Es casi seguro, no lo sé porque nunca husmeo en la vida personal de nadie, que Patxi López será un buen padre de familia, si es que está casado y tiene hijos, amigo de sus amigos, campechano y con el que, seguramente, vale la pena tomarse unos chiquitos en cualquier taberna de cualquier lugar.
Pero una cosa es la persona y otra el personaje. Y el de Patxi es especialmente atractivo por la cantidad de situaciones que ha tenido que vivir y la de toros políticos que ha tenido que lidiar.
Patxi es un superviviente. Vive de la política desde que yo me interesé por estas cosas, y de eso ya hace muchísimos años, incluso ha ostentado dos cargos de mucha enjundia: lendakari y presidente del Congreso, en ambos casos, curiosamente, con el apoyo del PP, cosa que parece querer hacerse perdonar en cada una de sus actuaciones, sin tener porque, ya que eran otros tiempos y con partidos políticos de más nivel, como también lo tenían los parlamentarios que ocupaban escaños en Vitoria y en Madrid.
Como soy muy de imaginar cosas, su aspecto y su talante cuando interviene en el Congreso o en alguna comparecencia, me recuerda al de esos repetidores de bachillerato que no pasan de curso porque tienen más labia que fundamento.
Porque el buen Patxi lo mismo dice que “sí”, como que “no”, en ambos casos con el mismo “convencimiento” y, de vez en cuando, suelta un “a ti que más te da” que, de alguna forma resume lo que tiene en su trastienda intelectual. Recuerdo aquel debate en el que le preguntó a Pedro Sánchez, cuando le disputaba la secretaría del PSOE: “Pedro, ¿tú sabes lo que es una nación?” Yo no le haría esa pregunta a él mismo al día de hoy, porque podría entrar en un bucle de seguridades, inseguridades y contradicciones y no quiero ser el responsable de que sufra un bloqueo mental que necesite tratamiento médico.
Y si quisiera asimilarlo a un personaje de ficción, sería el Manolito de Mafalda, aunque no tenga un padre tendero. Cuadriculado, espeso y, como decía, amigo de sus amigos.
Ambos tres, El Patxi de la política, el repetidor de bachillerato o el Manolito de Quino, son personajes incapaces de tener enemigos, por muchos desatinos que digan de vez en cuando, porque, más bien, despiertan ternura por verse obligados a representar papeles que no les corresponden.
No sé que cosas le escucharé decir en un futuro, pero, como buen gregario que es, dirá “lo que tenga que decir”. Como siempre ha sido.
P.D.
Por cierto, con el ministro Puente no, con él no iría ni a beber agua ni a la fuente del pueblo. El ministro, que ocupa un cargo de tanta relevancia porque la democracia se protege muy poco de personas con talantes tan indeseables, tiene un claro perfil de abusón de instituto, abusón que puede salir perjudicado si insiste en enfrentarse de una forma tan cerril con la presidenta madrileña, la que tiene una pareja “con derecho a roce”.
Porque la susodicha tiene ojos de gata y los gatos, y aún más las gatas, son malos enemigos.
Valencia, 19 de marzo de 2024
José Luis Martínez Ángel