VOX, otra vez VOX, siempre VOX.

Se han producido dos elecciones autonómicas con resultados similares y, camino de la tercera, todo da la impresión de que esta formación, otra vez y como siempre, quiere aparentar más de lo que es para conseguir del PP lo que no podrá conseguir.

Vaya por delante que lo que hagan ambos partidos es de su exclusiva competencia y que lo mío es pura opinión porque no pertenezco a ninguno de ellos, pero sí que soy español y, por tanto, con grandes preocupaciones por lo que está pasando en nuestro país.

Pues bien, estos días, los dirigentes de ambos partidos parecían haber establecido contactos para llegar a algún tipo de acuerdo en las comunidades y héteme aquí que el <<caballero de la airada figura>>, Abascal, se ha molestado muchísimo porque Feijóo ha publicado un marco de negociación del que ellos, el PP, no pueden ni deben salirse.

Marco que, una vez conocido, no dice nada especial ni fuera de lugar porque las únicas líneas rojas que establece son las que marca nuestra Constitución, a lo que Abascal ha contestado afirmando que <<le acusa de tratarle como un salvaje al que “domar”>>.

Yo no veo que tal afirmación figure en el texto publicado por el PP, por lo que, adoptando esta postura, o tiene una piel tan fina, excesivamente fina para ser político, o que mantiene su ilusión de superar en votos al PP y la estrategia de desgastarle una y otra vez, sea buen o sea malo para las comunidades a las que representa en cierta medida.

Abascal me recuerda en este momento a ese personaje de comic, Iznogud, el visir que quería ser Califa en lugar del Califa y que nunca lo consiguió. Como tampoco lo consiguieron otros <<Iznogud>> del pasado, Rosa Díez o Alber Rivera, entre otros, ahora desparecidos de la vida política.

Teniendo a su favor que VOX no desaparecerá porque tiene un suelo de cierta solvencia proporcionado por nostálgicos de dictaduras, militares que aspiran a que el Rey no sea constitucional, y similares. Todos, ellos sí, de derecha, derecha del PP y no a esos votantes cabreados que lo mismo apoyan a Podemos que a este partido, esperando soluciones que nunca llegarán.

Pero claro, el Abascal que conozco, el orgullo personificado, no podría ser el líder absoluto de un partido con el cinco o el seis por ciento de votos en elecciones, cosa que le puede suceder, y tendría que dedicarse a otra cosa. A pastorear ganaderías desde su caballo, por ejemplo.

VOX, por mucho que se empeñe su dirección de <<expulsa fundadores>>, con caudillo incluido, nunca pasará de ser partido de influencia a nivel local o nacional, que es mucho y muy importante, por lo que, en mi opinión, debería negociar a máximos, pero sabiendo que tiene el poder que tiene y la experiencia que tiene en gobernar, que es muy poca y escasamente brillante, por lo que debe sacar lo que pueda y dejarse de fantasías.

Pero claro, Abascal es como es y, entre sus aficiones, está la de subirse al caballo, aunque mucho me temo que últimamente lo sigue haciendo, pero de forma equivocada, orientando su cabeza a la cola del corcel en lugar de hacia su cabeza, como es lo habitual y lo conveniente.

Porque, por lo que se ve, la actual dirección de VOX es incapaz de negociar nada con nadie, incluido los pesos pesados de su propio partido.

 ¿Es eso lo que quieren sus afiliados y sus votantes?

¿Se imaginan el desastre que supondría si en Extremadura o en Aragón se tuviera que repetir las lecciones por culpa de este personaje temerario? Por culpa del PP no sería si se niega a aceptar opiniones de VOX sobre feminismo, inmigración o la luchas contra la descentralización que suponen las autonomías.

Valencia, 27 de febrero de 2026

José Luis Marínez Ángel

P.D.

¿No os da la impresión de que la fuerza de Abascal reside en su barba, cuidadosamente rasurada <<en poderoso>>?

Yo para mí qué si se la afeitara, descubriría una cara de hombre normal y corriente, uno de tantos con los que nos cruzamos por la acera sin que nos llame la atención.

Es cierto que tiene fuerza en la mirada, pero sin barba no sería lo mismo…

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