La España que no conocemos.

Hace unos días mantuve una pequeña polémica con un amigo que, como me suele ocurrir, me ha obligado a trabajar un rato sobre el tema. No porque quiera llevar la razón, que la razón nunca es mía sino de las leyes o de la información fidedigna, sino por mi inevitable curiosidad, que no me permite pasar de puntillas por los temas sin conocer los datos objetivos. Mi tan repetido “by fact”.

En este caso se trata de analizar cuanto tiene de cierto el mantra que circula por el país de que somos una nación cuestionada por el tribunal de Derechos Humanos. Mantra aceptado por una gran parte de la población que da por buena la afirmación de que tenemos una baja calidad democrática, y que se vulneran con demasiada frecuencia los derechos de los ciudadanos.

No existen datos de 2018, seguramente porque todavía no están tabulados, pero tengo los de 2017 que son perfectamente válidos para el análisis

Leo un titular de Expansión que dice “El Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH) dictó en 2017 un total de 1.068 sentencias, un 8 % más que el año anterior, y seis correspondieron a casos españoles, informó hoy en una rueda de prensa su presidente, el italiano Guido Raimondi.”

Y continúa, “de esos seis fallos, referidos sobre todo a los derechos a un juicio justo y a la vida privada y familiar, los jueces consideraron que en cinco España había cometido al menos una violación del Convenio Europeo de Derechos Humanos

En el sexto, por el contrario, se confirmó que los tribunales españoles no habían infringido el convenio al aprobar la extradición a Estados Unidos de un presunto narcotraficante”.

España fue condenada por dos “devoluciones en caliente” en la valla-frontera de Melilla; por la inhabilitación de Juan María Atutxa; por no proteger el honor de la cantante mexicana Paulina Rubio, y por acceder, sin autorización judicial, al contenido de un ordenador de un particular en el que se encontraron archivos con pornografía de menores

Además, “se condenó a España por no avisar a los dueños de un piso en Sanxenxo de una demolición

Y, más adelante, añade:

Entre las pendientes contra España, hay cuatro sobre los hechos acontecidos antes y después del referéndum ilegal del 1 de octubre sobre la independencia de Cataluña, y una de varios miembros de ETA que piden una reducción de pena por haber cumplido condena en Francia.”

En el Diario El Mundo he encontrado la misma información, pero presentada de forma mucho más “visible”, en forma de gráfico comparativo con el resto de países sujetos al control de Tribunal de Derechos Humanos.

Por lo que he leído hace unos días, Rusia está queriendo salirse del control de este tribunal, supongo que porque no quiere  que cuestionen sus decisiones.

Y en este estudio estadístico del mismo año 2017, y  citando fuentes del propio Tribunal de Estrasburgo, dice “España, entre los países menos condenados por el Tribunal de Estrasburgo en toda su historia“. La historia del tribunal naturalmente, no la de España

Y los datos anuales se apoyan en el siguiente gráfico comparativo:

¿Qué ocurre? Que en muchos casos confundimos la velocidad con el tocino, porque hay plataformas políticas y medios de comunicación muy potentes, empeñados en justificar la necesidad de cambios para defender, entre otras cosas,  los derechos de los españoles”.

Cambios que en la mayoría de los casos son totalmente innecesarios porque ya se han producido. España hace años que se ha puesto al día en derechos humanos, incluso está, como se puede ver, en los puestos de cabeza y con mejores resultados que países con gran tradición democrática.

Nuestro Estado, señores “salvapatrias”, hace mucho tiempo que hizo sus deberes. Y Uds. lo saben perfectamente.

Y cuando se estudian los datos de denuncias ponderándolos con otros factores, como la población de cada país, se dice:

 “No se puede hacer un ránking histórico exacto porque la ratificación de cada país se hizo en momentos diferentes. Pero si ponen los datos en relación con la población, por ejemplo, en 2017España tuvo uno de los ratios más bajos de denuncias por habitante (0,14), que solo mejoran Reino Unido, Alemania, Irlanda y Bélgica, de un total de 47 países.”

Y. como decía antes ¿cuál es el truco de los “calientamasas”? Hablar de denuncias y no de sentencias condenatorias. En este mismo artículo se dice “Sin ir más lejos, en 2017, 634 de las 641 demandas presentadas contra España ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos fueron archivadas o consideradas inadmisibles

Porque en un mitin o en una tertulia es absolutamente impactante hablar de 641 demandas contra España.  ¿Qué valor político tendría citar que solo se aceptaron siete?

Y ¿por qué tanta denuncia? En parte porque también “los malos” utilizan los recursos de la democracia en su favor. Por ejemplo: los etarras tenían por norma, aconsejados por sus abogados, denunciar torturas de las Fuerzas de Orden Público cuando eran detenidos y supongo que algunas de ellas han llegado al tribunal europeo.

Y también acabarán en este tribunal las denuncias de los separatistas catalanes relacionadas con el 1 de octubre o con supuestas violaciones de derechos. Por lo que he leído, en 2018 ya se desestimaron muchas  de ellas.

Y allí acabarán, con toda seguridad, los recursos por la sentencia del “prosses”

Y no critico que se denuncie, porque es un derecho que tenemos los españoles,  y porque cada uno de nosotros tenemos una opinión diferente sobre hechos similares, pero hablar de denuncias sin mencionar las no admitidas a trámite y las condenas, es contar una verdad a medias, práctica muy usual en nuestros tiempos, que no hace más que emponzoñar a la opinión pública y proyectar una imagen de España que no se corresponde con la realidad.

En cuando a Amnistía Internacional, versión España, me gustaría no tratar el tema porque es una organización que ha hecho mucho en la historia, también en nuestro país, y con la que he colaborado en el pasado. Pero en este momento y a la vista de lo que se dice, no tengo más remedio que hacerlo

El año pasado, precisamente el día que se inauguraba una exposición colectiva en La Nau de Valencia en la que participaba nuestro Vicent Ramón Pascual, asistí a una conferencia que impartió el presidente de la organización.

Duró hora y media aproximadamente, incluidas algunas preguntas de  los asistentes, y habló mucho de la historia de la organización, citando  intervenciones en el resto del mundo, pero pasó bastante de puntillas por la actuación en España, posiblemente para evitar discrepancias sobre los casos en los que intervenían.

Y salí muy defraudado porque el mensaje final, en mi interpretación personal naturalmente, no era tanto “hay que luchar contra la violencia y la violación de derechos” como “necesitamos afiliados”, por no decir “necesitamos cuotas”.

Y entiendo que Amnistía es una organización importante y que necesita tener recursos pero, y esto es extensivo a otras ONG’s, ¿Que parte de los ingresos obtenidos se dedica a mantener la propia organización y no tanto para trabajar en favor de las causas para las que fueron fundadas?

Seguramente este señor también quería lanzar otros mensajes, pero a mí me suscitó la duda, mucho más cuando cada día aparecen abusos, desfalcos, y noticias sobre ONG’s que defienden lo mismo y parecen tener los mismos objetivos, pero son distintas.

Si leéis los faldones de la pantallas de la televisión, veréis que piden fondos para niños, por ejemplo, desde varias ONG’s diferentes. ¿Por qué no se ponen de acuerdo, aúnan esfuerzos, se unifican en una marca única, y comparten recursos?

Siento de verdad este comentario, porque en todas ellas hay hombres y mujeres de muy buena voluntad que se dejan la piel en el empeño, pero junto a estas hay otras que lo tienen como profesión. Y la defienden. Y no es malo que las ONG’s tenga plantilla de empleados porque hasta Cáritas la tiene, pero, en este caso, son una minoría comparados con los miles y miles de voluntarios que trabajan desinteresadamente por la organización.

Hay que apoyar a Amnistía, sí, pero es preciso que, como todas, se comprometa a no tener plantillas innecesarias ni recursos que no vienen a cuento. Y que recuerden que los abusos a combatir son los que generan los gobiernos, o no los evitan deliberadamente.

No viene a cuento “buscar causas” confusas o que no tienen fundamento para “justificar” su existencia.

Y cuando visito su página, compruebo que defiende objetivos defendibles, que están en la constitución, pero muy generalistas y no achacable a la responsabilidad directa de los gobiernos que, sin duda, no cuestionan frases como estas: “todos los hombres tienen derecho al trabajo”, “todos tienen derecho a una vivienda”, y similares. Son causas muy defendibles, pero dudo mucho que justifiquen supuestas denuncias de Amnistía España.

¡Ojala haya llegado o está muy cerca de llegar el momento en que esta organización no tenga razón de ser en España!

No digo que estemos en  ese punto, pero no tengan la más mínima duda de que este país, el nuestro, es uno de los más civilizados del mundo, y en el que los gobiernos de todos los signos respetan los derechos de los ciudadanos.

Que no es lo mismo, ni mucho menos, que tengan capacidad para atender todas sus necesidades. Lo primero se defiende con leyes, lo segundo con una buena gestión de recursos y con política en forma de presupuestos del estado.

También citan algún caso de mal trato a detenidos, creo que se refieren a lo sucedido en una comisaría de los Mossos, absolutamente lamentable, pero que no necesita una denuncia específica de la organización, porque la justicia española tomó cartas en el asunto cuando se conocieron los hechos.

Es como denunciar que hay policías o maestros o funcionarios corruptos. Los hay y, desgraciadamente, los habrá, pero no amparados por nuestras leyes.

Todo lo anterior viene a cuento de que, en mi opinión, hay una parte importante de la población que solo conocen los hechos y nuestra historia por referencias de terceros, nos siempre bien intencionados y muchas veces procedentes de voceros  poco informados.

El resultado es que muchos españoles no conocen nuestra historia real, y piensan que somos un país lleno de baches y agujeros.

Y termino aquí, porque me apetece hablar de otros mitos inventados por personas interesadas, pero el texto pasaría de ser muy largo a larguísimo.

Insisto en que no quiero tener ninguna razón porque yo no he intervenido en ninguna de las mejoras que cito, pero continúo sintiéndome en la obligación de dar mi opinión, apoyada en cuantos datos pueda conseguir, aunque sea incómodo.