¿Necesita Pedro Sánchez al PSOE?

El pasado domingo se celebraron las elecciones en Galicia y se cumplieron los pronósticos que aseguraban la mayoría absoluta del Partido Popular. Les pusieron muchas minas por el camino en forma de pellets, casi más peligrosos que la famosa marea negra del Prestige según el relato, salieron a la luz supuestas conversaciones secretas del partido con Junts, se habló de un “off the record” en el que Feijòo había confesado poco menos que haber ofrecido un puente de plata a Puigdemont, pero, como yo me suponía conociendo a los gallegos como los conozco, y de eso hablaré en otro momento, los electores decidieron que, conociendo lo que habían hecho o dejado de hacer los sucesivos gobiernos del PP y ante posibles saltos en el vació, optaron por ser prácticos como es habitual en los habitantes de aquellas tierras y votaron continuidad, con un crecimiento importante del PNG-PG y un gran descalabro del PSOE .

Al día siguiente, lo previsto: Pedro Sánchez volvió a entonar el “yo no he sido” y, pese a haber estado muy presente en la campaña electoral, ha afirmado por bocas de sus relatores que la votación se ha producido en clave local y, curioso, que el PSOE pierde fuerza porque están faltos de líderes territoriales. Cabezas de lista “sin tirón”, según él, que son los que ha nombrado casi a título personal.

Pero eso, como he dicho en el párrafo anterior, son las cosas de un caudillo sin valores que nunca asume en primera persona los errores que el mismo propicia. Él y su valedor Zapatero, que es el que faltaba para completar ese dúo del disparate capaz de afirmar las cosas más falsas y absurdas sin que se les arrugue la ceja o se le endurezca la mandíbula.

Pero hay un tema mucho más preocupante que se venía venir y que se ha concretado en estas elecciones. Pedro Sánchez “pasa” olímpicamente del PSOE, del que solo necesita las siglas y al que considera en clara decadencia y sin tirón electoral, para decantarse por la recua de partidos separatistas y anti España porque sabe que siempre serán su apoyo incondicional, digan lo que digan desde los estrados, porque son conscientes de que oportunidad como la que les brinda este gobierno, ni la han tenido a lo largo de la historia ni la volverán a tener, gane el PP por mayoría o en coalición con algún otros partido, incluido un posible PSOE “tradicional”.

Hecho que no ha dudado en manifestar en el comunicado de esta mañana, en el que Sánchez urge a “consolidar liderazgos” en las comunidades “que incluso trasciendan la marca” del PSOE.

Es decir, que el líder del PSOE, anima a apoyar a otros partidos, como ha ocurrido subliminalmente en Galicia con el BNG, al que no atacó en ningún momento, sabiendo como sabía que, si conseguían buenos resultados lo harían restando votos al Partido Obrero Socialista Español, su partido.

Con lo que pone en evidencia, sin la más mínima duda, que renuncia a ser el líder de un partido, para convertirse en caudillo de un “bloque”.

Sería muy osado por mi parte afirmar que soy politólogo o un buen analista político porque no lo soy, pero si que leo, escucho y empleo el sentido común para afirmar hechos evidentes y demostrables y, de vez en cuando, para especular con posibilidades de futuro.

Y en esa línea, el pasado mes de septiembre publicaba uno de mis comentarios en el que decía textualmente:

Y, por el contrario, y ese es el arranque de mi nueva forma de ver las cosas, tenemos un PSOE fraccionado y sin tener nada claro ni que son ni que están haciendo. Y es así porque Sánchez necesitaba ser caudillo, no líder, de la formación y por eso, a su regreso, se rodeó de una auténtica guardia de corps absolutamente incapaz de discutir ninguna de sus decisiones, bien sea por temor, por conveniencia, o por esa suerte de hechizo personal que tiene Pedro Sánchez, el de la sonrisa inocente y/o la mandíbula tensionada.

Un partido que, de la mano de su secretario, ha ido perdiendo fuerza y votos elección tras elección, como se demostró en las autonómicas y municipales de mayo y las generales de julio.

Pero eso parece no preocuparle en absoluto a Pedro Sánchez porque sabe, y esa es mi especulación de esta noche, que un PSOE resucitado, potente, sería, como lo fue antaño, el de las corrientes, familias y diversidad de pensamiento entre el socialismo más de izquierda y la socialdemocracia.

Dirigentes y afiliados que solo tenían en común lo más importante, ser socialistas, pero que discutían opciones y criticaban públicamente decisiones del propio secretario general.

Y, seguramente estando muy equivocado, imagino que, a un autócrata de manual, lo que le interesa es gente a su alrededor que le necesite de forma inequívoca, sin matices, capaces de decir hoy blanco y mañana negro sin más motivos que haber recibido un email que así se les ordenaba, y otros que saben que, sin él, solo tendrán oscuridad, como ocurre con separatistas y otras gentes de mal vivir.

Y para sujetar a estos por donde les favorece, tiene dos herramientas potentísimas: el BOE y dinero, mucho dinero, que no tiene que devolver. Dinero que no es suyo, pero legalmente “regalado” si las adjudicaciones están debidamente justificadas y aprobadas por el gobierno.

Evidentemente era un análisis muy aventurado, pero quizás no tan desencaminado.

Lo siento porque, de ser así, me he quedado sin alternativa a un posible mal gobierno futuro del PP. Y porque la situación actual de la política española, siendo legal, no tiene nada que ver con la esencia de unas reglas democráticas basadas en la buena voluntad de las partes y unidad de esfuerzos para conseguir mejoras para la ciudadanía. Las de la transición.

Cualquier parecido con la realidad de esta situación con un estado democrático de libro es pura coincidencia, con el agravante que la ligazón de los miembros del bloque liderado por Pedro Sánchez, su mínimo común denominador, no es la ideología, sino los intereses de cada cual, absolutamente diferentes en cada uno de ellos.

También podría hablar del papelón de VOX, de Sumar y de Podemos, pero, amigos míos, hoy “no toca”

Valencia, 20 de febrero de 2024

José Luis Martínez Ángel

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