Los gobernantes mentirosos que nos desgobiernan

En solo veinticuatro horas varios miembros del gobierno nos han deleitado con actuaciones dignas de los mejores  charlatanes callejeros, esos que antiguamente nos vendían objetos varios en plena calle subidos a una tarima. La única diferencia es que en lugar de utilizar la vehemencia verbal que les hizo famosos, ponen esa cara especial y ensayada de ser incapaces de decir una mentira.

Porque siguen pensando, y lamentablemente aciertan en la mayoría de las ocasiones, que muchos de los escuchantes aceptarán como verdad incuestionable todo lo que ellos digan.

Así, la vicepresidenta Calvo dijo que Casado y el Partido Popular tratan a la opinión pública, en la que se incluía, “como si fuéramos idiotas”. Ella, la que, junto al resto de los ministerios que coordina, ha dicho tantas falsedades o verdades a medias que no tendría tóner suficiente en mi impresora si tratara de relacionarlas.

El ministro Ábalos, el de las cuarenta maletas en Barajas, se atrevió a decir que su partido estaba “impoluto”. Desconozco si se refería al “Partido Sanchista ¿Obrero? ¿Español?”, porque si hablaba del PSOE, que tantos servicios ha prestado a España y a la democracia y lo digo sin entrecomillados ni segundas intenciones, es el que tuvo los tropiezos de Filesa, Malesa y Time-Export, el de los GAL, el que nombró presidentes de la Cruz Roja, de la Guardia Civil o de la Fábrica de Moneda y Timbre a personajes destacados que robaron de forma inmisericorde, el de los ERES, el de las connivencias con la UGT, su sindicato de cabecera, que han sembrado de escándalos buena parte de la geografía española, y el de tantos otros casos de desvíos de fondos o abusos de poder protagonizados por una parte de sus cargos públicos en autonomías y ayuntamientos.

Pese a lo cual y lo digo con toda seriedad, “era” un partido que valía la pena y que cometió el error de pensar, como ha ocurrido con todos los partidos longevos en el poder, que un hombre honrado lo es eternamente aunque pase mucho dinero o mucho poder por delante de su mesa.

Así que uno de los puntales de la democracia española, sí. Impoluto ni de lejos

Pablo Iglesias, siempre original, nos deleitó con su afirmación de que en España no hay normalidad democrática. Y posiblemente tenía razón si la compara con sus referentes tradicionales, Venezuela por convicción, Irán por conveniencia y ahora Rusia por ganar cuatro votos poco homologables entre los comunistas, los antisistema y algún que otro independentista confuso en las elecciones catalanas. O quizás, quien sabe, porque esté intentando un acercamiento con el régimen de Putin.

Que, como cantaba Antonio Molina,  el futuro es muy oscuro trabajando en el carbón.

El ministro Garzón, no le confundan con el ex magistrado que se ha convertido en un poder fáctico consorte en la sombra, afirma que las mascarillas PCR2 son menos seguras que las quirúrgicas. No sé de donde lo ha sacado y, de verdad, casi me daría miedo preguntárselo porque puede que se lo haya dicho alguno de sus extraños asesores sanitarios.

Lo único seguro es que este tipo de mascarillas atascan mejor que las quirúrgicas los aseos del hospital Isabel Zendal. Que no digo que sea él ni ninguno de sus correligionarios quien lo hace, pero alguien lo hará. Y es preferible utilizar mascarillas usadas que empapadores.

Mientras, el candidato Illa insiste en que no habrá tripartito con los independentistas. Y si lo propiciara porque fuera “lo más conveniente”, haciendo un gran sacrificio personal, la ministra portavoz de este gobierno, que de ninguna manera trataría a la opinión pública “como si fuéramos idiotas”, afirmaría sin ruborizarse, como hicieron con las promesas de Pedro Sánchez, que eso lo decía el “candidato” y que nunca lo había prometido “el presidente” .

Y como apunte tangencial, Podemos y otras firmas, entre las que figura la de Cristina Narbona, nada menos que la presidenta del Partido Socialista Obrero Español, ha pedido a la Comunidad Europea que perdone la deuda a España y a otros países.

Sin renunciar, por supuesto, a que nos sigan prestando dinero.

Soy consciente de que la Comunidad Económica Europea es, sobre todo, un gran emporio administrativo y burocrático, pero también hay cabezas muy bien amuebladas. ¿Qué pensarán de España y su gobierno viendo estas cosas?

Y digo yo si no sería posible que en la lengua de los cargos públicos se tatuara la antigua leyenda que se grababa en muchas espadas toledanas hace algunos siglos: “no me saques sin razón ni me envaines sin honor”

Aunque seguro que buscarían la fórmula de seguir haciendo lo mismo pareciendo que hacen otra cosa. Como acostumbran.

Y utilizarían, por ejemplo, la tercera acepción de la palabra “Argumento que una persona aduce para demostrar algo o convencer a otra persona de lo que dice”, en lugar de la segunda, la fetén, que define razón” como “Acierto, verdad o justicia en lo que una persona dice o hace

Lo cierto es que todas estas incongruencias me han hecho reflexionar y reconocer la gran astucia del presidente Sánchez y de la factoría Redondo.

Y la que, muy posiblemente, sea la razón que permita estos desaguisados y mantenga a su muy poco preparado vicepresidente.

¿Porque decidió cogobernar con Podemos? Es posible que su grupo de asesores, esos sí que son buenos, se dieran cuenta de que si metía a Pablo Iglesias en el gobierno y le daba cierta cancha, siempre que limitara sus poderes, como está haciendo, conseguiría dos objetivos:

Tener un interlocutor fiable para buscar acuerdos con los actuales apoyadores del gobierno sin necesidad de que él, el amado líder, visitara cárceles o se reuniera directamente con los pro etarras de Bildu.

Que el propio Iglesias sufriera un desgaste importante y creciente gracias a sus dichos y sus propuestas y, por añadidura, la formación Podemos. Con lo que conseguiría desarmar con el mínimo esfuerzo al enemigo “de siempre” del socialismo tradicional: el comunismo. Rebañando además una parte de sus votos.

Estrategia que le ha dado un excelente resultado porque en este momento, con los presupuestos aprobados, puede deshacer el pacto cuando le convenga y buscar sin prisas otros acuerdos con otras formaciones. Incluso, no diría que no, con la muy peligrosa derechona.

Claro que esta estrategia perjudica a la nación y a la convivencia pacífica de los españoles, pero no son temas que figuren entre las prioridades de nuestro presidente, más interesado en amortizar el colchón que hizo comprar nada más llegara  a la Moncloa.

La política y la salud.

En este bucle insano en el que nos ha metido el gobierno con el tema de la salud y su decisión de nombrar a Illa candidato a las lecciones catalanas, nos encontramos con el gravísimo problema de que, nombre  a quién nombre como sustituto en el ministerio, no tomará ninguna decisión que contradiga o ponga en entredicho las que tomó el ministro actual mientras ocupó el cargo.

Porque sería muy perjudicial para su imagen como antiguo gestor de la pandemia y perjudicaría gravemente su imagen como candidato.

Y así será durante todo el tiempo que dure la campaña, sean las elecciones en febrero o en mayo.

Por lo que y sin ninguna duda, la política, tal como se presenta en este momento, puede causar muertes innecesarias y evitables. Incluso muchas muertes innecesarias y evitables

La RAE define la palabra “política”, en su tercera acepción como “Conjunto de los procedimientos y medidas que se adoptan para dirigir los asuntos que afectan a la sociedad o tienen relación con ella.

Es evidente que los académicos redactores eran  mucho más altruistas y románticos que los propios políticos en ejercicio, porque de no ser así y en estos tiempos, que tampoco serán tan diferentes a los pasados en esta cuestión, una de sus acepciones sería: “coartada o pretexto que sirve a los elegido en listas oficiales para conseguir sus objetivos personales o de partido, con desprecio a la conveniencia de la nación e incluso a la de sus propios electores.

Las amenazas a la democracia y lo sucedido en los Estados Unidos.

Dice el refrán popular que “no hay mal que por bien no venga” y es posible, solo posible, que lo sucedido en los Estados Unidos sirva de reflexión en los países realmente democráticos, como lo son los propios Estados Unidos y abran los ojos ante los evidentes peligros que acechan a estas formas de gobierno y que he comentado en publicaciones anteriores.

En primer lugar tengo que manifestar que si fuera estadounidense estaría totalmente en contra de aplicar la enmienda 25 que fue creada como un mecanismo para ocupar la presidencia del gobierno en caso de incapacidad física del titular, porque no dejaría de ser otro abuso legal de lo que permiten las leyes en democracia.

Porque Trump no está incapacitado. Es el mismo mafioso que fue elegido en su día y que ha vuelto a conseguir muchos millones de votos para renovar su presidencia. No ha cambiado ni ha perdido facultades físicas o mentales.

Sí que hubiera aceptado el famoso “impeachment” porque es algo totalmente diferente. Es el equivalente a nuestra moción de censura, con otro formato, por la que un parlamento puede destituir a un presidente de gobierno si considera que está incumpliendo los mandatos constitucionales.

Porque la verdad democrática es que Trump fue presidente porque el pueblo americano así lo decidió y solo el pueblo americano puede destituirle, como así ha sido a partir de los resultados electorales.

Y llegados a este punto, la gran pregunta es ¿Qué mecanismos pueden motivar que millones de electores den su confianza a un personaje como Tump?

Mecanismos que, en mi opinión repetida tantas veces, son los siguientes:

En primer lugar los Iván Redondo que proliferan por todos los países occidentales. Se califican como politólogos, pero  en realidad son expertos en marketing electoral y así es como se ganan la vida. No aconsejan políticas ni analizan las mejores opciones o los mejores programas electorales, solo populismo y postureo.

Y cito este nombre porque es, según le he escuchado en directo cuando era tertuliano en cadenas de televisión, un auténtico fan de los sistemas electorales americanos que fueron los grandes  pioneros en estas materias y que ha seguido de forma muy directa y especial en las últimas elecciones de los Estados Unidos desde hace varias legislaturas.

Allí es donde adquirió o reforzó sus conocimientos en la materia que puso en práctica con gran éxito al servicio de algunos dirigentes del PP antes de trabajar para Pedro Sánchez.

Recordemos que dirigió las campañas de José Antonio Monago, al que hizo presidente de Extremadura  y de Javier García Albiol cuando consiguió la alcaldía de Badalona. Posteriormente, repito, fue Pedro Sánchez quién le contrató, antes de la moción de censura que le hizo presidente.

¿Sistemática? Los especialistas en marketing electoral son personajes ajenos a cualquier ideología en sus estrategias para conseguir que sus clientes alcancen los puestos que pretenden o se mantengan en él. Básicamente se basan en aparcar programas en favor de bombardeos continuados realzando la figura del líder, de mensajes positivos reales o inventados que potencien su imagen de hombre redentor, del mesías de la política que, esta vez sí, liberará su espacio electoral, nación, autonomía, o ayuntamiento, de la nefasta gestión y de la corrupción de todos sus antecesores, incluidos, si hace falta, los de sus propios partidos y el que conseguirá bienestar y prosperidad para los que tengan la suerte de tenerlos como caudillos.

Esconden a los candidatos para que no “metan la pata” mientras proyectan una especie de holograma de sus contratantes. Les desaconsejan contactos físicos con la calle y evitan ponerles en situación de contestar en directo a preguntas de periodistas independientes, prefieren las charlas en plasma o televisión, sin preguntas y solo les permiten aparecer en vivo y en directo en los medios afines. A ellos o a sus ensalzadores, que también reciben instrucciones y argumentario apropiados para cada ocasión.

Tampoco les gustan, cada vez menos, los debates televisivos con otros candidatos porque ellos o el moderador pueden sacarles los colores. Debates que deberían ser obligatorios por ley.

Controlan, esto es fundamental, toda la información que sale del entorno del candidato. La información, que en este caso se convierte en propaganda, es una de las herramientas fundamentales para incidir en la opinión pública. Y no se trata solo de lo que se dice, porque también es muy importante lo que no se dice, se dice a medias o se dice tergiversado y/o fuera del entorno.

Y, muy importante, lanzan continuos mensajes, globos sonda e iniciativas en cadena, en muy corto espacio de tiempo para que el electorado no tenga tiempo de analizar en profundidad ninguno de ellos. Así hasta llegar a adormecer la mentalidad del votante que acaba reconociéndose incapaz de  digerir tanta información, muchas veces contradictoria.

Y entre este mar de consignas, mensajes y eslóganes, siempre, cada vez más pujante, la figura del líder. El que hará posible todo lo positivo y eliminará, sin ninguna duda, lo negativo.

Y este experto en marketing electoral, que se convierte en la sombra de su contratante, también actúa como “coucher”, asesor de imagen y verdadero modelador de un personaje  que impacte positivamente en la opinión pública.

Un ejemplo: Si se molestan en observar con atención las intervenciones  públicas de Pedro Sánchez, verán que siempre, en primera fila de una rueda de prensa, saliendo del mismo coche o muy próximo a él en cualquier acto público, aparece la imagen deliberadamente gris de Iván Redondo tomando nota mental de sus actuaciones, de sus gestos, de sus palabras y de la forma de  decirlas,  para rectificar defectos y potenciar sus valores añadidos. El conocido “role play” que practican los dirigentes de empresas simulando determinadas situaciones para mejorar futuras intervenciones ante terceros.

¿Política? La imprescindible. Lo importante es mantener vivo el espectáculo con frases hechas y eslóganes sencillos y atractivos.

Otro peligro para la democracia, aunque no lleguen a ser enemigos declarados, son los partidos políticos que se ven tentados de conseguir triunfos a corto plazo. Y cito muy especialmente a VOX, partido legal y democrático sin ninguna duda, que está evidenciando unas prisas innecesarias y un intento de ganar la calle con este tipo de actuaciones, también populistas, confundiendo lo que debería ser su prioridad actual: conseguir un electorado estable y afín con su ideología política.

Ofreciendo para ello alternativas sólidas y acordes a la realidad española y la marcha de los tiempos, en lugar de tener tanta prisa en conseguir votantes  que no podrán mantener. Porque si “roba” seguidores al PP o a Ciudadanos con promesas incumplibles, como parece estar tratando de hacer, no tardarán en perderles y no les recuperarán jamás.

Sobre Podemos o IU me ahorro todos los comentarios porque están montados, ello sí, en la ola del populismo puro y duro. Ola que, inevitablemente, romperá contra las costas de la realidad y que les dejará varados en seco, como ha ocurrido en ocasiones anteriores con partidos de este tipo en nuestra historia reciente.

Que sobreviven envueltos en capas de cinismo. Ayer mismo decía Íñigo Errejón que de haber ocurrido en España lo que sucedió en Estados Unidos, más de uno hubiera requerido la presencia de las Fuerzas Armadas. Pues claro que sí. El problema es que o no conocen la Constitución o la conocen tanto que solo utilizan lo que les favorece.

Porque el artículo 8 dice textualmente “Las Fuerzas Armadas, constituidas por el Ejército de Tierra, la Armada y el Ejército del Aire, tienen como misión garantizar la soberanía e independencia de España, defender su integridad territorial y el ordenamiento constitucional.”

Y desorden constitucional es asaltar o pretender asaltar el Congreso. Y si las Fuerzas de Orden Público no son suficientes para anular el peligro, es deber constitucional requerir la ayuda de las Fuerzas Armadas para conseguirlo. Como ocurrió el 23F. ¿Se acuerdan?

Y los Iglesias de turno han salido en tropel para decir que los intentos de asaltar el Congreso o las sedes parlamentarias de Cataluña  o de Andalucía “no es como lo de Norteamérica”. Aquello era, cómo no, libertad de expresión pese a que si no consiguieron entrar fue porque las Fuerzas de Orden lo impidieron. Porque fuerza física sí que emplearon.

Y todavía recuerdo el comentario de Pablo Iglesias al que “le ponía” ver a un manifestante golpear a un policía.

Y también son un grave peligro los partidos independentistas, egoístas y mentirosos, que están logrando sembrar el caos político, social y económico, dentro y fuera de sus fronteras territoriales para conseguir objetivos claramente inalcanzables. Partidos que aprovechan todas las ventajas de la Constitución y de nuestras leyes en su favor y en el de sus causas.

Y, con un peso cada vez más importante, los propietarios de las redes y las plataformas sociales, que están permitiendo la circulación de todo tipo de información sabiendo que mucha de ella es falsa y maliciosa. No soy partidario de la censura de opinión, pero sí de la censura legal a los delitos informáticos de falsedad, injurias, o exaltación de cualquier tipo de desmanes. Los manifestantes violentos antisistema y de la CUP, por ejemplo, utilizan estas plataformas para pasarse consignas y advertir de la presencia de la policía en determinados lugares. Y eso es intolerable.

Estos propietarios de plataformas deberían ser conscientes de que existen gracias a que existe la democracia porque son inviables en naciones con dictaduras. Y, aunque solo fuera por interés egoísta, deberían protegerla mejor. Seguro que la tecnología actual permite que salten alarmas para localizar a usuarios inadecuados, a los que lanzan amenazas, insultos o convocan a actos ilegales, para bloquearlos inmediatamente. Y también a los falsos usuarios creados automáticamente por programas especializados para aparentar adhesiones o difundir mensajes y consignas.

Y por último, siguen existiendo gracias a Dios,  los medios de comunicación de prensa, radio y televisión, que tienen que pelear duramente con las redes sociales. Y a los que se debe apoyar incondicionalmente,  porque son los únicos que dan la cara y se arriesgan a sanciones o condenas si incumplen leyes o códigos de conducta.

Digan lo que digan y opinen lo que opinen, que todo es lícito en una democracia. Y porque, como he dicho anteriormente, están sujetos a un mayor control y son responsables de sus dichos y opiniones, como también lo son sus columnistas y colaboradores.

Porque si no se pone pie en pared y se fijan normas para proteger nuestros sistemas de gobierno, acabarán seriamente deteriorados como ya lo están en muchos países de América del Sur y en algunos europeos.

Las milongas de nuestro presidente y el indulto a los políticos presos.

Si acaso doblares la vara de la justicia, no sea con el peso de la dádiva, sino con el de la misericordia”, fue uno de los sabios consejos que Don Quijote dio a Sancho cuando se suponía que iba a ser gobernador de la ínsula de Barataria. Un personaje, Don Quijote, que no entendía de marketing ni tenia asesores personales. Que nunca buscó ni hizo nada que le conviniera en lo personal y que dedicó su vida, ¡pobre loco! a solucionar las injusticias sociales y los abusos de los poderosos de su momento.

Sabio consejo este que debería atender Pedro Sánchez, nuestro presidente, el que lleva camino de convertir a España en una nación impensada, casi irreal. No en una Barataria supuestamente regida por el orden, la concordia, la generosidad y la honestidad, sino en una especie de antípoda imaginaria en la que no cabrían ni Don Quijote y el buen Sancho.

Y viene a cuento de otro de los comentarios del último “aló presidente” cuando respondía a una pregunta sobre posibles indultos a los políticos presos en Cataluña por haber cometido un delito de sedición. Contestación, como todas las suyas, camuflada con frases buenistas y confusas y con sus clásicas divagaciones afirmando, entre otras cosas, que todos “somos culpables” de lo sucedido en Cataluña y majaderías semejantes.

Y no dijo que no, con lo que adelantó el sí.

Señor presidente, el Estado español no es responsable en absoluto de los delitos cometidos por los condenados, como tampoco lo fue las otras veces que lo intentaron, la última en la Segunda República. Y si quiere indultarles haciendo uso de la facultad que le concede el cargo, hágalo sin más. Será un acto legal estemos o no de acuerdo con la decisión y será usted quien cargue con la responsabilidad política de su decisión.

Aquí, Señor Sánchez,  no hay equidistancia posible, porque el Estado es la ley. Los infractores, en este caso muy conocedores de la gravedad de sus decisiones y repetidamente advertidos por la judicatura española, por los servicios jurídicos de la Generalitat e incluso por el Tribunal Constitucional, no son víctimas de nada ni de nadie. Son los infractores.

Pero les indulte o no les indulte, si cambia la ley que no sea para favorecer al delincuente, sino para aclarar o modernizar conceptos. Hoy no son necesarias las armas para dar un golpe de Estado, por ejemplo. Bastaría con dirigirlo manteniendo a la nación prisionera y desarmada con un grupo de hackers bloqueando las comunicaciones y controlando redes oficiales, ordenadores de las Fuerzas Armadas y servidores de bancos y entidades financieras para conseguirlo. Pasando de la democracia al Gran Hermano.

Luego ya vendrían las fuerzas armadas del golpista para “mantener el orden”, pero el golpe de estado ya estaría consumado y eso sería rebelión en un concepto moderno de la tecnología y del control de una nación.

Y dicho lo anterior le aseguro que yo no soy nada revanchista. Lo mismo que creo en la ley creo en las segundas oportunidades y en la posibilidad de doblar la vara de la justicia por la fuerza de la misericordia. Pero siempre que se cumplan una serie de circunstancias que aquí ni se han dado ni hay ningún atisbo de que se puedan dar.

Porque sus favorecidos han reiterado tantas veces como se les ha preguntado que no se arrepienten de lo hecho y que, si tienen oportunidad, lo volverán a hacer. “Ho tornarem a fer”, dicen en su hermosa lengua materna.

Luego, si no hay ninguna justificación para aplicar la misericordia, solo nos queda afirmar que la vara de la justicia se puede doblar por la dádiva. Por el apoyo parlamentario que le están prestando los independentistas catalanes y que es la única forma de asegurar su legislatura sin pactar con partidos constitucionalistas.

Y le pongo un ejemplo con la salvedad de que en este caso no hay derramamiento de sangre de por medio: ETA comenzó a matar y, contra muchos pronósticos, siguió haciéndolo durante la democracia, incluso con mucha más violencia porque ellos también querían “volver a hacerlo”.

No quiero entrar en detalles, pero después de varias diferencias y muchas idas y venidas respecto a la violencia operativa, dentro del seno de la organización asesina se formaron dos corrientes diferenciadas: Los militares, la ETA mili que querían seguir matando y los poli-milis, la ETA político-militar que creía que había llegado el momento de tomar otro camino y buscar la vía política para conseguir sus objetivos.

Este grupo llegó a fundar la llamada alternativa KAS (Koordinadora Abertzale Sozialista) que incluso se presentó a unas elecciones.

Pues bien, muchos de los etarras que dejaron las armas en aquellos tiempos se encontraron con un gobierno que les ayudó y que amnistió o redujo las penas de muchos de ellos. Cosa que me pareció muy bien, como a la gran mayoría de españoles, porque se tenía la seguridad de que era un arrepentimiento sincero y que los beneficiados no volverían a las andadas.

Y como ejemplo, uno de los más destacados, al que recuerdo perfectamente, fue Mario Onaindia, que pasó de terrorista a dirigente de Eushadiko Ezkerra y parlamentario vasco por el Partido Socialista de Euskadi-Euskadiko Ezkerra.

Insisto, la ley, señor presidente, le permite indultar a quién usted quiera, incluso con la opinión contraria de la judicatura, pero no nos cuente milongas. Hágalo y punto. Que le va en ello la permanencia del gobierno “Pode-Socialista” que nos ha toca en suerte gracias a nuestros votos.

El mal gusto de Sandra Gómez, nuestra vicealcaldesa

Sandra Gómez, vicealcaldesa de Valencia y secretaria general del Partido Socialista de esta ciudad, nos ha sorprendido con una felicitación de Navidad absolutamente desacertada, inadecuada y claramente inoportuna.

La única explicación a esta ofensa gratuita a la comunidad cristiana valenciana y al buen gusto del resto de sus conciudadanos, es que pretenda hacer méritos ante los dirigentes del nuevo Partido Socialista Obrero Español. Porque, según me aseguraban hace dos años amigos que la tratan con cierta frecuencia, es una mujer solvente y, utilizando el argot popular, “con cabeza”.

La imagen, sobradamente difundida, presenta a una supuesta Virgen María en pleno parto natural y con imágenes explícitas de un niño que ya asoma la cabeza. Y el pretexto aducido es defender el valor de la mujer y su papel imprescindible como madre en la familia y en la sociedad.

Y lo ha hecho, según parece, empleando frases tan finas como esta que escribió en su perfil. “Que el día de hoy sirva para recordar lo maravillosas […] que son las mujeres. (Y para que recordemos también cuánto vale nuestro coño) -, Levante-EMV

Es decir, aprovecha el momento navideño para reivindicar el feminismo radical con frases tan agresivas como falsas, ya que quién nació en Belén no fue Dios, para los cristianos “el no nacido”, sino su Hijo. Y debería saber muy bien, seguro que lo sabe, que el misterio de la vida va mucho más allá de un parto.

Y, por supuesto, no voy a entrar en un debate sobre el feminismo porque el hecho de la Navidad, de la Natividad, tampoco debe ser palanca adecuada para debates políticos o sociales.

Los cristianos, señora Gómez, sabemos sin que usted nos lo explique que Jesús nació de María y que sería un parto natural porque José buscaba para ella un lugar en el que parir y mantener caliente a su hijo. Ningún ángel construyó para ellos una cavidad de estrellas cálida y acogedora. Ni siquiera influyó para que encontraran una posada más adecuada para el alumbramiento.

Y todos sabemos lo que es un parto natural sin necesidad de que nos dé una lección de anatomía o de ginecología con la imagen que ha elegido. Por lo que su extraña felicitación y el motivo que la acompaña no hacen más que poner en evidencia una personalidad cobarde, cínica y antisocial.

Cobarde porque usted no proclama el valor del parto, que es algo sublime, el día dieciséis de Junio, pongo por caso, sino que lo hace aprovechando el tirón social y religioso de las fiestas navideñas y señala a María como sujeto de su argumentación.

Desconozco si usted es católica o no, aunque parece no serlo porque  nos ofende gratuitamente. No voy a contarle el consabido “por qué no se mete con otras religiones” porque yo no quiero que se meta con ninguna de ellas. Ni con el mundo islámico, mayoritariamente pacífico pese a la imagen alterada por el fanatismo minoritario, ni con ninguna de las demás reconocidas en la faz de la tierra.

Es cierto que la católica es la más “inofensiva” del momento porque ni contesta con represalias físicas ni con denuncias en los tribunales, pero no se trata de eso. La iglesia católica, ella lo sabe y por eso se “arriesga” a ofenderla, es como los sacos de entrenamiento de boxeadores, que no reaccionan ante los golpes.

Opiniones más o menos airadas aparte, nadie la va a atacar y no corre más riesgos que escuchar algún que otro reproche de los que se crucen en su camino.

Su desatino es lo menos que se puede esperar de una persona culta, usted es universitaria y supuestamente tolerante por ser socialista, en el antiguo concepto del socialismo. Y si es atea, o agnóstica o lo que quiera ser, disfrute de la parte lúdica de estas fechas, compre regalos, cene con su familia si son seis o menos y déjenos en paz con nuestras ideas, nuestras tradiciones y, si me apura, con nuestros errores.

Es cínica por lo que digo anteriormente. Porque juega al doble juego de celebrar la Navidad, una fiesta religiosa y hacerlo a su manera, utilizando su tirón social como amplificador de sus ideas o de su valor como dirigente del PSOE. Es cierto que no insulta a la Virgen ni a los católicos directamente, faltaría más, pero es un ataque claro a la fe cristiana que idealiza y magnifica la figura de María como madre de la cristiandad.

Y es antisocial porque con esta “felicitación” ofende gratuitamente a una parte importante de la sociedad que, siendo católicos o no, respetan a los que si lo somos y también el buen gusto en los mensajes.

Nuestro presidente de gobierno no ha pronunciado ni una sola vez la palabra Navidad, y hay muchos que llaman a estas fechas las de la amistad, o las de la familia, o lo que quieran llamarla, pero sin ofender a los que le damos el sentido cristiano que nosotros le damos.

Así que, Señora Gómez, siga haciendo méritos a costa de ofender o intentar humillar a parte de la ciudadanía. Yo por mi parte le deseo un año mejor que el que estamos terminando, un mejor juicio para tratar temas tan sensibles como este y, aunque no soy de dar consejos, un reajuste en su concepto del feminismo porque este, se lo aseguro, no mejorará para nada su carrera política.  

Feliz 2021, año en el que, pase lo que pase, volveremos a tener una Navidad.

Y espero, por el bien de la humanidad, que no se descubra una placenta artificial en la que hacer crecer un óvulo fecundado porque, desde ese momento, el valor de su coño, perdóneme la expresión pero es usted quién la ha utilizado, perdería muchos, muchos enteros para su extraño feminismo militante.

Que así no sea.

Un ejemplo práctico de las cosas que nos están pasando y que provocan enfrentamientos innecesarios. El “hombre de la manta” de Bocairent

Hace unos días, el periodista José Luis Torró publicó en el ABC de Valencia un artículo en el que criticaba la política de igualdad del gobierno y muy especialmente de la parte “Podemos” que lo compone, utilizando una frase que ha levantado mucha polémica: “según Irene Montero, el conocido como “Monumento al Hombre de la manta’ de Bocairent representa en sí mismo un caso de discriminación hacia la mujer

No entro en valorar su opinión sobre el fondo del artículo, si bien coincido en parte de lo que dice, porque quiero centrarme en el hecho en sí. El texto del artículo y las reacciones que ha provocado

Es claro y notorio que el autor ha escrito un artículo-ficción sobre unos supuestos que, según su opinión, serían objeto de crítica del ala radical de los feministas. Y la evidencia de que es pura ficción se aclara en uno de los párrafos, cuando dice “No crea el lector (o lectora, no vayamos a liarla) que se trata de dos noticias en exceso fantasiosas. Lo son, en efecto, pero perfectamente podrían formar parte, y no desentonarían, en una antología del disparate protagonizado por autoridades que pretende aplicar leyes y normas que por absurdas, cuando no ridículas o estúpidas, acaban por ir contra los intereses de ciudadanos a instituciones. “

Artículo que ha levantado un montón de críticas, la mayoría de ellas mostrando su indignación por el párrafo que dice: “El Ayuntamiento de Bocairent ha recibido un requerimiento del Ministerio de Igualdad, presidido por Irene Montero, pareja del vicepresidente segundo, Pablo Iglesias, en el que se le recuerda que en una notificación anterior se establecía un plazo, que finaliza la próxima semana, última de este año 2020, por el que debía informar de los planes que pensaba poner en marcha con el fin de “corregir” (ese es el verbo utilizado por el Ministerio) “la grave discriminación que supone la existencia a la entrada de la población del conocido como “Monumento al Hombre de la manta”, que representa en sí mismo un caso de discriminación hacia la mujer”, otros porque lo han considerado como una “noticia falsa”, sin más y el resto porque no están de acuerdo con la crítica a Irene Montero.

El primer grupo, por supuesto, lo han considerado una noticia real.

Y ha sucedido porque, como suele ocurrir en estos tiempos, hemos perdido el hábito de leer y preferimos escuchar lo que otros nos cuentan, sin molestarnos en comprobar la veracidad de lo divulgado. Algo así como aquel famoso chiste sobre los militares que empezaba diciendo “Mañana a las nueve habrá un eclipse de sol, fenómeno que no ocurre todos los días. Ordene que salga la tropa al patio en traje de faena para que puedan observar esta rareza natural, y yo estaré presente para explicarla. Si llueve, no podrá verse nada, así que ordenará usted que se lleven la tropa al gimnasio” y acababa, después de varias “transmisiones” en la escala de mando con una orden del sargento a la tropa que decía” Mañana a las nueve el eclipse del coronel en traje de faena por el sol tendrá lugar en el gimnasio; si llueve allí, cosa que no ocurre todos los días, la tropa formará en el patio”.

Y que la tropa interpretó libremente como “Mañana si llueve, el sol eclipsará al coronel en el gimnasio. Lástima que esto no ocurra todos los días.

Y es mucho más lamentable cuando hoy en día es tan fácil acudir a las fuentes y leer con nuestros propios ojos lo que alguien ha escrito sin aceptar interpretaciones de nadie.

Me figuro que nuestro hombre de la manta observará lo ocurrido desde lo alto de su pedestal y pensará, como Asterix de los romanos, que “los mortales estamos locos”. Y luego apretará un poco más el codo en su costado para ceñir mejor la manta a su cuerpo y que le proteja un poco más del frio. Porque frio, lo que se dice frio, sí que estará pasando.

O quizás sea, esta sí, una noticia falsa.

Si alguno está interesado en leer el artículo, lo encontrará en esta dirección IP:

José Luis Torró: La ministra de Igualdad y el «Hombre de la manta» (abc.es)

La preocupación de los españoles por la Monarquía

El otro día, y en función de una pregunta planteada en la última encuesta del CIS, Tezanos nos informó de que “la Monarquía solo le preocupa al 0,3% de los españoles”, lo que en números absolutos son 14.100. Cifra que en si misma suena como muy ridícula.

Naturalmente este porcentaje responde muy concretamente a la pregunta formulada que, como suele ocurrir con este tipo de contestaciones, se difunde con una u otra interpretación según el medio que las presenta. Porque no es lo mismo que los españoles coloquen a la Monarquía entre las últimas de sus preocupaciones, que afirmar que la Monarquía solo le preocupa al 0,3 de los españoles. Parece lo mismo, pero no lo es.

Lo cierto es que, se tome como se tome, son cifras realmente bajas que necesitarían una cierta aclaración que no tenemos pero que yo me atrevo a aventurar.

No hay ninguna duda de que en España hay muchos más republicanos que monárquicos, pero en ambos casos pocos de ellos son militantes activos. Y para una buena parte de los republicanos y por lo que conozco de mis círculos más próximos, la republica es algo que les gustaría tener o haber tenido, pero saben que en este momento solo es otra forma de Estado que no alteraría en absoluto nuestro estado de bienestar, o de “mal estar” según se mire,   ni nuestra organización social, ni mucho menos la forma de hacer política.

Porque en ambos sistemas, la máxima autoridad, Rey o Presidente de la República, son cargos  más figurativos que operativos. Son referencias nacionales y entidades mediadoras y poco más.

Excepto las monarquías absolutas, que solo existen en países del tercer mundo, o en los países en los que el presidente de la República ejerce la autoridad directa, como es el caso de Francia o de Estados Unidos.

Y es por eso por lo que el sentirse republicano no implica que tener una Monarquía como la española suponga un problema para la inmensa mayoría de los españoles con esos sentimientos.

Dicho de otra forma, no es algo por lo que luchar más allá de manifestar una opinión o de dirigir el voto a los partidos supuestamente “más republicanos”. Y de ahí que no se vea como “una preocupación”.

Hablando de mi opinión personal sobre el tema debo manifestar que no soy monárquico porque no tengo edad ni razones para serlo, ni tampoco republicano por las mismas circunstancias. Soy liberal según el modelo anglosajón y respeto lo que se decida democráticamente porque estoy seguro de que realmente ambas formas de Estado no tienen más diferencia que educar a una persona para ejercer el cargo, porque es hereditario, o tener un Jefe del Estado elegido por votación. Y no me vengan con el rollo de las chapuzas del Rey emérito, absolutamente imperdonables en lo personal, porque estamos hablando de instituciones y no de personas.

Como he repetido no sé cuántas veces, escándalos en las familias reales de Gran Bretaña o de Holanda, por poner un ejemplo, o la muy lamentable actuación personal de prácticamente todos  los Presidentes de la República Francesa desde la segunda guerra mundial, por poner otro, los hemos tenido de todos los colores. Y en todos estos países, todos ellos con gran tradición democrática, que no es nuestro caso, se ha puesto a caer de un burro a los “infractores”, pero nadie ha cuestionado ni a la Monarquía ni a la República como forma de Estado.

Y que convivir en una república tampoco ofrece ninguna garantía. Ni mucho menos. Y si alguien cree que no es así, imagínense que tuviéramos como presidente a Aznar o a Zapatero. ¿Alguien cree que mantendrían un mínimo de imparcialidad? Eso solo ocurre en naciones con gran tradición republicana, como Italia, donde es una figura más neutral y respetada.

Ni tampoco en la forma de actuar de los políticos. Seguro que Sánchez, Iglesias, Casado, Abascal o Arrimadas se comportarían exactamente igual que lo hacen ahora porque sus únicos condicionantes, como ocurre en este momento, serían las leyes y, en último término, la Comunidad Económica Europea.

Los partidos antiespañoles como ERC, Bildu y el PNV sí que estarían más cómodos en una República porque la historia nos recuerda que han sido muy de hacer locuras. Especialmente en la Primera República, esa de la que nadie habla, hasta el punto de propiciar la fragmentación de España, el nacimiento del cantonalismo, e incluso la declaraciones de guerra entre ciudades que se auto proclamaron como un estado fuera de la nación española.

Pero también la Segunda República tuvo conatos de rebelión en algunas zonas y permitió el ensayo catalán propuesto por Lluís Companys que, como ha ocurrido recientemente con otros dirigentes independentistas, actuó tan deslealmente con el Estado español y con la República que lo representaba que tuvieron que encarcelarle.

De hecho, de los tres bienios, solo fue sensato y modernizador el primero. De los otros dos mejor no opinar.

Ergo tiene mucho sentido que la Monarquía esté a la cola de nuestras preocupaciones en un momento en el que tenemos tantas amenazas a nuestro alrededor. La más inmediata, por supuesto, la pandemia en sí y sus daños colaterales.

Ese comentario coincide con el tradicional mensaje de Navidad del Rey de España. Será esta noche y es bueno aclarar algunas de las confusiones que se suele tener y/o divulgar sobre su formato y contenido.

En primer lugar hay que saber que es el Rey el que ensambla el mensaje, pero la tradición y también la lógica democrática, obliga a que tenga el visto bueno del gobierno. No es un mensaje escrito por el propio gobierno y leído por el Rey, como ocurre en casi todos los de la Reina de Inglaterra, pero sí que requiere un cierto consenso.

Lo segundo y más importante es que los mensajes del Rey, pese a lo que dicen sus detractores, nunca tienen contenido político. Hacen una panorámica sobre lo ocurrido en el año que termina, nos da algunos consejos y nos felicita afectuosamente desde su despacho de la Zarzuela.

Y tampoco hizo política en el famoso mensaje con el que se ganó el odio visceral de los independentistas catalanes que siguen exigiendo una rectificación. Fue un mensaje “constitucional” porque  el Rey, eso sí, es el primer garante y defensor de nuestra carta magna, por lo que pedir que se cumpliera la Constitución no era hacer política, era, simplemente, su obligación institucional en un momento en el que se estaban produciendo hechos lamentables que amenazaban la integridad de la nación y que terminaron con condenas a sus promotores.

Hacer política sería condenar las ideas independentistas por muy extremas que se manifestaran. Pedir que se respete la unidad de España no. Es lo mínimo que se puede esperar del Rey, en este caso, como se debería esperar del Presidente de la República si fuera esa la forma de Estado.

Así que, querido amigos, no acepten ni disculpen la manipulación y el populismo. El Rey, que está siendo vapuleado por algunos partidos y, lo que resulta más lamentable, por una parte del gobierno, es, sin ninguna duda, el más imparcial de los españoles. Y lo es por razones de su cargo.

Como se decía antaño, ¡larga vida al Rey!

El huevo o la gallina – De políticos representantes a caudillos todopoderosos poco de fiar.

El gobierno ha aprobado con urgencia una ley de educación sin consultar con ninguno de los estamentos o colectivos expertos o afectados, otra ley que aprueba la eutanasia sin escuchar ni a médicos, ni a sicólogos, ni a bioéticos, ni a nadie medianamente experto en tema tan delicado y está intentando sacar adelante otra que limitaría las funciones y competencias del Consejo Superior del Poder Judicial a partir de la prórroga en la renovación de sus vocales, sin atender a las muy fundadas razones de la Judicatura cuando dice que es un tema que deben resolver los políticos y no ellos, víctimas de la inoperancia de los responsables de nombrarlos.

Y este hecho, la ausencia de asesoramientos profesionales en su gestión, permiten afirmar que son leyes aprobadas por criterios puramente políticos o ideológicos

Es cierto que todas llevan el nombre de los ministros que las han impulsado o defendido en el Congreso, pero sabemos que teniendo un gobierno tan sujeto al líder, es el propio presidente el que está detrás de cada una de ellas. Porque nadie en la  Moncloa, ni siquiera los que aparecen más independientes, osarían levantar una ceja sin su permiso.

Por lo que podemos suponer que Pedro Sánchez, licenciado en Ciencias Económicas y con la única experiencia fuera de la política de haber dado clases en la Universidad Camilo José Cela, seguramente empujado por Pablo Iglesias, licenciado en Ciencias Políticas y profesor interino de la Complutense y siempre asesorado por Iván redondo, el Rasputín de la Moncloa, licenciado en Humanidades y Comunicación por la Universidad de Deusto y con un grado de especialización en Información Económica por la Universidad Complutense de Madrid, han alcanzado el culmen de la sabiduría, si no el don de la ciencia infusa y saben más que docentes, padres, sicólogos, médicos, juristas, bioéticos y que cualquier experto en las mil materias que influyen en el normal desarrollo de una sociedad.

Y nos encontramos con la rocambolesca situación de que siendo como eran en un principio nuestros “representantes”, los que actuarían según la voluntad “del pueblo”, se han convertido en dirigentes de hecho, en líderes sociales que se pasan el día dándonos instrucciones o dictando leyes que condicionan nuestra vida y, en muchos casos, nuestros derechos y libertades.

Me dirán que el gobierno ha obtenido una mayoría de votos en estas propuestas, pero tener mayoría de escaños a favor no supone tener mayoría de votos populares y, por otro lado, es evidente que esta circunstancia no les faculta para tomar decisiones fuera de la lógica parlamentaria o, en muchos casos, de dudosa constitucionalidad. Mayoría, grandes mayorías, tuvieron Hitler y otros grandes genocidas o farsantes de la historia reciente.

Como el hecho de que hayan decretado el estado de alarma durante seis meses, sin necesidad de renovarlo cada quince días como manda la Constitución, situación que permite al gobierno evadir la gran mayoría de controles a los que está sujeto por ley.

Ni tampoco es de recibo que leyes de tanto calado no se consensuen con la otra mitad de los congresistas y salgan adelante con el apoyo de un montón de partidos de ideologías diversas y confusas, a las que solo les une el interés mutuo de mantener a Sánchez en la Moncloa por propia conveniencia y deshacer lo conseguido en lo que ellos llaman “régimen del 78”.

Sigamos así. Con un gobierno que  ha manejado y sigue manejando la pandemia con criterios políticos, como si formara parte de un prolongado proceso electoral. Y que ha mentido cuando anunció un comité de expertos inexistente, o ha creado polémicas innecesarias enfrentándose con algunas comunidades, especialmente con la de Madrid.

Y que se mantiene a la espera de recoger los posibles éxitos sobre la maldita plaga, que los habrá, culpando a las autonomías de todo lo que salga mal. Menos a la catalana y a la vasca, porque necesita su apoyo parlamentario.

Al paso que vamos, el problema de la atención primaria se solucionará poniendo a un político en cada consulta, será un político el que de clases a nuestros hijos o nietos en los centros de enseñanza y será un político, como no, quien nos juzgue en los tribunales españoles. Porque el siguiente paso será que la sabiduría alcanzada por los grandes urdidores de la actualidad nacional se adquirirá con solo formar parte de una lista electoral

Y desde ese momento, todo será vino y rosas. Especialmente para los políticos.

La Transición fue una maravilla de maniobra política estudiada y aplaudida en el resto del mundo. Me temo que dentro de muy poco también seremos objeto de análisis internacional, pero por todo lo contrario.

Porque las universidades y los analistas políticos del mundo occidental, (no los “politólogos” porque estos, como nos ha demostrado Iván Redondo con su trayectoria profesional, solo son mercenarios al servicio del mejor pagador), tratarán de comprender como es posible que un Estado con la Constitución más moderna del mundo occidental, con unas leyes garantistas hasta el extremo de proteger demasiado al infractor, con unos avances sociales muy importantes y con una descentralización única en estados no confederales, por ejemplo, sea capaz de retroceder en la historia derivando hacia el comunismo trasnochado y deshaga nuestros logros democráticos avanzando hacia un gobierno autoritario que intenta controlar al resto de los poderes del Estado.

Porque los pretextos aducidos, república versus monarquía por ejemplo, solo son cortinas de humo. Si estuviéramos en una república y controlaran el poder los tres mencionados, Sánchez, Iglesias y Redondo, pueden estar seguros de que la ciudadanía estaría exactamente igual de secuestrada legalmente que lo está ahora y que los susodichos seguirían utilizando brechas en las leyes y retorciendo normas y buenas prácticas de gobierno para conseguir un poder absoluto con fachada de democracia, como ocurre en Venezuela, por ejemplo.

Como acabo casi siempre en los últimos tiempos y en espera de esa Ley Electoral moderna que no verán mis ojos, siempre nos quedará Europa

La triste historia del Sahara Occidental y el intrusismo de Trump, “el caducado”:

No trato de relatar la muy compleja situación que se vivió en la España del tardo franquismo, con Franco enfermo y el entonces príncipe Juan Carlos en funciones de Jefe del Estado, cuando la Asamblea General de las Naciones Unidas puso en marcha el proceso de descolonización de territorios que afectó, entre otros muchos, a nuestras posesiones de Ifni y del Sahara Occidental.

Y Marruecos aprovechó la ocasión para tratar de integrar ambos territorios como parte de su país, lo que le enfrentó con España que se negó a cederles la soberanía.

El tema de Ifni, que no es el que me ocupa en este momento, se resolvió tras algunos episodios de lucha en los años 1957 y 1958, la llamada “guerra de Ifni”, que terminaron con la cesión de este territorio al Reino de Marruecos, por lo que esta parte del Sahara, en la que había muchos partidarios de esta unión, se integró en este estado.

Pero no ocurrió lo  mismo con el Sahara Occidental que quiso declararse estado independiente, a lo que se opuso Marruecos y con el apoyo de la gran mayoría de la población saharaui.

La descolonización no preveía anexiones forzadas porque se suponía que cada antigua colonia pasaría a ser nuevo estado, como ocurrió en la gran mayoría de los casos, por lo que la posición de Marruecos reclamando que el Sahara Occidental era una prolongación natural de su territorio y la de la antigua colonia, luego provincia española, terminó generando un conflicto que provocó la intervención de la ONU.

Para resolverlo de forma imparcial y atendiendo la negativa de los saharauis a las pretensiones de Marruecos, este organismo decidió que se convocara un referéndum y que mientras se organizaba, España actuaría como administradora del territorio. Referéndum que todavía sigue pendiente por las muchas trabas que Marruecos ha puesto a su celebración.

Como he dicho antes hay que aclarar que en aquel momento y para el estado español, el Sahara Occidental ya no tenía el estatus de territorio colonizado porque se les había convertido en provincia española, como lo eran Valencia o Albacete, pongo por caso. De hecho tenían representantes en las Cortes Españolas, a las que daban un aire exótico porque acudían con sus vestiduras tradicionales.

Quiero añadir, como curiosidad, que yo visité el Aaiún, su capital, estando embarcado en el destructor Lepanto cuando todavía era provincia española.

Y esta continúa siendo la situación actual: Un territorio ambicionado por Marruecos contra la voluntad mayoritaria de los saharauis y en espera del referéndum que les confirme como nación soberana.

Pues bien. La semana pasada aparece el muy moderado Trump y decide que los Estados Unidos reconocen al Sahara Occidental como territorio marroquí y pone en un brete a la ONU y al gobierno español, su administrador.

¿Cuál es el problema? Desde el punto de vista legal ninguno porque este territorio sigue siendo independiente en espera del referéndum, pero desde el punto de vista político supone una interferencia inadmisible sobre la soberanía de un territorio no perteneciente a los Estados Unidos y bajo la tutela de la ONU. Mucho más grave que cuando decidió considerar a Jerusalén capital de Israel en lugar de Tel Aviv.

Es evidente que ni Estados Unidos ni ninguna otra nación pueden decidir por su cuenta que el Sahara Occidental pertenece a Marruecos o a Mauritania, su vecina del sur.  Y no tiene ninguna validez legal porque Trump, por mucho que él crea lo contrario, no es el amo del mundo ni señor de horca y cuchillo.

Podría, eso sí, presentar una propuesta en la ONU, pero entonces se tendría que someter a la decisión de la mayoría y no parece probable que consiguiera cambiar la situación geo estratégica de la zona. Y semejante dislate, sin un organismo que ampare esta voluntad de caudillo imperialista, solo puede tener un final infeliz para todas las partes.

¿Cuál ha sido la razón? ¿Qué tiene de especial Marruecos para Estados Unidos? Hubo un tiempo, siendo presidente Zapatero y gracias a sus torpezas con la diplomacia estadounidense, que se rumoreó que Estados Unidos estaba tanteando la posibilidad de considerar a Marruecos como un aliado preferente y montar en ese país parte de su logística estratégica. Pero al final triunfó el sentido común y se decidió dejar las cosas como estaban y continuar con las instalaciones de Rota. Porque España, al margen de quién la gobierne en cada momento, es una nación fiable, con una estabilidad garantizada y miembro activo de la OTAN.

Marruecos es una de las naciones más estables del mundo árabe, pero es un estado musulmán y esta condición genera un cierto riesgo de inestabilidad provocado por los fundamentalismos. Como está ocurriendo en Turquía o como ocurrió en Egipto o Túnez, donde la carga cultural de sus tradiciones no ha soportado una occidentalización creciente de sus costumbres y el florecimiento de una nueva cultura que en muchas ocasiones contraviene preceptos del Islam.

Y, por otra parte, con armas tan sofisticadas como las actuales y su largo alcance, ya no hacen tan necesarias las bases militares en otros países, excepto como apoyo logístico o para descanso de sus buques o aviones y de sus dotaciones.

¿Qué otra razón puede haber? Una que parece muy evidente es que el lobby judío estadounidense sigue teniendo el mismo poder de siempre, porque en ambos casos, declarar Jerusalén como capital de Israel y al Sahara como territorio marroquí, ha tenido como condición un cambio de las relaciones diplomáticas  de Israel con países árabes. En este caso el “precio” ha sido que Marruecos estableciera relaciones diplomáticas con la nación judía.

Aunque no estoy muy seguro si el apoyo a este lobby es por intereses de los Estados Unidos, por los suyos propios, o por ambos. No olvidemos que Trump, el supermillonario y gran empresario con declaraciones negativas a hacienda, deja de ser presidente y le conviene tener buenas relaciones con el mundo de los negocios y las finanzas.

Sea por lo que sea, no deja de ser una maniobra realizada con desprecio de los que deben ser su aliados naturales, España entre ellos, y a espaldas de la ONU, con la que ha tenido enfrentamientos continuados porque no le han permitido actuar como cacique de ordeno y mando en muchas de las decisiones que ha intentado imponer durante su mandato.

El siguiente paso, muy interesante, será conocer la reacción de la ONU, especialmente de los países con derecho a veto, que son los que importan y cuál será la actitud al respecto de Joe Biden, el nuevo presidente.

La última del gobierno: ¿Igualar en “su memoria histórica” a Doña Emilia Pardo Bazán con Francisco Franco?

De la cadena SER

El Pazo de Meirás se convertirá en un lugar para la recuperación de la memoria histórica en su reapertura al público ya bajo tutela del Estado. También será un lugar de homenaje a la intelectual y escritora Emilia Pardo Bazán. Así lo ha confirmado la vicepresidenta del Gobierno, Carmen Calvo, tras la reunión convocada por el Gobierno con el resto de administraciones implicadas en la recuperación para el patrimonio público del Pazo. Los usos generan fricciones con la Xunta de Galicia, que prefiere centrar el futuro del inmueble en la figura de Pardo Bazán

No valoro, porque me da casi-igual, que el pazo pase a ser propiedad de Patrimonio Nacional o de la Junta de Galicia, aunque utilizando la lógica de antaño, la anterior a las posverdades y a todos estos usos y costumbres de los nuevos tiempos políticos, parece más  de recibo que se revierta al pueblo gallego, el que lo financió a modo de “regalo”, tanto más cuanto parece que la aportación popular no fue tan espontánea como se hizo ver.

Pero insisto en que este es un tema menor para mí. Lo que me maravilla es que el gobierno, en otro ejemplo de osadía histórica-política,  quiera mezclar churras con merinas haciendo que sirva para recuperar la “memoria histórica” y también para homenajear a Emilia Pardo Bazán.

¿Memoria histórica, Franco y el pazo de Meirás? Seguramente será muy ilustrativa porque se podrá enseñar la butaca donde se sentaba Franco, el baño donde hacía sus necesidades Franco y cosas similares, porque el edificio y sus jardines, en sí, no tienen más valor de recuperación de “su” memoria histórica, la de la izquierda reivindicativa,  que cualquier hotel, parador, o casa particular en la que haya estado en algún momento de su vida lejos de su estancia habitual en el Palacio del Pardo.

Y semejante ocurrencia no haría sino mantener vivo a Franco, que es lo que parece pretender este gobierno a toda costa porque necesita munición con que distraer a la masa.

Sin embargo, el dedicarlo a la memoria de Doña Emilia Pardo Bazán, que fue su propietaria durante muchos años, sí que sería recuperar “nuestra” memoria histórica. La de verdad. La de una escritora que fue y sigue siendo gloria de las letras gallegas en particular y de las españolas en general. Una gallega ya fallecida, como Franco, pero a la        que no se debe olvidar porque al margen de su calidad como escritora, fue una auténtica apisonadora revindicando derechos de la mujer cuando la mujer todavía pintaba poco y levantó ampollas en temas muy vetados incluso para los hombres.

Y si alguien tiene dudas, puede acceder a su biografía en la Real Academia de la Historia:

http://dbe.rah.es/biografias/7979/emilia-pardo-bazan-de-la-rua-figueroa

Yo no me metería en estos laberintos, señora Calvo, porque conociendo el carácter de esta mujer genial, como intenten marearla o mezclar lo que hizo con las cosas de Franco, puede sentarle muy mal. Y si ya en vida era de armas tomar, ni me imagino como sería si sale de su tumba cabreada por la absurda idea del gobierno.

No jueguen con fuego porque “haberlas hailas” y me temo que ni Usted, ni Pedro Sánchez, ni todo el consejo de ministros podrían aguantar sus arrebatos. Incluso puede que ni su mirada.

Y es que no hay manera de convencer a estos re-escribidores de la historia de que Franco ha muerto.

Y no será porque no se lo digamos casi cada día o porque falten pruebas documentales. Ya nos lo anunció un lloroso Carlos Arias Navarro y lo destacaron todas las publicaciones españolas de ese mismo día.

Y, por mucho que insistan en lo contrario, muerto Franco murió el franquismo. Entre otras cosas porque nunca tuvo ideología propia por lo que tuvo que montar una sobre la marcha aunando los fundamentos de la Falange Española, de la Comunión Tradicionalista y de las Juntas de Ofensiva Nacional-Sindicalista. La famosa Falange Española Tradicionalista y de las JONS

Podrán haber personas con ideologías de ultra derecha, muy pocas a juzgar por su casi nula presencia en los medios sociales o en las calles, pero franquistas, lo que se dice franquistas, casi podrían comer juntos el día de Navidad sin romper las normas sanitarias contra el coronavirus a juzgar por la muy escasa presencia de visitantes a su tumba en el cementerio de Mingorrubio.

Fachas sí. Fachas los hay a montones si atendemos, como siempre hago, a la definición de la RAE:

[facha]

NOMBRE FEMENINO

coloquial

Aspecto o apariencia exterior de una persona, animal o cosa, en especial cuando son ridículos o desagradables.

coloquial

Persona o cosa muy fea, ridícula o extravagante.

Que, curiosamente, cuadra mucho más con el aspecto de Pablo Iglesias que con el de Casado o el de Abascal, pongo por caso.

Y volviendo al tema que me ocupa, propiedad del Patrimonio sí que serán la mayoría de los objetos allí trasladados desde otros lugares  durante la época en la que lo ocupó Franco y su familia. Objetos que deben ser restituidos a donde corresponda para dejar las estancias como estaban antes de la ocupación. Las estancias y su extraordinaria biblioteca. Como las dejó Doña Emilia.

Pero ¿el edificio y sus jardines? Si nunca pertenecieron a Patrimonio, ¿qué razón hay para que se incaute de ellos?

Estos son propiedad, o de la familia Franco, que parece que no, o del pueblo gallego que, en mi opinión, parece lo más procedente.

Y si me apuran, para redondear la jugada se deberían trasladar los restos de Doña Emilia a este lugar que siempre fue donde quería que la enterraran.

Leído en la prensa el “03/05/2018 21:50 “

La escritora Emilia Pardo Bazán está enterrada en Madrid, algo muy sorprendente y que no todo el mundo sabe, ya que ella siempre se pronunció sobre su deseo de ser enterrada en el Pazo de Meirás. Pero, ¿por qué está enterrada en la Basílica de la Concepción de Madrid y no en su Galicia natal? El motivo tiene que ver con un dramático episodio familiar.”

Episodio que ni conozco ni me importa. Como tampoco me importa la ideología política de Doña Emilia, ni su aspecto físico. Era una gloria de las letras que no puede ni debe compartir honores con Franco.

10/12/20