Las complicaciones de Begoña Gómez (2) y de su marido (1).

El otro día decía que la prepotencia y el endiosamiento de los afectados, hizo que lo que se podría haber evitado hace tiempo con una simple explicación y permanecer en la cabecera de los periódicos y en las tertulias de todo tipo durante unos pocos días se está convirtiendo, día tras día, en algo cada vez más enmarañado, que puede que acabe en nada, pero que está teniendo un coste político de mucho peso para Pedro Sánchez.

Y también decía que no conocen muy bien en que país viven, porque una cosa es mandar a amiguetes a emponzoñar instituciones y otra muy diferente es suponer que alguien, por mucho poder que tenga, puede amedrantar o pararle los pies a un juez mientras instruye. Como tampoco parece saber la oposición que a un fiscal general del Estado no se le puede cesar por muy confusa que sea su actuación

Y también era de esperar que si un imputado se niega a declarar, lo más lógico es que el juez tire de testigos y, entre los de Begoña Gómez, está su pareja, no el presidente del gobierno, citado como conocedor de sus visitas a la Moncloa por un empresario también investigado.

Seguramente no declarará porque la ley le permite no hacerlo en contra de su pareja, pero lo que no puede es evitar que el juez se persone en la Moncloa y dicte las normas de la entrevista. Porque en España, nación democrática y de derecho, la Constitución protege a sus jueces y magistrados por encima de todos los ciudadanos, sean quienes fueren, excepto el jefe del estado.

Y ahora, los que en su momento deberían haberle aconsejado lo contrario de lo que está haciendo, se revuelven contra el juez, contra la acusación y contra el CSPJ por no intervenir directamente en los hechos. Como si pudiera hacerlo.

Lo lógico es que el juez acabe la instrucción y decida si hay o no causa y, de haberla y dictar sentencia, se presente de inmediato un recurso, al que todo acusado tiene derecho, y un tribunal superior revisará la causa para apoyar al juez instructor o desestimar las acusaciones.

Supongo que algún insensato está pensado que esto puede llegar al Tribunal Superior de Justicia, de recurso en recurso y que si este sigue declarando juicio justo, se puede apelar al Constitucional que, eses sí y conociendo los precedentes inmediatos, declarará que se han vulnerado los derechos de Begoña Gómez y que es una víctima de la justicia española. Como los de los ERES de Andalucía.

Pero no hay “sobrado” que soporte tanto tiempo de juicio público, seguro que no, especialmente si tiene otras preocupaciones familiares que lo magnifique.

Y la otra estrategia, como no, es desprestigiar a las acusaciones, especialmente a Manos Limpias, una asociación a la que, por supuesto, yo no compraría  un coche usado, recordemos que tras el juicio contra Urdangarin y su socio, también a la infanta, acabaron varios en la cárcel y su acusadora estrella, la muy mediática Virginia López Negrete, acusada de apropiación indebida de más de unos fondos.

Pero estamos en España y, repito la ley es la ley. Y un asesino en serie puede denunciar una agresión sexual a una mujer si ha presenciado los hechos. Y, naturalmente, el juez tendría la obligación de investigar la denuncia. Porque aquí no se enjuicia al acusador, sino los hechos.

Así que hoy hemos visto otro capítulo absurdo de una serie esperpéntica, muy a la española, que pudo acabar regular hace tiempo, pero que cada vez tiene más visos de acabar mal para alguien. Al menos políticamente.

Porque siento verdadera curiosidad de ver como titula la prensa extranjera, la española me la imagino, el que un juez cite a declarar al presidente del gobierno español porque el abogado defenso de su mujer la aconsejó no declarar.

Y es que parece que nos los políticos de nivel  tienen un extra de tozudez, seguramente necesario, pero que, en ocasiones, les hace confundir la velocidad con el tocino.

Y no me refiero solo al presidente Biden.

Valencia, 22 de julio de 2024

José Luis Martínez Ángel.

Las complicaciones de Begoña Gómez

No entiendo al presidente, porque si alguien, él mismo, sus ministros y toda su estructura mediática cree que van a intimidar al juez que está llevando el caso de su mujer, es que no tienen ni idea de lo que es la judicatura ni en el Estado en el que viven.

Podrán dar largas y machacar a la opinión pública con mensajes como el del mismísimo ministro de justicia poniendo a caer de un burro al juez, pero no conseguirán nada, quizás poner en contra a la misma opinión pública que quieren manipular, como tampoco lo consiguieron otros importantes que han pasado por situaciones parecidas.

Todos se declararon inocentes y, casi todos, víctimas de una persecución política, pero los que eran culpables acabaron condenados y los inocentes absueltos o con las causas sobreseídas.

No tengo la más mínima idea de si el juez lleva bien o mal la instrucción, el tiempo y los recursos lo dirán, pero de los que no me fío en absoluto es de los que defienden a ultranza a la mujer del presidente, porque son parte interesada y auténticos maestros en relatos y posverdades.

Pero, como mortal con sentido común, tengo claro que, en este caso concreto, cuanto más se alargue la investigación, más tiempo estará en boca de todos Begoña Gómez, incluida la prensa internacional que cada vez está más interesada en el caso.

Y, visto desde fuera, la estrategia de acogerse a no declarar, por mucho que trate de justificarla el abogado defensor, nunca ha favorecido a encausados inocentes, pero, ellos sabrán.

Lo lamentable de todo este asunto es que, en mi opinión, si la soberbia y el endiosamiento de los implicados no les hubiera nublado el juicio, este asunto se habría acabado hace meses, cuando se levantaron las primeras sospechas, con una declaración de la encausada pidiendo perdón porque “no era consciente” de que esto fuera incorrecto y que pudiera afectar a su marido y que renunciaba a todos sus negocios particulares que tuvieran algo que ver, aunque fuera tangencialmente, con la administración del Estado.

Les habrían dado la vara unos cuantos días en las redes y los medios de comunicación, una semana como máximo y, al ritmo en el que se suceden las noticias, asunto olvidado más allá de algún comentario en el Parlamento sin el menor efecto político porque la afectada “ya había pedido perdón”

No sé cómo acabará todo esto, aunque es evidente que en el punto al que se ha llegado por no haber abortado a su tiempo la causa raíz del problema, cada vez aparecen más asuntos en los que la investigada no debería haberse involucrado, sean o no delitos reales.

Por lo que Begoña Gómez puede salir inocente, pero el daño político que todo lo que está saliendo a la luz está creando a su pareja, el presidente, va a ser muy importante.

Y es que, creerse por encima del bien y del mal y ser “más que el que más”, no es una realidad en una nación como la nuestra, en la que todos somos iguales ante la ley, excepto el jefe del Estado y por razones muy justificadas, ni es un planteamiento que le haya funcionado a nadie.

Valencia, 20 de julio de 2024

José Luis Martínez Ángel

Porque sí, porque somos los que decidimos lo que está bien y lo que está mal, “Impunity Bego”

Sánchez manifestó ayer su impaciencia para que llegara el domingo y derrotar a Feijóo. No con estas palabras, pero más o menos. Y eso es parte aceptable de una campaña electoral para la Comunidad Europea, en la que no se ha hablado prácticamente nada de la Comunidad Europea.

No se ha dicho que el futuro de España, su prosperidad, depende en un altísimo porcentaje de la Comunidad, porque es la que en este momento está fijando la política monetaria de todos sus estados miembros y las de medio ambiente, agricultura, pesca y otras que son fundamentales para el desarrollo español, entre las que está fijar un marco jurídico mínimo, imprescindible, para todos los europeos.

Y sin embargo parece que nadie está interesado en hacer ver que una altísima abstención, como la que es habitual en estas elecciones, es un auténtico suicidio a medio plazo.

Campaña que, para colmo del cinismo y de la tergiversación de valores, ha acabado planteándose como un plebiscito sobre la figura de Begoña Gómez, como si fuera ella la piedra angular de España, de nuestro futuro y de nuestro bienestar.

“Free Bego”, decían las pulseras que se ofrecían como “merchandising” en los mítines, como si la libertad de esta nueva Eva Perón, Evita para los argentinos y los íntimos, la potestad de hacer cuanto quiera, fuera un derecho adquirido cuando compraron el nuevo colchón para su cama en la Moncloa.

¿Libertada para qué? Porque la pareja del presidente es tan libre como yo para opinar, manifestarse, reunirse o ejercer cualquiera de las libertades garantizadas por la Constitución. Y que, estando investigada, sigue siendo tan libre como yo y está amparada por una legislación ejemplar para su situación actual como es la nuestra.

Yo creo que el diseñador de la pulsera no estaba muy ducho en el idioma inglés y equivocó el lema que le pedía ese grupo de poder que, como suelo decir, utiliza las siglas del PSOE como coartada. Porque en realidad, el mensaje que quiere transmitir los ideólogos de la campaña es “Impunity Bego”, impunidad para hacer lo que quiera con su vida y sus manejos profesionales, que para eso es la esposa de Pedro Sánchez, el todopoderoso.

Una especie de Carmen Polo de Franco que, según la leyenda de la época, aterrorizaba a los propietarios de las joyerías cuando la veían entrar porque era norma no escrita que no le pasaran las facturas de lo comprado. Eran “regalos voluntarios”, se decía.

Seguramente son habladurías, como también puede que lo sean las supuestas andanzas irregulares de “la presidenta”, título otorgado por el muy clarividente Patxi López, no sé si delictivas porque eso lo tiene que decidir un juez, pero sí confusas.

Porque “algo tendrá el agua cuando la bendicen” sabiendo que la Politécnica está investigando si es cierto que Begoña Gómez ha registrado como suyo un software propiedad de la universidad y que han anunciado que su famosa cátedra no se renovará el próximo curso.

Y ayer, en el colmo de la desfachatez y del “todo vale porque podemos hacerlo”, Francina Armengol, la presidenta del Congreso, la que actúa como delegada del gobierno en el parlamento, se atrevió a pedir el voto para el PSOE, llamémosle así, durante su intervención en la comisión de investigación a la que había sido citada.

Supongo que este vídeo le parecerá bien a muchos ciudadanos y avergonzará a otros, como me avergüenza a mí. Pero lo reproduzco porque, al verlo, todos, absolutamente todos, recapacitemos sobre lo que está pasando y si este es el estado que queremos y que construimos, con muchísima ilusión, en 1975.

Voten a quien quieran, pero vayan a votar, que nos va mucho en ello,

https://youtu.be/2rK35HPuMU4

Valencia, 8 de junio de 2024

José Luis Martínez Ángel

El grupo de poder que utiliza como coartada las siglas del PSOE y la provocación a elegir entre la integridad de Begoña Gómez, ciudadana española, o la de un juez instructor.

Vaya por delante, como siempre, que respeto las creencias de cada uno y, siendo demócrata convencido, nunca censuraré a quién haya votado a cualquiera de los partidos que participan en elecciones, o a los que voten en blanco.

A los únicos que recrimino es a los que no votan, porque, en mi opinión y dado que se niegan a participar, pierden todo el derecho a opinar

Dicho lo cual, me parece realmente extraño que personas a las que considero demócratas y con un conocimiento de la política suficiente para opinar, estén de acuerdo en aceptar el disparate de situación que se viene gestando desde hace tiempo y que puede llegar al clímax en las presentes elecciones a la Comunidad Europea.

Me explico:

No entro a calificar los argumentos de la o las oposiciones porque, como digo, están en la oposición y no tienen la potestad de manejar el BOE ni ninguna de las herramientas que proporciona el Estado a los gobernantes. Ellos se manifiestan, dan argumentos más o menos aceptables, falaces o disparatados, pero, como digo, solo pueden emplear la palabra y, por tanto, no son objeto de mi crítica.

Lo que no entiendo es la evolución del grupo de poder formado por el gobierno y una parte de dirigentes, el llamado “núcleo duro”, que utilizan como coartada las siglas del PSOE para tomar decisiones y derivas impropias de los que nos gobiernan y especialmente peligrosas porque atentan contra el orden establecido en la Constitución y en las leyes.

Como crear un relato con el mensaje subliminal de que Begoña Gómez, esposa del presidente, forma parte del entorno del gobierno y, por tanto, persona a proteger con las armas y argumentos del Estado.

Lo que es absolutamente falso. Porque Begoña Gómez es una civil como tú o como yo, sin rango ni título reconocido y que, como todas las anteriores que han cumplido la misma función, han tenido más obligaciones que privilegios para evitar que alguna de sus indiscreciones salpicara a su pareja, como ha ocurrido en este caso.

Por lo que ayer me sentí totalmente engañado como ciudadano, y manipulado descaradamente, cuando en un mitin del PSOE en el que apareció Begoña Gómez, todo fueron adhesiones y alabanzas a su persona y un ataque claro, rastrero, a la judicatura en general y al juez que lleva su causa en particular.

Juez que atiende, como es su obligación, una denuncia que presenta una asociación de dudosa trayectoria, pero la misma que sentó en el banquillo a miembros de la familia real y metió en la cárcel a uno de ellos.

La misma judicatura, no el mismo juez, mismos denunciantes, mismas leyes.

Porque si el juez ha aceptado abrir diligencias e imputar a la pareja del presidente, es porque ha apreciado algunos indicios para hacerlo. Y si avanzada la investigación comprueba que los indicios son poco consistentes, así lo declarará y a Begoña Gómez, ciudadana española como yo, la declararan tan inocente como lo fue hace un mes y como lo es en este mismo momento.

Pero utilizar a la mujer del presidente y pregonar una supuesta podredumbre en parte de la judicatura como banderín de enganche para que voten al presidente en las Europeas, para lo que es necesario la previa de hacerla “persona importante del estado”, es propio de una dictadura chavista, puro peronismo con una pseudo Evita incluida y una clarísima argumentación propia del mismísimo expresidente Trump, el que se pasa gran parte del tiempo acusando a sus acusadores y diciendo que el juez que le juzga es absolutamente corrupto porque “lo suyo” solo es una conspiración política.

Provocar que la ciudadanía española elija entre la integridad de una ciudadana, pareja del presidente y la del poder judicial de la nación es una irresponsabilidad que todos pagaremos caro por mucho que Pedro Sánchez vaya rateando soluciones a sus problemas personales y políticos.

Pagaremos nosotros con la pérdida de calidad de la democracia, perderá la imagen internacional de España porque pocos en el exterior entenderán semejantes desatinos y perderá el propio Pedro Sánchez que, no sé cuándo, pasará a la historia como el más mentiroso y falsario de toda Europa durante muchos años.

El que dejará tras de sí una fractura política y social que él mismo ha provocado deliberadamente, recordemos cuando anunció que iba a “levantar un muro”, desconocida desde los malhadados años previos a la guerra civil, durante el tercer bienio de la República Española.

Y lo que siento es que, si a Begoña Gómez la imputan por algún delito, cosa que no creo, o se le descubre maniobras impropias de su posición, muchos españoles de toda condición, la mayoría demócratas declarados, seguirán diciendo que todo ha sido una maniobra política para desprestigiar a Pedro Sánchez, como están haciendo, repito, los seguidores de Trump en los Estados Unidos.

Pedro Sánchez, el tramposo más inteligente que conozco, ha utilizado todo lo que tenía al alcance de su poder para permanecer en el gobierno: general leyes a medida de partes, dar competencias autonómicas que nunca debió transferir, repartir dinero que no es suyo para contentar a sus apoyadores o a bloques de ciudadanos catalogados como posibles electores, indultar, amnistiar, etc.

Solo le faltaba utilizar políticamente y a su favor las posibles imprudencias de su esposa.

¡Vivir para ver!

Valencia, 7 de junio de 2024

José Luis Martínez Ángel

Begoña Gómez y las exageraciones interesadas del presidente del gobierno de España.

Nunca he opinado sobre las actividades de Begoña Gómez, más allá de comentar la necesidad de definir el papel de las parejas de los presidentes de turno. A mi no me gusta que intervenga directa o indirectamente en negocios con empresas que reciben subvenciones del gobierno, pero no hay nada que lo impida, por lo que no observo ninguna responsabilidad penal que, de haberla, resolverían los tribunales, en los que confío plenamente.

Repito: en este asunto ni entro, ni salgo. Soy un simple observador.

Otra cosa muy diferente es la reacción del gobierno de la nación, no solo del presidente, ante el comentario del muy deslenguado mandatario de Argentina. Porque me parece absolutamente desmedido llamar a consulta a embajadores y amenazar con no sé qué represalias que, inevitablemente, afectarían a las relaciones de dos naciones hermanas, España y Argentina y a los intereses de las empresas y los ciudadanos de los dos países.

Y lo digo por dos razones:

Begoña Gómez no es miembro del gobierno ni ocupa ningún cargo en el Estado español. Es pues una ciudadana particular, pareja del presidente, y la ofensa merece, seguro, una nota de queja del propio presidente, pero nada más, porque se trata de una civil que ayer pudo ser pareja de otro ciudadano, que no es el caso, o mañana puede separarse de Pedro Sánchez, cosa que tampoco parece probable en absoluto.

Una nota de marido ofendido sí, una queja oficial, por supuesto. Una reacción de Estado ¿A que santo?

La segunda es que los altos cargos del Estado, como es el caso del más importante, nuestro Rey, ha sido directamente insultado por los presidentes de Venezuela y Méjico, entre otros, sin que se haya producido más reacción que un tímido “eso no se hace”, en forma de queja oficial o similares y sin ninguna otra decisión que afecte a nuestra política exterior, porque Maduro o el resto de presidentes desaparecerán algún día, como pueden romperse la relaciones de los presidentes, pero las naciones y sus intereses comunes trascienden a lo que solo son anécdotas puntuales desde el punto de vista de la política y de la historia

Como ocurrirá con el propio presidente Milei, a quién Dios guarde tantos años en la presidencia de Argentina como quieran sus electores, que ellos sabrán.

Y digo más: todos, absolutamente todos los que forman parte del gobierno, menos el PSOE, o le apoyan en el Parlamento, han ofendido gravemente a nuestro jefe de Estado, o quemado la bandera española sin que nuestro presidente haya movido ni una pestaña.

¿Es acaso la esposa del presidente, de este o de cualquier otro, más importante que el Rey de España?

Visto lo cual, no puedo por menos que llegar a la conclusión de que la desaforada reacción del gobierno en pleno no es más que otra de las muchas estrategias mentirosas organizadas por el equipo de marketing de la Moncloa para ganar votos en las europeas y tomar el pelo a los españoles. Lo que resultaría extremadamente grave porque supondría arriesgar el futuro estatus de dos naciones para sacar unos votos más en unas elecciones.

Y, en este caso, con la inestimable ayuda de VOX, partido que nunca gobernará ni, posiblemente tendrá una influencia fundamental en los gobiernos a la vista de cómo planifica sus estrategias, pero que sigue siendo el banderín de enganche de la oposición del gobierno, el ejemplo de lo peor, para poder afirmar que el PP “es lo mismo que ellos”.

Otra vez una pinza magistralmente urdida por el gobierno, formada por “la derechita cobarde”, en boca de VOX y “el PP ha comprado las ideas de VOX”, según el mensaje del PSOE.

La gran pregunta es ¿tiene el presidente del gobierno la autoridad suficiente para tomar una decisión como la que ha tomado, llamar a consultas a un embajador porque el presidente de una nación amiga, en un mitin, menciona a alguien de su familia? Francamente no lo creo, pero dirán, como suelen hacer para engañar a la ciudadanía, que la Constitución no lo prohíbe expresamente.

Porque, que no nos engañen, el presidente argentino no ha “ofendido a España”. De ninguna manera. Ha ofendido, eso sí, a la esposa de Pedro Sánchez, pero suponer que Begoña Gómez “es España” es mucho más rocambolesco que suponer que nuestro presidente es quien tiene la autoridad total del Estado. Ni él ni ninguno

Como “no ha prohibido expresamente” las decisiones personales de un presidente que se cree Estado, como el cambio de la postura española sobre el Sahara y otras similares.

El tiempo pasará y, yo no lo veré, pero Pedro Sánchez, Abascal y todos los que ahora son o quieren ser algo basándose en lo que dicen y no en lo que hacen para respetar su cargo y a quienes los eligieron, pasarán a ser breves reseñas juzgadas por la historia, mientras que España seguirá siendo la nación grande en cultura, historia y tradiciones que siempre fue.

Porque, por mucho que se empeñen, no podrán destruirla.

Valencia, 21 de mayo de 2024

José Luis Martínez Ángel

Pedro Sánchez, entre el caudillismo y el “gambito de dama”

El presidente montó su numerito y yo estaba esperando el comentario de Patxi López, siempre clarificador de la mentalidad colectiva del núcleo duro porque, a diferencia de sus colegas de la cúpula del partido o del gobierno, es más primitivo, menos capacitado para “actuar” cuando expone algo.

Ya he comentado en otra ocasión que, en mi hábito de comparar a los personajes reales con otros de ficción, Patxi López es como Manolito, el amigo de Mafalda, cuadriculado y de pensamiento único. O como la matriuska más pequeña, la que aparece después de ir abriendo todas las falsas.

Y su conclusión, que seguramente resume lo que piensan todos los demás, fue decir “¡No pasarán!”

No quiero especular sobre las razones que tiene para decirlo, pero no puedo por menos de hacerme alguna pregunta sobre quienes “no pasarán”:

¿Retirarán las papeletas de los partidos “fascistas”, VOX, PP, UPN, etc. de las mesas electorales cuando haya elecciones?

¿Impedirán por Decreto Ley que los medios de comunicación críticos con la actuación de los políticos del bloque en general y del gobierno en particular publiquen sus errores o sus trapos sucios como lo han hecho y lo siguen haciendo cuando se trata de la “derechona”?

¿Impedirán, también por Decreto Ley, que los jueces admitan denuncias por delitos cometidos por la “izquierda” española y que potencien y sancionen severamente los actos indebidos de “los otros”, hablar mal del gobierno en sede parlamentaria incluido?

¿Ordenarán a la “delegada del gobierno en las Cortes”, Francina Armengol, que retire la palabra a cuantos osen criticar al gobierno en sede parlamentaria?

Porque este neo Frente Popular, cada vez más peligroso y absolutamente atípico en el que se mezclan churras con merinas, está dispuesto a romper cualquier atisbo de orden constitucional para conseguir sus propósitos, todos diferentes, todos egoístas políticamente, todos fraccionadores de la convivencia de los españoles.

Anteayer el presidente del gobierno sorprendió a propios y extraños con su original y desafortunado “gambito de dama”, anunciando que se retiraba del mundanal ruido, y de sus obligaciones como presidente de la nación, dicho sea de paso, para meditar si valía la pena seguir en el puesto después de que su esposa, Begoña Gómez, fuera denunciada como posible responsable de tráfico de influencias, cosa que no llegará a buen puerto en mi profana opinión, y “auto concluir” que este hecho ha sido el fruto de una concatenación de fascistas no adeptos a sus decisiones, entre los que me incluyo, una judicatura enemiga de la “justicia popular” y unos medios de comunicación corruptos y enemigos de la democracia.

Por cierto, he dicho porque lo creo que Begoña Gómez no acabará imputada, pero debería de haber sido mucho más prudente y no meterse a dónde nadie la llamaba, porque ser la mujer del presidente requiere obligaciones y renuncias, como siempre ha sido.

Espero que, a la luz de lo sucedido, se defina el papel oficial de la segunda dama.

Y, como era de esperar, el núcleo duro se ha apresurado a decir que “hasta aquí hemos llegado” y que no cederán ni un palmo más de terreno a las fuerzas antidemocráticas de la nación que nos quieren hacer retroceder a las catacumbas. Y lo han hecho con armas y bagajes, empleando a todos su tronadores de consignas, que no son pocos, y los muy enfervorizados medios audiovisuales, como la mismísima RTVE, la pública, en la que una presentadora se atrevió a señalar con nombres y apellidos a periodistas merecedores del fuego purificador.

Pero mi duda es, ¿a quién están defendiendo realmente? Al PSOE evidentemente no, porque hace dos años que está diluido en la sopa de siglas del bloque “progresista”.

¿Al bloque? Pero ¿Qué tiene que ver Bolaños con Bildu o con Junts, pongo por caso?

¿A una forma determinada de hacer política de Estado? Imposible, porque las políticas de Estado, las buenas, las que duran, son las que nacen del consenso entre partidos de gobierno. Y ninguno de los apoyadores del gobierno actual lo es.

Y, si no están defendiendo nada de lo anterior, me temo que lo que hacen es defender a un ciudadano llamado Pedro Sánchez, presidente de gobierno legal, pero incapaz de entenderse con nadie, incluidos los que le han apoyado, porque nunca ha sido por amor, ese amor que declara a su esposa y por el que le felicito sinceramente, sino por pura conveniencia, casi siempre bastarda y siempre contraria a los intereses de la mayoría de los ciudadanos, entre los que me incluyo de nuevo, que no entendemos lo que hace aunque, lamentablemente si porque lo hace.

Luego, por una regla de tres de democracia elemental, si no defienden a un partido, sino a una persona, estamos dejando atrás la democracia de partidos en busca de un caudillo salvador que nos conduzca hacia la vitoria final.

Y eso, lamentablemente, ya lo he conocido y no creo que sea lo más recomendable porque no es, de ninguna manera, lo más conveniente.

Alguien ha dicho que Sánchez, de la mano de Zapatero, está actuando como un Maduro de manual, pero ni es así ni nunca lo será porque estamos en una nación democrática y pertenecemos a la Comunidad Europea.

Y, porque a diferencia de Maduro, en esta España nuestra, ni el Poder Judicial ni las Fuerzas Armadas están sujetas al capricho del gobernante. En el caso de la judicatura, un bastión esencial de la democracia, lo intenta desesperadamente, pero resisten como leones.

En cuanto a las Fuerzas Armadas, ni lo intenta.

Franco se titulaba “caudillo por la gracia de Dios”. Desconozco cual sería el lema de Pedro Sánchez si consigue lo que pretende, pero solo faltaría el añadido de quien sería el gracioso, o los graciosos, que le encumbran al caudillismo soñado.

Y mientras, esperando al lunes para ver como continúa el juego después de su “gambito de dama”

Valencia, 26 de abril de 2024

José Luis Martínez Ángel