La segunda pandemia del coronavirus: la económica.

Todos los datos apuntan a que el enclaustramiento está dando resultados y que el número de infectados por el virus está estabilizándose. Desgraciadamente seguiremos soportando muchas muertes de los que en este momento están hospitalizados y también es evidente que  falta mucho tiempo para que podamos salir de nuestras cuevas y hacer una vida normal.

Pero llegará un día en que se encuentre tratamiento para la enfermedad y se dispondrá de una vacuna, con lo que pasaremos página como se ha hecho en casos similares aunque menos graves y volveremos a una vida más o menos normal, aunque más atemorizados durante un tiempo.

Y ganada esta primera batalla de la guerra contra el virus, cuando se consiga, vendrá la segunda que apunta ser terrorífica: la enorme crisis económica que se nos viene encima.

Y espero que no ocurra como con la pandemia, que habiendo recibido avisos, se retrasaron al aplicar las medidas preventivas. Tenemos experiencias reciente y espero que no caigamos en el mismo error.

La primera medida es rediseñar nuestro gobierno. No se trata de colores ni de ideologías, sino de eficacia y este gobierno no fue diseñado para enfrentarse a semejante catástrofe. No es un gobierno para la guerra.

Tengo serias dudas de que el presidente Sánchez sea el hombre adecuado para liderar el futuro inmediato de España aunque cuente con otro equipo, pero lo que es impensable es convocar elecciones en este momento. Así pues dejaré este tema en el aire porque desconozco cuales pueden ser las alternativas políticas y constitucionales.

Pero si continuara lo tendría que hacer renunciando a todo lo que no sea prioritario en su programa de gobierno, a lo que pueda dificultar las soluciones a la crisis, o a sus propias intenciones políticas no declaradas. Que las tiene.

Y dentro de esta estrategia, el primer movimiento del presidente debería ser provocar una crisis ministerial,  agradecer los servicios prestados a los miembros de Podemos y permitirles que vuelvan a sus casas y a  sus pancartas, nombrando ministros expertos en gestión.

Es muy notorio que por su ideología y por lo demostrado hasta el momento, Podemos no puede aportar nada a la solución y más bien sería un auténtico lastre para poder tomar medidas realmente eficaces para sanear la economía. Porque si alguien se cree en serio que ayudar es dar subvenciones y ayudas a todos los damnificados, sin más y sin saber de dónde va a salir el dinero, es que no pasó de primero de matemáticas.

Los gobiernos pueden endeudarse hasta un cierto nivel, aunque no deberían, pero eso solo se puede permitir en circunstancias normales y en porcentajes asumibles. En las actuales las consecuencias serían catastróficas porque los daños que esta crisis van a ocasionar a la economías se calculan en muchos miles de millones de euros. Es muy posible, casi seguro,  que el problema sea mucho mayor que la crisis de 2008 de la que todavía estábamos recuperándonos.

Y por eso se necesita un gobierno eficaz, coordinado, casi de tecnócratas y libre de utopías románticas o de tentaciones revolucionarias. Lo importante ahora es salvar a la nación y la única forma de hacerlo es tratando de salvar a cada uno de los españoles. Y cartera de ministrables tiene mucha, en el propio partido, en otros, o en el minusvalorado mundo de los independientes.

El siguiente paso sería sustituir a Iván Redondo y a sus asesores de imagen o los que tienen como misión engrandecer su persona por expertos en economía, o utilizar los servicios de funcionarios de nivel especializados en esas materias, Que los hay y muchos. Basta ya de “falcons” y de vanidades.

Y lo imprescindible es reunir a todas las fuerzas políticas del país y negociar un plan para abordar con eficacia el problema y para consensuar acuerdos y soluciones. Soluciones que serán necesariamente duras porque no podemos repetir los errores de la pasada crisis.

¿Un gobierno de coalición? No lo sé, pero lo evidente es que esta nación debe caminar unida, como lo está haciendo con el problema sanitario y para ello hay que evitar mentiras y buenas palabras e ignorar a los grupos disgregadores  que propalan consignas de “derecha casposa”, de “izquierda comunista” o de “España nos roba”. Por una vez debe triunfar la mayoría silenciosa, la que obedece aunque no esté conforme, la que se sacrifica cuando se lo piden. Y también a los políticos trepa que aprovechan cualquier oportunidad para medrar. Aunque sea, como ocurre en este momento, con el sufrimiento o la muerte de muchos españoles.

Recordemos que eso ya se ha hecho no hace tantos años. Unión de Centro Democrático, UCD, nunca fue un partido. Fue una asociación de grupos políticos de distinto signo coordinados por un líder, Adolfo Suarez, que hizo posible sacar adelante acuerdos, como el de la Moncloa, o la propia transición.

Y recuerdo a los que se hayan olvidado o informo a los que nunca lo han sabido, que los pactos de la Moncloa afectaron a dos áreas importantes de la vida pública: uno dedicado al saneamiento y la reforma de la economía, con un país con un  20 % de inflación en aquel momento y que había llegado a tener un 47 %,  y otro, no menos importante en aquel momento, que estableció un programa de actuación jurídica y política con acuerdos sobre libertades públicas, derechos de asociación sindical, primeras reformas laborales, etc.

Y recuerdo o informo que los firmantes del pacto fueron Adolfo Suárez en nombre del gobierno, Leopoldo Calvo-Sotelo por UCD, Felipe González por el Partido Socialista Obrero Español, Santiago Carrillo por el Partido Comunista de España, Enrique Tierno Galván por el Partido Socialista Popular, Josep María Triginer por el Partido Socialista de Cataluña, Joan Reventós por Convergencia Socialista de Cataluña, Juan Ajuriaguerra por el Partido Nacionalista Vasco y Miquel Roca por Convergència i Unió. Manuel Fraga, líder de Alianza Popular suscribió el acuerdo económico, pero no el político.

Y que sirva, de nuevo, de recordatorio o de información para los que ahora dicen que estos pactos y la propia transición fue una continuación del franquismo. Desafío a que alguien encuentre en este momento en la política a personajes tan brillantes, de tanto nivel, tan comprometidos con sus ideas, tan libres en su ejecutoria personal y con idearios políticos tan divergentes. Pero todos ellos eran inteligentes, se sintieron respaldados por sus partidos y actuaron con algo desaparecido en la actualidad: el sentido de Estado.

Similares, permíteme la ironía, a todos estos paniaguados que se pasan el día dando lecciones de política, de ética, de economía o de lo que sea. O que etiquetan a los ciudadanos y deciden quienes son los buenos y quienes los malos sin haber tenido que pelear por los derechos  ni las libertades o para conseguir el bienestar social. Y sin haber tenido una responsabilidad real en la vida, como dirigir una empresa por ejemplo.

¡Claro que hay españoles de ese nivel! Pero están fuera de la política, aunque la sientan, porque esta sociedad absurda y desmembrada, cobijo de tantas insensateces, decadente por falta de retos y estímulos de esta generación que se lo ha encontrado todo hecho, les ha disuadido de aceptar cargos públicos o responsabilidades de gobierno.

Es necesario que se haga lo que sugiero o cosas parecidas y hacerlas pronto. Antes de que se emponzoñe más lo que ya presenta síntomas de gangrena social. Puede que este momento no sea o no parezca tan grave como aquel del año 77, pero también es gravísimo y no se puede perder tiempo decidiendo si son galgos o podencos.

Y si este escrito te parece bien, no porque sea mío sino porque refleja el estado real de la sociedad española, divúlgalo. Y si no es así dime en que me he equivocado. Explícame cuales son las otras alternativas. Pero no nos quedemos quietos y callados. ¡Ahora no!

Un comentario en “La segunda pandemia del coronavirus: la económica.

  1. No, no hay que quedarse callados ni quietos. La que nos viene encima es una situación económica pavorosa. Habrá que conseguir préstamos para cubrir el mordisco al déficit que habrá que dar… y despues devolverlos. Ardua labor para cualquier gobierno, y más para uno minoritario.

    Pero sigo pensando que no hay que precipitarse. No se sabe de qué tamaño es el parche que habrá que poner. Mal de muchos, consuelo de tontos. En este caso va a haber muchos afectados: Europa casi al completo, EEUU. Gran Bretaña, Japón y otros. A lo mejor nos consuela ver que hay otros en parecida situación y que esto habrá que arreglarlo entre todos. Por eso me parece conveniente, en un mundo tan globalizado, otear cual es la situación general y hacer previsiones entre todos. Previsiones que no son nada fáciles.

    Se habla de unos nuevos pactos de la Moncloa. No creo en ello. Los pactos de la Moncloa fueron únicos para resolver una situación política, social y económica que se dió sólo en España en un momento dado. El pacto necesario ahora debe darse entre estados soberanos, más que entre partidos políticos. En España en 1977 confluyeron unos políticos impresionantes, con alta calidad de miras. Ahora no los hay, ni aquí, ni en Europa, ni en EEUU ni en Rusia. Pero los que hay, o aquellos a los que haya que dejar paso, deben actuar conjuntamente. Si yo salgo del bache pero los demás están empobrecidos no habré conseguido nada, pues mis productos acumularán stocks.

    Hay que actuar, pero pensando y estudiando mucho antes. Como tú dices, la política debe dar paso a la ciencia y a la técnica. Y un poco de utopía tampoco viene mal, sobre todo si ésta pretende socorrer a los más desfavorecidos. A lo mejor hay que reordenar la producción, el consumo, el comercio, la especulación, el turismo, los transportes. Y meterle mano al cambio climático. Para resolver eso no hay gobierno posible en España, ni cabe hacer pactos para arreglarlo. A grandes males, grandes remedios. Pero no con imprevisión y apresuramiento. Pensándolo entre todos muy bien antes.

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