La transparencia inocente de José Luis Martínez-Almeida

No tiene nada que ver que sea del PP, porque ejemplares como el del alcalde de Madrid puede que existan en otros partidos, pero el recién casado es uno de los que siempre ha estado en mi microscopio de observar a los políticos, porque esa imagen de “buen chico”, de empollón que difícilmente pierde las formas, que no cae mal a casi nadie, aunque su oposición se vea obligada a sacarle los colores de vez en cuando, que ha sabido consensuar temas con Ciudadanos y otras formaciones cuando ha sido menester, se escapa tanto del perfil del político  al uso, que siempre me ha quedado la duda de si es  lo que parece, o tiene el mejor equipo de asesores de la política española.

Pero José Luis se ha casado, y un acto como ese ha despejado todas mis dudas: Es lo que parece ser, sin imposturas.

Porque el buen alcalde ha llorado en su boda como yo lloré en la mía, ha estado nervioso como yo lo estuve y ha demostrado un afecto a su esposa sin reservas ni concesiones a las cámaras como yo demostré en las mismas circunstancias.

Y es lo que parece, un patoso empollón, sentimental y “buena gente”, porque no hay ningún otro político en España que se preste a hacer el ridículo como él lo hizo para manifestar su amor a su pareja, su agradecimiento a los madrileños curiosos que fueron a verlos entrar y salir de la iglesia y al pueblo de Madrid, marcándose ese chotis que pasará a la historia porque contravino todas las normas de lo que es un buen chotis, que todavía hubiera resultado menos costumbrista y disparatado si su pareja no le hubiera echado un capote digno de Curro Romero en una de sus tardes más inspiradas.

Capote que mereció todo mi reconocimiento a la persona que lo ejecutó, a la que no conocía de nada, que me emocionó porque evidenció una acertada mezcla de ternura y de oportunidad, como convenía al momento y a las circunstancias.

Así que, mi hasta ahora desconocida Teresa Urquijo, ha ganado un admirador y tengo la seguridad de que su matrimonio será próspero y feliz porque eso parece asegurar lo que he visto en los telediarios de estos días.

Gracias, entre otros detalles, a ese chotis que los castizos madrileños bailan en un ladrillo y que Pedro Sánchez y casi todos los demás hubieran bailado en medio.

Pero que requirió media calzada en el caso del poco dotado alcalde de la Villa. Alcalde que fue de improvisación en improvisación bajo la tierna mirada y la sonrisa enamorada de una mujer que, a lo que parece, ejercerá a las mil maravillas su papel de compañera, esposa, amante y paño de lágrimas de su marido. Y que, seguro, merecerá y encontrará la justa correspondencia en su bienintencionado José Luis.

Aunque, a lo visto, será poco de fiar a la hora de cambiar pañales cuando lleguen los niños.

Así que, mis felicitaciones más sinceras, mis mejores deseos de que la vida les depare grandes momentos juntos y mi aplauso como ciudadano a un político que ha practicado la transparencia emocional sin afeites ni imposturas y que ha sabido demostrar su mejor perfil humano, incluso a costa de hacer un aparente ridículo personal que, en el fondo, le dignifica y enaltece.

Una pareja que me devuelve parte de las esperanzas perdidas en los políticos en ejercicio.

Valencia, ocho de abril, de 2024

José Luis Martínez Ángel.

Los políticos canallas y la gran ignominia sobre los asesinados en España.

La ignominia es una ofensa pública que sufre el honor o la dignidad de una persona o un grupo social, es decir deshonor, descrédito de quien ha perdido el respeto de los demás a causa de una probable acción indigna o vergonzosa. Es sinónimo de injuria y vergüenza”.

Nunca he hecho comentarios sobre la famosa ley para la memoria democrática ni tampoco voy a hacerlo ahora. Si que he defendido lo que ya se aprobó hace muchos años, concretamente el 26 de septiembre de 2011 y que se ha ido ampliando en partidas presupuestarias y otras ayudas y también degenerando conceptualmente con acotaciones sobre el tipo de víctimas “preferidas”

Lo que no deja de ser una ignominia, como digo en el encabezamiento.

Porque los asesinados, sea cual fuere el color de su camisa, el tipo de hábito, el uniforme o la toga que vistieran, los que no llevaban ninguna, fueran hombres mujeres o niños, todos los que murieron cuando no debieron morir en cualquier etapa histórica, fuera en una cuneta, en la tapia de una cárcel o de un cementerio, son víctimas, sin distinción de quién los mató y las razones que tuvieron para hacerlo.

Porque ¿Qué diferencia hay entre un fusilado en la posguerra, un asesinado por un grupo de anarquistas, por ETA, en una checa, por el Grapo o por cualquiera que empuñaba el arma asesina?

Las razones, las sinrazones mejor, las argüían y siguen haciéndolo los asesinos. Los muertos, solo pudieron vivir la angustia final de ver que otro ser humano iba a asesinarlos sin comprender porqué lo hacía. Acordándose de sus seres queridos, añorándolos y sufriendo por ellos.

Así pues, lo último que faltaba es que los insensibles, insensatos, manipuladores políticos, me digan a que víctima debo honrar y a cuál no, que asesinatos fueron peores, que asesinados son los “buenos” entre todos los asesinados.

Ahí no me encontrarán la más mínima duda, ni permitiré siquiera que nadie intente convencerme de que sí que hay diferencias.

Continúen pues proporcionando ayudas a los familiares de los que necesitan enterrar a sus seres queridos en un lugar digno, donde puedan ser visitados y recordados

Y caiga lo peor sobre el que intente manipular a los muertos. Siendo lo peor, para mí, que caigan en el olvido electoral y los desalojen de sus salas de consejos de ministros o de sus sillones en las Cámaras.

Diferencias entre verdugos sí, entre víctimas nunca.

Valencia, 5 de abril de 2024

José Luis Martínez Ángel

La verdad, los relatos y el “tirón” de Yolanda Díaz

Leo el titular de un periódico que dice:

<<Yolanda Díaz se impone en la asamblea de Sumar: “Quien piense que puede hacerlo solo se equivoca”, en una referencia al PSOE, sus socios de gobierno>>

Y luego, en letra más pequeña añaden:

8.179 inscritos participan en la votación que ha ratificado a la vicepresidenta segunda como coordinadora general de la formación con un 86,56% de los votos

Este párrafo, parte del cuerpo de la noticia, informa de que:

Sumar Avanza, la lista de Díaz ha recibido un 81,56% de los votos y tendrá por lo tanto 76 miembros de la dirección

Lo que no dice este periódico y leo en otro es que:

Yolanda Díaz se impone en la asamblea de Sumar tras una raquítica participación del 11%”

Lo que, en la práctica, quiere decir que Yolanda obtuvo el 81,56 % del 11 % de los que participaron en la votación, lo que supone un apoyo real del 13, 49 % de los “miembros” de esa agrupación de agrupaciones llamada Sumar, resultado que, tratándose de un “partido” que acaba de nacer, más bien parece que esté en clara decadencia.

Y es que, citando al clásico, lo que no puede ser no puede ser y, además es imposible. Hace unos días, buscando analogías entre Yolanda Díaz y algún personaje de la vida real, decía que me recuerda al clásico vendedor de globos de gas, el que los lleva sujetando los cabos para impedir que salgan volando. Pues bien, al margen de la falta de entusiasmo evidenciado en la asamblea, hay algunos globos que ya se le están escapando de la mano y han decidido volar solos o juntarse con los de otro vendedor, como ha ocurrió con “Mes per Mallorca” y parece que va a suceder con algunos otros.

Pero, como sucedió con otros dirigentes que “han sido”, a ella parece no importarle. La vicepresidenta “busca titulares”, sigue a lo suyo y lo suyo son paridas políticas con mucho redoblar de tambores y poco fundamento, como el último para complicar un poco más la contratación de empleados/as de hogar, que ya lo tienen bastante difícil sin su ayuda para que les legalicen, o la gran mentira de decir hace unos días que en España hay 55.300 fijos discontinuos, cuando el propio SEPE, que depende del ministerio de trabajo, es decir, de ella, dice que son 150.000 y los expertos independientes los estiman por encima de los  700.000.

Ministra de trabajo que subió el salario mínimo por Decreto Ley, con la complicidad de los dos figurantes supuestos líderes de un sindicalismo soportado por el gobierno y no por las cuotas de los afiliados y sin el consenso de los empresarios, los “pagadores” de la iniciativa, a los que castigó con una subida superior a la que estaban negociando para que tuvieran muy claro que quien manda en España no es la democracia y la negociación, sino el propietario del BOE.

Pobre y confusa trayectoria de alguien que aseguró que sería la primera mujer presidenta de un gobierno en España.

Vinícius en blanco y negro, y el racismo en España.

Debo aclarar, porque estamos en tiempos confusos, que “negro”, de raza negra, de piel oscura, no supone para mí ningún tipo de discriminación o de signo de supremacía de unas razas sobre otras.  Estaría en la noche de los tiempos de la cultura y en primaria de sentido común si así lo pensara, que no es el caso.

Dicho lo cual y apoyando en parte a Vinícius en algunas de sus declaraciones, quiero afirmar, sin reservas, que España no es una nación racista, afirmación absolutamente demostrable por los hechos de hoy y por nuestra historia “colonial”

Porque la España de los tiempos de la conquista, después de los primeros momentos en los que los españoles descubridores tomaron partido, porque les interesaba, por algunas tribus indígenas enemigas de los soberanos incas y mayas por su comportamiento sangriento y déspota, incluido sacrificios humanos demostrados sin ningún género de dudas, establecieron que las naciones de la América hispana no fueran colonias, sino  virreinatos de la corona regidos por nativos de cada lugar, no enviados desde España, por lo que, como es natural, casi todos fueron mestizos, porque la España imperial, la de la leyenda negra creada y potenciada por nuestros enemigos políticos de la época que querían desprestigiar a España, fue la primera y casi la única que admitió el mestizaje no discriminatorio como evolución natural de la humanidad.

Y porque yo he conocido como provincias españolas, no como colonias, las de Guinea, Ifni o el antiguo Sahara español, que tenían escaños en las cortes españolas con el mismo nivel y los mismos privilegios que los de Albacete, pongo por caso.

En cuanto al “hoy”, en España hay millones de inmigrantes de todas las razas y colores que están en las mismas colas que nosotros en los supermercados, que nos despachan en las tiendas, o que toman un café o una cerveza en la mesa de al lado de la nuestra. ¿Qué hay incidentes aislados? Claro que sí, pero también los hay entre españoles, entre inmigrantes y hasta entre turistas de Benidorm. Porque no hace falta ser de una raza determinada para comportarte como un salvaje.

¿Qué en España hay racistas? También es cierto, como hay “neardentales” de cualquier otro tipo. Somos casi cincuenta millones de habitantes, una buena parte de los cuales mayores de edad y es inevitable que en un bosque de tal magnitud nazcan setas de todas clases: comestibles, venenosas, grandes, pequeñas, vistosas o tan discretas, normalmente las mejores, que apenas se las ve.

Pero es que, además, la visión de Vinícius es muy limitada ya que, desgraciadamente para él, la sociedad que más conoce es la que acude a los campos de futbol en los que, junto a una mayoría que aplauden a los suyos y silban al contrario o al árbitro si cree que no les favorece, hay grupos de energúmenos que encuentra en esos lugares un caldo de cultivo apropiado para demostrar su “anti todo” y una de las caras más oscuras de la sociedad, las suyas.

Porque esos grupos supuestamente racistas son los mismos que revientan escaparates en una manifestación, apedrean a la policía si tienen ocasión, muelen a palos a los aficionados de otros lugares, o “quedan” para pelear con barras de hierro con los “ultras” de otros equipos.

Me temo, repito, que eso es el ambiente que más conoce Vinícius, porque la mayoría de su tiempo lo ocupará entrenando, viajando con su club, en esos guetos de ricos tan visitados por ladrones atraídos por sus relojes de super lujo o, quizás, en algún restaurante de mucho postín al que acudirá en su coche de miles de euros.

Si Vinícius pudiera pasear libremente por las calles de Madrid, no lo podrá hacer porque tampoco se pueden permitir ese lujo la mayoría de los famosos de todos los campos del deporte o la cultura, comprobaría que la gente, en lugar de insultarle, le agobiarían pidiéndole autógrafos o hacerse fotos con él. ¡Claro que sí!

Y, si hubiera sido un poco menos vehemente, habría caído en la cuenta de que, en el famoso partido de Valencia, origen de todos sus males y de su campaña antirracismo, que yo apoyo, había en el campo y los banquillos no menos de otros siete u ocho negros de piel, o mestizos, con los que nadie se metía, más bien les aplaudían si eran del Valencia.

Y que los salvajes que le llamaron lo que le llamaran no lo hacían tanto por ser de color como por ser uno de los mejores jugadores del mundo, enemigo del Valencia en ese momento.

Un inciso: ¿Por qué nos hemos vuelto tan absurdo, tan exquisitos, tan gilipollas, tan “eufeministas” que llamamos “de color” a lo negro, cuando el negro es, precisamente, la ausencia de color, el que no aparece en el espectro del arco iris?

De color, de alguno, seríamos nosotros, los blancos, los amarillos, o los cobrizos, pero ¿los negros?

A Samuel Etoo, jugador de futbol genial, negro de piel y muy inteligente en su antirracismo, le oír decir en una ocasión que “tenía que correr como un negro para vivir como un blanco” y, en otra de sus frases inteligentes, que “si fuera pobre sería negro”.

Porque en España, eso sí, hay más clasismo que racismo. Tradicionalmente los empresarios son los malos y los obreros los buenos (en este caso no manifiesto verdades, sino opiniones tradicionales) y que riqueza es sinónimo de malas artes y pobreza de dignidad.

Por cierto, una parte evidente de la animosidad que despierta Vinícius se debe a que, al margen de su extraordinaria calidad futbolística, no acaba de entender que la gente privilegiada es especialmente odiada en determinadas ocasiones y que, precisamente porque él lo es, debería reprimir mucho más esos gestos y salidas de tono que le son habituales, sin entrar al trapo de provocaciones interesadas y deliberadas de sus rivales. En su propio equipo tiene grandes ejemplos, grandísimas figuras que no tienen enemigos, aunque metan goles o ganen partidos y que son admirados por todos.

Porque van a lo suyo y mantienen el nivel de auto control personal necesario para “pasar” de provocaciones. Y son ellos los que en cada partido tratan con poco éxito de contenerlo, de calmarle, de intentar que evite reyertas con los contrarios o que conteste a los desafíos del púbico.

Seguro que, sabiendo como es, en la estrategia de muchos partidos, el entrenador contrario indicará quién y cómo debe provocar a Vinícius, pero no creo que a ninguno se le ocurra encomendar a uno de sus jugadores hacerlo con Kroos, Luka Modric, o el mismo Camavinga, negro como él, que recibe muchas patadas y nunca pasa de quejarse al árbitro sin enfrentarse con ningún contrario. A ellos los marcan, a Vinícius le provocan.

Yo he visto al Bernabéu aplaudir a “blaugranas” significativos, como el propio Etoo o Ronaldinho, los dos negros, y ayer mismo pude ver como los madridistas se quitaban el sombrero ante un “enemigo” potencial en la liga y en la Champions, Laminé Yamal, que jugó como un elegido, aguantó las provocaciones de los brasileños y fue una pieza clave en el resultado del partido.

Me temo que, si Vinícius no es capaz de controlar su vehemencia, el Madrid no tendrá más remedio que deshacerse de él, porque es uno de esos jugadores que hace antipático a un club que no se lo merece.

De esos también he conocido muchos y muy buenos, pero de ellos no quiero acordarme.

No quiero terminar sin repetir que apoyo a Vinícius en su campaña antirracista, pero le pido que no la enturbie confundiendo la velocidad con el tocino, como está ocurriendo con el antifeminismo español, con el que estoy absolutamente de acuerdo, pero no con algunas de las antifeministas al uso, porque tienden a mezclar churras con merinas.

Valencia, 28 de marzo de 2024

José Luis Martínez Ángel

Al borde del caos parlamentario, o como los que elegimos para gobernar dedican todo su tiempo a reñir y a dar mal ejemplo.

Parece que la clase política se ha desafiado a un “tú más” en comisiones de investigación que se sabe cómo empiezan, pero no como terminarán. Yo tengo una idea, pero como es pura especulación, me la reservo.

Han empezado por investigar las compras de mascarillas realizadas por todas las administraciones del Estado, nacionales o autonómicas, en la que se buscará la letra pequeña o las circunstancias de cada una de las realizadas en función de quién las compró, a quién, a que precio y quien influyó en la compra. Es un ejercicio de transparencia que aplaudo, solo que el convocarlas en si ya indica que los políticos desconfían de cada uno de los responsables de gestionar y garantizar la limpieza de las compras de la administración, todos nombrados por ellos mismos o bajo su autoridad.

Debería ser un ejercicio honesto, pero ni lo esperen, porque cada partido evidenciará todavía más la putrefacción de una parte de la clase política actual y tratará de ocultar o justificar “lo suyo”, haciendo público con toda la parafernalia disponible lo hecho mal por “los otros”, incluso si solo hay una mínima sombra de sospecha.

Sin que se les caiga la cara de vergüenza ni sufran la condena evangélica por ver la paja en el ojo ajeno e ignorar la viga en el propio.

Y, por otra parte, se va a investigar la trama Koldo, o Ábalos, o PSOE, según quien la defina. Y de ahí saldrán cómplices, familiares, amigos y todo el que directa o indirectamente se pueda haber beneficiado de la rapiña de un grupo de supuestos servidores públicos que se han enriquecido aprovechando el dolor de la ciudadanía.

Pero, como contraofensiva, los otros sacan día y noche el caso de una responsable pública por tener una pareja que ha tratado de engañar a Hacienda, (él y cinco más de la misma empresa), antes de que lo fueran y con el que parece mantener una relación estable y satisfactoria. Una denuncia más de las “muchas miles” que Hacienda negocia cada año o decide pasar a la fiscalía porque no se llega a un acuerdo de pago.

Y es que ella, pese a ser tan lista, no pidió ver “los papeles” de las propiedades de su pareja y la justificación de cómo había obtenido cada propiedad, antes de darle el “sí”, cosa que sí que hacen el resto de las mujeres de España, mucho más las del bloque de izquierdas.

Por lo que la que acusan de participar a título lucrativo de los beneficios de vivir en el piso de su pareja, supuestamente comprado con dinero defraudado, porque, claro, todo el mundo sabe que, si alguien tiene un piso caro, es porque ha defraudado a Hacienda.

Incluso puede que se establezca en su perjuicio el delito de amor y sexo consentido a título lucrativo, que todo podría darse.

Pero, sabedores de que por ahí no hay juez que pueda imputarla, ni tampoco se justifica una incorreción política, han encontrado la grieta por donde clavar la cuña y es acusarla de mentir, porque en una primera declaración dijo que era Hacienda quien le debía dinero a su pareja. No tengo ni idea de quién le dio esa información ni tampoco quiero saberlo porque, se diga lo que se diga todo serán especulaciones interesadas, ya que la única verdad será la judicial, la que decida el juez que lleva la causa.

Lo que resulta especialmente cómico y cínico viendo los caretos de los y las acusadoras que se han pasado los últimos años mintiendo en todo y en todo momento. Y mentiras muy gordas, como decir que no iban a aprobar la amnistía, por ejemplo y otras cien de menor calado.

Claro que ellos dicen que lo suyo no son mentiras, sino “cambios de opinión”, pero cuando la acosada decidió cambiar su relato apoyando a su pareja, por el de “este es el caso de un particular que no afecta a la Comunidad de Madrid que yo represento”, han saltado a su yugular como lobos gritando “¡Ayuso dimisión!”

¿Qué es eso de cambiar de opinión? Aquí, para los acusadores, no vale lo que se dice ahora. Vale “lo que se dijo cuando se dijo por primera vez”

El problema marginal y añadido para el acusado en esta ocasión, Alberto González Amador, que así es como se llama y no “la pareja de Ayuso”, es que estos casos se suelen resolver con una negociación en la que la parte infractora se declara culpable y negocia con Hacienda la cantidad a pagar para resolver el conflicto, cosa que va a tener muy difícil después de la filtración interesada y estando por medio la ministra Montoro, por lo que, a diferencia de otros particulares, empresas, futbolistas, artistas y profesionales de todo género, puede que Hacienda, que no somos todos ni de coña, no acepte ningún trato para que el caso dure lo que dure la legislatura y se consiga el cobro mediante una sentencia condenatoria, con el valor añadido para el gobierno de la pena de telediario.

P.D.

Decía que se sabe como se empieza, pero pudiera ser, no lo creo porque todos están en ello, que a alguien se le ocurra crear comisiones para ver cuantos asesores tiene cada cual, si algunos de ellos son amigos, familiares, o compañeros de partido, a cuantos amigos ha invitado el presidente de turno a residencias de Patrimonio Nacional, cuantos ex cargos gubernamentales han sido nombrados presidentes de empresas estatales, embajadores, o delegados en estamentos internacionales, porqué los viajes del presidente son “secretos de Estado” una vez realizados y desaparecido el riesgo de seguridad, o el porqué de esa afición del Falcon a viajar a la República Dominicana.

No creo que lo hagan porque si ocupan todo su tiempo defendiéndose y acusándose, no podrían gobernar.

Aunque, bien mirado, ahora tampoco lo hacen. Destrozar la constitución e inventarse ocurrencias, sí, pero gobernar en el sentido de administrar, organizar y proteger, para eso casi no tienen tiempo. Ni tiempo ni Presupuestos Generales.

Incluso convendría que los aposentados en las bancadas llevaran chalecos identificativos, porque en este momento y con tanto escándalo parlamentario, muchas veces es imposible saber quién es el gobierno y quién la oposición. Porque, invirtiendo los términos, el gobierno ataca más a la oposición que la oposición al gobierno y, como consecuencia, hay veces en las que la oposición parecen ser los gobernantes. Y, para más confusión, dentro del gobierno “oficial”, hay quien hace oposición al propio gobierno.

¡Menos mal que los partidos que apoyan al gobierno lo hacen desinteresadamente, por pura vocación política y amor a la patria, porque de no ser así, diría que estamos al borde del caos institucional!

Valencia, 23 de marzo de 2023

José Luis Martínez Ángel

Callar o no parar de hablar. Esa es la cuestión de María Jesús Montero.

La vicepresidenta María Jesús Montero, en el candelero por haber desvelado información que no debería tener sobre los problemas de la pareja de Ayuso con Hacienda, porque son absolutamente confidenciales por la Ley de Protección de Datos, dijo en sede parlamentaria, señalando con el dedo al líder de la oposición, que su mujer había recibido subvenciones de la Junta de Galicia cuando él era presidente.

Es una información que se ha demostrado falsa, pero parece casi imposible que la vicepresidenta del gobierno de una nación con tradición democrática se retracte de lo dicho, ni en el Parlamento ni en ningún otro lugar.

Un gobierno enrocado en una defensa numantina, que contesta a cualquier pregunta en las sesiones de control con un “Ayuso dimisión”, menospreciando al Parlamento y la inteligencia de la gran mayoría de los españoles.

Locuacidad que contrasta con el silencio total que mantuvo sobre el escándalo de los ERES y otros delitos de malversación en Andalucía, siendo como fue miembro destacado de la Junta, en la que ostentó cargos de suma importancia, entre ellos ser titular de dos consejerías, una de ellas de Hacienda, desde 2002 hasta 2018, ¡16 años! Durante los que, al parecer, o no se enteró, algo prácticamente imposible, o, sabiendo lo que pasó y seguía pasando, optó por mantener cerrada esa boca suya que ahora utiliza con tanta soltura.

Esta actitud, ahora generalizada en el Parlamento, parece un problema menor, pero tiene un aire ineludible de falta de convencimiento democrático y manifiesta una alteración evidente del concepto de servicio público, el fundamental, el único, como es que los miembros del gobierno son elegidos para administrar los recursos del Estado buscando nuestro bienestar, (“nuestro” engloba a todos los españoles) y promulgar leyes ajustadas a la Constitución.

Manteniendo, como debe ser, la cortesía y la transparencia que se merece el Parlamento, sede de la soberanía popular y no de la soberanía del gobierno de turno, por muy democráticamente que haya sido elegido.

Indudablemente, vamos de mal en peor.

Valencia, 22 de marzo de 2024

José Luis Martínez Ángel

Escuchando ayer a Patxi López, el público:

Es casi seguro, no lo sé porque nunca husmeo en la vida personal de nadie, que Patxi López será un buen padre de familia, si es que está casado y tiene hijos, amigo de sus amigos, campechano y con el que, seguramente, vale la pena tomarse unos chiquitos en cualquier taberna de cualquier lugar.

Pero una cosa es la persona y otra el personaje. Y el de Patxi es especialmente atractivo por la cantidad de situaciones que ha tenido que vivir y la de toros políticos que ha tenido que lidiar.

Patxi es un superviviente. Vive de la política desde que yo me interesé por estas cosas, y de eso ya hace muchísimos años, incluso ha ostentado dos cargos de mucha enjundia: lendakari y presidente del Congreso, en ambos casos, curiosamente, con el apoyo del PP, cosa que parece querer hacerse perdonar en cada una de sus actuaciones, sin tener porque, ya que eran otros tiempos y con partidos políticos de más nivel, como también lo tenían los parlamentarios que ocupaban escaños en Vitoria y en Madrid.

Como soy muy de imaginar cosas, su aspecto y su talante cuando interviene en el Congreso o en alguna comparecencia, me recuerda al de esos repetidores de bachillerato que no pasan de curso porque tienen más labia que fundamento.

Porque el buen Patxi lo mismo dice que “sí”, como que “no”, en ambos casos con el mismo “convencimiento” y, de vez en cuando, suelta un “a ti que más te da” que, de alguna forma resume lo que tiene en su trastienda intelectual. Recuerdo aquel debate en el que le preguntó a Pedro Sánchez, cuando le disputaba la secretaría del PSOE: “Pedro, ¿tú sabes lo que es una nación?” Yo no le haría esa pregunta a él mismo al día de hoy, porque podría entrar en un bucle de seguridades, inseguridades y contradicciones y no quiero ser el responsable de que sufra un bloqueo mental que necesite tratamiento médico.

Y si quisiera asimilarlo a un personaje de ficción, sería el Manolito de Mafalda, aunque no tenga un padre tendero. Cuadriculado, espeso y, como decía, amigo de sus amigos.

Ambos tres, El Patxi de la política, el repetidor de bachillerato o el Manolito de Quino, son personajes incapaces de tener enemigos, por muchos desatinos que digan de vez en cuando, porque, más bien, despiertan ternura por verse obligados a representar papeles que no les corresponden.

No sé que cosas le escucharé decir en un futuro, pero, como buen gregario que es, dirá “lo que tenga que decir”. Como siempre ha sido. 

P.D.

Por cierto, con el ministro Puente no, con él no iría ni a beber agua ni a la fuente del pueblo. El ministro, que ocupa un cargo de tanta relevancia porque la democracia se protege muy poco de personas con talantes tan indeseables, tiene un claro perfil de abusón de instituto, abusón que puede salir perjudicado si insiste en enfrentarse de una forma tan cerril con la presidenta madrileña, la que tiene una pareja “con derecho a roce”.

Porque la susodicha tiene ojos de gata y los gatos, y aún más las gatas, son malos enemigos.

Valencia, 19 de marzo de 2024

José Luis Martínez Ángel

El antipatriotismo de evadir impuestos.

Pues sí, tiene razón Pedro Sanchez cuando dice que tratar de evadir impuestos no es patriotismo, claro que no, pero si lo comparamos con amparar con una amnistía a los que quisieron romper “la patria” a cambio de siete votos para seguir siendo presidente, o proteger, como ahora se está haciendo, a los que rapiñaron a los españoles vendiendo mascarillas inservibles con la consabida fórmula de buscar “casos” de terceros, sean verdaderos o falsos, sean de políticos en ejercicio, sus amigos o sus parejas, como en este caso, para lanzar humo sobre los propios, o decir que “es política” romper la igualdad de todos los españoles con concesiones a sus apoyadores, no parece muy patriótico, que digamos.

Pero claro, el relato es el relato y aquí gana, o cree ganar, el que consigue más titulares.

Ayer vi al presidente en Barcelona y tengo que convenir, y lo digo sin ningún tipo de segundas intenciones, que no hay nadie como él llenando un escenario con su expresión verbal, su lenguaje corporal y su forma de enfatizar palabras o intercalar pausas cuando se debe. Tendrá “coaches” y otros asesores que le ayuden en el vestir o a determinar detalles, como que cantidad de canas debe lucir en cada momento, pocas si se dirige a jóvenes, más, las suyas, si interviene ante empresarios o foros que requieren más formalidad, pero es indudable que se trata de un auténtico profesional.

Por sacarle algún defecto, diría que en algunas ocasiones acaba frases de forma un tanto melindrosa, pero casi nada más.

No es un buen parlamentario porque le tiene miedo al debate real, por lo que nunca contesta a preguntas, limitándose al recurso facilón de contrainterrogar con entradas parecidas al “¿Cómo se atreve usted a…?”, sacando a pasear la famosa foto Feijóo con un amigo que le salió contrabandista y majaderías similares, pero si es un gran comunicador y es en el monólogo sin réplica donde está su fuerte.

¡Que ajada debe estar esa foto después de tantos años y tantos usos y cuantas fotos de socialistas con Koldo, las del presidente incluido, se deben estar haciendo desaparecer, quemándolas si están en papel, y borrándolas si están en las redes!

Forma de expresarse muy diferente y superior a la de su mozo de espadas, Zapatero, que tiene una oratoria convulsa, de cejas levantadas, ojos salidos y cuerpo envarado.

Otra cosa es lo que dice el presidente, pero sobre eso ya escribo muchas veces. Mi opinión es que, a estas alturas, no teniendo suficiente con el respaldo de un partido, el PSOE, porque necesita al bloque falsamente llamado progresista, (¿progresista el PNV o Junts, progresistas y no comunistas la mayoría de los grupúsculos que intenta controlar Yolanda Díaz?), su mensaje esta casi exclusivamente dirigido a sus seguidores declarados o sus apoyadores habituales.

Como ocurre con las folclóricas de buen porte y mejor hacer.

Valencia, 18 de marzo de 2024

José Luis Martínez Ángel

Otra vez, el aldabonazo moral del 11M

Mañana, 11M, es uno de esos días contradictorios. De olvidar, pero también para recordar, porque se cometió el atentado más sangriento de nuestra historia reciente y del que, desde nuestra perspectiva actual, podemos sacar muchas conclusiones, unas positivas y otras negativas.

Y en el que participaron activamente tres colectivos:

Los culpables, terroristas yihadistas que asesinaron a sangre fría a 191 viajeros de los trenes e hirieron a un mínimo de 1.857. No hay idea política, ni religión, ni ningún tipo de interés que pueda justificar una sola muerte, mucho menos cuando se trata de una barbarie de estas dimensiones. Proclaman los musulmanes que Alá es Grande, “Allahu Akbar”, dicen, y no se lo cuestiono, pero, por supuesto, no lo es por cosas como esta. 

Como tampoco nuestro Dios lo es por los abusos o asesinatos que cometieron hace siglos fanáticos de nuestra religión.

Las víctimas: muertos, heridos y familiares de los afectados, que sufrieron en sus carnes o en sus mentes los efectos de la salvajada. Muchos murieron, otros quedaron mutilados y todos sus familiares, todos, se vieron afectados por las pérdidas de sus seres queridos.

Los héroes, bomberos, fuerzas de seguridad, sanitarios, autoridades municipales y los miles de madrileños que se apresuraron a atender como pudieron y supieron a los que estaban necesitados de ayuda. Ciudadanos anónimos que volverían a sus casas agotados, con la ropa ensangrentada y sin entender lo que había sucedido y de donde habían sacado las fuerzas para ayudar a los que pudieron.

Y, al final, la basura. Los representantes de partidos políticos, unos más que otros, pero todos, que se apresuraron a sacar un beneficio político de la desgracia. Que lo hicieron entonces y lo siguen haciendo hoy mismo.

Basura que restó protagonismo a las víctimas, que difuminó la responsabilidad de los asesinos y que empañó el enorme esfuerzo cívico de los que atendieron a los afectados.

No deseo el mal a nadie, pero si se pudiera producir el milagro de que todos los políticos mendaces sufrieran una afonía aguda cuando tratan de engañarnos o sacar provecho de desgracias ajenas, seguro que nosotros, los ciudadanos normales, nos sonreiríamos más unos a otros y podríamos utilizar mejor nuestro tiempo hablando de nuestras zonas comunes en lugar de perderlo discutiendo en maldita sea la hora, quien de ellos tiene más o menos razón, porque, en el fondo, casi ninguno la tiene.

Políticos que han cambiado su responsabilidad de dejar la nación mejor que la encontraron y a los ciudadanos más protegidos de lo que estaban, por la tarea de seguir encuestas y estudiar proyecciones de votos, pasando de una vocación de servicio público a un oficio al que se aferran cueste lo que cueste. Como si les fuera la vida en ello.

Auténticos “chusqueros” de la política, pobladores de listas cerradas en elecciones generales.

Valencia, 10 de marzo de 2024

José Luis Martínez Ángel

La amnistía, el ministro Bolaños, “las inteligencias naturales” de los españoles y de como Pedro Sánchez va a tomar el pelo a los independentistas catalanes como ha hecho con la mayoría de sus seguidores.

He decidido no mostrar ninguna opinión sobre el caso Koldo, o como se llame, entre otras cosas porque ya está en manos de la justicia y la de nuestra nación es muy sólida, profesional y que, de decantar “la vara de la justicia” hacia algún lado, lo hará hacia el de las garantías de los procesados. Como siempre lo ha hecho.

Y siguiendo mi costumbre, cuando, como en este caso, la justicia interviene, ni opino ni discuto sobre las sentencias definitivas de nuestros tribunales.

En una conversación con un juez amigo mío que acabó formando parte del Supremo de la Comunidad Valenciana, le manifesté mí opinión de que debería ser duro estar tan mentalizados a no dejarse influir por presiones internas y externas, porque el 50 % de los procesados, los que perdían los juicios, les tendrían por jueces injustos. Él me corrigió en el sentido de que no, que son bastantes más, porque hay que incluir a buena parte de los que han obtenido una sentencia favorable que también se consideran injustamente tratados, porque la sentencia al condenado, en condenas reales o en indemnizaciones, les parece poco severa.

¿Cómo hay alguien que pueda tener la más mínima duda de que una justicia que ha sentado en el banquillo a miembros de la familia real, o que estando etiquetados como de tal o cual tendencia han metido en la cárcel a políticos de sus supuestas afinidades?

Tampoco pensaba entrar en el tema de la amnistía, porque, en contra de lo que se está queriendo hacer ver, aquí queda mucho trecho por recorrer, ya que una cosa es que se apruebe la ley y otra muy diferente que se pueda aplicar.

Pero resulta que ayer escuché a un exultante Feliz Bolaños felicitándose a sí mismo por el éxito obtenido y tratando de convencerme a mí, como al resto de los mayores de edad entre  los 48.085.361españoles registrados en el último censo, (yo soy, seguro, el último, el “uno”), de que, prácticamente, estaba todo hecho y de que esa ley iba a ser la maravilla del mundo mundial, ejemplo de herejes, como tantas otras impulsadas por Zapatero y por el propio Pedro Sánchez que se quedaron en agua de borrajas.

Y lo hizo mintiendo descaradamente y sin ningún tipo de rubor, hasta el punto de que llegó a ofenderme personalmente. Y lo hizo porque entre las varias inteligencias humanas conocidas, “lógico-matemática”, “lingüístico-verbal”, “espacial”, “musical”, “kinestésico-corporal”, “intrapersonal”, “interpersonal” y “naturalista”, es muy posible que muchos millones de españoles, incluso los que carecen de estudios, estemos a un nivel similar al suyo, aunque, como suele demostrar en sus intervenciones, destaque en algunas, como la “lingüístico-verbal”, la que permite encontrar las palabras correctas para expresar lo que quieres decir, que no implica que lo que expresas sea la verdad, ni siquiera lo que realmente sientes.

Yo tengo algunas carencias, lo reconozco, pero es muy probable que en la “lógico-matemática”, la que facilita razonar y cuantificar cosas, y la “interpersonal”, la que permite captar las emociones y los motivos de los demás, llegue, al menos, a la media nacional, como sin duda lo hará el abogado del Banco de España, ahora ministro “cuenta cuentos”, que nos quiere convencer de que en el mar corren las liebres y en el monte las sardinas.

Que uno ha trabajado en una multinacional, entre grandes profesionales y sabe distinguir entre una exposición informativa y otra de puro marketing, la que nos ocupa, en este caso con una evidente carga de impostura.

Concretemos:

Lo único que se consiguió ayer es que el comité de justicia de las Cortes aprobara por mayoría la presentación al pleno de la Ley de Amnistía. Nada más.

A partir de ahora la ley se debatirá, se aprobará por mayoría, pasará al Senado, se volverá a debatir, la mayoría del PP convocará a terceras personas que defenderán la inconstitucional de la ley, se votará en contra y volverá al Congreso, que, siendo el que tiene la última palabra, volverá a aprobarla y el gobierno la publicará en el BOE.

Y en paralelo, me figuro que la oposición presentará un recurso de inconstitucionalidad que, viendo “quien es quien” en este organismo, o apoyarán la ley o, lo más probable para no quedar mal del todo, demorarán tanto la sentencia que puede que cuando la hagan pública tengamos Alzheimer una buena parte de nosotros, Puigdemont se haya jubilado como Molt Honorable President de la Generalitat y Pedro Sánchez tenga su residencia habitual en Marruecos.

Y también es previsible que organizaciones de profesionales de la justicia, antiguos jefes de gobierno y políticos de toda condición manifiesten su desacuerdo con la ley. Declaraciones que no pasarán de ser testimoniales, porque en ningún caso serán condicionantes.

Y quizás, supongo que sí, el Supremo presentará una cuestión prejudicial a los tribunales europeos, que, no estoy seguro, podría paralizar la entrada en vigor de la ley hasta que el tribunal sujeto de la reclamación dicte sentencia.

En cuanto a las mil mentiras de Bolaños, las más importantes fueron las que aseguraron la falsa complacencia de la Comisión de Venecia y su comparativa de nuestro caso con otros muchos países, sin especificar si se refería a países europeos y con regímenes totalmente democráticos, cosa que no es así. Ni de lejos.

Porque hablar de “otros países” sin aclarar que entre los 61 citados están los 27 de la Unión Europea, nuestra referencia real y otros   como Argelia, Brasil, Chile, Corea del Sur, Costa Rica, Estados Unidos, Israel, Kazajistán, Kosovo, Kirguizistán, Marruecos, México, Perú y Túnez es hacer trampas en el solitario, en este caso en el circunloquio, porque cuando dice que “la medida es comparativa a la de muchos otros países” puede que se refiere, seguramente será así, a los 14 extracomunitarios, muchos de ellos de dudosa calidad democrática.

Y lo peor es su afirmación rotunda, categórica, incuestionable, enfática en la expresión oral y el lenguaje corporal, de que el Consejo de Venecia avala la ley de amnistía y la considera totalmente constitucional, hecho que no valora en ningún momento porque no puede hacerlo. Si es constitucional o no, es algo que tiene que decidir el país afectado, nunca un tercero, por voz de sus organismos legales, en este caso el Supremo y, como última instancia en caso de recurso, el Constitucional.

Leyendo el texto aludido son muchísimas las dudas que plantea y que no voy a citar aquí para no alargar el texto. Texto que corresponde a un borrador que llegó a manos del gobierno español, como es preceptivo en estos casos, por si tenían que hacer alguna consideración, que nunca deberían de haber filtrado a la prensa porque es confidencial.

Con el agravante de que el texto estudiado por la Comisión de Venecia no es el mismo que se votó en la de justicia porque ha sufrido modificaciones, algunas de calado, aunque a la SER de Àngels Barceló le parezcan menudencias.

Así que, amigo Bolaño, menos lobos y más comedimiento.

Aunque, pese a todo lo escrito y siendo malicioso como soy en bastantes ocasiones, me temo que el ministro de justicia no trataba de engañarme a mí, sino a los “beneficiados” por la ley.

Y me explico:

El hecho de que la ley llegue al pleno de las Cortes, en el que saldrá adelante, supone que los “beneficiados” aprobarán los Presupuestos Generales del Estado, que se presentarán a pleno antes de que terminen los plazos legales para que la Ley de Amnistía aparezca en el BOE.

Y no me puedo creer que con el gran equipo de juristas que asesora al presidente, no tenga serias dudas, casi certeza, de que la ley aprobada en el Congreso será inviable según las leyes españolas.

Pero, con los presupuestos aprobados, Pedro Sánchez se garantizaría una legislatura de largo recorrido. El que le pongan a caer de un burro en cada sesión si algo sale mal y Puigdemont tiene que seguir en Waterloo es lo de menos. Ya lo hace ahora la oposición y parte de sus apoyadores y no le causa ningún problema. Más bien parece que “le pone”.

Ande yo caliente y ríase la gente”, dice el refrán. En este caso, las palabras correctas no serías “y ríase”, sino “e insúlteme”, pero, como digo, su historia dice que al sujeto de los odios le ha importado un pito lo que digan de él y siempre tiene el recurso de no estar presente en la cámara por “razones de agenda”.

Es muy posible que hoy me haya levantado especialmente malicioso, con mi “inteligencia intrapersonal” algo alterada, pero ¡quién sabe! Cosas más raras hemos visto y oido.

Valencia, 8 de marzo de 2024

José Luis Martínez Ángel