Ayer, cita obligada, seguí con mucha atención la entrega de premios a los galardonados con el Princesa de Asturias 2025 y, como siempre, escuchar a los intervinientes fue un auténtico bálsamo para mitigar las heridas que nos causa la maldición bíblica del cada día de los telediarios, las cabeceras de los diarios o de las tertulias de la radio.
Un submundo de miserias, egoísmos y mentiras que, siendo real, no refleja lo que de verdad hemos sido y seguimos siendo como nación. Un ente con mucha historia, mucha cultura y enorme tolerancia, que siempre ha sabido escuchar a los que de verdad vale la pena.
Y valió la pena, mucha, escuchar a Eduardo Mendoza, siempre cercano, siempre en las alturas de la literatura actual, hombre de fina ironía y gran conocedor de lo que somos nosotros, los españoles de las calles de Barcelona y del resto de España. Y, sabiendo como somos, hace que sus personajes hablen como nosotros hablamos, acierten como nosotros acertamos o se equivoquen como nosotros nos equivocamos.
Que tuvo frases geniales, como cuando dijo que, después de una educación severa, <<salí vago, malgastador y golfo, tres cosas malas, pero buenas para las novelas>>
Valió la pena.
Y también comprobar que Mario Draghi, una pieza fundamental en el transcurrir de la Comunidad Europea y conocedor como nadie de sus fundamentos y sus soportes reales, nos advirtió de la fragilidad del proyecto, sometido a tensiones impensables, militarismo duro entre otras, difícilmente soportables en este momento y con esta estructura.
Por lo que defendió que, siendo imposible que el soporte de la Comunidad sea la diplomacia, como se pretendió, la única solución de futuro sería pasar al siguiente estadio: un federalismo pragmático, que Europa pase a ser una especie de Estados Unidos de América, en el que cada nación se convierta en un estado federal.
Y confesó que esta idea es hoy una utopía, pero, añado yo, también era una utopía, quizás mayor, pensar en una Europa unida después de una guerra mundial. Utopía que el empeño de Konrad Adenauer y otros dirigentes políticos visionarios como él, consiguieron convertir en realidad.
Y luego lo que, para mí, fue la guinda de un magnífico pastel de muchos sabores: la intervención magistral del filósofo surcoreano Byung-Chul Han, que desmontó en cada frase el mito de la supuesta libertad del hombre, sujeto como nunca a las muchas cadenas que le atan y le condicionan.
Intervención que considero tan importante, que incluyo su enlace al final del texto.
Y luego, los nuestros: la Princesa Leonor montó un discurso en forma epistolar para alabar los méritos de los galardonados, muy bien estructurado y expuesto.
Y el Rey, que en un discurso más breve de lo habitual volvió a hablar de unidad y valores, en una intervención pausada y con una excelente dicción, en la que anunció, muy emocionado, la intención de limitar su protagonismo en estas ceremonias en favor de su hija la princesa.
Y, escuchándolo, no pude por menos que pensar que opinaría la excelente deportista Serena Williams a propósito de la forma de expresarse de las dos máximas autoridades de su nación y de la nuestra.
Y, para el mercado interno, es posible que podamos tener algún día un presidente de la República de un nivel intelectual y moral como el de nuestro Rey, pero mejor imposible.
Valencia, 25 de octubre de 2025
José Luis Martínez Ángel