El antipatriotismo de evadir impuestos.

Pues sí, tiene razón Pedro Sanchez cuando dice que tratar de evadir impuestos no es patriotismo, claro que no, pero si lo comparamos con amparar con una amnistía a los que quisieron romper “la patria” a cambio de siete votos para seguir siendo presidente, o proteger, como ahora se está haciendo, a los que rapiñaron a los españoles vendiendo mascarillas inservibles con la consabida fórmula de buscar “casos” de terceros, sean verdaderos o falsos, sean de políticos en ejercicio, sus amigos o sus parejas, como en este caso, para lanzar humo sobre los propios, o decir que “es política” romper la igualdad de todos los españoles con concesiones a sus apoyadores, no parece muy patriótico, que digamos.

Pero claro, el relato es el relato y aquí gana, o cree ganar, el que consigue más titulares.

Ayer vi al presidente en Barcelona y tengo que convenir, y lo digo sin ningún tipo de segundas intenciones, que no hay nadie como él llenando un escenario con su expresión verbal, su lenguaje corporal y su forma de enfatizar palabras o intercalar pausas cuando se debe. Tendrá “coaches” y otros asesores que le ayuden en el vestir o a determinar detalles, como que cantidad de canas debe lucir en cada momento, pocas si se dirige a jóvenes, más, las suyas, si interviene ante empresarios o foros que requieren más formalidad, pero es indudable que se trata de un auténtico profesional.

Por sacarle algún defecto, diría que en algunas ocasiones acaba frases de forma un tanto melindrosa, pero casi nada más.

No es un buen parlamentario porque le tiene miedo al debate real, por lo que nunca contesta a preguntas, limitándose al recurso facilón de contrainterrogar con entradas parecidas al “¿Cómo se atreve usted a…?”, sacando a pasear la famosa foto Feijóo con un amigo que le salió contrabandista y majaderías similares, pero si es un gran comunicador y es en el monólogo sin réplica donde está su fuerte.

¡Que ajada debe estar esa foto después de tantos años y tantos usos y cuantas fotos de socialistas con Koldo, las del presidente incluido, se deben estar haciendo desaparecer, quemándolas si están en papel, y borrándolas si están en las redes!

Forma de expresarse muy diferente y superior a la de su mozo de espadas, Zapatero, que tiene una oratoria convulsa, de cejas levantadas, ojos salidos y cuerpo envarado.

Otra cosa es lo que dice el presidente, pero sobre eso ya escribo muchas veces. Mi opinión es que, a estas alturas, no teniendo suficiente con el respaldo de un partido, el PSOE, porque necesita al bloque falsamente llamado progresista, (¿progresista el PNV o Junts, progresistas y no comunistas la mayoría de los grupúsculos que intenta controlar Yolanda Díaz?), su mensaje esta casi exclusivamente dirigido a sus seguidores declarados o sus apoyadores habituales.

Como ocurre con las folclóricas de buen porte y mejor hacer.

Valencia, 18 de marzo de 2024

José Luis Martínez Ángel

La amnistía, el ministro Bolaños, “las inteligencias naturales” de los españoles y de como Pedro Sánchez va a tomar el pelo a los independentistas catalanes como ha hecho con la mayoría de sus seguidores.

He decidido no mostrar ninguna opinión sobre el caso Koldo, o como se llame, entre otras cosas porque ya está en manos de la justicia y la de nuestra nación es muy sólida, profesional y que, de decantar “la vara de la justicia” hacia algún lado, lo hará hacia el de las garantías de los procesados. Como siempre lo ha hecho.

Y siguiendo mi costumbre, cuando, como en este caso, la justicia interviene, ni opino ni discuto sobre las sentencias definitivas de nuestros tribunales.

En una conversación con un juez amigo mío que acabó formando parte del Supremo de la Comunidad Valenciana, le manifesté mí opinión de que debería ser duro estar tan mentalizados a no dejarse influir por presiones internas y externas, porque el 50 % de los procesados, los que perdían los juicios, les tendrían por jueces injustos. Él me corrigió en el sentido de que no, que son bastantes más, porque hay que incluir a buena parte de los que han obtenido una sentencia favorable que también se consideran injustamente tratados, porque la sentencia al condenado, en condenas reales o en indemnizaciones, les parece poco severa.

¿Cómo hay alguien que pueda tener la más mínima duda de que una justicia que ha sentado en el banquillo a miembros de la familia real, o que estando etiquetados como de tal o cual tendencia han metido en la cárcel a políticos de sus supuestas afinidades?

Tampoco pensaba entrar en el tema de la amnistía, porque, en contra de lo que se está queriendo hacer ver, aquí queda mucho trecho por recorrer, ya que una cosa es que se apruebe la ley y otra muy diferente que se pueda aplicar.

Pero resulta que ayer escuché a un exultante Feliz Bolaños felicitándose a sí mismo por el éxito obtenido y tratando de convencerme a mí, como al resto de los mayores de edad entre  los 48.085.361españoles registrados en el último censo, (yo soy, seguro, el último, el “uno”), de que, prácticamente, estaba todo hecho y de que esa ley iba a ser la maravilla del mundo mundial, ejemplo de herejes, como tantas otras impulsadas por Zapatero y por el propio Pedro Sánchez que se quedaron en agua de borrajas.

Y lo hizo mintiendo descaradamente y sin ningún tipo de rubor, hasta el punto de que llegó a ofenderme personalmente. Y lo hizo porque entre las varias inteligencias humanas conocidas, “lógico-matemática”, “lingüístico-verbal”, “espacial”, “musical”, “kinestésico-corporal”, “intrapersonal”, “interpersonal” y “naturalista”, es muy posible que muchos millones de españoles, incluso los que carecen de estudios, estemos a un nivel similar al suyo, aunque, como suele demostrar en sus intervenciones, destaque en algunas, como la “lingüístico-verbal”, la que permite encontrar las palabras correctas para expresar lo que quieres decir, que no implica que lo que expresas sea la verdad, ni siquiera lo que realmente sientes.

Yo tengo algunas carencias, lo reconozco, pero es muy probable que en la “lógico-matemática”, la que facilita razonar y cuantificar cosas, y la “interpersonal”, la que permite captar las emociones y los motivos de los demás, llegue, al menos, a la media nacional, como sin duda lo hará el abogado del Banco de España, ahora ministro “cuenta cuentos”, que nos quiere convencer de que en el mar corren las liebres y en el monte las sardinas.

Que uno ha trabajado en una multinacional, entre grandes profesionales y sabe distinguir entre una exposición informativa y otra de puro marketing, la que nos ocupa, en este caso con una evidente carga de impostura.

Concretemos:

Lo único que se consiguió ayer es que el comité de justicia de las Cortes aprobara por mayoría la presentación al pleno de la Ley de Amnistía. Nada más.

A partir de ahora la ley se debatirá, se aprobará por mayoría, pasará al Senado, se volverá a debatir, la mayoría del PP convocará a terceras personas que defenderán la inconstitucional de la ley, se votará en contra y volverá al Congreso, que, siendo el que tiene la última palabra, volverá a aprobarla y el gobierno la publicará en el BOE.

Y en paralelo, me figuro que la oposición presentará un recurso de inconstitucionalidad que, viendo “quien es quien” en este organismo, o apoyarán la ley o, lo más probable para no quedar mal del todo, demorarán tanto la sentencia que puede que cuando la hagan pública tengamos Alzheimer una buena parte de nosotros, Puigdemont se haya jubilado como Molt Honorable President de la Generalitat y Pedro Sánchez tenga su residencia habitual en Marruecos.

Y también es previsible que organizaciones de profesionales de la justicia, antiguos jefes de gobierno y políticos de toda condición manifiesten su desacuerdo con la ley. Declaraciones que no pasarán de ser testimoniales, porque en ningún caso serán condicionantes.

Y quizás, supongo que sí, el Supremo presentará una cuestión prejudicial a los tribunales europeos, que, no estoy seguro, podría paralizar la entrada en vigor de la ley hasta que el tribunal sujeto de la reclamación dicte sentencia.

En cuanto a las mil mentiras de Bolaños, las más importantes fueron las que aseguraron la falsa complacencia de la Comisión de Venecia y su comparativa de nuestro caso con otros muchos países, sin especificar si se refería a países europeos y con regímenes totalmente democráticos, cosa que no es así. Ni de lejos.

Porque hablar de “otros países” sin aclarar que entre los 61 citados están los 27 de la Unión Europea, nuestra referencia real y otros   como Argelia, Brasil, Chile, Corea del Sur, Costa Rica, Estados Unidos, Israel, Kazajistán, Kosovo, Kirguizistán, Marruecos, México, Perú y Túnez es hacer trampas en el solitario, en este caso en el circunloquio, porque cuando dice que “la medida es comparativa a la de muchos otros países” puede que se refiere, seguramente será así, a los 14 extracomunitarios, muchos de ellos de dudosa calidad democrática.

Y lo peor es su afirmación rotunda, categórica, incuestionable, enfática en la expresión oral y el lenguaje corporal, de que el Consejo de Venecia avala la ley de amnistía y la considera totalmente constitucional, hecho que no valora en ningún momento porque no puede hacerlo. Si es constitucional o no, es algo que tiene que decidir el país afectado, nunca un tercero, por voz de sus organismos legales, en este caso el Supremo y, como última instancia en caso de recurso, el Constitucional.

Leyendo el texto aludido son muchísimas las dudas que plantea y que no voy a citar aquí para no alargar el texto. Texto que corresponde a un borrador que llegó a manos del gobierno español, como es preceptivo en estos casos, por si tenían que hacer alguna consideración, que nunca deberían de haber filtrado a la prensa porque es confidencial.

Con el agravante de que el texto estudiado por la Comisión de Venecia no es el mismo que se votó en la de justicia porque ha sufrido modificaciones, algunas de calado, aunque a la SER de Àngels Barceló le parezcan menudencias.

Así que, amigo Bolaño, menos lobos y más comedimiento.

Aunque, pese a todo lo escrito y siendo malicioso como soy en bastantes ocasiones, me temo que el ministro de justicia no trataba de engañarme a mí, sino a los “beneficiados” por la ley.

Y me explico:

El hecho de que la ley llegue al pleno de las Cortes, en el que saldrá adelante, supone que los “beneficiados” aprobarán los Presupuestos Generales del Estado, que se presentarán a pleno antes de que terminen los plazos legales para que la Ley de Amnistía aparezca en el BOE.

Y no me puedo creer que con el gran equipo de juristas que asesora al presidente, no tenga serias dudas, casi certeza, de que la ley aprobada en el Congreso será inviable según las leyes españolas.

Pero, con los presupuestos aprobados, Pedro Sánchez se garantizaría una legislatura de largo recorrido. El que le pongan a caer de un burro en cada sesión si algo sale mal y Puigdemont tiene que seguir en Waterloo es lo de menos. Ya lo hace ahora la oposición y parte de sus apoyadores y no le causa ningún problema. Más bien parece que “le pone”.

Ande yo caliente y ríase la gente”, dice el refrán. En este caso, las palabras correctas no serías “y ríase”, sino “e insúlteme”, pero, como digo, su historia dice que al sujeto de los odios le ha importado un pito lo que digan de él y siempre tiene el recurso de no estar presente en la cámara por “razones de agenda”.

Es muy posible que hoy me haya levantado especialmente malicioso, con mi “inteligencia intrapersonal” algo alterada, pero ¡quién sabe! Cosas más raras hemos visto y oido.

Valencia, 8 de marzo de 2024

José Luis Martínez Ángel

No lo había visto pero es verdad, gana la convivencia.

Muchas veces me han acusado de ser poco flexible en según qué cosas, y es muy “casi seguro” que tuvieran razón. Que algo de Cuenca y otro tanto del País Vasco llevo en mis genes.

Esto viene a cuento de que puede que Pedro Sánchez tenga razón y que la amnistía y todas las concesiones que ha hecho a los independentistas catalanes sea bueno, muy bueno para la convivencia.

Porque, quien me iba a decir a mí que la antigua Convergencia, partido conservador donde los haya y representante del empresariado y la burguesía catalana, de media hacia arriba, iba a hermanarse con Esquerra, partido republicano, montaraz y enemigo declarado de los Pujol de toda la vida, representados ahora por el Puigdemont de amplio flequillo huido a Waterloo.

Para ellos sí, seguramente los únicos beneficiados, cogidos ahora de la mano para formar un corro de ilusiones, bailarnos una sardana de eterna hermandad y retomar las cosas donde las dejaron. Porque eso es lo que dicen por la mañana, a mediodía y por la noche.

Que la amnistía no es el fin, sino “el principio”. O como decía el genial Quino, “el continuose del empezose” por ellos mismos en otros tiempos. En esta ocasión, según creen, circulando por una senda llana y sin obstáculos porque ya no existirá ley alguna que les pueda parar.

Naturalmente el párrafo anterior es una licencia de este que les escribe, porque la amistad les durará hasta las elecciones en Cataluña y la sardana no es “su” baile, que es de todos los catalanes, incluidos los más catalanistas y menos independentistas de la Comunidad.

Los intereses sí. Esos continuarán hasta que se separen de España, cosa que nunca verán, o hasta que se estrellen definitivamente contra un muro de sensatez que solo puede poner la ciudadanía española no independentista, que es una absoluta mayoría.

Una mayoría aplastante, por mucho que parezca que no, viendo las votaciones del parlamento y escuchando a los apologetas de un extraño progresismo que no lleva a ninguna parte. A ninguna buena, quiero decir.

Hoy he escuchado algunas cosas que, dada mi curiosidad patológica, me gustaría tener vida para comprobar:

Una de ellas es que el acuerdo sortea las leyes españolas y se apoya en las europeas. Y la otra que ellos, ¡ellos! acusarán de prevaricadores a los jueces y magistrados que se atrevan a intentar aplicar las leyes que emanan de nuestra Constitución.

¡Manda huevos!, que diría cierto presidente del Congreso. El que dejó abierto su micrófono inconscientemente, mucho más preparado y defensor del Legislativo que nuestra Francina Armengol que, a no ser que surja un milagro, acabará siendo “fija discontínua” de la alta administración del Estado.

Valencia, 7 de marzo de 2024

José Luis Martínez Ángel