino incómodo para nosotros y que no tenemos más opción que entendernos con ellos y llegar a acuerdos en sus peticiones. Si, pero no.

Marruecos no es el vecino incómodo. Es el vecino egoísta que trata de sacar partido, y a fe que lo consigue, de todas sus ventajas estratégicas y con el que es muy complicado negociar porque son dos partes totalmente diferentes. Por un lado, la España moderna y democrática y por otro un estado corrupto gobernado por un monarca saudita, lo que le convierte en la cabeza política y religiosa de sus súbditos, poseedor de una inmensa fortuna, en parte recibida de su padre y aumentada por sus propios negocios y trapacerías.

Y que nos chantajea amenazando los negocios de españoles en Marruecos, negocios que generan riqueza en su país y que están compartidos con el reino marroquí porque así es la ley y que cobra y mucho por actuar como barrera de la inmigración subsahariana y de los propios marroquíes.

Pero esto es una situación crónica que ha empeorado en los últimos años por razones políticas relacionadas con el prestigio del gobierno español y de la creciente influencia de Marruecos en el sostenimiento del estado israelí, que permitió que Donald Trump le designara como aliado preferente en la zona, dejando a un lado a España y sus bases compartidas.

Durante la dictadura de Franco, Marruecos tuvo mucho cuidado en no tocarle mucho las narices al dictador porque sabían que Franco no se vería en la obligación de dar cuentas a nadie ni en España ni en foros internacionales y que respondería con contundencia a cualquier provocación. Yo mismo he sido testigo ocasional y en primera persona, cuando estuve embarcado en el Lepanto, del exquisito cuidado que tenían las patrulleras marroquís de no incordiar ni intentar secuestrar a pesqueros españoles si tenían a la vista patrulleras o barcos de guerra españoles porque sabían que se les podía responder incluso con acciones armadas.

Y solo cuando Franco estaba gravemente enfermo y se nombró al entonces príncipe Juan Carlos Jefe de Estado provisional, se atrevieron a lanzar la famosa marcha verde porque sabían que en España había un vacío de autoridad que impedía tomar decisiones drásticas.

Desde ese momento Marruecos aumentó la presión, especialmente buscando la anexión del Sahara y amagando con exigir la propiedad de las plazas de Ceuta y Melilla.

Para los que no conozcan los detalles, les recuerdo que el conflicto se recrudeció cuando las Naciones Unidas comenzaron el proceso de descolonización, exigiendo que se permitiera a las naciones colonizadas decidir su futuro mediante un referéndum en el que podían elegir entre mantenerse dentro de la nación colonizadora o declararse independientes. De las dos colonias españolas existentes en ese momento, El Aaiún decidió anexionarse a Marruecos y el Sahara Occidental decidió que no. La ONU resolvió que se celebrara un referéndum entre la población saharaui y que mientras fuera España la administradora oficial del territorio.

Marruecos nunca aceptó esta decisión y hará lo posible por consumar la anexión e impedir el referéndum.

Pero entonces se les pudo contener, entre otras cosas, por la buena política exterior de los gobiernos de la democracia. De todos ellos hasta la época Zapatero y su famosa sentada al paso de la bandera de los Estados Unidos y de los nombramientos políticos para algunas embajadas o cargos internacionales de especial relevancia.

Me explico: durante el tardo franquismo, España disponía de un cuerpo diplomático de mucho nivel, personas de prestigio, todas de carrera y con el valor añadido de su experiencia de nadar contracorriente y con éxito en un mundo predispuesto contra nuestra nación por la mala fama de la propia dictadura.

Y los primeros gobiernos de la democracia, hasta Zapatero, repito, tuvieron el acierto de mantener y aprovechar de forma inteligente el cuerpo diplomático existente y potenciar estas circunstancias reforzando las relaciones con América de Sur, Europa y hasta los propios Estados Unidos.

Lo que tuvo como consecuencia que naciones enemigas o pocas amigas reaccionaran muy positivamente, hasta el punto de que la imagen de España cambió radicalmente de ser una amistad indeseable y peligrosa a convertirse en una nación de referencia por su transición y por el buen nivel de sus gobernantes. Y, naturalmente y en buena medida, por la excelente imagen y las habilidades diplomáticas y como representante de la nueva España que proyectaba el Rey Juan Carlos. Imagen deteriorada con toda razón por sus actitudes personales, que no deben empañar su excelente gestión en la Jefatura del Estado.

Luego, con Zapatero, empezaron los nombramientos de personas de menor nivel en puestos clave, muchas veces por pura ideología y en algunas otras porque se utilizaron algunos de estos cargos internacionales, especialmente en los Estados Unidos, como puerta giratoria para gente de su partido, incluida alguna que otra exministra con poca o nula preparación para el cargo.

Y hasta entonces y gracias a la buena política exterior de España, parte de los conflictos con Marruecos se resolvieron como se deben resolverse. No con fuerza, sino con diplomacia y aprovechando el poder y la influencia de terceros. Por ejemplo, en un caso como este y en otros tiempos, el ministro de exteriores habría hablado con su colega marroquí, pero también habría descolgado el teléfono para hablar con su homónimo de los Estados Unido y pedirle que hiciera “una escuchita” a los vecinos revoltoso. Petición que habría repetido a otros países prestigiosos y amigos de España

¿Quién respalda ahora al gobierno español? Los países bolivarianos y comunistas de dentro y Sud América y no siempre. Y también la Unión Europea como entidad, aunque con mucha menos vehemencia por parte de muchos de sus países miembros.

Y casi que deje Usted de contar. Consecuencia lógica de una trayectoria confusa, con inclinaciones evidentes a posiciones totalitarias y contrarias a lo que es la trayectoria de la Comunidad Europea y de sus naciones más influyentes y de mayor prestigio.

Y de una nefasta gestión de asuntos exteriores de nuestro gobierno, hasta el punto de que en los últimos tiempos tuvo que desprenderse de Borrell a petición de los partidos que han apoyado a Sánchez. Y que ha dejado en manos de Zapatero buena parte de su política americana en una especie de subcontrata pactada o consentida.

Y amordazando de forma insensata la figura del Rey, que podría haber seguido la trayectoria de su padre apoyando a España cuando fuera menester y revitalizando en su persona la “marca España” que quiere personalizar nuestro ambicioso presidente y que tan malos resultados le está dando.

¿Tiene alguna solución el tema marroquí? Naturalmente que sí. En cuanto el gobierno español priorice sus acciones y recupere el prestigio necesario para convencer al resto de naciones occidentales de que también lo hagan.

Porque la estabilidad de Marruecos depende de que el mundo occidental, España el primero y la Comunidad Europea después, les recuerde que somos nosotros los que compramos sus productos, aunque también ellos sean grandes compradores y que la mayoría de sus mercancías tienen que pasar necesariamente por suelo español.

Y que, si deja de ser frontera de África con Ceuta y Melilla, nosotros podemos reforzarlas.

Y lo que es mucho más importante: Que la fortuna del Rey y gran parta de sus posesiones están depositadas en países occidentales. Y que si sigue manteniendo comportamientos indeseables puede sufrir embargos y bloqueos de cuentas, como le ha sucedido a Maduro, con lo que se terminaría su fabulosa vida.

¿Qué es muy difícil? Ya lo sé, pero no es imposible.

18/5/2021

Cuando España era España y Madrid “lo que tié que ser”

Cuando España era España, en toda su geografía reconocíamos muchos puntos de especial interés, referentes de nuestro arte, nuestra cultura o nuestra historia. No pretendo relacionar aquí estos lugares que empiezan en Cádiz, la brillante Tacita de Plata de mi ingreso en la Marina, o en esa Granada “fatimita” que he visitado en invierno, en verano, de día y de noche, maravillándome cada vez de lo que veía y sentía y que acaban en el Santiago de Compostela universal, con el verdín de sus paredes, el peso de las torres de su catedral y de sus tradiciones y el calor de esos buenos bares en los que disfrutar de su gastronomía, íntima y casi milagrosa.

Pero sí quiero destacar dos puntos de especial relevancia:

Barcelona, que entre otras cosas notables era el centro de la moda, el diseño y la modernidad y Madrid, la París española, en donde confluían artistas de toda clase, escritores y poetas, literatos, pintores, músicos y cualquiera que tuviera interés por conocer por  boca de otros lo último en el mundo de la cultura. O que sintiera inquietud por descubrir lo diferente.

Y como es natural, a la sombra de la cultura siempre aparece la bohemia, el humo de tabaco, esas tertulias tan “de Madrid”, la buena cerveza de barril o los licores que acompañan a las conversaciones.

El excelente ambiente de Los Mesones y de los alrededores de la Plaza Mayor, ese tomarse un vino en cualquier rincón de cualquier barrio discutiendo de fútbol, de toros, de política o de lo que hiciera falta con quien hiciera falta, posiblemente desconocido, pero siempre cordial y abierto a la conversación. Porque enseguida descubrí que si hay algo que  a un madrileño “fetén” le chifla de verdad es una buena discusión. Siempre incruenta, siempre apasionada,

Y luego, en los 80, vino la explosión de todo lo que se tenía guardado hasta que llegó la transición. Y con ello lo que se llamó “la movida madrileña”, la de pasar el péndulo al otro lado de la oscilación y donde se rompieron muchas barreras, demasiadas, todas.

Y de ese desmadre nacieron cantantes, conjuntos, bandas, humoristas  y todo tipo de auténticos seres de discoteca, de café teatro, de sala de fiestas y de revista.

Yo me hice de la “clac” para poder ver teatro barato y cuando mejoré mis ingresos y subí un escalón adquisitivo, disfrutaba yendo a La Latina de Lina Morgan o a alguna que otra zarzuela.

Era una época en la que solía ver a Luis Sánchez Polack, “Tip”, rondando las cervecerías de la Glorieta de San Bernardo y hasta, según él mismo confesó más adelante, “distrayendo” alguna propina ajena porque andaba muy escaso de recursos.

Eso y mucho más era el Madrid que me acogió desde el primer día en que llegué a mi pensión  de la Corredera Baja de San Pablo recomendado por mí desaparecido amigo Miguel Redón-Sema. El Madrid que me maravilló por acogedor y diferente.

El madrileño de aquellos tiempos, alguno de los cuales había nacido en el mismo Madrid, lo que era poco frecuente, eran gente bullanguera, divertida y sin malicia. Un poco pasotas y chulitos en lo superficial, pero generosos y comprometidos cuando era menester.

Y mira por donde los protagonistas, ya mayores, o sus hijos, o los hijos de los hijos de la movida de Madrid, muchos de ellos en cargos políticos del gobierno, en la cúpula de algunos partidos de izquierdas (también de la derecha) o conductores de programas de televisión de mucha audiencia desde posturas claramente contrarias a la política cavernaria y fascista del PP, acusan a los madrileños de ser tabernarios y muy de berberechos y de terraza de bar.

Supongo que aunque no hayan dicho nada en defensa de los ofendidos, a Pedro Almodóvar, Alaska, el Gran Wyoming y toda esa pléyade de militantes intelectuales de la izquierda española les habrá dado la risa aunque no lo hayan manifestado.

Hasta Sabina, el que decía que “los pájaros visitan al psiquiatra y las estrellas se olvidan de salir” en su “pongamos que hablo de Madrid” habrá tenido que sujetarse la barriga por las carcajadas y estoy seguro de que habrá hecho alguna llamada para preguntar a alguno de sus conocidos del gobierno y a su coro mediático, “de que van” acusando a sus conciudadanos de disfrutar en demasía en las terrazas de los bares.

Porque ellos, la gente del espectáculo  de “los 80”que fueron madrileños nacidos donde fuere y en aquellos ambientes  de espectáculo y diversión, consiguieron unas marcas de desmadre a la que no llega, ni de lejos, ni haciendo un master, el más “tasquero” de los tasqueros de Madrid.

Y, naturalmente, no quiero decir que todos estos famosos deberían de defender  Ayuso y su política. Aún me quedan luces. Pero podrían defender, políticas aparte, el modo de ser y de vivir de los madrileños que es el suyo propio.

Defenderlo a muerte. Incluso solicitar que se declare patrimonio inmaterial de la humanidad. Y si quieren mi firma la tienen disponible.

Y visto lo visto es evidente que los madrileños de ahora, que se estaban comportando como monjas ursulinas,  salieron de su recogimiento, azuzados por la frívola y casquivana presidenta Ayuso que no quiere vecinos en sus casas ni rincones sin botellón.

En fin. Lo dejaré aquí porque el idioma español, tan rico en voces, no tiene las suficientes para calificar la desfachatez de un presidente de gobierno que dice vivir en un futuro de leche y miel, preparando su corona de vencedor  gracias a unas vacunas que ni ha contratado, porque lo han hecho otras instancias de la Comunidad Europea,  ni está inyectando porque lo hacen las autonomías.

Pero ¿eso que importa? No permitamos que una simple realidad estropee la gloria de una ficción bien elaborada.

Eso es lo que tenemos. Aparece Pedro Sánchez y su gobierno en lontananza y la factoría Redondo hace una seña al mejor de los rapsodas para que lance a los cuatro vientos los vibrantes versos que compuso para él Rubén Darío en una clara premonición de que vendría el que tenía que venir:

“¡Ya viene el cortejo!

¡Ya viene el cortejo! Ya se oyen los claros clarines.

La espada se anuncia con vivo reflejo;

ya viene, oro y hierro, el cortejo de los paladines…”

Gloria al héroe vacunador. ¡Nadie como él!

Pero, francamente, no creo que les dure demasiado tiempo el invento anti Ayuso. Incluso es muy previsible que semejante disparate se vuelva contra los que lo parieron. Promover anti madrileñismo fuera de Madrid les quitará los pocos votos que les quedan en “el foro” en favor de Más Madrid y no van a conseguir votos socialistas de otras comunidades, las perjudicadas por Ayuso “la inconsciente”. Y ojo con Andalucía y la díscola Susana Díaz.

Y aparte de absurdo, desleal y antidemocrático, el que la ministra de asuntos exteriores demonice a una comunidad de su país y a su presidenta, o que la muy ilustrada Calvo, que lo es, la que estaba en Andalucía “cuando los ERES” y ni se enteró ni denunció, hable de enlaces de la política del PP madrileño con campos de concentración nazis, no indica más que la realidad: Que tenemos un gobierno que, en el mejor de los casos, es una banda de incompetentes que solo tienen habilidad para perpetuarse en los cargos.

Y un presidente que hace tiempo que ha renunciado a gobernar y a dar la cara si no es para darse besos en la mejilla.  

P.D. Últimamente está de moda que los políticos descalifiquen a los votantes que no han apostado por sus candidaturas. ¡Lo que faltaba! Estamos en una democracia y si todo el censo electoral votara a VOX o a Podemos, pongo por caso, nadie de la política tendría derecho a decir que los votantes “se han equivocado”. Podrían  lamentar que no les hayan votado a ellos, eso sí, pero nada más. Porque, afortunadamente, somos los electores los que podemos y debemos criticar a los políticos si nos defraudan, pero los políticos no tienen ningún derecho a criticar a los electores.

Somos soberanos.

Venturas y desventuras de las elecciones de la Comunidad de Madrid.

Pasaron las elecciones en la Comunidad de Madrid y los resultados, aunque esperados, no han dejado de ser realmente sorprendentes. Los resultados en sí mismos, los daños colaterales que se han producido y también los que no se han producido.

En primer lugar y por encima de todo, mi gran satisfacción porque se ha alcanzado un 76,25 % de participación, que incluso subirá un poco más cuando se escruten los votos por correo, porque así es como se actúa en democracia. Votando libremente y decidiendo, supongo que en conciencia en la gran mayoría de los casos, en quién se debe depositar la confianza.

Porque esta participación indica que los madrileños han sido conscientes de que tenían que tomar las riendas de las decisiones y elegir a los que consideran más convenientes para gestionar el mal momento que atraviesa la comunidad. Ha habido otras muchas elecciones, pero con bastante más abstención, síntoma inequívoco de que los ciudadanos “pasaban”, bien porque consideraban que la cosa no tenía arreglo, por puro aburrimiento, o porque pensaban que un voto, su voto, no decidía nada. Olvidando sabio refrán castellano que dice que “un grano no hace granero, pero ayuda al compañero”.

Analizando los resultados de participación, se aprecia que 19.186 madrileños han votado en blanco, que es una forma de manifestar el verdadero enfado o un “descontento activo”. Son madrileños que han dicho “yo soy demócrata y he cumplido con mi obligación de votar, pero no he sabido por quién hacerlo”

Posición totalmente contraria a la de la abstención, siempre sujeta a mil interpretaciones interesadas de los políticos candidatos. Por lo que los 1.135.201  votos no emitidos, los de la abstención, no suponen una manifestación clara de “cabreo democrático” o de no saber a quién votar como, repito, los votos en blanco.

Lo de menos, y lo digo con toda sinceridad, es a quién ha votado cada uno. Los ciudadanos han decidido y los resultados obtenidos por cada partido han sido los  que han sido.  Decididos libremente, lo repetiré varias veces y basados en la mayor o menor confianza que le han merecido las opciones políticas de cada candidatura.

Pero el desarrollo de la nefasta campaña electoral, sobre la que ya manifesté mi opinión y el resultado de las votaciones, me sugiere algunos comentarios.

El primer lugar es de destacar el descalabro sufrido por el PSOE en la persona de Ángel Gabilondo, candidato a la fuerza, sacrificado en esa especie de circo romano absurdo que ha pretendido montar nuestro preclaro presidente y su numerosísimo gabinete de asesores, pagados por el gobierno de la nación y no por el partido socialista madrileño. Y contando con todo el apoyo político y mediático que supone  disponer del gobierno de la nación, del BOE, de Tezanos y de todo el aparato de poder asociado a esa circunstancia.

Estrategia totalmente fallida que ha quemado, creo que de forma definitiva, a una persona como Gabilondo que ni tenía el perfil adecuado ni, evidentemente, ningún interés en presentarse. Pero Pedro Sánchez suele resultar tóxico para buena parte de los que le son fieles y en esta ocasión ha conseguido, muy posiblemente, desbaratar su futuro previsto como Defensor del Pueblo porque no es muy de recibo que al hombre que ocupe ese puesto le hayan hecho decir que “había que crear un cordón sanitario” a un partido homologado, democrático, registrado y legal, como es VOX, por muchos peros que tengan sus opiniones.

Porque si le nombraran para el cargo, ese baldón aparecería día sí y día también en cuanto hubiera ocasión, como aparece y aparecerá la parcialidad de Dolores Delgado,  la Fiscal General del estado.

Y todavía estoy intentando descifrar el sentido de esa frase triste y enigmática que pronunció desde la soledad el gran perdedor de las elecciones: “Yo soy Ángel Gabilondo y esto es el PSOE”.

Porque no sé si se refería a que él seguía siendo del PSOE o que el verdadero PSOE era el que estaba en el hotel y no grupo reunido en la calle Ferraz.

Y, aunque esto no sea novedad,  es de destacar la enorme cobardía de Pedro Sánchez que cuando vio venir la debacle desapareció de la escena y dejó solo al candidato en la noche electoral, al que ni siquiera permitió esperar los resultados en la sede oficial del PSOE.

El eterno “todo esto ocurre pese a lo bueno que soy yo”, que ha defenestrado a otro de sus fieles, José Manuel Franco, el secretario del PSOE de Madrid, pese a que no tuvo arte ni parte en el nombramiento del candidato ni tuvo nada que ver con la campaña electoral. Un presidente del gobierno y secretario general del partido socialista que, por lo que sé, no se molestó en acercarse al hospital para visitar a Ángel Gabilondo el día que fue ingresado por la taquicardia por si habían periodistas.

Un cobarde manipulador que de inmediato lanzó a Ábalos, a la vicepresidenta Calvo y a toda su tropa para informarnos de que “el” y su gobierno no habían tenido nada que ver con un resultado tan negativo. Voceros que en su afán de justificar lo injustificable se atrevieron a dudar del buen juicio de los votantes “de derechas” madrileños, tabernarios y vinculados a no sé qué trama de campos de concentración nazis.

Nunca, nadie en democracia había llegado  tan lejos:  a casi afirmar, o al menos dejar caer, que la mitad del censo electoral madrileño no es más que una colección de descerebrados, con mentalidad de asiduos a  barras de bar y, por supuesto, ignorantes de lo que les convenía.

Con lo que han demostrado que no solo se trataba de Pablo Iglesias. En democracia, señores ministros y otros “interpretadores” de lo ocurrido, los votantes siempre, siempre, siempre  tenemos razón. Y ellos, los que aspiraban a ser  representantes, solo deben callar, felicitar a los madrileños por haber votado y a la ganadora por haber merecido su confianza.

Pero eso, naturalmente, solo lo hacen los liberales de verdad, los de manual y no todos estos demócratas de boquilla, profundamente sectarios en el fondo, que no aceptan más verdad que su verdad. La falsa verdad de sus posverdades.

En la historia de Europa solo ha habido dos doctrinas políticas que han considerado que son las élites las que deben dirigir a las naciones, al estilo de los Aristos de Esparta y han sido el Despotismo Ilustrado, con su lema “todo para el pueblo pero sin el pueblo” y  el comunismo. Porque la dictadura no cuenta por ser el anticristo del buen gobierno. Sería falso e injusto decir que el “sanchismo” tiene ideología comunista, pero no deja de ser verdad que parte de sus actuaciones, tratar de controlar a la judicatura por ejemplo y tantas otras cosas por el estilo, apuntan maneras.

En cuanto al otro gran farsante, Pablo Iglesias, el dimisionario, ha pasado por la política sin aportar ni una sola iniciativa realmente de calado. Ha demostrado ser tan poco eficaz en lo público como eficaz ha sido en lo privado, porque empezó siendo un simple profesor de universidad (simple en el sentido de sus ingresos) para acabar con un patrimonio muy respetable, una “jubilación que para mí la quisiera y, según parece,  contratado por Roures, el millonario poderoso e influyente al que nadie de la izquierda ha criticado nunca pese a que ha estado metido en todos los charcos del independentismo y de algún que otro “ismo”. Es decir, que en la calle precisamente no se queda.

Pablo Iglesias no se ha ido de la política por dignidad. No se ha sacrificado por “sus malo resultados” porque de ser así ya habría dimitido de sus cargos hace bastante tiempo. Se va porque ya no tiene ningún porvenir en la política activa. Pero el espectáculo es el espectáculo y no iba a decir que se iba porque había fracasado.

Tratando, eso sí, de seguir manipulando desde fuera y decidiendo sucesores. En una actitud tan pseudo mafiosa que solo ha engañado a una parte de sus seguidores. Y digo una parte porque muchos de ellos, algunos de mucho peso en el partido, han salido tarifando del que fue dueño y señor de Podemos y sus Corrientes.

Otro fenómeno muy interesante es el ascenso de Más Madrid, que ha superado en votos al PSOE  teniendo como cabeza de lista a Mónica García Gómez, casi una desconocida,

Por lo que esta formación pasa a ser la oposición oficial en Madrid y enseña una patita  muy interesante a nivel nacional. No creo que tenga grandes diferencias ideológicas con Podemos, pero desde luego si tienen mejores maneras y mucha más consistencia. Será muy interesante comprobar lo que ocurre con ellos dentro de dos años, cuando se celebren las próximas elecciones en la comunidad madrileña.

Lo de Ciudadanos estaba cantado y la buena campaña de Edmundo Bal no ha podido evitar su desaparición en la asamblea madrileña. Demasiados errores y decisiones equivocadas de Inés Arrimadas, muy especialmente la de haber caído en las redes “sanchistas” apoyando la moción de censura de Murcia. Una lástima pero, o definen una política y unos objetivos sólidos y que su bolsa de votantes entienda, o desaparecerán definitivamente.

Otro “veremos”.

Lo de VOX también tiene mérito. Ha crecido en votos pese a que los análisis de los resultados dan por hecho que parte de sus votantes han vuelto a PP y nadie o muy pocos del PP se ha pasado a VOX. Si añadimos datos cruzados que indican lo improbable que resulta pensar que ha conseguido votos del PSOE o  de cualquier otro partido de izquierdas, la única explicación es que ha movilizado votos de la abstención a los que ha atraído directamente a su candidatura.

La conclusión es que VOX ha sido uno de los beneficiados de la alta participación.

¿Y qué ocurre con el PP? Siendo evidente que Ayuso ha ganado porque estaba arropada por las siglas del PP y que ha sido una apuesta personal de Casado, también lo es que una gran parte del triunfo se ha debido a la peculiar personalidad de la ganadora. Una aparente mosquita muerta que ha manejado con acierto la pandemia en su comunidad, que ha tomado decisiones arriesgadas sin que le temblara el pulso y que ha sabido mantenerse al margen de las barbaridades que han dicho de ella durante la campaña, sin entrar al trapo de provocaciones y mentiras.

Ha ido a los suyo y eso ha sido un clarísimo acierto suyo y de sus asesores de campaña

Isabel Díaz Ayuso ha ganado porque ha sabido despertar en los madrileños el mayor capital que puede atesorar un político: inspirar confianza, ser reconocida como “uno de los suyos”. Confianza en su persona y confianza en su capacidad para administrar un presupuesto tan elevado como el madrileño en una situación tan complicada

Así que, Señor Casado, aprovéchese del tirón por el triunfo del PP en Madrid, pero no intente capitalizarlo como suyo. Ni siquiera como de su partido. Han arrasado, sí, pero ha sido por un conjunto de factores que han concurrido en las votaciones y sería muy arriesgado tratar de extrapolar resultados a nivel nacional porque nunca se darían las mismas circunstancias.

Han dado un salto cualitativo importante, eso sí, pero no escuche cantos de sirena porque podrían morir de éxito.

Porque el PP, como partido, no ha cambiado. Es exactamente el mismo que fracasó estrepitosamente en el País Vasco y en Cataluña. Así que no se precipite, aproveche el impulso, pero utilicen la cabeza y no el corazón.

Ojala todo esto sirva para que todo el mundo recapacite y podamos salir del lodazal en que nos han metido. Y especialmente un PSOE refundado que vuelva a ser un partido sólido en sus convicciones y fuerte en su ejecutoria, que represente a esa gran masa de moderados de izquierda que habitan en nuestra España y que vuelva a ser alternativa real de gobierno en lugar de este club de amiguetes y “fans” con líder en el que se ha convertido el que en otros tiempos fue el PSOE que contribuyo a afianzar la democracia en España y que participó muy activamente en la modernización de la nación y de sus instituciones.

Es decir: volver al bipartidismo que tan bien funcionó durante tantos años, atendiendo a las minorías y dejando en la cuneta a todos estos chantajistas medradores que han conseguido poder e influencia en decisiones de Estado por el simple hecho de tener la potestad de mantener en la Moncloa a un arribista como Pedro Sánchez.

Y para terminar un recadito para la Señora Calvo. Por mucho que ponga cara de sabelotodo malhumorada, ni el feminismo, ni el progreso, ni tantas otras cosas de las que presumen son patrimonio exclusivo de “la izquierda”. Y mucho menos la libertad. La libertad ni siquiera es patrimonio de las fuerzas políticas democráticas porque lo es del pueblo que les vota.

Y que “libertad sin ira” fue el canto que actuó como himno de la transición, este tiempo de ilusiones, proyectos y también de problemas, muchos problemas, que nos permitió pasar de una dictadura a una democracia plena.

Por lo que ni cincuenta mil “señoras Calvo” me impedirá proclamar que la libertad es mi patrimonio, como también es suyo como ciudadana, pero no tanto como gobernante en ejercicio u ocupando algún cargo político.

Porque en ese momento su libertad estará limitada voluntariamente por los condicionantes del cargo que ocupe.

Así que ¡menos lobos!

Las grandes miserias de la campaña de Madrid

La campaña de Madrid está sirviendo para poner en evidencia la miseria y el bajísimo nivel de los políticos españoles. Unos porque nunca lo han tenido, otros porque lo han perdido abducidos por falsos ídolos o contaminados por extraños objetivos, cada vez más alejados del interés de los españoles y buena parte de ellos porque es la única forma que tienen de ganarse la vida.

La cosa empezó por un “tú la llevas” sobre la pandemia con una absoluta falta de respeto a las víctimas y a la verdad. Pero este argumento iba decayendo a marchas forzadas porque era imposible de sostener, por lo que era necesario algún revulsivo, contra más repugnante mejor. Y la “izquierda” representada en la campaña cree haber descubierto un auténtico filón con las amenazas recibidas por Pablo Iglesias, el ministro Marlasca y María Gámez, directora de la Guardia Civil, que se hizo presente en un mitin de la candidatura socialista para hacer pública la amenaza y aventurar quién estaba detrás de ella. El fascismo, naturalmente.

Y, para que no decaiga el interés, al día siguiente apareció un cuchillo pintado con manchas rojas, porque físicamente es imposible que sea sangre,  en un sobre dirigido a la ministra Reyes Maroto

Vaya por delante mi rechazo más absoluto a cualquier tipo de violencia, incluida la de sentirse blanco de amenazas en forma de pintadas, carteles con dianas, tuits que señalan a personas con nombres o con dianas en la frente, acosos personales, y cualquier otro medio que utilice un delincuente, activista o no,  para señalar a cualquier persona, sea político en activo, juez, miembro de las fuerzas de seguridad  o el portero de una finca.

Porque tengo la dolorosa experiencia de haber vivido con la impotencia,  el dolor y la rabia de no poder hacer nada para proteger a los 850 asesinados por ETA, o a los que murieron a manos del Grapo,   los asesinados por el Pelotón Vasco español, por Terra Lluire o por todas las organizaciones de malnacidos que no conocieron más lenguaje que el de los asesinatos, las amenazas y las extorsiones.

En España, y desde hace muchísimos años, ha habido amenazas o actos violentos contra cualquier colectivo de los mencionados anteriormente, incluidos no pocos periodistas. Posiblemente miles. Y, esos sí, eran organizados y ejecutados por miembros de agrupaciones pseudo políticas que utilizaban marcas y escudos como señas de identidad de sus tropelías.

Pues bien. Seguro que todos las denunciaron a la policía, con excepción de muchos de los amenazados por ETA porque temían por sus vidas si lo hacían, que otros formularon las denuncias pero no se lo dijeron ni a sus familiares  y que una parte de ellos las hicieron públicas en algún momento.

Pero nadie, nunca, hizo una utilización política tan bochornosa como la está haciendo nuestro ex vicepresidente, el que nunca ha amenazado, perseguido o acosado a nadie, ni tampoco ha señalado a nadie como enemigo de la libertad, del pueblo, de la democracia o de cualquiera de las banderas que solo él parece defender. Aunque es cierto que no parece haber mandado cartas con balas, o  cosas similares. Solo amenaza con la más mortal de sus armas: su palabra.

Sabiendo como sabe él, como sabe la policía, o como sabe cualquier mortal con dos dedos de frente, que el que realmente quiere hacer daño a alguien casi siempre tiene oportunidad de hacerlo. Y que lo último que haría es avisar previamente a su presunta víctima. Los malos de verdad, como los asesinos de ETA, no ponían balas en sobres, las ponían en las nucas de sus víctimas.

Y me reafirmo como en otras ocasiones, que hoy, en 2021, no existe en España ningún partido político registrado ni ninguna organización que aliente la violencia como sistema de actuación política. Incluso la CUP, partido casi antisistema, tiene una parte de actuación parlamentaria y Bildu, la ETA adormecida, también se sienta en los escaños del parlamento español para intervenir en los debates cuando le interesa.

Y, por supuesto, tampoco hay ningún partido fascista. Todos los registrados en España están homologados y forman parte de nuestra democracia. Hay algunos con cierta tendencia al totalitarismo, pero ni fascistas ni supremacistas. Y si alguien quiere saber de qué hablo en lugar de escuchar las explicaciones interesadas y maliciosas de algunos representantes de partidos cuando se refieren a sus adversarios políticos, le recomiendo que lea la doctrina que inspiraba al fascismo italiano o la versión castellana del “Mein Kampf” (“mi lucha”) de Hitler.

Fascistas los hay en España, claro que sí, como también hay terroristas, pederastas, asesinos, violadores, ladrones, malversadores, timadores y toda clase de individuos con comportamientos anómalos si no delictivos. Pero siempre son personas físicas o, como mucho, alguna asociación criminal creada para delinquir. Nunca partidos políticos.

Y, como consecuencia, tampoco lo son la gran mayoría de los votantes de ningún partido por el hecho de hacerlo. Yo, por ejemplo, nunca votaría a un partido comunista, pero ni soy fascista ni atentaría contra alguien que les votara. Ni siquiera cuestionaría en lo más mínimo su derecho a hacerlo.

Pero eso es lo de menos. Estamos en el mundo de la posverdad, que según la RAE es la “distorsión deliberada de una realidad, que manipula creencias y emociones con el fin de influir en la opinión pública y en actitudes sociales” y ayer mismo escuché a una persona de tan alto nivel intelectual y académico como Adriana Lastra, la portavoz del PSOE, repetir enfáticamente el “no pasarán” que lanzó Dolores Ibarruri mucho antes de que yo naciera, como lema para defender a España de la amenaza de un fascismo inexistente en la actualidad. Desde entonces hasta hoy ¿no han tenido tiempo de buscar frases un poco más actualizadas y menos absurdas? “No nos ganarán en las urnas”, por ejemplo.

Por cierto: los enemigos de La Pasionaria sí que pasaron, porque las arengas, por mucho que se fuerce la voz y por muy brillantes que sean, solo sirven para conceder un puesto en la historia a las personas que las lanzan, pero nunca para cambiar su rumbo.

Y también hemos visto a toda una ministra, Maroto, señalando a VOX como partido ideólogo del envío del sobre que había recibido.   No importa que el sobre tuviera remitente conocido, al parecer un hombre con muy buena letra y, según dicen, con problemas mentales.

Ministra que, por cierto, no ha pedido excusas por semejante atrevimiento político y moral  una vez que se supo el nombre de su amenazante. Es más, estando en el gobierno es casi imposible que no la hubieran informado de que no era una carta anónima. Ni tampoco de VOX

Quiero recordar que todos los presidentes de gobierno de la democracia y la mayoría de los altos cargos sufrieron amenazas e intentos de atentados. Incluso atentados reales. Y pongo como ejemplo a alguien que no es de mi especial devoción, José Maria Aznar, concretamente por su segunda legislatura. Cuando ETA le puso la bomba y salió vivo de milagro gracias al blindaje del coche, lo primero que ordenó es que no se hiciera uso político del atentado. Y ni se hubiera publicado si hubiera podido evitarlo. Porque sabía, como han sabido casi todos ellos, que la publicidad de hechos delictivos favorece a los criminales que los ejecutan y actúan como efecto llamada para muchos de los desequilibrados que pululan por nuestra sociedad.

Y, sin embargo y pese a todo lo dicho, lo que me ha resultado especialmente triste fue ver a Gabilondo pidiendo un cordón sanitario para VOX. Gabilondo, un hombre con criterio y preparación al que hubiera confiado en sus tiempos de ministro el liderazgo para consensuar con el PP una ley de educación con fundamento, sostenible en el tiempo y a salvo de avatares políticos. Sin ninguna duda.

Y su foto  de tres, como si fueran de la misma catadura, con el ministro Marlasca, hombre que me tiene confundido por su cambio radical desde que dejó de ser juez y nada menos que con Jorge Javier Vázquez, al que no puedo juzgar como persona pero que da vida a un personaje público que, en mi opinión, es de los más deleznables de España porque vive del escándalo, de la maledicencia y de moverse en lo más sucio y perverso de la sociedad. Personaje, repito, super inteligente y gran comunicador que emplea su tiempo y sus recursos en conseguir esa audiencia de “cueste lo que cueste” que tantos beneficios económicos le está reportando.

Tampoco es de recibo que la ministra portavoz del gobierno, que habla en su nombre y no en el de su partido, haya pedido un cordón sanitario contra VOX en la rueda de prensa oficial. Muchos miembros de gobierno han participado en mítines de sus partidos, pero es la primera vez y espero que sea la última que el gobierno de la nación y desde su sede oficial, ha atacado de esta forma a un partido legal. ¿Nos damos cuenta de cuantas líneas rojas contra la democracia se han saltado en los últimos años?

No opino sobre los demás porque francamente no me interesan. VOX y Podemos, digamos que hablo de Pablo Iglesias, a lo suyo y Ciudadanos, más comedido, tratando de salvar esa barrera del 5 % que necesita para no desaparecer como partido con futuro. Quizás pierda dos líneas para destacar el escasísimo soporte intelectual y político que está demostrando el ex vicepresidente, al que no le salva ni su gesto impostado, ni su coleta. La verdad de la verdad es que el día que deje la política nadie le echará en falta.

Y parece que el PP ha acertado retirando a Ayuso de debates y espectáculos esperpénticos como los que estamos presenciando. La supuesta mosquita muerta no ha entrado al trapo del populismo y sigue a lo suyo libre de polvo y paja.

Y quede claro que hablo de dirigentes de partidos, no de los propios partidos. Lo deseable y ojala sea así, es que cada votante pueda librarse de tanto ruido, analice pros y contras y vote en conciencia a la opción que considere más idónea para gestionar la comunidad madrileña, sea de derechas, de izquierdas, o de centro. Sé que es mucho esperar, pero ¡quién sabe!

Porque no sería de recibo que los resultados electorales de una comunidad como Madrid, motor económico de España, lo decidan tres sobres que no se sabe de dónde han venido ni quien los ha remitido.

Valencia, 28 de Abril de 2021

Paralelismos entre Pedro Sánchez y Clemente Domínguez, el primer papa del Palmar de Troya.

Dijo que era necesario subir los impuestos y Gabilondo dice que en Madrid no. Dijo muy enfáticamente y con gran acompañamiento de gestos que Madrid está falseando los informes del COVID19 y Fernando Simón dice que son igual de fiables que los del resto de comunidades. Ayer le dijo a Casado que a ellos nadie les daba lecciones de transparencia, siendo como es que su gobierno alardeó de un grupo de asesores científicos que nunca existió y que siempre nos ha ocultado, mejor nos ha mentido, sobre el número de fallecidos por la pandemia.

Un gobierno que tiene más de doscientas sentencias del Consejo de Transparencia y Buen Gobierno falladas en contra de su ocultismo. Sentencias que, por supuesto, no acatará. Seguirá con su truco de declarar “secreto de estado” a cosas que ni lo son ni lo parecen. Porque no se me ocurre ninguna razón para que sea secreto saber a qué amigos invitó a las residencias de Patrimonio el pasado verano.

En el último “aló presidente” comentó que los 140.000 millones obtenidos de la Comunidad Europea y su famoso y repetido plan de recuperación era lo más importante que había ocurrido en  España desde su entrada en el Mercado Común. Supongo que los “desde  la invención de la rueda” y “el descubrimiento del fuego” los deja para intervenciones posteriores.

Aunque olvidó comentar que en estas negociaciones casi no había tenido arte ni parte porque las había protagonizado Francia y Alemania, que casi la mitad es dinero a devolver, que el que se recibe a fondo perdido está sujeto a determinadas condiciones y que España debe contribuir con unos 20.000 millones al presupuesto de la Comunidad Europea, por lo que el neto a recibir estará sensiblemente mermado y que se aplicará durante los próximos cinco años, por lo que lo se recibirá “en mano” y ahora, será mucho menos.

Pequeños olvidos muy propios de una persona tan ocupada en disputar, por poderes de Gabilondo, la Presidencia de la Comunidad de Madrid a Isabel Díaz Ayuso.

Un presidente que se está intentando crear una imagen de paladín de la vacunación cuando ni tiene nada que ver, o muy poco, poquísimo, con el abastecimiento de las vacunas, porque lo hace la Comunidad Europea, ni con las vacunaciones, que las realizan las autonomías.

Eso sí, nunca hemos tenido un presidente con semejante potencial para aparentar lo que no es, para mentir o para adjudicarse méritos que no le pertenecen, o para hacerse perdonar todo, haga lo que haga, incluido no hacer nada bueno.

Capaz de intentar que se colocara una urna detrás de una cortina en la famosa votación para la secretaría general del PSOE.

Y mi asombro es el que era, aunque cada vez mayor. Entiendo que hay muchos votantes socialistas que jamás votarán a otro partido porque se sienten orgullosos de su historia y su ideología, pero ¿Qué tiene que ver este señor y su “ideología” con su socialismo de toda la vida?

Cada vez estoy más convencido que Pedro Sánchez es al socialismo histórico lo que Clemente Domínguez, el primer papa del Palmar de Troya, era a la Iglesia Católica.

Valencia, 15 de abril de 2021

Las alocuciones del presidente Sánchez

Ayer, la factoría Redondo decidió sacar de donde fuera que estuviere,  haciendo lo que fuera que hiciese, porque nunca sabemos muy bien a que dedica su tiempo, a nuestro presidente, para protagonizar una función muy atractiva en la que exhibir su  gran capacidad de enamorar al auditorio con sus medias sonrisas, sus gestos serio, su medio levantar alguna ceja y todos esos efectos especiales de lenguaje corporal que le son tan fáciles de interpretar.

Pero ¿Qué hubo detrás de su exposición?

En Valencia tenemos una expresión, “de forment ni un gra”, (de trigo ni un gramo),  que define bastante bien lo que acostumbra a hacer. Mucho hablar y nada que decir. El “bla, bla, bla,” de los castizos.

Estamos en plena precampaña electoral de la autonomía madrileña y se trataba, como en otras ocasiones similares, de distraer la atención convirtiendo al presidente en foco de la noticia. Y, como acostumbra, su información ha sido un canto a las glorias del gobierno y del caudillo que lo lidera.

Y después de analizar con detalle lo que nos dijo, he llegado a las siguientes conclusiones:

Buena parte de su intervención se centró, como es y será habitual en el futuro inmediato, en hablar de las vacunas, del éxito que están teniendo y del que tendrán en el futuro inmediato. Pero hay algunos matices que obvió comentar.

El primero es que el programa de vacunación está muy retrasado y lo está porque las comunidades no han recibido las dosis necesarias. Y no se han recibido porque la gestión de compras de la Comunidad Europea ha dejado mucho que desear. Y que nuestro presidente, en su papel de jefe de gobierno, es uno de los responsables de la Comunidad para lo bueno y para lo malo. Y que, por tanto, tiene una cuota parte de responsabilidad en el retraso de las entregas.

Y como resulta que la gestión ha sido mala, repito, no por mala voluntad pero sí por mala gestión con las farmacéuticas, algo tendrá que ver el Sr. Sánchez con el fracaso. No le echo la culpa de caos de aprovisionamiento porque no es el único culpable, ni siquiera el mayor, pero tampoco tiene porqué presumir “de la vacunación”. En este aspecto y siendo benévolo,  de la mala gestión solo ha actuado como parte de “la parte contratante de la primera parte”.

En cuanto a la operativa de la vacunación, el gobierno no ha tenido ningún tipo de intervención porque han sido la sanidad de las autonomías las que las han inyectado. Luego, si la gestión de compra ha sido deficiente y el gobierno no tiene nada que ver con la administración de las vacunas porque lo hacen las autonomías, ¿de qué presume nuestro presidente? ¿De haber puesto una pegatina vergonzante con el escudo del gobierno de la nación en la primera caja que llego a España?

También aprovechó la ocasión, ¡cómo no si era el objetivo de la intervención! Para lanzar una pulla a la Comunidad de Madrid sobre el tratamiento de la pandemia y sus medidas de horarios y restricciones. A estas alturas, señor Sánchez, nadie sabe la influencia que han tenido los bares y restaurantes en el contagio del virus ni como ha afectado el resto de medidas de horarios, forma de hacer deportes, confinamientos por zonas, transportes públicos y todo lo que afecta a los movimientos y los usos sociales de cada lugar, pero todos sabemos que hay un enemigo común, indiscutible, que son las fiestas y botellones incontrolados en los que participan jóvenes y no tan jóvenes, sin respetar ninguna de las normas sanitarias y que, a su vez, actúan como punta de lanza de la infección en la reuniones sociales de su entorno familiar o de trabajo. Una especie de “quinta columna” del COVID19.

Y digo incontrolados porque se ha demostrado que no se han podido controlar. Y no se ha podido en Madrid, ni en Cataluña, ni en Castilla la Mancha, ni en Valencia, ni en casi ninguna parte de la geografía nacional. Y este hecho, que no tiene más responsables que los propios infractores de las normas, porque no hay policía suficiente para evitarlo, solo se resuelve de una forma:

Vacunando.

Así pues, deje de lanzar dardos a Madrid aprovechando la campaña y afánese en lo que debe afanarse: en conseguir cuantas más vacunas mejor, porque vengan las que vengan, seguro que se administrarán rápidamente en cada autonomía.

También marcó un objetivo de vacunación para el mes de junio que parece imposible de conseguir, pero sería injusto por mi parte juzgar algo que todavía no ha sucedido. El tiempo pondrá las cosas en su lugar y ojala mi pesimismo sea infundado.

En cuanto a meterse con la comunidad de Madrid por haber contactado con algunas farmacéuticas, le recuerdo que algunos presidentes de otras comunidades, algunas gobernadas por socialistas, también han realizado algún tanteo por su cuenta.

Pero el tema más importante, sin ninguna duda, es el anuncio de que no tiene intención de prolongar el estado de alarma cuando, por otra parte, ha incumplido su promesa de modificar la ley para dotar a las autonomías de mayores poderes para tomar decisiones que en este momento solo puede tomar el gobierno de la nación, porque es el único autorizado a suspender derechos fundamentales de los españoles en situaciones especiales.

Hay que recordar que una comunidad tiene autoridad para regular horarios del comercio o de cualquier otra actividad, pero no puede decretar confinamientos, ni cierres perimetrales, ni nada que impida a los ciudadanos ejercer sus derechos. Las autonomías que lo han intentado y han sido recurridas se han encontrado con que los jueces suelen revocar sus decisiones por inconstitucionales y que, por otra parte, aunque no las revocaran, las autonomías no tienen ninguna autoridad sobre las fuerzas de seguridad o de orden público que serían las encargadas de hacer cumplir sus decretos.

La Comunidad Valenciana, por ejemplo, solo tiene un pequeño destacamento de policía autonómica y ni siquiera tiene autoridad sobre las policías locales, que dependen de los ayuntamientos.

Es decir: Si Ximo Puig decretara el cierre de la comunidad, tendría que pedir al Gobierno Central que les “prestaran” efectivos para obligar a los valencianos a cumplir el decreto.

De hecho les estaría “pasando un muerto” a sabiendas que no tendrían capacidad para resolver la mayoría de los problemas y que les haría aparecer como inútiles e incompetentes a los ojos de sus administrados. Que es una parte de lo que ha pretendido el gobierno y conseguido en buena parte, con el invento de la “gobernabilidad compartida” que no es más que una frase hecha, hueca y sin sentido.

Todo ello porque, como muy bien sabe nuestro presidente y su equipo de asesores, para efectos legales España sigue siendo una única nación, con unas autonomías a las que se les ha transferido una serie de competencias que en principio estaban previstas para que actuaran a pie de obra en aquellas funciones que convenía aproximar a su ámbito de competencia, como la sanidad y otras similares.

Siendo el gobierno de la nación, como sigue siendo, el único con autoridad para tomar decisiones extraordinarias en las circunstancias extraordinarias previstas en las leyes de la nación.

¿Y por qué lo hace?

En primer lugar, supongo, porque en este momento puede haber perdido el apoyo de parte de los que le apoyaron cuando pidió las prórrogas del estado de alerta, como ERC, el PNV, Ciudadanos, o Bildu.

Y el segundo es de pura necesidad política. Como este es un gobierno diseñado casi exclusivamente a que Pedro Sánchez sea presidente y su estrategia es de pura imagen, no podría soportar la tragedia política de perder una votación de esta envergadura en el Congreso. Ellos viven en la inmediatez y esa es precisamente su verdadera cruz.

El interés de los ciudadanos y el desencuentro creciente entre gobierno central y los autonómicos son “pequeños detalles” que ya se resolverán cuando convenga

Así pues, lo de ayer no fue más que otra de las puestas en escena de una auténtica compañía teatral en la que se ha convertido el gobierno de la nación, que tiene como primer actor a Pedro Sánchez y que cuenta con uno excelente equipo de productores-guionistas encabezado por Iván Redondo.

Para satisfacción de muchos, su partidarios, y desgracia de todos, incluidos sus partidarios.

Valencia, 7 de abril de 2021

Éramos pocos y parió la abuela. Las mociones de censura y las disoluciones de parlamentos

De todos es conocido que el otro día comenzó otro capítulo del carajal que tienen montado una parte de los políticos de la  nación, cuando Ciudadanos decidió presentar una moción de censura contra el presidente de la Comunidad Murciana.

Y como este es un país donde es imposible aclarar quienes son los buenos y quienes los malos, en este sainete trágico cómico no tenemos más remedio que suponer que todos son malos. O, al menos, que la mayoría lo están haciendo muy mal.

Es evidente que el gobierno autonómico presidido por el Partido Popular no debería haber abusado del poder para vacunar a personal de la Consejería de Sanidad, aunque también es cierto que los responsables del desaguisado ya no están en la administración murciana porque dimitieron, o les hicieron dimitir cuando se conoció la noticia y  a petición de Ciudadanos.

Y también que Ciudadanos podría haberse desvinculado del pacto de gobierno el 21 de enero que es cuando se conoció la noticia y dejar en minoría al gobierno del PP, que no hubiera tenido más remedio que convocar elecciones.

En lugar de ello exigió dimisiones entonces, que obtuvo y ha esperado hasta ayer para presentar una moción de censura junto con el PSOE. Me parece mucho tiempo el transcurrido entre la causa aparente y la reacción en forma de moción de censura, pero yo soy uno más de los mortales que no entiende la forma de proceder de los políticos.

Y Ciudadanos, decía, registró la moción presentando como candidata a la hasta ahora vicepresidenta del gobierno murciano. Otra originalidad en la política, posiblemente inédita: presentar una moción de censura al gobierno del que forma parte. Porque Pablo Iglesias ejerce de oposición al gobierno del que es vicepresidente, pero no ha llegado a este extremo. Al menos hasta ahora.

Insisto en que es imposible determinar cuál es la verdadera razón de esta medida, porque si solo son las vacunas la cosa se habría zanjado con la dimisión de los responsables sin crear más problemas a los murcianos que, como nos ocurre a todos los españoles, bastante tienen con lo que tienen.

Y es sabido que este movimiento creó alarmas generalizadas en otras zonas de España por algún que otro amago de mociones en otros lugares y que la presidenta de Madrid, que dijo sentirse amenazada, decidió convocar elecciones.

Todo ello me ha hecho pensar, otra vez, en el muy lamentable nivel de la política española gracias al muy lamentable nivel de los políticos que la practican. O para no ser injusto diré que no son todos, pero sí muchos.

Porque la deriva de los últimos años nos ha llevado poco a poco a que ellos adquieran tics indeseables, llegando a situaciones realmente esperpénticas y a que nosotros las aceptemos como normales. Me explico:

Resulta que en la Comunidad de Madrid la presidenta se siente amenazada, no se si con razón o sin razón y disuelve el parlamento.  Y a dos de los partidos allí representados les falta tiempo para preparar sendas mociones de censura que registraron una o dos horas después.

Primer disparate. ¿Cómo se puede entender el desarrollo de dos mociones de censura al mismo tiempo desde diferentes partidos? Sería una especie de “ménage a trois” de las ideas, en este caso para marcar diferencias con el resto de las formaciones, que hubiera sido interesante conocer por lo irracional de la situación: dos candidatos peleando con el otro y con la presidenta de la Comunidad, queriendo demostrar que cada uno de ellos es el mejor, la solución.

La segunda consideración es que los “mocionistas” dicen que la disolución del parlamento no es efectiva porque no ha sido publicada en el Boletín de la comunidad. ¡Acabáramos!

No entiendo de leyes, pero la lógica me hace suponer que lo importante es la disolución formal en sesión convocada al efecto y no la publicación en el boletín oficial. Porque, es un suponer, si hay algún tipo de impedimento técnico para imprimir el boletín de la comunidad en diez días no parece que sea de recibo que la disolución no sea efectiva hasta que se pueda leer en un papel.

Como soy poco ilustrado en estos asuntos, quiero suponer que la autoridad la tienen los presidentes de las autonomías y no el papel impreso que solo sirve para hacer público lo que ya había decidido “la autoridad competente”. Según este planteamiento, la única posibilidad de reventar decretos de disolución sería que las sesiones se celebraran en secreto, para no dar pistas y a las doce menos cuarto de la noche, única forma de que el boletín se publicara antes del horario oficial de los registros de las cámaras.

A la vista de la situación creada y los avances de la tecnología, sería de desear  que se tengan que cambiar los protocolos de información a la ciudadanía,  de forma que las decisiones adoptadas en cada uno de los  órganos competentes se adelante por internet al final de cada sesión, con independencia de que todas ellas se refundan en el Boletín Oficial correspondiente que, por cierto, tampoco es necesario que se imprima en papel. De hecho ya hay publicación del boletín en PDF, pero siempre al día siguiente del que se tomaron los acuerdos o se decretaron leyes.

Y que esta información digital, la parcial e inmediata a cada pleno,  tuviera el mismo valor legal de notificación que los propios boletines.

La tercera conclusión, la más lamentable para mí, es el temor reverencial a las urnas que tienen todos estos partidos de nuevo cuño o los tradicionales con poca fuerza en el Congreso o los parlamentos regionales.

Las mociones de censura son una herramienta legal que se ha empleado muy pocas veces en la historia del parlamentarismo democrático. Es legal, pero atípica. Está pensada para situaciones muy concretas y tiene como objetivo  presentar una alternativa mejor a las actuaciones del gobierno de la nación o de los autonómicos, por lo que no están previstas para derrocar gobiernos, sino para sustituirlos por otros que ofrezcan garantías de gobernar mejor.

Que parece lo mismo, pero no lo es.

Y muchos partidos tiene miedo a las urnas porque tanto en el Congreso de la Nación como en los parlamentos autonómicos, su composición y poder representativo es una foto fija de los resultados obtenidos en las últimas elecciones. Resultados que podrían no ser los mismos  en cada uno de los momentos políticos en que se producen las circunstancias especiales.

Y es por eso por lo que se está poniendo de moda intentar convertir en norma lo que está pensado como excepción.

Yo soy muy poco aficionado a referéndums o consultas cada dos por tres y sigo pensando que lo mejor es que las elecciones se celebren cuando están previstas en la Constitución y que sean los ciudadanos los que decidan con sus votos si el partido o los partidos que soportan el gobierno lo han hecho bien o mal, reservando las mociones de censura para situaciones realmente alarmantes que no pueden esperar el tiempo que falta hasta los próximos comicios.

Por lo que nos encontramos con que los partidos que tienen poco poder y que temen tener menos si se convocan elecciones (y hablo de Podemos, IU o Ciudadanos de la comunidad madrileña o Ciudadanos de Murcia)  huyen de las elecciones como el diablo del agua bendita y tratan de forzar los mecanismos de la democracia con trucos y tratos, legales sí, pero impropios de nuestros tiempos y de muy dudosa calidad democrática.

Y de la locura de nuestra situación política tenemos un hecho de última hora. Se ha confirmado el reparto de escaños y el nombramiento de la presidenta de la cámara y de los miembros de la mesa en Cataluña y resulta que  después de un largo periodo de concesiones y prebendas, el gobierno resultante es más radical que el anterior y tiene más definido su objetivo de alcanzar la independencia.

Pedro Sánchez se ha llenado la boca proclamando a los cuatro vientos que Rajoy era un fabricante de independentistas en Cataluña (no se ha atrevido a decir que era la razón de ser de Bildu de puro milagro) para justificar su actitud con los protagonistas “del proces”.

Nunca lo he creído pero, de ser así, su gobierno los ha potenciado en la misma medida que les ha enriquecido. Pese a “entenderlos” tan  bien, a cederles competencias, a tontear con la gravedad de sus intentos de formar una república catalana y de hacer la vista gorda a sus desplantes a la corona y otros estamentos del estado y su falta de lealtad institucional.

Con un  gran deterioro de la convivencia de los españoles, catalanes y no catalanes, divididos por esta cuestión y con un coste muy importante para las arcas del Estado que, al final, no ha servido para nada.

Corrijo: ha servido para que hayan influido de forma incomprensible en las decisiones del parlamento, para que se sientan mucho más poderosos de lo que eran y, en mi opinión, de lo que reamente son.

Todo ello gracias a que, como escuché decir el otro día a Ignacio Camacho, Pedro Sánchez “no está en la política, está en el poder”. Y para mantenerlo hará lo que haga falta.

Y yo me pregunto lo que se preguntaba Iriarte en su diálogo entre el potro y la ardilla:

Tantas idas
y venidas,
tantas vueltas
y revueltas
quiero, amiga,
que me diga,
¿son de alguna utilidad?

Tengo la muy romántica esperanza de que todo esto sirva para que los que tienen que hacerlo se den cuenta del daño que están causando a la nación y al sistema democrático.

Y a los partidos serios, especialmente al PP que es y al PSOE que debería ser, que no pierdan ni un momento más en mentiras, justificaciones, alusiones al pasado y “tu mases”. Que nos hablen de proyectos futuros.

Decía Winston Churchill, personaje histórico al que vale la pena escuchar, que “nunca llegaras a tu destino si te paras a tirar piedras a cada perro que ladra

Por favor, hablen de proyectos, de futuro, de cómo van a cambiar el modelo productivo, en como facilitar el empleo o de cómo atajar el maldito coronavirus que nos está machacando, de cuando cambiarán la maldita ley electoral que “disfrutamos” y que es la verdadera causa-raíz de nuestros problemas y de cosas por el estilo.

Y no hagan ningún caso, ninguno, a los que les hablen de errores del pasado o de “enormes escándalos” inventados sobre temas que no interesan a nadie, excepto a los inventores de los nuevos argumentos tóxicos para la convivencia y el consenso.

No pierdan el tiempo tirando piedras a los que basan su popularidad en el populismo y el rufianismo parlamentario. Pasen de ellos. No contesten siquiera cuando les interpelan. Hablen del futuro y no permitan que les sigan enredando una y otra vez con los mismos tópicos.

Y cuando les digan “el que calla otorga” tampoco les hagan caso. El que calla, según entenderíamos la mayoría de los españoles no otorga, es que no tiene nada más que decir porque ya lo ha dicho todo.

Dejen todas esas cosas para los pequeños rufianes parlamentarios

Por cierto. Después de escribir este texto me entero que la moción de censura de Murcia puede fracasar y no me extraña en absoluto.

No se si los parlamentarios han reflexionado o si les han convencido. Y en este último caso también ignoro si ha sido con argumentos o con dádivas.

Lo que tengo claro es que este cambio, de producirse, deja en muy mal lugar a la cúpula de Ciudadanos y un poco con el trasero al aire a los pensadores y estrategas del equipo de Pedro Sánchez. Ya van algunos errores y puede que a Iván Redondo se le caiga parte del pelo que se ha implantado.