No lo había visto pero es verdad, gana la convivencia.

Muchas veces me han acusado de ser poco flexible en según qué cosas, y es muy “casi seguro” que tuvieran razón. Que algo de Cuenca y otro tanto del País Vasco llevo en mis genes.

Esto viene a cuento de que puede que Pedro Sánchez tenga razón y que la amnistía y todas las concesiones que ha hecho a los independentistas catalanes sea bueno, muy bueno para la convivencia.

Porque, quien me iba a decir a mí que la antigua Convergencia, partido conservador donde los haya y representante del empresariado y la burguesía catalana, de media hacia arriba, iba a hermanarse con Esquerra, partido republicano, montaraz y enemigo declarado de los Pujol de toda la vida, representados ahora por el Puigdemont de amplio flequillo huido a Waterloo.

Para ellos sí, seguramente los únicos beneficiados, cogidos ahora de la mano para formar un corro de ilusiones, bailarnos una sardana de eterna hermandad y retomar las cosas donde las dejaron. Porque eso es lo que dicen por la mañana, a mediodía y por la noche.

Que la amnistía no es el fin, sino “el principio”. O como decía el genial Quino, “el continuose del empezose” por ellos mismos en otros tiempos. En esta ocasión, según creen, circulando por una senda llana y sin obstáculos porque ya no existirá ley alguna que les pueda parar.

Naturalmente el párrafo anterior es una licencia de este que les escribe, porque la amistad les durará hasta las elecciones en Cataluña y la sardana no es “su” baile, que es de todos los catalanes, incluidos los más catalanistas y menos independentistas de la Comunidad.

Los intereses sí. Esos continuarán hasta que se separen de España, cosa que nunca verán, o hasta que se estrellen definitivamente contra un muro de sensatez que solo puede poner la ciudadanía española no independentista, que es una absoluta mayoría.

Una mayoría aplastante, por mucho que parezca que no, viendo las votaciones del parlamento y escuchando a los apologetas de un extraño progresismo que no lleva a ninguna parte. A ninguna buena, quiero decir.

Hoy he escuchado algunas cosas que, dada mi curiosidad patológica, me gustaría tener vida para comprobar:

Una de ellas es que el acuerdo sortea las leyes españolas y se apoya en las europeas. Y la otra que ellos, ¡ellos! acusarán de prevaricadores a los jueces y magistrados que se atrevan a intentar aplicar las leyes que emanan de nuestra Constitución.

¡Manda huevos!, que diría cierto presidente del Congreso. El que dejó abierto su micrófono inconscientemente, mucho más preparado y defensor del Legislativo que nuestra Francina Armengol que, a no ser que surja un milagro, acabará siendo “fija discontínua” de la alta administración del Estado.

Valencia, 7 de marzo de 2024

José Luis Martínez Ángel

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