El hantavirus y la maldición de los políticos españoles “busca titulares”.

Saltó la noticia del virus y, de inmediato, los asesores de todos los partidos se pusieron a estudiar cómo sacar rédito político a la noticia, incluso antes de que los científicos y las autoridades sanitarias de todo el mundo advirtieran del peligro real de la enfermedad y las medidas a tomar con los pasajeros del Hondius y con los que han tenido contacto con alguno de ellos.

Y también las cadenas de televisión, a las que cada desgracia les permite llenar horas y horas de información sensacionalista a muy bajo coste.

Y , cómo no, esta mañana, Tenerife ha tenido el honor de recibir a tres ministros, uno de los cuales no tuvo tiempo de acudir al funeral por los dos miembros de la Guardia Civil muertos en acto de servicio.

Porque lo primero es lo primero.

Políticos de todos los signos que saben, como la mayoría sensata de España, que no hay la más mínima posibilidad de que se produzca un contagio durante el desembarco y traslado de los que todavía permanecen en el barco, a sus hospitales de referencia, pero que han exagerado hasta el límite los supuestos riesgos, para asegurarse de que los titulares de los periódicos les señalen como salvadores del pueblo español, sino de la humanidad entera.

Cuando sí saben, ¿cómo no van a saberlo? que el verdadero riesgo, el que debería preocuparles y mucho, está en la plaga de ratas, animales origen de la infección, que campean por muchas ciudades de España, Valencia incluida, que podrían estar pastoreando cada noche por los puestos de Mercavalencia,  o por cualquiera de las muchas fruterías de planta baja de nuestra ciudad.

Pero de eso no conviene hablar, porque combatirlas sí que es su responsabilidad a nivel nacional, autonómico o de cualquier municipio de España.

Ratas que proliferan gracias al supuesto cambio climático, del que tanto hablan cuando les conviene.

Políticos que han conseguido que ciudadanos tinerfeños, afortunadamente pocos,  hayan salido a la calle con pancartas para pedir que el barco de los terrores no toque aguas tinerfeñas, no sea que un pez se trague un virus caído por la borda, pez que puede pescar y comerse un tinerfeño, que resultaría irremediablemente infectado y que infectaría todos los habitantes de las islas.

Manifestantes que, maldita sea, también dicen que, en una mezcla de insensatez y egoísmo, este fondeo puede perjudicar la llegada de turistas a Canarias.

¿Nos acordamos cuando un sector de Benidorm maldecía a los madrileños que fueron a refugiarse a sus segundas viviendas cuando se anunció la posibilidad de un confinamiento general durante la pandemia?

Son los mismos que ahora reclaman su presencia para llenar las arcas de los mismos hosteleros y comerciantes que entonces rechazaban su presencia.

¡Que quieren! Esta es la España, la de la majadería, la insensatez y el egoísmo, que han construido los políticos de todos los signos, muy especialmente los que nos gobiernan.

Valencia, 10 de mayo de 2026

José Luis Martínez Ángel.

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