Los gallegos de Galicia y del resto del mundo

Tengo el privilegio de haber vivido más de un año en ese maravilloso lugar llamado Vigo, en la antigua Escuela de Electrónica y Transmisiones de la Armada, hoy desaparecida, enclavada en su preciosa ría, y también de tener muchos amigos gallegos, conocidos aquí y allá a lo largo de mi vida.

Y de haber leído mucho de lo escrito por los genios de la literatura gallega, hombres y mujeres, siempre nostálgica, siempre intimista, siempre cuidada y brillante.

Y desde el primer momento me sorprendí al descubrir lo que aparecía oculto a juzgar por la tradición humorística española de que los gallegos son como despistados, primitivos, aislados del mundo en sus lugares y con sus tradiciones.

Nada más lejos de la realidad. Los gallegos son, lo aseguro, inteligentes y eminentemente prácticos, que juegan al despiste y que alientan su estereotipo, si no lo inventaron ellos mismos, porque, supongo que esa es su opinión, más vale hacerse el tonto que pasarse de listo.

Porque de acobardados y conformados con su suerte, nada de nada. Ellos fueron de los primeros que hicieron sus petates y decidieron buscar nuevos horizontes y nuevas oportunidades allende los mares cuando el trabajo escaseaba “na súa terra”. Los que, a la chita callando, en este caso más bien haciendo mucho ruido, reaccionaron cuando vieron que el contrabando de tabaco, después de droga, era un peligro para el futuro de sus hijos y se enfrentaron decididamente con los Oubiña, los Carlines y a todos los capos gallegos hasta hacerlos desaparecer, los que han sabido compaginar el fomento del turismo con el de una industria creciente y consolidada, los que han pasado miserias y calamidades cuando no tenían más remedio que pasarlas, pero luchando siempre para salir adelante, sin la resignación que se les atribuye.

Es cierto que los gallegos no se sienten “tan de Bilbao” como los bilbaínos, tan de Madrid como los madrileños, ni tan diferentes como se sienten los de otras regiones, pero también lo es que han sabido mantener esencias y capear temporales agarrados a sus minifundios o pescando lo que podían con sus barcos o con el más minúsculo de los chinchorros.

Hombres y mujeres, porque recuerdo perfectamente la imagen de mujeres con pañuelo en la cabeza y manos cuarteadas, con sus hijos pequeños tapados con mantas para protegerlos del frio, recogiendo patatas u hortalizas en sus pequeños huertos, seguramente después de haber repuesto lo consumido el día anterior en esa olla de lacón con grelos.

Decía que son inteligentes, sardónicos y con un sentido del humor tan peculiar que nos han hecho creer que cuando nos encontramos con alguno de ellos en una escalera era imposible distinguir si “subía ou baixaba”, como si eso fuera importante.

“E que máis dá? Que che importa?”, dirán riéndose para sus adentros.

En Vigo me encontré con compañeros que me invitaban a ir a sus casas si estaba “franco de ría”[1], ¡que expresión tan gallega y definitoria! O que compartían conmigo amistad y confidencias. También me encontré con alguno cabezón que, siendo cabezón y gallego, era cabezón, cabezón. Como mi amigo “o cangrexo”, paradigma de la cabezonería, el que, si creía que tenía razón, era casi imposible hacerle cambiar de opinión, por mucho que su error le perjudicara.

Recuerdo que el buen “cangrexo” tenía una novia, creo que en Timoeiras y quería ir a verla, pero no podía porque la ETEA era una “escuela” y estábamos en régimen de internado. Pero él, cabezón, cabezón, saltaba la valla y, como casi siempre le pillaban, siempre estaba arrestado.

También recuerdo a un suboficial instructor de electrónica especialmente inteligente, del que no doy su nombre, que una vez nos dijo en clase: “vivan, pero no intenten analizar la vida”. Años después me enteré con tristeza que se había suicidado, posiblemente porque no había seguido su propio consejo y porque las penas y las tristezas, en la negrura de los inviernos y las lluvias de aquellas tierras, tienen un peso especial. Son “penas negras”.

Pero, dejando a un margen estos extremos, si alguna cualidad caracteriza especialmente a los gallegos, como he dicho antes, es ser prácticos, el no luchar contra imposibles y ser coinventores de la resiliencia. La dureza de su tierra y de su historia así los ha forjado.

Lo afirmo desde el privilegio de haber crecido en un lugar tan amigable, tan acogedor, como es mi Valencia de mar y montaña, de sol y de bonanza.

Por eso, pese a escuchar los mensajes de la durísima campaña electoral, esperaba que votaran lo que era más conveniente para ellos sin caer en las redes de la palabra fácil y del populismo. Así lo han hecho otras veces y también en esta ocasión,

De la misma forma, aunque con mayor rotundidad, que sucedió en julio del año pasado con los castellano-manchegos. Que conociendo como conocían quienes eran y que hacían los gobiernos de su autonomía, se mantuvieron impermeables a promesas de terceros, en aquel caso de los candidatos del PP.

Y ha sido este hecho, las elecciones, el que ha servido para recordad mis tiempos de “gallego de adopción”, en los que conocí y reconocí la realidad de su tierra y sus habitantes, imperfectos como somos todos, pero mucho menos de lo que son los de otras regiones españolas que presumen de listos y adelantados.

Dicen que hay siete clases de gallegos y seguro que es verdad, pero me temo que los de la clase “menos lista”, saben cómo hacer relojes de madera.

Lo cierto es que “teño morriña” de esa maravillosa tierra de brumas y meigas, que “habelas, hailas”, mar bravío y sol escaso pero muy de agradecer, en la que, por un momento, temí ver aparecer la “Santa Compaña” durante una guardia nocturna entre el bosque de eucaliptus que marcaban el linde oeste de los terrenos de la ETEA.

Tierra que descubrí un día del año 1960, a la que volví en varias ocasiones y a la que, lamentablemente, es muy probable que no pueda volver.

Son páginas queridas de mi vida, recordadas sin nostalgia, que me han hecho recordar unas elecciones celebradas en el mes de febrero de este año de gracia, 2024.

Valencia, a 20 de febrero de 2024

José Luis Martínez Ángel


[1] Franco significa “de permiso”, y “ría” era una especie de medida de distancia para considerar a quienes les permitían pasar el fin de semana, con su familia, fuera de la escuela. Realmente no se refería a los que tenían familia “en la ría” como tal, sino a los que la tenían en los pueblos del alrededor. También se permitía este favor si demostrabas que estabas invitado por la familia de algún compañero que cumpliera esta condición.

¿Necesita Pedro Sánchez al PSOE?

El pasado domingo se celebraron las elecciones en Galicia y se cumplieron los pronósticos que aseguraban la mayoría absoluta del Partido Popular. Les pusieron muchas minas por el camino en forma de pellets, casi más peligrosos que la famosa marea negra del Prestige según el relato, salieron a la luz supuestas conversaciones secretas del partido con Junts, se habló de un “off the record” en el que Feijòo había confesado poco menos que haber ofrecido un puente de plata a Puigdemont, pero, como yo me suponía conociendo a los gallegos como los conozco, y de eso hablaré en otro momento, los electores decidieron que, conociendo lo que habían hecho o dejado de hacer los sucesivos gobiernos del PP y ante posibles saltos en el vació, optaron por ser prácticos como es habitual en los habitantes de aquellas tierras y votaron continuidad, con un crecimiento importante del PNG-PG y un gran descalabro del PSOE .

Al día siguiente, lo previsto: Pedro Sánchez volvió a entonar el “yo no he sido” y, pese a haber estado muy presente en la campaña electoral, ha afirmado por bocas de sus relatores que la votación se ha producido en clave local y, curioso, que el PSOE pierde fuerza porque están faltos de líderes territoriales. Cabezas de lista “sin tirón”, según él, que son los que ha nombrado casi a título personal.

Pero eso, como he dicho en el párrafo anterior, son las cosas de un caudillo sin valores que nunca asume en primera persona los errores que el mismo propicia. Él y su valedor Zapatero, que es el que faltaba para completar ese dúo del disparate capaz de afirmar las cosas más falsas y absurdas sin que se les arrugue la ceja o se le endurezca la mandíbula.

Pero hay un tema mucho más preocupante que se venía venir y que se ha concretado en estas elecciones. Pedro Sánchez “pasa” olímpicamente del PSOE, del que solo necesita las siglas y al que considera en clara decadencia y sin tirón electoral, para decantarse por la recua de partidos separatistas y anti España porque sabe que siempre serán su apoyo incondicional, digan lo que digan desde los estrados, porque son conscientes de que oportunidad como la que les brinda este gobierno, ni la han tenido a lo largo de la historia ni la volverán a tener, gane el PP por mayoría o en coalición con algún otros partido, incluido un posible PSOE “tradicional”.

Hecho que no ha dudado en manifestar en el comunicado de esta mañana, en el que Sánchez urge a “consolidar liderazgos” en las comunidades “que incluso trasciendan la marca” del PSOE.

Es decir, que el líder del PSOE, anima a apoyar a otros partidos, como ha ocurrido subliminalmente en Galicia con el BNG, al que no atacó en ningún momento, sabiendo como sabía que, si conseguían buenos resultados lo harían restando votos al Partido Obrero Socialista Español, su partido.

Con lo que pone en evidencia, sin la más mínima duda, que renuncia a ser el líder de un partido, para convertirse en caudillo de un “bloque”.

Sería muy osado por mi parte afirmar que soy politólogo o un buen analista político porque no lo soy, pero si que leo, escucho y empleo el sentido común para afirmar hechos evidentes y demostrables y, de vez en cuando, para especular con posibilidades de futuro.

Y en esa línea, el pasado mes de septiembre publicaba uno de mis comentarios en el que decía textualmente:

Y, por el contrario, y ese es el arranque de mi nueva forma de ver las cosas, tenemos un PSOE fraccionado y sin tener nada claro ni que son ni que están haciendo. Y es así porque Sánchez necesitaba ser caudillo, no líder, de la formación y por eso, a su regreso, se rodeó de una auténtica guardia de corps absolutamente incapaz de discutir ninguna de sus decisiones, bien sea por temor, por conveniencia, o por esa suerte de hechizo personal que tiene Pedro Sánchez, el de la sonrisa inocente y/o la mandíbula tensionada.

Un partido que, de la mano de su secretario, ha ido perdiendo fuerza y votos elección tras elección, como se demostró en las autonómicas y municipales de mayo y las generales de julio.

Pero eso parece no preocuparle en absoluto a Pedro Sánchez porque sabe, y esa es mi especulación de esta noche, que un PSOE resucitado, potente, sería, como lo fue antaño, el de las corrientes, familias y diversidad de pensamiento entre el socialismo más de izquierda y la socialdemocracia.

Dirigentes y afiliados que solo tenían en común lo más importante, ser socialistas, pero que discutían opciones y criticaban públicamente decisiones del propio secretario general.

Y, seguramente estando muy equivocado, imagino que, a un autócrata de manual, lo que le interesa es gente a su alrededor que le necesite de forma inequívoca, sin matices, capaces de decir hoy blanco y mañana negro sin más motivos que haber recibido un email que así se les ordenaba, y otros que saben que, sin él, solo tendrán oscuridad, como ocurre con separatistas y otras gentes de mal vivir.

Y para sujetar a estos por donde les favorece, tiene dos herramientas potentísimas: el BOE y dinero, mucho dinero, que no tiene que devolver. Dinero que no es suyo, pero legalmente “regalado” si las adjudicaciones están debidamente justificadas y aprobadas por el gobierno.

Evidentemente era un análisis muy aventurado, pero quizás no tan desencaminado.

Lo siento porque, de ser así, me he quedado sin alternativa a un posible mal gobierno futuro del PP. Y porque la situación actual de la política española, siendo legal, no tiene nada que ver con la esencia de unas reglas democráticas basadas en la buena voluntad de las partes y unidad de esfuerzos para conseguir mejoras para la ciudadanía. Las de la transición.

Cualquier parecido con la realidad de esta situación con un estado democrático de libro es pura coincidencia, con el agravante que la ligazón de los miembros del bloque liderado por Pedro Sánchez, su mínimo común denominador, no es la ideología, sino los intereses de cada cual, absolutamente diferentes en cada uno de ellos.

También podría hablar del papelón de VOX, de Sumar y de Podemos, pero, amigos míos, hoy “no toca”

Valencia, 20 de febrero de 2024

José Luis Martínez Ángel

Rita Maestre, Àgueda Micó y las montañas de petardos.

El otro día leí que Rita Maestre, la portavoz de Más Madrid, dijo que la «mascletà» que se va a disparar en su ciudad es una «montaña de petardos» y una “lamentable idea», «intento absurdo de colocar la atención en ideas y en espectáculos que nadie había pedido en Madrid y que nadie ha echado de menos en Madrid» y a la que suponía serios peligros por la contaminación que produciría y por el riesgo físico a las edificaciones próximas a la zona de fuego.

Lo esperado, siendo quien es y que ideas tiene. Oponerse a todo lo que disponga la alcaldía de la ciudad, sin tener en cuenta otras consideraciones.

Razón por la que no hice ningún comentario sobre el hecho en sí, ni sobre la opinión de la política madrileña que, como dicen los niños “se me importa”

Pero el otro día me encuentro con la sorpresa de que “la portavoz de Compromís en el Congreso, Àgueda Micó, afirmó este martes que la “mascletá” que se celebrará en Madrid el 18 de febrero «solo sirve para quedar bien con el PP de Madrid» y pidió que la alcaldesa de Valencia, María José Catalá, se centre en los «intereses de los ciudadanos«.

Y, claro, no puedo por menos que extrañarme de que una fuerza política valenciana, que debería defender las costumbres de nuestra región, se meta en camisa de once varas con un comentario que, como en el caso de Maestre, no tiene más objeto que atacar a su alcaldesa.

Y entristecerme porque la política haya llegado a un extremo tan lamentable, aunque parezca un tema menor.

A la señora Maestre le diría que tranquila, que los valencianos llevamos siglos jugando con la pólvora y que, desde hace bastantes años, las “mascletás” de Valencia, como las de otros lugares de la comunidad, se celebran en plazas o recintos cerrados sin que se caigan los edificios ni los vecinos tengan que huir despavoridos por el tremendo ruido del material pirotécnico.

Mas bien, todo lo contrario, suelen invitar a sus amigos o sacar algún rendimiento alquilando balcones a quien quiera sufrir más de cerca la “contaminación” de la pólvora quemada. Y que, de quejarse de algo, lo hacen de que la “mascletá” del día no haya sido “un poco más ruidosa”.

Pero ¿Qué le puedo decir a Àgueda Micó que ella no sepa? Quizás que el acto programado es un acercamiento entre comunidades, siempre deseable, y una oportunidad para abrir un nuevo mercado a la industria pirotécnica en la seguridad de que si se celebra se repetirá, claro que se repetirá.

Es posible que esta inteligente opinadora no haya asistido a ninguna mascletá porque mientras se disparaba estaba trabajando intensamente por los intereses de los valencianos, como ella recomienda a la alcaldesa, pero no me lo creo. Ni de coña.

Lamentar que, ¡maldita sea!, la política intente contaminar algo tan popular, tan del pueblo, como es una buena “mascletá”, a las que, posiblemente, tengamos que calificar como progresistas o de derechas según el ritmo y la intensidad.

¡Váyanse todos y todas a freír espárragos y dejen en paz tradiciones que no les pertenecen! Las fiestas populares, como los idiomas y tantas otras cosas, son propiedad exclusiva de la ciudadanía, de la gente normal, y no tienen ningún derecho a tratar de domesticarlas en su favor.

De potenciarlas, sí. De regular normas que ayuden a proteger a los participantes mientras se celebran, también. Pero “hacerlas suyas”, ni de lejos.

Y si la señora Maestre quiere localizar “montañas de petardos”, haría bien en fijarse en quien ocupa muchos de los sillones de los parlamentos autonómicos o del Parlamento español. Y asegurarle qué si la mascletá se repite en Madrid, como así será, también los vecinos de la zona de fuego invitarán a sus amigos o alquilarás los balcones. Se lo aseguro.

Dejen en paz las “mascletás”, que ya han estropeado demasiadas cosas.

Valencia, 11 de febrero de 2024

José Luis Martínez Ángel.

Ana Belén excelente cantante, especialmente por su sensibilidad, intérprete aceptable y, seguro, buena gente.

Pero la ideología es la ideología y la pasión es la pasión, factores que nublan la inteligencia del más pintado. Ocurre con la política y ocurre con el futbol, donde un obispo puede ponerse en pie y llamar cabrón al árbitro que había pitado una falta muy dudosa contra el Valencia, yo lo he visto hace muchos años, o una persona inteligente y con formación puede decir las cosas que vemos o escuchamos cada día en televisión o en las tertulias radiofónicas.

Y así, cuando Évole le sacó la muleta “antiayuso”, entró como un Miura comparando la libertad proclamada en los derechos del hombre con el tomarse unas cañas.

Y en el colmo del cabreo ideológico, hizo la gran repregunta: «¿¡El comunismo aquí en España a ti te ha hecho algo malo!?».

Pregunta que tiene una contestación muy sencilla: No.

Entre otras cosas, supongo, porque no ha tenido la oportunidad, ya que nunca consiguió el poder. Y porque nuestros comunistas, lo que nos ha llegado aquí, ha sido un Eurocomunismo edulcorado que nunca llegará a mayores por mucho que lo intente nuestra Yolanda Díaz, porque en una sociedad democrática como la nuestra, el comunismo, como VOX, son ideologías legales en sí, pero solo actúan como refugio de nostálgicos de uno u otro signo que nunca alcanzarán el poder.

Pero, querida amiga, la historia es la historia y no hay una sola nación en el mundo en la que, gobernando el comunismo, los ciudadanos no hayan sufrido purgas y represalias que han costado la vida a muchos millones de ciudadanos. Ni uno.

Y si hablamos de libertades públicas, ni la de tomarse una cerveza en la terraza de un bar.

Y, aún hoy, en la Rusia de Putin, oficialmente democrática, pero con muchos “tics” del antiguo comunismo, sus detractores, sus enemigos políticos, se caen accidentalmente desde balcones y ventanas o se envenenan con venenos sofisticados que no se encuentran en el chino de la esquina.

También en España tenemos memoria relativamente reciente, ahora medio enterrada, de hechos cometidos por los comunistas durante nuestra maldita guerra civil, porque eran los más represores del bando republicano. Los que dirigían checas, como nuestro blanqueado Santiago Carrillo, o sacaban de sus casas a ciudadanos para asesinarlos en alguna cuneta.

Que también los había en el otro bando, claro que sí y ya lo sé, pero ahora hablamos de actos realizados por comunistas con nombres y apellidos.

Si bien es de justicia aclarar que nuestros comunistas de la transición, los modelo Marcelino Camacho, eran auténticos idealistas incapaces de matar una mosca, que entendieron que había que poner pie en pared con el pasado y abrirse a nuevos horizontes.

Así que, amiga mía, si España fuera comunista es muy posible que usted viviera bien, no estoy seguro porque se rebelaría contra injusticias manifiestas, pero tenga la seguridad de que yo no.

No sé qué habría sido de mí, pero nada bueno, seguro. Al menos en cuanto a poder opinar con la libertad con que lo hago ahora sin temor a represalias.

Valencia, 7 de febrero de 2024

José Luis Martínez Ángel

Francina Armengol, presidenta del Congreso de los Diputados.

A lo largo de nuestros tiempos de democracia, el Congreso de los Diputado ha visto ocupar el puesto de presidente del Congreso a los siguientes:

Fernando Álvarez de Miranda, de UCD

Landelino Lavilla, de UCD

Gregorio Pérez-Barba, del PSOE

Félix Pons, del PSOE

Federico Trillo-Figueroa, del PP

Luisa Fernanda Rudí, del PP

Manuel Marín, del PSOE

José Bono, del PSOE

Jesús Posada, del PP

Patxi López, del PSOE

Ana Pastor, del PP

Meritxel Batet, del PSOE

Y, finalmente, a Francina Armengol, del PSOE

Todos ellos elegidos por sus propios partidos o con el apoyo de algún otro más próximo, siendo el caso más curioso el del olvidadizo Patxi López, que consiguió el nombramiento, como había ocurrido antes con la presidencia del gobierno vasco, con el apoyo del PP.

Como es de suponer, sus preferencias políticas coincidieron con el partido titular del gobierno en cada momento, pero la gran mayoría de ellos cumplieron su cometido con dignidad, incluso con gran dignidad.

La menos independiente fue Meritxel Batet, seguramente porque debe ser casi imposible liberarse de la presión de Pedro Sánchez, pero, salvo algunas intervenciones de “mejor olvidar”, mantuvo el tipo mejor de lo que cabía esperar y seguramente acabó tan harta de su propia situación que en las elecciones de julio, renunció a volver a participar en política.

Y todos ellos cumplieron tres condiciones importantes:

  • Una trayectoria personal sin manchas conocidas.
  • Un currículum político lo suficientemente limpio para evitar que les sacaran los colores por errores cometidos mientras desempeñaron otras tareas.
  • Un buen nivel de aceptación por parte de los partidos que no les habían votado.

Y así, no todos fueron igual de brillantes en su cometido, pero todos supieron ejercer la presidencia con la independencia suficiente para mantener a salvo el respeto que se merece el Congreso de los Diputados, lugar en el que reside la democracia y casa común de todos los que han sido elegidos desde la transición.

Hasta que llegamos a la presidenta actual, Francina Armengol, nombrada sin los méritos suficientes y con la misión evidente de ser correa de transmisión del gobierno, casi una delegada del gobierno en las Cortes, y satisfacer la estrategia de Pedro Sánchez sobre el independentismo catalán.

Y digo que no merece el aprobado por estas razones:

  • No cumple en lo personal, porque en plena pandemia, por ejemplo, la sorprendieron tomando copas con un grupo de amigos en un lugar cerrado para ellos, saltándose las restricciones horarias que ella misma había impuesto a los mallorquines desde su presidencia. Recordemos que un hecho similar le costó el cargo de primer ministro de Gran Bretaña al insensato Boris Johnson.
  • Siendo presidenta de Baleares sucedió el muy lamentable caso de las menores prostituidas mientras estaban tuteladas por el gobierno de la comunidad, sin que ella tomara las decisiones apropiadas para un suceso de tanta gravedad. Más bien trató de amortiguar en lo posible lo sucedido.
  • Y, en aras de su dogmatismo manifiesto, cometió algunas insensateces, como la exigencia de saber catalán para ocupar cargos públicos en las islas, personal sanitario incluido, una de las razones por las que perdió las elecciones autonómicas en favor del PP.
  • Y que, llegada a la cámara y obedeciendo al presidente del gobierno porque era una exigencia de los independentistas catalanes, decidió la majadería de que en el parlamento se pudiera hablar en todas las lenguas oficiales de España, sin molestarse siquiera en esperar a que se cambiara el reglamento de la Cámara. Reglamento que se cambió a posteriori.

Un “porque lo digo yo” que va a crear muchos conflictos en el Parlamento, que supone un gasto innecesario y que puede provocar antipatía a las lenguas regionales españolas, a las que se debería mantener entre algodones para no perjudicarlas ante la opinión pública.

En fin. Este es el perfil y las primeras muestras de lo que podemos esperar de la tercera autoridad del Estado. Espero que aterrice y mejore, porque empeorar no lo va a tener fácil.

Valencia, ‎19‎ de ‎septiembre‎ de ‎2023

José Luis Martínez.

Como se puede ver, este comentario lo escribí el 19 de septiembre del pasado año, pero no lo publiqué esperando darle un poco más de tiempo para ver si conseguía ajustarse a su papel de tercera autoridad de la nación, no subordinada a la segunda, y responsable de algo tan preciado como es el Parlamento.

Pero no ha sido así porque en este tiempo ha tomado decisiones que han deteriorado gravemente la ya maltrecha credibilidad del Legislativo, como ha sido destituir al Letrado Mayor, abogado del estado de reconocido prestigio, para poner en su lugar a Fernando Galindo, rescatado de los alrededores de la Moncloa, y con un claro perfil de “lo que usted mande”

Nombramiento que ha provocado la solicitud de pasar de las Cortes al Senado de varios de los letrados, huida despavorida para no comprometer su prestigio obedeciendo a alguien que no consideran con la suficiente autoridad para liderarlos, aunque sea un nombramiento legal. Malestar que ha culminado hoy mismo con la dimisión del interventor del Congreso por su «radical incompatibilidad con lo que representa el letrado mayor

Presidenta que, entre otras cosas, ha marcado los tiempos de la Mesa para favorecer los de las propuestas del gobierno, o que ha guardado en un cajón hasta pasado el debate parlamentario, el informe de los letrados del Congreso en el que se manifestaban totalmente en contra de la opinión de su jefe, el tal Galindo, que declaró en su día que la Ley de Amnistía era constitucional. Informe que hubiera favorecido, evidentemente, las tesis de la oposición.

Pero la gota que ha hecho rebosar el agua y la razón de que publique este comentario hoy no es por todo lo expuesto hasta ahora, porque era lo esperado, sino el que no hubiera puesto freno a los insultos de parte de los portavoces parlamentarios a jueces, señalándolos por sus nombres, sin que la no tan respetable Armengol, cada día más portavoz del Ejecutivo en el Legislativo, les llamara al orden o se inmutara lo más mínimo, limitándose a contestar a la queja de una diputada de VOX, que ya había pedido a la cámara “que se portaran bien”. No fue la contestación literal, pero, más o menos.

Cuando ninguno de sus predecesores, incluida Meritxel Batet, lo hubiera permitido.

Apoyando con su actitud las ideas de los “anti” de toda clase y condición, y desprotegiendo, como era su obligación, al Poder Judicial español, uno de los más acreditados y garantistas de Europa.

En fin. Siempre he dicho que uno de los grandes problemas de la democracia es que no se protege de vividores y tramposos, porque supone, ¡vana suposición! la buena voluntad de todos los que vivimos en ella.

Y así le ha ido con personas que ganaron elecciones democráticamente, como es el caso de Maduro y otros presidentes de América Latina, o a Putin,  Xi Jinping,  o el mismísimo Hitler.

Ayer tomó la decisión, esa sí, de cortar el micrófono al líder de la oposición, cosa que nunca había ocurrido, pero eso lo considero “peccata minuta”, una descortesía, porque es mucho menos importante que permitir que parlamentarios sujetos a su control como presidenta de las Cortes, insulte gravemente a jueces en ejercicio sin llamarles al orden ni mostrar ni el más mínimo gesto de desaprobación.

¡País este!

Valencia, 31 de enero de 2024

José Luis Martínez Ángel

Para los socialistas vocacionales, 3: Diferencia entre la Balanza Fiscal y el Fondo de Garantía de Servicios Públicos Fundamentales

Son varias las batallas menos conocidas por la ciudadanía que mantiene el gobierno y Puigdemont para sortear o saltarse la Constitución y las leyes españolas y una de ellas es la famosa Balanza Fiscal que quiere redefinir el independentismo catalán en su favor, naturalmente.

No descubro nada, aunque puede que alguien no lo sepa o lo tenga medio olvidado, que en España somo las personas físicas, cada uno de nosotros de forma individual e independiente, los que pagamos los impuestos estatales. Y lo hacemos en función de nuestros ingresos, básicamente en la declaración a Hacienda de cada año, vivamos donde vivamos. Con la excepción de los empadronados en el País Vasco y Navarra que tienen regímenes fiscales propios

Pero los nacionalistas catalanes, porque ya por entonces, antes de ser claramente independentistas ya lo pretendían, querían hacer ver al Estado que son las comunidades las que pagan los impuestos en una especie de “cuenta de la vieja” que agrupa lo que pagan en cada una de ellas los ciudadanos residentes en las mismas.

Pretensión que ya echó para atrás el Tribunal Constitucional cuando lo “colaron” en su estatuto de autonomía.

Y lo pretendían porque la renta per cápita de los residentes en Cataluña era mayor que la media del total de comunidades y ellos, aprovechando este hecho, defendían que Cataluña aportaba más a la hacienda española y que “era justo” que parte de este importe se les devolviera en forma de inversiones o ayudas de cualquier tipo.

Lo que sería totalmente injusto, aparte de inconstitucional, por razones de sentido común, que se entenderá mejor si pongo un ejemplo a modo de parábola:

Imaginémonos que todos “los ricos” de España deciden residir en la comunidad valenciana. Según el criterio que ellos defienden, el de que son las comunidades y no los individuos los que pagan impuestos, resultaría que nuestra comunidad, que sería la de mayor renta per cápita y refugio de “ricos”, sería la que debería recibir más contrapartidas del Estado por este hecho, en lugar de que esos impuestos se repartan equitativamente entre todas las comunidades para soportar los servicios básicos comunes a todos los españoles reflejados en los Presupuestos Generales de cada año.

Es decir, la comunidad “de los ricos” sería la que más dinero recibe gracias a los impuestos pagados por “sus ricos”.

Otra cosa muy diferente es el Fondo de Garantía de Servicios Públicos Fundamentales, que establece que las comunidades que obtienen más ingresos que la media por impuestos propios o ayudas del estado, están obligadas a ceder parte de esos ingresos al fondo común para que se utilice para ayudar a las que están por debajo de la media.

Ese es el caso de la comunidad de Madrid, que en 2022 aportó el 73 % de lo ingresado en ese fondo, lo “devuelto” al Estado, exactamente 4.259 millones de euros. El resto, hasta un total de 5.852 millones, lo aportaron entre Cataluña y Baleares, las otras comunidades con más ingresos por estos conceptos.

Como debe de ser, porque en España hay regiones favorecidas y otras perjudicadas y es obligación del gobierno equilibrar en lo posible las diferencias.

Los planes del gobierno para “subir nota” en el informe PISA:

El presidente Sánchez anunció ayer una partida para reforzar las asignaturas peor valoradas en el informe PISA: las matemáticas y la comprensión lectora.

Parece que parte del dinero se dedicará a mejorar el nivel de los profesores, no sé de qué forma, a reducir el número de alumnos por aula o quizás a dar clases de refuerzo. Ya lo dirán.

Pero, según mi impresión personal y a la vista de lo que observo en mis nietas, hay mucha más presión en la sintaxis, porque las faltas de ortografía castigan mucho una buena redacción, y menos en obligarles a leer textos determinados y discutirlos luego en clase.

Puede que hable de la prehistoria educativa, pero en mis clases de niño existía algo llamado dictado, que no se si se sigue practicando de la misma forma, durante el cual un alumno leía algo y los demás escribíamos.

El lector era rotatorio, de forma que todos leíamos alguna vez, el maestro recogía nuestros cuadernos para corregir lo escrito y, normalmente, nos hacía preguntas sobre lo dictado.

Eso, añadido a que nosotros, o sacábamos nota o nos examinábamos en septiembre. Y si no aprobábamos no pasábamos de curso. Es decir, nuestra enseñanza estaba basada en los méritos del profesor y el esfuerzo del alumno, muy apoyada por nuestros padres que nunca nos protegían frente al maestro ni cuestionaban sus decisiones. Todo lo contrario, las apoyaban sin preguntar siquiera porque nos habían “castigado” o nos habían puesto una mala nota.

Las matemáticas es un caso diferente y tiene mucho que ver, lo descubrí estando ya en la Armada, con la ilusión que ponga el profesor en hacer llegar a los alumnos las maravillas de una ciencia que casi no tiene fin y que puede responder a casi todas las preguntas.

Yo fui víctima en carne propia, porque me pilló en la época de las distracciones, de que esta asignatura es muy especial y que el profesor tiene mucha más influencia en el éxito que en las otras. Que aquí no vale solo la voluntad del alumno

A mí me parecían un peñazo y el profesor del instituto de Albacete en el que estaba matriculado, pasaba olímpicamente de mí y de los “peores”, recreándose en ayudar mucho más a los más brillantes, con los que se sentía más cómodo.

Y si alguien cree que puede aprender matemática solo memorizando, se estrellará una y mil veces contra el mismo muro.

Hasta, que repito, ya con 18 años, un profesor civil de nuestra escuela de electrónica de Vigo nos vio el pelaje y empezó por ponernos algunos ejemplos simples de lo maravillosas que pueden ser las matemáticas. Y, a partir de ahí, continuó avanzando en la enseñanza teórica, que aplicaba siempre a casos prácticos.

No necesitábamos un gran nivel para entrar en el terreno de la electrónica y de la física, pero si uno adecuado para entender el mundo de los radares, los sonar y de la lógica de la transmisión de las ondas electromagnéticas por nuestros cielos. Y lo consiguió plenamente.

El gran problema es que la propia ley de educación actual, tan focalizada a pasar cursos, no ayuda a que el alumno busque mucho más el adquirir conocimiento y, siento decirlo, no todos los profesores de hoy tienen la vocación de mis maestros, así les llamábamos, teniendo muchas más herramientas y facilidades para enseñar.

La gran mayoría son buenos y se esfuerzan, pero no todos, lo que da más mérito a los vocacionales. El éxito de la formación depende de la propia ley de la enseñanza, que es la que marca las pautas, y del interés del profesor que, francamente, tampoco lo tiene fácil.

Sin contar con que la otra pata del banco, la educación, está en manos de familias que van mucho más aceleradas de lo que iban las nuestras.

Para mayor abundancia y afortunadamente, no teníamos móviles, ni calculadoras, ni “tablets” con las que maleducarnos viendo lo que no debíamos ver, o adquiriendo comportamientos y “valores” que no son, ni mucho menos, los adecuados.

Mis mayores deseos de que el presidente tenga éxito con su propuesta, pero mucho me temo que, si no hay un pacto de gobierno para una Ley de Educación que dure muchos años, que tenga en cuenta las necesidades del futuro y el ambiente desfavorable de hoy, lo va a tener muy, pero que muy crudo.

El Tribunal Supremo no es, ni muy remotamente, un Tribunal de Orden Público

En este “volver a empezar”, manifiestamente a peor, del cada día, se están eliminando algunas de las garantías de igualdad entre los españoles, pero también, curiosamente y de forma subliminal, se está tratando de hacer ver lo que ni es, ni nunca ha sido desde la transición.

Y una de ellas son los famosos Tribunales de Excepción, felizmente prohibidos por el punto 6 del artículo 117 de la Constitución.

Porque si escuchamos a los independentistas, y últimamente también a parte del gobierno, los tribunales absolutamente garantistas españoles, especialmente el Tribunal Supremo, “la bicha” de todos ellos, actúan y han actuado como Tribunales de Excepción, dedicados muy especialmente a acosar a todos ellos, los eternamente inocentes hagan lo que hagan, como lo hacían estos tribunales, especialmente el de Orden Público de la dictadura, cuya misión era la represión de los actos o  las conductas que, bajo el régimen de Franco, eran  consideradas delitos políticos.

Definiciones y opiniones con las que bombardean a la ciudadanía española, que no soportarían ni la más mínima objeción de los juristas europeos porque, siendo nuestra Constitución la más moderna de Europa, es también, como lo es el desarrollo de las leyes que de ella emanan, el más garantista del mundo occidental

No se si estoy exagerando y hay alguno que todavía lo sea más, pero no creo.

Pero los relatos, las posverdades y los eufemismos que de forma tan magistral maneja el gobierno y sus asesores mediáticos, puede que haga dudar de la imparcialidad de nuestra justicia a algunos que no tienen el conocimiento que proporciona el haber vivido los tribunales militares y los especiales, como el Orden Público, hasta llegar a disfrutar de una justicia imparcial y democrática, como lo es el propio Estado español, y es por eso por lo que me permito insistir en que no, que todo ese mensaje de falsedad y victimismo no es más que eso.

Un mensaje de falsedad y victimismo.

Valencia, 22 de enero de 2024

José Luis Martínez Ángel

El Poder Ejecutivo sigue su campaña de acoso al Judicial. La interesada intervención de la ministra Ribera

Ayer mismo, la ministra Teresa Ribera acusó veladamente de prevaricación al juez García Castellón aduciendo que hay jueces que “casualmente” aparecen en escena en “momentos puntuales”. En momentos puntuales de la política y provocados por los propios políticos, por supuesto.

La tal ministra sabe mejor que yo que los tiempos de la justicia son absolutamente independientes de los de la política o de cualquier otra situación temporal que se produzca, de la misma forma que uno no puede dejar de ponerse enfermo, ¡ojalá pudiera! el mismísimo día de su boda.

Con el añadido de que los nefastos políticos que controlan las cúpulas de los partidos, la del PSOE especialmente, hace tiempo, bastantes años, que ocupan todo nuestro tiempo con “momentos puntuales” inacabables porque nos mantienen en un estado de precampaña electoral permanente.

En cuanto al juez señalado, no tengo por costumbre seguir de cerca a ninguno de ellos ni juzgar lo que están haciendo porque confío en nuestra justicia y porque sé que si hay duda en alguna de ellas, tenemos la opción del recurso, pero, gracias a la ministra he seguido sus actuaciones y me encuentro con que no era inoportuno cuando acusaba a parte del PP por “la supuesta operación del Ministerio del Interior para sustraer información al extesorero del Partido Popular Luis Bárcenas” o cuando instruía “causas de corrupción que afectan al PP. Los casos Púnica y Lezo en los que llegaron a estar imputados 4 expresidentes de la comunidad de Madrid. Esperanza Aguirre, Gallardón, Cifuentes e Ignacio González”.

Ni tampoco cuando el hoy todo poderoso Cándido Conde-Pumpido, el “gran señor de la justicia”, el que no duda en corregir sentencias del Supremo sin que hayan sido inconstitucionales y con todas las garantías procesales para los acusados, arremetía duramente contra el PP en momentos especialmente singulares de la política.

Por lo que la intervención de una ministra, Poder Ejecutivo, condicionando las decisiones de un juez, Poder Judicial, no deja de ser un paso más en la estrategia de Pedro Sánchez de anonadar y sojuzgar al citado Poder Judicial español.

Estrategia en la que la tal ministra no deja de ser una “vocero” más, la de turno, siendo como es su cometido ministerial tal lejano a las causas abiertas por los jueces, mucho menos en casos como el que nos ocupa, que no tiene nada que ver con su Transición Ecológica y el Reto Demográfico.

Que sea un guion preparado por Moncloa en el que la han nombrado artista principal, es la única razón plausible para entender que haya amanecido con semejantes declaraciones.

¡País este!

Valencia, 20 de enero de 2024

José Luis Martínez Ángel

Las iniciativas de Yolanda Díaz. Yo invito, tú pagas.

La ministra comunista-intervencionista está lanzada en su campaña personal de conseguir titulares después de su reciente fracaso en el Congreso, como subir el salario mínimo un punto más de lo previsto para represaliar a los empresarios rácanos y egoístas que no aceptaron negociar una subida de un cuatro por cien y ahora se tienen que tragar un cinco.

Con la anuencia, más bien el entusiasmo, de sus dos cómplices necesarios, los sindicalistas “perpetuos e inmortales”, en sus cargos, me refiero. Otros que invitan y no pagan.

Y su siguiente propósito es bloquear los ingresos máximos de los altos cargos de bancos y otras grandes empresas privadas. Repito, empresas privadas.

Cosa que solo Chaves y Maduro se atrevieron a abordar, pero, claro, España todavía no es Venezuela, aunque en el aspecto de promulgar leyes al gusto del ejecutivo, por ese camino andamos.

Sin embargo, la idea no es mala. Y para comenzar podría pedir una reducción de los grandes salarios de los altos cargos de la Comunidad Europea, de Nadia Calviño, por ejemplo, que ese sí que es dinero público que pagamos todos según nuestra cuota parte.

O los sueldos y otros cobros en especies de los futuros embajadores nombrados a dedo y sin pertenecer a la carrera diplomática. Que antes, la jubilación de los políticos amortizados era nombrarlos senadores, pero ahora, como la vida se alarga y no se producen vacantes, hay que colocarlos en otros puestos en forma de embajadas, direcciones de empresas oficiales y cargos similares.

O quizás podría investigar si los ingresos en dietas, comisiones, desplazamientos y otras mentirijillas de los parlamentarios se corresponde con la realidad. O si es necesario tanto viaje en Falcon existiendo otras alternativas más baratas y menos contaminantes, sobre todo si la razón del viaje es tan peregrina como muchas de las que estamos conociendo.

Pero eso no lo hará, naturalmente, porque una cosa es predicar y otra dar trigo. O mejor, dejar de comer “su” trigo.

Porque comunista será, pero de tonta, lo que se dice tonta, no tienen ni un solo pelo de su bonita cabellera.

¡País este!