Hoy es el día de los derechos humanos y me faltaría tiempo para describir lo que siento por el absoluto desprecio de la población del mundo occidental por este principio universal, que no necesitaría de leyes para ser respetado, vulnerado día tras día en todos los rincones del mundo.
Conocemos, eso sí, lo que ocurre en Ucrania y también es noticia, porque abre los telediarios, la carnicería que está costando en la Franja de Gaza el empeño de Israel en eliminar la amenaza de Hamás, pero poco más, cuando tenemos a media África en guerras civiles soterradas o muchísimos países que sufren terribles hambrunas. O en la vulneración de los derechos de la mujer, de los homosexuales, o de minorías étnicas, religiosas o de cualquier otra “diferencia” no reconocida por los gobiernos.
Pero estamos en España, ejemplo de país desarrollado y, si bien tenemos reconocidos por la ley los derechos de la mujer y de otras minorías, el día a día de nuestros casi cincuenta millones de habitantes, encubre discriminaciones de todo tipo: sociales, personas bajo el umbral de la pobreza, mujeres y niños maltratados, inmigrantes que tienen que sobrevivir como pueden a base de trabajos ilegales y ayudas de Cáritas u otras asociaciones benéficas, “sin techo” forzados por la necesidad y tantos y tantos casos “invisibles” para los que estamos pensando en donde ir en el próximo puente.
Mientras vemos a ciudadanos que hace colas de ¡dos horas! para conseguir unas piezas del excelente bacalao de Casa Labra, en Madrid, o ¡más de cuatro! para compran lotería en Doña Manolita. Ciudades donde millones de ciudadanos abarrotan las calles comerciales hasta el punto de que las policías locales tienen que regular aforos u obligar a convertirlas de una sola dirección para los peatones.
En un “no pensar” de consumismo llevado a un extremo absolutamente irracional.
Y en una falta de solidaridad casi patológica, típica de una sociedad enferma a causa del dirigismo de los poderes fácticos, no solo los políticos, que nos meten prisa, mucha prisa, para que “vivamos” tanto y tan intensamente que no tengamos tempo de pensar.
En un alocado “Tempus fugit, carpe diem et memento mori”, (el tiempo vuela, vive el momento y recuerda que morirás), que está forzando a una muerte prematura de muchos otros humanos, tan humanos como nosotros, tras vivir una vida de miserias y calamidades.
Prefiero, con mucho, el “recuerda hombre que polvo eres y en polvo te convertirás” de los católicos, que también debería ser de aplicación para los no creyentes con un fundamento de ética y de moralidad. Que son muchos, pero, a lo visto, cada vez menos.
Hace unos días mantuve una pequeña polémica con un amigo que, como me suele ocurrir, me ha obligado a trabajar un rato sobre el tema. No porque quiera llevar la razón, que la razón nunca es mía sino de las leyes o de la información fidedigna, sino por mi inevitable curiosidad, que no me permite pasar de puntillas por los temas sin conocer los datos objetivos. Mi tan repetido “by fact”.
En
este caso se trata de analizar cuanto tiene de cierto el mantra que circula por el país de que somos una nación cuestionada por
el tribunal de Derechos Humanos. Mantra aceptado por una gran parte de la
población que da por buena la afirmación de
que tenemos una baja calidad democrática, y que se vulneran con demasiada
frecuencia los derechos de los ciudadanos.
No
existen datos de 2018, seguramente porque todavía no están tabulados, pero
tengo los de 2017 que son perfectamente válidos para el análisis
Leo
un titular de Expansión que
dice “El Tribunal Europeo de Derechos
Humanos (TEDH) dictó en 2017 un total de 1.068
sentencias, un 8 % más que el año anterior, y seis correspondieron a casos españoles, informó hoy en una rueda de
prensa su presidente, el italiano Guido Raimondi.”
Y
continúa, “de esos seis fallos, referidos
sobre todo a los derechos a un juicio justo y a la vida privada y familiar, los
jueces consideraron que en cinco España
había cometido al menos una violación del Convenio Europeo de Derechos Humanos”
“En el sexto, por el contrario, se confirmó
que los tribunales españoles no habían infringido el convenio al aprobar la
extradición a Estados Unidos de un presunto narcotraficante”.
España
fue condenada por dos «devoluciones
en caliente» en la valla-frontera de Melilla; por la inhabilitación de
Juan María Atutxa; por no proteger el honor de la cantante mexicana Paulina
Rubio, y por acceder, sin autorización judicial, al contenido de un ordenador
de un particular en el que se encontraron archivos con pornografía de menores”
Además,
“se condenó a España por no avisar a los
dueños de un piso en Sanxenxo de una demolición”
Y, más adelante, añade:
“Entre las pendientes contra España, hay cuatro sobre los hechos
acontecidos antes y después del referéndum ilegal del 1 de octubre sobre la
independencia de Cataluña, y una de varios miembros de ETA que piden una
reducción de pena por haber cumplido condena en Francia.”
En el Diario El Mundo he encontrado la misma información, pero
presentada de forma mucho más “visible”, en forma de gráfico comparativo con el
resto de países sujetos al control de Tribunal de Derechos Humanos.
Por lo que he leído hace
unos días, Rusia está queriendo salirse del control de este tribunal, supongo
que porque no quiere que cuestionen sus
decisiones.
Y en este estudio
estadístico del mismo año 2017, y citando fuentes del propio Tribunal de
Estrasburgo, dice “España, entre los países menos condenados por el Tribunal de
Estrasburgo en toda su historia“. La historia del tribunal
naturalmente, no la de España
Y los datos anuales se
apoyan en el siguiente gráfico comparativo:
¿Qué ocurre? Que en muchos casos
confundimos la velocidad con el tocino, porque hay plataformas políticas y
medios de comunicación muy potentes, empeñados en justificar la necesidad de cambios para defender, entre otras cosas, los
derechos de los españoles”.
Cambios que en la mayoría de
los casos son totalmente innecesarios porque ya se han producido. España hace años que se ha puesto al día en
derechos humanos, incluso está, como se puede ver, en los puestos de cabeza y
con mejores resultados que países con gran tradición democrática.
Nuestro Estado, señores “salvapatrias”,
hace mucho tiempo que hizo sus deberes. Y Uds. lo saben perfectamente.
Y cuando se estudian los
datos de denuncias ponderándolos con
otros factores, como la población de
cada país, se dice:
“No se
puede hacer un ránking histórico exacto porque la ratificación de cada país se
hizo en momentos diferentes. Pero si ponen los datos en relación con la
población, por ejemplo, en 2017España
tuvo uno de los ratios más bajos de denuncias por habitante (0,14),
que solo mejoran Reino Unido, Alemania, Irlanda y Bélgica, de un total de 47
países.”
Y. como decía antes ¿cuál es
el truco de los “calientamasas”? Hablar
de denuncias y no de sentencias condenatorias. En este mismo artículo se
dice “Sin ir más lejos, en 2017, 634 de las 641 demandas presentadas
contra España ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos fueron archivadas o consideradas inadmisibles”
Porque en un mitin o en una
tertulia es absolutamente impactante
hablar de 641 demandas contra España.¿Qué valor político tendría citar
que solo se aceptaron siete?
Y ¿por qué tanta denuncia?
En parte porque también “los malos” utilizan los recursos de la democracia en
su favor. Por ejemplo: los etarras tenían por norma, aconsejados por sus
abogados, denunciar torturas de las Fuerzas de Orden Público cuando eran
detenidos y supongo que algunas de ellas han llegado al tribunal europeo.
Y también acabarán en este
tribunal las denuncias de los separatistas catalanes relacionadas con el 1 de
octubre o con supuestas violaciones de derechos. Por lo que he leído, en 2018
ya se desestimaron muchas de ellas.
Y allí acabarán, con toda
seguridad, los recursos por la sentencia del “prosses”
Y no critico que se denuncie,
porque es un derecho que tenemos los españoles, y porque cada uno de nosotros tenemos una opinión diferente sobre hechos similares,
pero hablar de denuncias sin mencionar
las no admitidas a trámite y las condenas,es contar una verdad a medias, práctica muy usual en nuestros
tiempos, que no hace más que emponzoñar a la opinión pública y proyectar una
imagen de España que no se corresponde con la realidad.
En cuando a Amnistía Internacional, versión España,
me gustaría no tratar el tema porque es una organización que ha hecho mucho en
la historia, también en nuestro país, y con la que he colaborado en el pasado.
Pero en este momento y a la vista de lo que se dice, no tengo más remedio que
hacerlo
El año pasado, precisamente
el día que se inauguraba una exposición colectiva en La Nau de Valencia en la
que participaba nuestro Vicent Ramón Pascual, asistí a una conferencia que impartió el presidente de la organización.
Duró hora y media
aproximadamente, incluidas algunas preguntas de
los asistentes, y habló mucho de la historia de la organización, citando
intervenciones en el resto del mundo,
pero pasó bastante de puntillas por la actuación en España, posiblemente para
evitar discrepancias sobre los casos en los que intervenían.
Y salí muy defraudado porque
el mensaje final, en mi interpretación personal naturalmente, no era tanto “hay
que luchar contra la violencia y la violación de derechos” como “necesitamos afiliados”, por no decir “necesitamos cuotas”.
Y entiendo que Amnistía es
una organización importante y que necesita tener recursos pero, y esto es
extensivo a otras ONG’s, ¿Que parte de los ingresos obtenidos se dedica a
mantener la propia organización y no tanto para trabajar en favor de las causas
para las que fueron fundadas?
Seguramente este señor
también quería lanzar otros mensajes, pero a mí me suscitó la duda, mucho más
cuando cada día aparecen abusos, desfalcos, y noticias sobre ONG’s que defienden
lo mismo y parecen tener los mismos objetivos, pero son distintas.
Si leéis los faldones de la
pantallas de la televisión, veréis que piden fondos para niños, por ejemplo,
desde varias ONG’s diferentes. ¿Por qué no se ponen de acuerdo, aúnan
esfuerzos, se unifican en una marca única, y comparten recursos?
Siento de verdad este
comentario, porque en todas ellas hay hombres y mujeres de muy buena voluntad
que se dejan la piel en el empeño, pero junto a estas hay otras que lo tienen
como profesión. Y la defienden. Y no es malo que las ONG’s tenga plantilla de
empleados porque hasta Cáritas la tiene, pero, en este caso, son una minoría
comparados con los miles y miles de voluntarios que trabajan desinteresadamente
por la organización.
Hay que apoyar a Amnistía, sí,
pero es preciso que, como todas, se comprometa a no tener plantillas
innecesarias ni recursos que no vienen a cuento. Y que recuerden que los abusos
a combatir son los que generan los gobiernos, o no los evitan deliberadamente.
No viene a cuento “buscar causas” confusas o que no tienen
fundamento para “justificar” su
existencia.
Y cuando visito su página,
compruebo que defiende objetivos defendibles, que están en la constitución,
pero muy generalistas y no achacable a la responsabilidad directa de los
gobiernos que, sin duda, no cuestionan frases como estas: “todos los hombres
tienen derecho al trabajo”, “todos tienen derecho a una vivienda”, y similares.
Son causas muy defendibles, pero dudo mucho que justifiquen supuestas denuncias
de Amnistía España.
¡Ojala haya llegado o está
muy cerca de llegar el momento en que esta organización no tenga razón de ser
en España!
No digo que estemos en ese punto, pero no tengan la más mínima duda de que este país, el nuestro, es uno
de los más civilizados del mundo, y en el que los gobiernos de todos los
signos respetan los derechos de los ciudadanos.
Que no es lo mismo, ni mucho
menos, que tengan capacidad para atender
todas sus necesidades. Lo primero se defiende con leyes, lo segundo con una
buena gestión de recursos y con política en forma de presupuestos del estado.
También citan algún caso de
mal trato a detenidos, creo que se refieren a lo sucedido en una comisaría de
los Mossos, absolutamente lamentable, pero que no necesita una denuncia
específica de la organización, porque la justicia española tomó cartas en el
asunto cuando se conocieron los hechos.
Es como denunciar que hay
policías o maestros o funcionarios corruptos. Los hay y, desgraciadamente, los
habrá, pero no amparados por nuestras leyes.
—
Todo lo anterior viene a
cuento de que, en mi opinión, hay una parte importante de la población que solo
conocen los hechos y nuestra historia por referencias de terceros, nos siempre
bien intencionados y muchas veces procedentes de voceros poco informados.
El resultado es que muchos
españoles no conocen nuestra historia real, y piensan que somos un país lleno
de baches y agujeros.
Y termino aquí, porque me
apetece hablar de otros mitos inventados por personas interesadas, pero el
texto pasaría de ser muy largo a larguísimo.
Insisto en que no quiero
tener ninguna razón porque yo no he intervenido en ninguna de las mejoras que
cito, pero continúo sintiéndome en la obligación
de dar mi opinión, apoyada en cuantos datos pueda conseguir, aunque sea
incómodo.