Éramos pocos y parió la abuela. Las mociones de censura y las disoluciones de parlamentos

De todos es conocido que el otro día comenzó otro capítulo del carajal que tienen montado una parte de los políticos de la  nación, cuando Ciudadanos decidió presentar una moción de censura contra el presidente de la Comunidad Murciana.

Y como este es un país donde es imposible aclarar quienes son los buenos y quienes los malos, en este sainete trágico cómico no tenemos más remedio que suponer que todos son malos. O, al menos, que la mayoría lo están haciendo muy mal.

Es evidente que el gobierno autonómico presidido por el Partido Popular no debería haber abusado del poder para vacunar a personal de la Consejería de Sanidad, aunque también es cierto que los responsables del desaguisado ya no están en la administración murciana porque dimitieron, o les hicieron dimitir cuando se conoció la noticia y  a petición de Ciudadanos.

Y también que Ciudadanos podría haberse desvinculado del pacto de gobierno el 21 de enero que es cuando se conoció la noticia y dejar en minoría al gobierno del PP, que no hubiera tenido más remedio que convocar elecciones.

En lugar de ello exigió dimisiones entonces, que obtuvo y ha esperado hasta ayer para presentar una moción de censura junto con el PSOE. Me parece mucho tiempo el transcurrido entre la causa aparente y la reacción en forma de moción de censura, pero yo soy uno más de los mortales que no entiende la forma de proceder de los políticos.

Y Ciudadanos, decía, registró la moción presentando como candidata a la hasta ahora vicepresidenta del gobierno murciano. Otra originalidad en la política, posiblemente inédita: presentar una moción de censura al gobierno del que forma parte. Porque Pablo Iglesias ejerce de oposición al gobierno del que es vicepresidente, pero no ha llegado a este extremo. Al menos hasta ahora.

Insisto en que es imposible determinar cuál es la verdadera razón de esta medida, porque si solo son las vacunas la cosa se habría zanjado con la dimisión de los responsables sin crear más problemas a los murcianos que, como nos ocurre a todos los españoles, bastante tienen con lo que tienen.

Y es sabido que este movimiento creó alarmas generalizadas en otras zonas de España por algún que otro amago de mociones en otros lugares y que la presidenta de Madrid, que dijo sentirse amenazada, decidió convocar elecciones.

Todo ello me ha hecho pensar, otra vez, en el muy lamentable nivel de la política española gracias al muy lamentable nivel de los políticos que la practican. O para no ser injusto diré que no son todos, pero sí muchos.

Porque la deriva de los últimos años nos ha llevado poco a poco a que ellos adquieran tics indeseables, llegando a situaciones realmente esperpénticas y a que nosotros las aceptemos como normales. Me explico:

Resulta que en la Comunidad de Madrid la presidenta se siente amenazada, no se si con razón o sin razón y disuelve el parlamento.  Y a dos de los partidos allí representados les falta tiempo para preparar sendas mociones de censura que registraron una o dos horas después.

Primer disparate. ¿Cómo se puede entender el desarrollo de dos mociones de censura al mismo tiempo desde diferentes partidos? Sería una especie de “ménage a trois” de las ideas, en este caso para marcar diferencias con el resto de las formaciones, que hubiera sido interesante conocer por lo irracional de la situación: dos candidatos peleando con el otro y con la presidenta de la Comunidad, queriendo demostrar que cada uno de ellos es el mejor, la solución.

La segunda consideración es que los “mocionistas” dicen que la disolución del parlamento no es efectiva porque no ha sido publicada en el Boletín de la comunidad. ¡Acabáramos!

No entiendo de leyes, pero la lógica me hace suponer que lo importante es la disolución formal en sesión convocada al efecto y no la publicación en el boletín oficial. Porque, es un suponer, si hay algún tipo de impedimento técnico para imprimir el boletín de la comunidad en diez días no parece que sea de recibo que la disolución no sea efectiva hasta que se pueda leer en un papel.

Como soy poco ilustrado en estos asuntos, quiero suponer que la autoridad la tienen los presidentes de las autonomías y no el papel impreso que solo sirve para hacer público lo que ya había decidido “la autoridad competente”. Según este planteamiento, la única posibilidad de reventar decretos de disolución sería que las sesiones se celebraran en secreto, para no dar pistas y a las doce menos cuarto de la noche, única forma de que el boletín se publicara antes del horario oficial de los registros de las cámaras.

A la vista de la situación creada y los avances de la tecnología, sería de desear  que se tengan que cambiar los protocolos de información a la ciudadanía,  de forma que las decisiones adoptadas en cada uno de los  órganos competentes se adelante por internet al final de cada sesión, con independencia de que todas ellas se refundan en el Boletín Oficial correspondiente que, por cierto, tampoco es necesario que se imprima en papel. De hecho ya hay publicación del boletín en PDF, pero siempre al día siguiente del que se tomaron los acuerdos o se decretaron leyes.

Y que esta información digital, la parcial e inmediata a cada pleno,  tuviera el mismo valor legal de notificación que los propios boletines.

La tercera conclusión, la más lamentable para mí, es el temor reverencial a las urnas que tienen todos estos partidos de nuevo cuño o los tradicionales con poca fuerza en el Congreso o los parlamentos regionales.

Las mociones de censura son una herramienta legal que se ha empleado muy pocas veces en la historia del parlamentarismo democrático. Es legal, pero atípica. Está pensada para situaciones muy concretas y tiene como objetivo  presentar una alternativa mejor a las actuaciones del gobierno de la nación o de los autonómicos, por lo que no están previstas para derrocar gobiernos, sino para sustituirlos por otros que ofrezcan garantías de gobernar mejor.

Que parece lo mismo, pero no lo es.

Y muchos partidos tiene miedo a las urnas porque tanto en el Congreso de la Nación como en los parlamentos autonómicos, su composición y poder representativo es una foto fija de los resultados obtenidos en las últimas elecciones. Resultados que podrían no ser los mismos  en cada uno de los momentos políticos en que se producen las circunstancias especiales.

Y es por eso por lo que se está poniendo de moda intentar convertir en norma lo que está pensado como excepción.

Yo soy muy poco aficionado a referéndums o consultas cada dos por tres y sigo pensando que lo mejor es que las elecciones se celebren cuando están previstas en la Constitución y que sean los ciudadanos los que decidan con sus votos si el partido o los partidos que soportan el gobierno lo han hecho bien o mal, reservando las mociones de censura para situaciones realmente alarmantes que no pueden esperar el tiempo que falta hasta los próximos comicios.

Por lo que nos encontramos con que los partidos que tienen poco poder y que temen tener menos si se convocan elecciones (y hablo de Podemos, IU o Ciudadanos de la comunidad madrileña o Ciudadanos de Murcia)  huyen de las elecciones como el diablo del agua bendita y tratan de forzar los mecanismos de la democracia con trucos y tratos, legales sí, pero impropios de nuestros tiempos y de muy dudosa calidad democrática.

Y de la locura de nuestra situación política tenemos un hecho de última hora. Se ha confirmado el reparto de escaños y el nombramiento de la presidenta de la cámara y de los miembros de la mesa en Cataluña y resulta que  después de un largo periodo de concesiones y prebendas, el gobierno resultante es más radical que el anterior y tiene más definido su objetivo de alcanzar la independencia.

Pedro Sánchez se ha llenado la boca proclamando a los cuatro vientos que Rajoy era un fabricante de independentistas en Cataluña (no se ha atrevido a decir que era la razón de ser de Bildu de puro milagro) para justificar su actitud con los protagonistas “del proces”.

Nunca lo he creído pero, de ser así, su gobierno los ha potenciado en la misma medida que les ha enriquecido. Pese a “entenderlos” tan  bien, a cederles competencias, a tontear con la gravedad de sus intentos de formar una república catalana y de hacer la vista gorda a sus desplantes a la corona y otros estamentos del estado y su falta de lealtad institucional.

Con un  gran deterioro de la convivencia de los españoles, catalanes y no catalanes, divididos por esta cuestión y con un coste muy importante para las arcas del Estado que, al final, no ha servido para nada.

Corrijo: ha servido para que hayan influido de forma incomprensible en las decisiones del parlamento, para que se sientan mucho más poderosos de lo que eran y, en mi opinión, de lo que reamente son.

Todo ello gracias a que, como escuché decir el otro día a Ignacio Camacho, Pedro Sánchez “no está en la política, está en el poder”. Y para mantenerlo hará lo que haga falta.

Y yo me pregunto lo que se preguntaba Iriarte en su diálogo entre el potro y la ardilla:

Tantas idas
y venidas,
tantas vueltas
y revueltas
quiero, amiga,
que me diga,
¿son de alguna utilidad?

Tengo la muy romántica esperanza de que todo esto sirva para que los que tienen que hacerlo se den cuenta del daño que están causando a la nación y al sistema democrático.

Y a los partidos serios, especialmente al PP que es y al PSOE que debería ser, que no pierdan ni un momento más en mentiras, justificaciones, alusiones al pasado y “tu mases”. Que nos hablen de proyectos futuros.

Decía Winston Churchill, personaje histórico al que vale la pena escuchar, que “nunca llegaras a tu destino si te paras a tirar piedras a cada perro que ladra

Por favor, hablen de proyectos, de futuro, de cómo van a cambiar el modelo productivo, en como facilitar el empleo o de cómo atajar el maldito coronavirus que nos está machacando, de cuando cambiarán la maldita ley electoral que “disfrutamos” y que es la verdadera causa-raíz de nuestros problemas y de cosas por el estilo.

Y no hagan ningún caso, ninguno, a los que les hablen de errores del pasado o de “enormes escándalos” inventados sobre temas que no interesan a nadie, excepto a los inventores de los nuevos argumentos tóxicos para la convivencia y el consenso.

No pierdan el tiempo tirando piedras a los que basan su popularidad en el populismo y el rufianismo parlamentario. Pasen de ellos. No contesten siquiera cuando les interpelan. Hablen del futuro y no permitan que les sigan enredando una y otra vez con los mismos tópicos.

Y cuando les digan “el que calla otorga” tampoco les hagan caso. El que calla, según entenderíamos la mayoría de los españoles no otorga, es que no tiene nada más que decir porque ya lo ha dicho todo.

Dejen todas esas cosas para los pequeños rufianes parlamentarios

Por cierto. Después de escribir este texto me entero que la moción de censura de Murcia puede fracasar y no me extraña en absoluto.

No se si los parlamentarios han reflexionado o si les han convencido. Y en este último caso también ignoro si ha sido con argumentos o con dádivas.

Lo que tengo claro es que este cambio, de producirse, deja en muy mal lugar a la cúpula de Ciudadanos y un poco con el trasero al aire a los pensadores y estrategas del equipo de Pedro Sánchez. Ya van algunos errores y puede que a Iván Redondo se le caiga parte del pelo que se ha implantado.

Las decisiones de Ciudadanos y el refrán “no hay mal que por bien no venga”

Lo decía en uno de los párrafos de un comentario anterior publicado en mi blog, titulado” El día después de la ruptura PSOE – Podemos”:

Ciudadanos tienen una gran papeleta por delante porque es evidente que nunca podrán ser un partido de gobierno. Y ser un “influente”, un partido bisagra en el espacio del centro derecha, siempre ha acabado mal. Los españoles tienen que tener muy claro cuál es su ideología real y bajo qué condiciones pactaría con el PP o con el PSOE

Pues bien, a la vista de los acontecimientos de hoy parece que las cosas se han precipitado y que Ciudadanos ha decidido su segundo intento de suicidio. El primero provocado por algunas decisiones equivocadas y, sobre todo, muy erráticas de Albert Ribera, suicidio que resultó frustrado y este segundo al presentar algunas mociones de censura en autonomías y ayuntamientos de España.

En el primer momento parecía que había sido iniciativa propia de algunos de sus representantes en Murcia buscando un mejor “acomodo” a la vista de las disidencias internas, que de eso saben mucho en el partido y muy especialmente en Valencia, donde todos los representantes de Ciudadanos se salían del grupo después de haber sido elegidos en lista cerrada, pero por las informaciones conocidas posteriormente parece evidente que es una decisión de la cúpula del partido que, francamente, no estoy seguro de quién la compone en este momento.

Iniciativa que causará algunos daños colaterales en el PP por la pérdida de Murcia y de algún otro punto de poder, pero que, a la larga y a poco se esfuercen en hacerlo bien, le va a beneficiar sin ninguna duda.

Y así será, me figuro, porque Ciudadanos se ha unido al PSOE formando ese grupo de dos que deciden alianzas muy en contra, o al menos inesperadas, de lo que suponían sus votantes. Porque una buena parte de ellos, los que procedían del PP o desde la abstención, apostaron por un partido que nació pujante y con un mensaje muy claro sobre  sus objetivos y la razón de ser de su aparición en  la arena política.

Aunque lo cierto es que siempre se ha supuesto que era un partido financiado por grupos de poder que temían derivas no deseadas del Partido Popular por los que lo financiaron. Una especie de alternativa para ocupar un espacio electoral que alguien se temió que podía quedar vació o que lo ocupara quien no debía.

Sin embargo y navegando contra corriente como es tan frecuente en mí, creo que esta maniobra va a resultar beneficiosa porque, como digo, aclarará mucho las ofertas de los grupos políticos actuales.

Y siendo muy cierto que en este momento no hay forma de desalojar con los votos, única forma legítima en democracia, a un “sanchismo” apoyado por Podemos y por todos los “anti España” habidos y por haber porque incluso resultará más reforzado con el apoyo abierto de Ciudadanos, estos hechos van a dinamitar una situación insostenible con un gobierno incapaz de gobernar, como se está demostrando cada día, dividido por  la ideología de sus componentes y apoyado por quienes saben que un cambio de presidencia, sea del PP o del propio PSOE, pero con otro candidato, acabaría definitivamente con ese chantaje indigno de unos y un chupar de la teta de otros, exactamente igual de impresentable.

Y de la  misma forma que he opinado que el 23F fue un mal que sirvió para bien, porque actuó como reválida de la democracia al permitir que toda España supiera quién era quién y con quien se podía contar en el proyecto de la nueva nación, este movimiento de peones de Ciudadanos  aclarará mucho el tablero electoral.

Porque solo hay dos partidos que tienen muy delimitados sus campos de actuación: VOX, que tiene el hándicap de que no es partido de gobierno y el Partido Popular, que está recibiendo cada día las cornadas políticas de “los” partidos de gobierno y de algún otro de la oposición  y el desgaste personal de sus dirigentes por defender sus límites ideológicos. Límites que les permitirían pactar, sí, con el PSOE o con otros partidos, pero únicamente en cuestiones de Estado.

Es más, después del mal resultado de la tolerancia y el buenismo de un hombre negociador y poco agresivo, como fue Mariano Rajoy y el acoso mediático de la corrupción, como si hubiera sido el único partido que la sufrió, o el que más, tengo la seguridad de que negociarán muchas cosas, pero cederán en muy pocas si suponen un fraude para la ciudadanía.

Por lo cual no sé si este castillo de naipes que tenemos montado en España, modelo de desastre en la gestión y asombro de la Comunidad Europea, resistirá unas elecciones generales, pero me temo que no.

El inevitable principio del fin de Ciudadanos se demostrará, ya se está demostrando, con el desmarque de algunos de sus representantes en las comunidades que han renunciado a presentar mociones de censura porque dicen que deben hacer honor a sus compromisos y, estoy convencido, porque entienden que es lo mejor para sus ámbitos de responsabilidad.

Y un caso paradigmático es el de Madrid, en donde Díaz Ayuso ha tomado la iniciativa convocando elecciones antes de que le presenten mociones de censura, dejando con el trasero al aire al eterno “sí pero no” Ignacio Aguado, que la ha tachado de irresponsable y donde Villacís ha dicho que con ella no cuenten porque se siente cómoda en un proyecto que está mejorando sensiblemente la gestión y el acercamiento a la ciudadanía del Ayuntamiento.

Muy, muy interesante. Y como no podemos ir a peor, sería muy difícil, solo queda un camino: el de la mejora en la claridad de la clase política.

Ahora sí ha llegado el momento de que los mochuelos dejen de revolotear y que cada uno de ellos se dirija a su olivo. O como dice la gente sana de nuestra geografía rural, de separar “las preñadas de las paridas”.

Lo que resultará muy interesante es conocer la actitud de los actuales pesos pesados de Ciudadanos en cada uno de sus campos de actuación. De algunos, como la de Villacís o la de los representantes en Castilla León ya la conocemos. De otros como el valenciano Tony Cantó, por ejemplo, la sabremos muy pronto.

Claro que todo esto puede ser una simple fabulación de alguien enamorado de la política, que nunca ha pertenecido a ningún partido político aunque tenga un perfil liberal al estilo anglosajón y que, eso sí, sigue con mucha atención lo que se escribe y se dice cada día, incluida la letra pequeña, en este país de nuestras desdichas.

Valencia, 10 de marzo de 2021

“A moro muerto, gran lanzada” y los escribidores de la falsa historia de Pedro Sánchez

Conocido refrán que hace referencia a la cobardía consistente en aparentar un gran mérito por atacar a quien ya está vencido.

Tenemos a un bravo presidente que se ha enfrentado a un Franco muerto cuando ni existía él ni apenas unos pequeños restos de un franquismo que empezó a extinguirse el mismo día de la muerte del dictador, pero que exageraron deliberadamente en fuerza y número porque así convenía al relato. Y un Franco a al que, evidentemente, nunca se enfrentó en vida, entre otras cosas porque no tuvo edad para hacerlo.

La imagen de ayer fue la de un presidente que machacó las armas de ETA  sentado en una silla porque no procedía hacerlo “in person”. Una organización, ETA, a la que nunca combatió y a la que apenas ha condenado más allá de lo que exigía el guion en cada momento. Incluso no hace tanto que dio el pésame a Bildu, sus herederos,  cuando se suicidó en la carcel uno de sus presos por delitos de sangre.

Pero se buscaba la imagen de una especie de héroe que ha puesto fin a la historia de ETA como en su día dijo poner fin a la de Franco y el franquismo y, como consecuencia, el verdadero comienzo de la democracia.

Imágenes falsas, símbolos prefabricados por su entorno mediático, verdaderos artistas en la materia.

Se quería proyectar el  mensaje subliminal de que no fueron las Fuerzas de Orden Público bajo las órdenes de presidentes anteriores las que se incautaron de las armas que ETA nunca entregó, pese al paripé montado con los “negociadores internacionales”. Una imagen que pretendía ser potente, pero que resultó sumamente ridícula para los que tenemos cierta edad y una sensibilidad especial con los temas relacionados con los asesinos terroristas. Porque al final, lo más destacable fue la soledad del protagonista de estas ficciones que no consiguió la presencia de ninguno de los que realmente hicieron o participaron en la historia del fin de ETA.

Repito que los etarras, por mucho que se quiera tergiversar lo que realmente ocurrió, nunca entregaron las armas. Fueron derrotados por las fuerzas del orden y por una sociedad que ni les toleraba ni les disculpaba a raíz del asesinato de Miguel Ángel Blanco. Una sociedad que, en definitiva, decidió que el miedo no era coartada suficiente para soportar aquella situación.

Para mayor gloria de un presidente que nunca, hasta ahora, ha tenido que mirar hacia atrás cuando paseaba por la calle por si le perseguía un asesino de ETA o un policía de “la social” del franquismo, porque nunca ha estado ni en primera, ni en segunda, ni en tercera línea entre los amenazados por ninguno de los “peligrosos” de nuestra historia reciente. Ni comprobar si había alguna bomba adosada a los bajos de su coche.

Y digo “hasta ahora” porque ahora sí, ahora no puede ir solo y tranquilo por la calle para evitar  que alguno de los viandantes le diga lo que piensa de él. Y una parte de ellos, la mayoría, no creo que alberguen buenos pensamientos.

Está claro, muy claro, que a nuestro presidente le están tratando de construir un perfil tan falso como lo fue, según se dice, su tesis doctoral. Una especie de “Chanson de Roland” para un guerrero que, eso sí, esperaba a que el enemigo hubiera muerto para aparecer, tan valeroso él, dándoles grandes lanzadas.

Lo de ayer fue sencillamente alucinante. Pedro Sánchez no tuvo nada que ver con el final de ETA y más bien está tratando de blanquear su memoria hablando de convivencia, de pasados lejanos que son rabiosa actualidad si se trata de un franquismo extinto, permitiendo homenajes populares a los asesinos condenados que salen de las prisiones una vez cumplidas sus condenas, que pacta con Bildu,  sus sucesores en política y que está apunto de transferir la competencia de prisiones al País Vasco para que la utilice a su libre albedrío y a cambio de no se sabe que, como está ocurriendo en Cataluña.

Por lo que el acto, que iba a ser brillante y simbólico,  se quedó en una especie de foto fija tan vacía de contenido como de honorabilidad. Personalmente creo que lo sucedido ayer fue un fallo garrafal de la factoría Redondo porque no ha conseguido el fin propuesto.

Veo en un periódico español este titular:

“El entrenador de Sánchez en el Estudiantes reconoce que era un poco “paquete””.

Destaca alguna de sus virtudes como la tenacidad como marcador, por ejemplo y que hacia piña en el quipo. Tenacidad sí que tiene, sin ninguna duda, pero parece que nunca fue una estrella.

Y que hacia piña con el equipo es evidente a juzgar de como está tratando a sus ex compañeros, alguno con cargos en la función pública y otros invitados en sus vacaciones a las residencias de Patrimonio Nacional. Presuntamente, por supuesto, porque yo no estaba allí.

En resumen: tenemos un presidente experto en mejorar su propia imagen exagerando hechos reales o inventando otros si fuera necesario, pero muy poco aficionado a visitar negocios hundidos, colas del paro o del “hambre”, hospitales, funerarias y cualquier otro lugar que ponga en peligro su perfil de triunfador. Que le acerque a la realidad del país que gobierna

Un hombre que donde pone el ojo pone la lanza, aunque el lanceado ya estuviera completamente muerto. Eso no deja de ser un detalle nimio que no puede empañar la grandeza de la gesta.

El día después de la ruptura PSOE – Podemos.

No tengo ni la más remota idea de la estrategia que tendrá preparada la factoría Redondo para el día que se produzca la ruptura con Podemos, pero seguro que tendrá alguna porque la cosa será sonada. Muy sonada.

Y lo será porque Pablo Iglesias se revolverá como un jabalí herido y empleará todas sus energías, su capacidad de influir en su electorado, que no será tanta y de movilizar a todos los desnortados, antisistema, anarquistas y alborotadores que pueda agrupar para llenar las calles con protestas y manifestaciones.

Por lo que el gobierno actual tendrá dos frentes importantes:

El parlamentario, en el que se escucharán palabras fuertes y secretos guardados hasta ahora y en el que Podemos se esforzará muchísimo en desgastar al gobierno de Sánchez, al que tildará de incumplidor de pactos y compromisos, traidor a la clase obrera, antifeminista, insensible a los sentimientos de las regiones “diferentes” y, en definitiva, de ser el causante del fracaso de un gobierno “democrático y progresista”

La calle, porque Podemos recuperará su vieja teoría de la democracia popular y tratará de conseguir alborotando lo que no pueda conseguir negociando o votando en el parlamento. No tardarán en darse cuenta, si no lo saben ya, de qué las presiones populares de minorías no acobardan ni chantajean a estados democráticos consolidados, pero eso no evitará que utilicen esta estrategia porque, como buenos comunistas, lo llevan en el ADN.

Es evidente que lo demorarán todo lo que puedan porque ni le conviene a Sánchez, que perdería los apoyos de los radicales y se vería obligado a pactar con el PP si quiere mantenerse en la Moncloa, ni al muy ocupado vicepresidente que volvería a sentir el frio de la calle, de la carencia de privilegios especiales y de su tiempo disponible para ver sus series de televisión preferidas que son, a lo que parece, su mayor ocupación actual.

Y porque la factoría Redondo será consciente, sin ningún género de dudas, que el momento de la ruptura será el ideal para que la derecha española, especialmente el PP, recupere posiciones relevantes si consigue transmitir el mensaje de que son el único que puede ofrecer experiencia, solvencia y garantías de buena gestión en una nación destrozada social y económicamente.

Espero que también ellos, los estrategas del Partido Popular, se estén preparando para el momento, sea dentro de un mes o de dos años y no les pille con el paso cambiado como ha ocurrido en otras ocasiones.

Momento en que, espero, todo el mundo volverá a su casilla inicial:

El PSOE necesitará una refundación porque tiene que resolver una fractura interior de mucho calado y  porque necesita reforzarse para defenderse de los envites de los partidos de la oposición y también de sus enemigos naturales, los comunistas. Porque es un hecho conocido la falta de entendimiento tradicional, incluso los odios personales, que se han producido entre ambas formaciones en la historia reciente de España.

El PP tendrá que consolidar los cambios recientes y vender la ilusión de que pueden liderar un futuro mejor para España,  retomando los valores que le hicieron merecer la confianza de los españoles y reforzando sus mecanismos de control interno para que no se repitan los escándalos de corrupción que tanto daño le han hecho.

Ciudadanos tienen una gran papeleta por delante porque es evidente que nunca podrán ser un partido de gobierno. Y ser un “influente”, un partido bisagra en el espacio del centro derecha, siempre ha acabado mal. Los españoles tienen que tener muy claro cuál es su ideología real y bajo qué condiciones pactaría con el PP o con el PSOE.

Lo de Vox es diferente. Tratarán de mantener su posición pero, en mi opinión, es un partido con techo electoral que se reducirá conforme mejore la imagen del PP.

Si los dos grandes partidos aprendieran la lección, la famosa “lesson learned” anglosajona, huirían de repetir aventuras como la de ponerse en manos de partidos anticonstitucionales o independentistas que tan malos resultados han dado en los últimos años y abrirían una nueva vía hasta ahora no conocida en España: Pactos de Estado, no necesariamente gobiernos de coalición, entre el PP y el PSOE, con presidencia de gobierno para el partido más votado.

Es decir: recuperar el bipartidismo que tan bien funcionó porque ofrecía una alternativa clara de gobierno, con acuerdos puntuales con otros partidos “de fiar”. Y se acabarían los chantajes de los antiespañoles y los pagos en dinero o en transferencias al PNV, que siempre saca partido de las crisis gobierne quien gobierne. La próxima, la transferencia de prisiones pese a la fatal experiencia en Cataluña.

Aunque para ello ya deberían estar negociando los hombres en la sombra de cada partido, o utilizando a intermediarios solventes que faciliten  llegar a acuerdos satisfactorios para ambas formaciones, teniendo menos en cuenta los intereses de personas de cada formación, incluso con renuncias importantes de los dos partidos, en favor del interés general.

Que son tiempos muy difíciles y hay que tomar decisiones originales, porque lo que tenemos ahora no nos sacará del atolladero en el que nos han metido el gobierno actual y las circunstancias de la pandemia.

De hecho espero que ya existan esos contactos.

Valencia, 4 de marzo de 2021

De cuando nuestro presidente del gobierno vuelve a querer vendernos burros viejos.

Ayer fue el día en que Pedro Sánchez, luciendo su mejor sonrisa, absolutamente relajado y en carne mortal, hizo la gracia de regalarnos una rueda de prensa con preguntas de periodistas incluida.

¿Y qué dijo? Pues tal como lo vi nada nuevo. Los tópicos de siempre

Empezó, como no, atribuyéndose el papel de gran negociador que tiene que pelear con grupos incompetentes, obstruccionistas y poco menos que enemigos de España, personalizados en esta ocasión en el Partido Popular y en Pablo Casado, ya que uno de los temas fundamentales fue la  elección de los miembros del Consejo del Poder Judicial.

Naturalmente no comentó que los inmovilistas sí han negociado la elección del consejo de Radiotelevisión Española porque eso ya es agua pasada.

Y es que en esta ocasión, como siempre ocurre con las “verdades” del “sanchismo”, todo lo expuesto fue una sarta de medias verdades  y de datos caramente tergiversados.

Lo primero es que en esta ocasión y siendo Sánchez  presidente del gobierno y el que marca las reglas del juego, la elección de vocales dependía exclusivamente de la voluntad de los partidos negociadores. Y me explico:

En la ocasión anterior recibimos la buena noticia de que la elección se hizo tomando nombres de una lista de solicitantes al puesto que pasaron un filtrado previo por méritos para poder ser elegidos.

Esta vez no. Esta vez se cumplirían condiciones mínimas, que fuera juez de carrera por poner un ejemplo muy elemental,  pero cada partido podía presentar a quien le apeteciera con independencia de su experiencia y méritos en la judicatura y su currículum profesional.

Y de eso no se ha dicho prácticamente nada, cosa que me sorprende muy especialmente por parte del Partido Popular que lleva tiempo diciendo que una de sus propuestas legislativas es devolver a los jueces la capacidad de elegir a los vocales que indica la Constitución, los que  los políticos esquilmaron a los jueces para conseguir mayor influencia en la judicatura.

En segundo lugar, todos los que hemos trabajado en empresas de cierta entidad sabemos lo que es planificar negociaciones destinadas a conseguir determinados acuerdos, a que no se llegue a ningún resultado, e incluso para que una de las partes, la contraria a la “tramposa”, aparezca como la responsable del fracaso.

Y este ha sido el caso.

Y un ejemplo palmario son las negociaciones sindicales en las que una de las partes permite grandes avances hasta que se saca de la manga “esa” condición, aparentemente de menor entidad, sabiendo que la contraria nunca lo aceptará.

En la negociación de vocales, el PP siempre ha puesto como condición que no participara Podemos ni ninguno de sus partidos afines. Estará bien o estará mal, pero era una condición previa

 El “sanchismo” aparentó aceptar, pero ha presentado dos nombres a sabiendas de lo que iba a pasar. Uno de ellos porque era una línea roja del PP, el juez que provocó la caída del gobierno de Rajoy por un párrafo que incluyó en la sentencia y por el que fue amonestado por el Consejo del Poder Judicial porque lo consideró impropio y argumentativo y el otro porque se trata de una juez de muy dudoso perfil personal, que ha protagonizado algunos escándalos a casusa de su prepotencia, que pertenece al grupo “podemita” y que ocupa un puesto importante en el ministerio de la confusión sexual.

Es decir, “Podemos no participa, pero yo actúo como su quinta columna en la negociación”. Si eso no es jugar con cartas marca y con el propósito de, o llevarse al gato al agua o presentar al PP como el gran bloqueador, no sé qué más podría ocurrir.

El otro punto gloriosos fue su condena al rey emérito por sus problemas con hacienda y el halago al Rey actual. No hace falta que repita, por repetitivo,  mi cabreo y mi decepción con la actitud personal de Juan Carlos I, pero no deja de ser una novedad que Sánchez, el gran prestidigitador de la política, haya tocado este tema personalmente en lugar de dejar ese papel a Pablo Iglesias como hasta ahora. Porque no creo que le convenga.

Ayer, por ejemplo, alabó como contraste la gran labor en transparencia que implementó en la Casa Real Felipe VI. Y es absolutamente cierto. He dicho alguna vez y repito en este momento que de las páginas que consulto de vez en cuando, no las hay más transparentes que la de la Casa Real y la de la Conferencia Episcopal. Precisamente las dos que siempre están en boca de quienes debería respetarlas.

Y si quieren comprobarlo, no tienen más que visitar sus web. La de la Casa Real, por ejemplo, contiene toda la información sobre las actividades de los monarcas y, muy importante, una justificación muy detallada de los ingresos y gastos de la casa, sin ocultar nada. Partida a partida. La versión femenina de la famosa frase del Cholo Simeone.

Todo lo contrario. Todo lo contario, repito para que no hayan dudas, de lo que ha hecho Pedro Sánchez, que desde que está en la Moncloa ha seguido una escalada continuada de ocultación de datos hasta llegar al oscurantismo más absoluto.

Porque, en este caso, es absolutamente imposible conocer una gran parte de los detalles de costes y actividades de nuestro presidente porque los que ha etiquetado como “secretos de estado”. Y, como consecuencia, el nivel de transparencia ha caído en picado si se compara con el de anteriores presidencias de gobierno.

Y, al hilo de este mismo argumento, conoce y ataca las actividades del Rey emérito, pero es imposible saber si él mismo está usando los recursos del estado, transportes aéreos incluido o alojamientos en palacios y fincas de propiedad pública, para usos particulares, para los que puede tener algún derecho, o  al servicio de alguno de sus amigos personales.

Ya no me meto con el uso de estos medios al servicio del partido y no del gobierno, cosa que no hacía ninguno de sus predecesores, sino para usos personales. Todavía recuerdo el escándalo que se montó cuando Alfonso Guerra utilizó un avión myster para que le tarjera de Portugal a Madrid al finalizar sus vacaciones.

¿A quién invita y adonde nuestro presidente? ¿Cuándo, dónde y porqué utiliza los falcon del Ejército del Aire?

Y este contraste entre la paja en el ojo ajeno y la viga en el propio, no deja de ser sorprendente. Y más que lo exhiba públicamente. Pero a estas alturas ya sabemos que entre su labia y las estrategias de la factoría Redondo, Pedro Sánchez es capaz de vendernos todos los burros viejos que quiera y cuantas veces le dé la gana.

Yo quiero que se negocien los vocales, claro que sí, y me gustaría la mayor limpieza posible aunque, por otra parte, soy un convencido de que los jueces, salvo contadísimas ocasiones, cuando ejercen como tales mantienen una independencia de criterio muy alta. Y que los que se dejan “querer” por unos, los corruptos, lo menos, pueden dejarse querer por otros al día siguiente.

Y, precisamente por eso,  a los que hay que excluir es a  los pocos que entran en ese grupo de “las contadísimas ocasiones”.

Y la prueba del algodón de la sensatez final de los jueces  la tenemos en que, ayer mismo, el consejo aprobó por unanimidad suspender el calidad democrática y legal el bodrio del “sí es sí” de nuestra muy preparada ministra de igualdad. Consejeros que, como es bien sabido, pertenecen a todas las tendencias existentes en la judicatura.

A mí, por ejemplo, me ha parecido bien que se haya consensuado el consejo de Radiotelevisión Española. Seguro que ha ganado el sanchismo pero no me importa. Primero porque cualquier cosa es mejor que la que había y segundo porque, por desgracia, soy consciente de que todos los gobiernos han arrimado el ascua a su sardina mientras tuvieron poder.

Unos más que otros, pero todos.

Las luces y las sombras del Partido Popular

Casado nos sorprendió el lunes con una solución a los problemas del PP realmente original: cambiar de sede. Porque, por lo que parece, creen que el problema está en el continente y no en el contenido, que si aparece una cucaracha dentro de una lata de zumo de tomate, la culpa es de la lata y no de la propia cucaracha o de la cadena de envasado.

Posiblemente hay otras razones para el cambio, razones económicas o de incomodidad en la localización, porque ya se venía rumiando hace años, pero tal como se presentó parece que sea un edificio con fantasmas, como el palacio de Liria, o que está gafado. Yo, en su caso, desconfiaría de buscar la nueva sede en el mismo Madrid, por si las moscas, e incluso pensaría en sacarla de España y ubicarla en la Alemania de Merkel para más seguridad.

Una clara demostración de que, también Casado, cree que los españoles somos mucho más tontos que los dirigentes políticos que nos ha tocado padecer.

Y renunciar a la historia de un partido me parece un enorme error porque todos ellos, los tradicionales, tienen luces y sombras y en todos ellos ha habitado temporalmente algún que otro chorizo. Muchos menos de lo que parece, pero con historias muy mediáticas.

Pero todos ellos han hecho grandes cosas y muchos sacrificios personales y de partido para conseguir el nivel de democracia y de bienestar social de los que disfrutamos.

Y, puestos a analizar, he meditado sobre cuales pueden ser las razones de que Pablo Casado y su Partido Popular, teniendo un grupo de dirigentes de buen nivel y limpios de polvo y paja en asuntos del pasado, no acabe de encontrar su lugar en el sol y “enamorar” a  la opinión pública. O al menos despertar su interés.

Lo primero que se me ocurre  es que el PP se ha convertido en un partido claramente a la defensiva, mucho más preocupado de salir airoso de las embestidas parlamentarias del gobierno, que actúa con toda comodidad como oposición de la oposición y del resto de partidos, los más próximos y los más “ultra lo que sea”.

Y entretenidos en estas cuitas, no dedican tiempo a diseñar una estrategia capaz de “vender” ilusión y proyectos a la opinión pública. Porque toda su primera línea, sus caras visibles, son hombres y mujeres de marcado perfil político.

Lo que a mí, un enamorado de la política, me parece un craso error. Casado es un parlamentario brillante que apoya sus intervenciones con datos y hechos, todos ciertos y contrastados, pero que aburre a las ovejas. Son intervenciones diseñadas para demostrar o proponer cosas en el ambiente parlamentario, para el diario de sesiones, que ni entiende ni motiva al público en general. Todo lo contrario del perfil de Pedro Sánchez, verdadero vendedor de peines,  que levantando una ceja y amagando una media sonrisa es capaz de decir la mayor de las necedades o la mentira más evidente haciéndolas creíbles.

Casado, tan riguroso, nunca se “suelta el pelo” adornando sus parlamentos como lo hacía Adolfo Suarez o Felipe González, incluso Aznar, que en 2008 hablaba catalán en la intimidad.

Y todos sus colaboradores, algunos más sueltos, emplean sus artes o sus energías en rebatir los argumentos de este gobierno tramposo que nos ha tocado vivir, salvando como excepción a alguno de sus ministros, pocos, de una probada honorabilidad.

Yo les recomendaría que cambien radicalmente de actitud y que pasen de la defensa cerrada a un “centrocampismo” bien trabajado y unos delanteros brillantes y eficaces. Que los hay.

Algunos recordarán al anciano profesor Barea, el que fue director de la Oficina Presupuestaria del Gobierno con José María Aznar, que hasta osó llevar la contraria en público a su propio presidente, pero que cuando hablaba de economía con aquella voz suya de profesor cascarrabias lo entendíamos a la perfección.

Seguro que el partido tiene expertos en sanidad,  sociólogos, o juristas notables que den buena imagen y que sean capaces de resumir temas complejos en frases cortas, directas y entendibles por todos. Que nos digan sin rodeos ni eufemismos cuál es su modelo de sanidad, o que medidas concretas piensan adoptar en todas las áreas si llegan al gobierno.

Que llenen ruedas de prensa, intervenciones en las televisiones o en las redes sociales de proyectos y propuestas. Y las hagan en “román paladino”, en el qual suele el pueblo fablar a su vecino, sin perder demasiado tiempo criticando al gobierno o al resto de partidos.

Construir, proponer, ilusionar. Empezando por manifestar qué aprobarían en el primer consejo de ministros y que eliminarían de lo ya aprobado por el gobierno actual. Con valentía y sin mentiras ni medias verdades.

No se si Casado será capaz de lanzarse por una senda como la que describo, pero es imprescindible que lo intente porque es la única forma de recomponer un centro derecha tan necesario en España. Como también hace falta recuperar una izquierda honesta, sin dobles lenguajes ni compromisos contra natura.

Yo tengo otros nombres que lo harían con más solvencia entre otras cosas porque tienen más experiencia, como el señor Feijóo, pero dudo que acepte el encargo.

Porque y esa es otra. ¿Dónde están los grandes líderes del PP en los tiempos recientes, como Soraya Saenz de Santamaría, por poner un caso paradigmático? Es cierto que están apartados de la política activa, pero no lo es menos que deberían estar defendiendo a su partido con uñas y dientes desde la retaguardia con alguna declaración puntual o algún artículo periodístico. Como hizo Rubalcaba, ya profesor universitario, pese a sus enormes diferencias con sus sucesores en la dirección del PSOE.

Es una política de comunicaciones que está empleando VOX, aunque sobre temas muy puntuales que tienen más que ver con la visceralidad que con su capacidad de gestión. Porque es una política de arengas más que de programas. Y sin embargo calan entre los votantes como se ha demostrado en muchas ocasiones. Dicen que va cambiar las cosas en Cataluña, por ejemplo, pero no dicen como.

Concluyo casi con lo que empecé: El PP de Casado está muy sobrado de políticos  de nivel y falto, muy falto, de tecnócratas brillantes y con capacidad de comunicar planes e ilusionar con proyectos

Solo así resultará atractivo y podrá despegarse de esa liga con la que le tiene atrapado la habilísima factoría Redondo.

Siempre desde mi punto de vista, naturalmente.

Las elecciones catalanas o el continuar como estábamos

Las  elecciones en Cataluña han tenido lugar y, como suele ocurrir en los últimos tiempos, han ganado determinadas personas, pero no lo ha hecho ni la sociedad consultada ni los colectivos de que la componen. Porque, de hecho y a lo que parece, todo se ha quedado igual que estaba.

Illa ha obtenido más votos pero no más escaños por la peculiaridad de la ley electoral catalana, lo que en la práctica supone que es una victoria pírrica porque, como le sucedió a Ciudadanos en las últimas elecciones, son votos inútiles por la práctica imposibilidad de formar gobierno.

Eso sí, lo primero que hizo es dar las gracias a Iván Redondo que, ¡oh sorpresa!, ha sido el muñidor del llamado “efecto Illa”. Y la gran pregunta es ¿cómo se puede entender que el jefe de gabinete del presidente del gobierno de la nación sea el asesor de campaña del candidato de un partido político?

Pregunta que lanzo al aire porque está claro que nadie me la va a contestar.

Conclusión: Illa no será presidente porque ningún partido independentista querrá apoyar su candidatura. Exactamente lo mismo, repito, que le sucedió a Arrimadas. Pero, eso sí, el gobierno y el partido “sanchista” le presentarán a la opinión pública española como “el gran vencedor”

VOX ha conseguido una “gran victoria” que tampoco servirá de nada. Desde el punto de vista de la imagen es cierto que ha tenido un gran éxito electoral, pero se va a convertir en una oposición “tronante”, dura y nada negociadora, que es lo último que se necesita en Cataluña en estos momentos.

Le servirá, eso sí, para su marketing en el resto de España y para reforzar la imagen de su gran líder, Abascal, que quiere emular la figura de un Pelayo del Siglo XXI, personaje absolutamente inútil en estos tiempos en los que se necesitan gestores y negociadores y no  “reconquistadores”.

Ciudadanos se ha dado el gran batacazo y en este caso sí que debe tener consecuencias de gran calado porque es un partido que nació en Cataluña y para defender a los catalanes de los independentistas. Pero no sufran. Arrimadas no dimitirá ni aceptará buscar soluciones con los partidos conservadores y continuará liderando un proyecto totalmente superado que, en este momento, más que ayudar, está perjudicando seriamente a la nación. Exactamente como sucedió en su día con Rosa Díez y su UPyD

Esquerra ha conseguido ser la fuerza que tiene más posibilidades de formar gobierno apoyado por el resto de independentistas,  aunque cada uno de ellos sea el enemigo más declarado del resto. Porque no hay duda de las enormes diferencias políticas y estratégicas entre el partido de Puigdemont, el de Junqueras y el de la CUP, del que no conozco ni líderes ni personas que puedan controlarlo.

Gana Junqueras, no pierde Puidgdemont, gana y mucho,  la CUP, Y pierden los catalanes que seguirán viendo como las empresas huyen de su autonomía y que la inversión extranjera seguirá pensando en otros lugares en los que colocar su dinero.

Y se da la curiosa circunstancia de que son los propios partidos independentistas catalanes los que están consiguiendo que los beneficiados de sus decisiones sean “els espanyols” de Madrid, la gran enemiga, de Valencia o de otros lugares de nuestra nación.

Y lo siento, pero debo ser honesto. La culpa de todo esto, los únicos responsables son los catalanes, los que votan a determinadas opciones y, especialmente los que no van a votar.

Sé que en esta ocasión tenían la dificultad añadida del COVID19, pero los que tienen un interés evidente por alguna de las candidaturas y los más radicales  sí que han acudido a las mesas electorales. Y los que no votan, sea por miedo, por pasotismo o por cualquier otra razón, son tan responsables o más que los que votan radicalismo. Con el agravante de que han tenido la opción del voto por correo.

Y no pueden esperar eternamente que sean “los de fuera” los que les resuelvan los problemas. ¡Que ya está bien!

El Partido Popular también ha sufrido un resultado desalentador, casi desastroso, pero es un caso aparte porque la política catalana nunca lo ha tenido en cuenta. Y no lo ha hecho porque la función de derecha conservadora lo cubría la desaparecida Convergencia y el PP no tenía un hueco importante ya que esta sociedad, especialmente la antaño potente burguesía, también desaparecida, no les necesitaba. Para eso y para mucho más ya tenían al “molt honorable” señor Pujol

Como ocurre en el País Vasco, donde gracias a desgracias puntuales, y valga el juego de palabras, como  los asesinatos de ETA, el PP consiguió un cierto protagonismo ganado con la sangre de sus víctimas, pero que, en circunstancias normales, la derecha conservadora de la autonomía la representa el PNV. Partido mucho más de derechas y más tradicionalista que el propio PP.

Pero, resultados aparte, Casado ha hecho una campaña para olvidar y ha perjudicado a un excelente candidato.

La moraleja es que tanto Ciudadanos como el PP tienen que meditar muy seriamente cuales deben ser sus próximos pasos y si deben darlos juntos o separados.

Porque es necesario que sus dos presidentes asuman que sus estrategias han fracasado y que se necesita un liderazgo potente que aglutine a conservadores y liberales en un solo proyecto, serio e ilusionante.

Que puede encontrarse,  muy probablemente, en el noroeste español. Lo complicado es que este líder potencial acepte dejar su zona de confort en la verde Galicia de sus antepasados para cambiarla por los páramos y  las zonas pantanosas de la política española.

Decía Rosalía de castro refiriéndose a su tierra:

“Sin ela vivir non podo

Non podo vivir contenta

Que adonde quira que vaia

Cróbene unha sompra espesa”

Pero, de ser necesario, no me cabe duda que el Señor Feijóo aceptaría la responsabilidad de liderar esa nueva transición. Porque, por lo que parece, es un hombre de Estado. Y él sabe muy bien que el Estado le necesita

Señor Iglesias, ¡menos democracia, por favor!

El otro día, nuestra ínclita portavoz del gobierno, Maria Jesús Montero, afirmó con esa seguridad que la caracteriza que cuando Pablo Iglesias cuestionó  la democracia española es porque lo que en realidad pretende es “mejorar permanentemente la calidad democrática española”

Como decía en un comentario anterior, todo depende del color del cristal con que se mira y de las referencias que se tengan. Y las de nuestro vicepresidente son, como menos, “diferentes” y todas ellas, Venezuela, Irán, Cuba o Rusia, con formas de Estado o de gobierno difícilmente reproducibles.

Porque su concepto de democracia pasa por atacar a los medios de comunicación que le critican,  a tratar de  controlar a los jueces, a amañar elecciones en su propio partido, a proponer que se normalice el insulto, que se despenalice la ocupación de viviendas, que jóvenes sin derecho al voto puedan cambiar de sexo por su propia voluntad sin ningún tipo de consentimiento ni asesoramiento propio, que se cambien las normas internas de su partido para conseguir aumentar sus ingresos personales, o que se insulte a “los otros”, monarquía, Iglesia, víctimas del terrorismo, partidos de la derecha, etc. con la sola condición de que se haga cantando porque entonces ya no es delito de odio ni ofensa, es libertad de expresión o arte.

También propone que se abra los brazos del perdón a los etarras condenados por delitos de sangre, con independencia de que estén arrepentidos u orgullosos de su “carrera” de asesinatos y que se libere a los políticos catalanes que han incumplido leyes siendo los responsables de cumplirlas y hacerlas cumplir. Y tantas otras libertades democráticas que no me extraña que viva sin vivir en él, abrumado por la magnitud de la tarea que tiene por delante.

¡Un poco menos de democracia, por favor!

Y espero de nuestra ministra portavoz que no nos siga insultando con falsas interpretaciones  y majaderías semejantes. Pero eso, me temo, también es un deseo inalcanzable.

Los gobernantes mentirosos que nos desgobiernan

En solo veinticuatro horas varios miembros del gobierno nos han deleitado con actuaciones dignas de los mejores  charlatanes callejeros, esos que antiguamente nos vendían objetos varios en plena calle subidos a una tarima. La única diferencia es que en lugar de utilizar la vehemencia verbal que les hizo famosos, ponen esa cara especial y ensayada de ser incapaces de decir una mentira.

Porque siguen pensando, y lamentablemente aciertan en la mayoría de las ocasiones, que muchos de los escuchantes aceptarán como verdad incuestionable todo lo que ellos digan.

Así, la vicepresidenta Calvo dijo que Casado y el Partido Popular tratan a la opinión pública, en la que se incluía, “como si fuéramos idiotas”. Ella, la que, junto al resto de los ministerios que coordina, ha dicho tantas falsedades o verdades a medias que no tendría tóner suficiente en mi impresora si tratara de relacionarlas.

El ministro Ábalos, el de las cuarenta maletas en Barajas, se atrevió a decir que su partido estaba “impoluto”. Desconozco si se refería al “Partido Sanchista ¿Obrero? ¿Español?”, porque si hablaba del PSOE, que tantos servicios ha prestado a España y a la democracia y lo digo sin entrecomillados ni segundas intenciones, es el que tuvo los tropiezos de Filesa, Malesa y Time-Export, el de los GAL, el que nombró presidentes de la Cruz Roja, de la Guardia Civil o de la Fábrica de Moneda y Timbre a personajes destacados que robaron de forma inmisericorde, el de los ERES, el de las connivencias con la UGT, su sindicato de cabecera, que han sembrado de escándalos buena parte de la geografía española, y el de tantos otros casos de desvíos de fondos o abusos de poder protagonizados por una parte de sus cargos públicos en autonomías y ayuntamientos.

Pese a lo cual y lo digo con toda seriedad, “era” un partido que valía la pena y que cometió el error de pensar, como ha ocurrido con todos los partidos longevos en el poder, que un hombre honrado lo es eternamente aunque pase mucho dinero o mucho poder por delante de su mesa.

Así que uno de los puntales de la democracia española, sí. Impoluto ni de lejos

Pablo Iglesias, siempre original, nos deleitó con su afirmación de que en España no hay normalidad democrática. Y posiblemente tenía razón si la compara con sus referentes tradicionales, Venezuela por convicción, Irán por conveniencia y ahora Rusia por ganar cuatro votos poco homologables entre los comunistas, los antisistema y algún que otro independentista confuso en las elecciones catalanas. O quizás, quien sabe, porque esté intentando un acercamiento con el régimen de Putin.

Que, como cantaba Antonio Molina,  el futuro es muy oscuro trabajando en el carbón.

El ministro Garzón, no le confundan con el ex magistrado que se ha convertido en un poder fáctico consorte en la sombra, afirma que las mascarillas PCR2 son menos seguras que las quirúrgicas. No sé de donde lo ha sacado y, de verdad, casi me daría miedo preguntárselo porque puede que se lo haya dicho alguno de sus extraños asesores sanitarios.

Lo único seguro es que este tipo de mascarillas atascan mejor que las quirúrgicas los aseos del hospital Isabel Zendal. Que no digo que sea él ni ninguno de sus correligionarios quien lo hace, pero alguien lo hará. Y es preferible utilizar mascarillas usadas que empapadores.

Mientras, el candidato Illa insiste en que no habrá tripartito con los independentistas. Y si lo propiciara porque fuera “lo más conveniente”, haciendo un gran sacrificio personal, la ministra portavoz de este gobierno, que de ninguna manera trataría a la opinión pública “como si fuéramos idiotas”, afirmaría sin ruborizarse, como hicieron con las promesas de Pedro Sánchez, que eso lo decía el “candidato” y que nunca lo había prometido “el presidente” .

Y como apunte tangencial, Podemos y otras firmas, entre las que figura la de Cristina Narbona, nada menos que la presidenta del Partido Socialista Obrero Español, ha pedido a la Comunidad Europea que perdone la deuda a España y a otros países.

Sin renunciar, por supuesto, a que nos sigan prestando dinero.

Soy consciente de que la Comunidad Económica Europea es, sobre todo, un gran emporio administrativo y burocrático, pero también hay cabezas muy bien amuebladas. ¿Qué pensarán de España y su gobierno viendo estas cosas?

Y digo yo si no sería posible que en la lengua de los cargos públicos se tatuara la antigua leyenda que se grababa en muchas espadas toledanas hace algunos siglos: “no me saques sin razón ni me envaines sin honor”

Aunque seguro que buscarían la fórmula de seguir haciendo lo mismo pareciendo que hacen otra cosa. Como acostumbran.

Y utilizarían, por ejemplo, la tercera acepción de la palabra “Argumento que una persona aduce para demostrar algo o convencer a otra persona de lo que dice”, en lugar de la segunda, la fetén, que define razón” como “Acierto, verdad o justicia en lo que una persona dice o hace

Lo cierto es que todas estas incongruencias me han hecho reflexionar y reconocer la gran astucia del presidente Sánchez y de la factoría Redondo.

Y la que, muy posiblemente, sea la razón que permita estos desaguisados y mantenga a su muy poco preparado vicepresidente.

¿Porque decidió cogobernar con Podemos? Es posible que su grupo de asesores, esos sí que son buenos, se dieran cuenta de que si metía a Pablo Iglesias en el gobierno y le daba cierta cancha, siempre que limitara sus poderes, como está haciendo, conseguiría dos objetivos:

Tener un interlocutor fiable para buscar acuerdos con los actuales apoyadores del gobierno sin necesidad de que él, el amado líder, visitara cárceles o se reuniera directamente con los pro etarras de Bildu.

Que el propio Iglesias sufriera un desgaste importante y creciente gracias a sus dichos y sus propuestas y, por añadidura, la formación Podemos. Con lo que conseguiría desarmar con el mínimo esfuerzo al enemigo “de siempre” del socialismo tradicional: el comunismo. Rebañando además una parte de sus votos.

Estrategia que le ha dado un excelente resultado porque en este momento, con los presupuestos aprobados, puede deshacer el pacto cuando le convenga y buscar sin prisas otros acuerdos con otras formaciones. Incluso, no diría que no, con la muy peligrosa derechona.

Claro que esta estrategia perjudica a la nación y a la convivencia pacífica de los españoles, pero no son temas que figuren entre las prioridades de nuestro presidente, más interesado en amortizar el colchón que hizo comprar nada más llegara  a la Moncloa.

La política y la salud.

En este bucle insano en el que nos ha metido el gobierno con el tema de la salud y su decisión de nombrar a Illa candidato a las lecciones catalanas, nos encontramos con el gravísimo problema de que, nombre  a quién nombre como sustituto en el ministerio, no tomará ninguna decisión que contradiga o ponga en entredicho las que tomó el ministro actual mientras ocupó el cargo.

Porque sería muy perjudicial para su imagen como antiguo gestor de la pandemia y perjudicaría gravemente su imagen como candidato.

Y así será durante todo el tiempo que dure la campaña, sean las elecciones en febrero o en mayo.

Por lo que y sin ninguna duda, la política, tal como se presenta en este momento, puede causar muertes innecesarias y evitables. Incluso muchas muertes innecesarias y evitables

La RAE define la palabra “política”, en su tercera acepción como “Conjunto de los procedimientos y medidas que se adoptan para dirigir los asuntos que afectan a la sociedad o tienen relación con ella.

Es evidente que los académicos redactores eran  mucho más altruistas y románticos que los propios políticos en ejercicio, porque de no ser así y en estos tiempos, que tampoco serán tan diferentes a los pasados en esta cuestión, una de sus acepciones sería: “coartada o pretexto que sirve a los elegido en listas oficiales para conseguir sus objetivos personales o de partido, con desprecio a la conveniencia de la nación e incluso a la de sus propios electores.