Hace más de veinte años y de manera profética, la madre de Joseba Pagazaurtundua, sargento de la Policía Municipal de Andoain asesinado por ETA, escribió una carta a Patxi López, en aquel momento presidente del Grupo Socialista en el Parlamento Vasco, al que pertenecía el asesinado, que, entre otras cosas, decía: «ya no me quedan dudas de que cerrarás más veces los ojos y dirás y harás muchas más cosas que me helarán la sangre, llamando a las cosas por los nombres que no son. A tus pasos los llamarán valientes. ¡Qué solos se han quedado nuestros muertos!«.
Por supuesto que no fue la única que se lamentó de la traición y falta de apoyo de algunos compañeros de los fallecidos, pero está fue la más mediática y, evidentemente, la más profética.
La parte “dirás y harás muchas más cosas que me helarán la sangre” es una frase repetida muchas veces y tantas otras ignorada, porque en este momento, efectivamente, el PSOE, como partido de gobierno, sí que dice y hace cosas que nos hielan la sangre. Y porque la parte que se refiere a la doblez del propio Patxi López, ahora defensor a ultranza de perdonar a asesinos que nunca pidieron perdón por haber asesinado, se ha convertido en una triste realidad.
Tan repetida que casi se ha convertido en un lema de las víctimas del terrorismo, heridas muchas veces en su sensibilidad, desatendidas a causa de intereses espurios y viviendo sus duelos de frustración en frustración.
Hoy nos hiela la sangre que el presidente del gobierno, secretario general del PSOE, haya negociado con Bildu asegurar sus seis votos, todavía con rastros de sangre, a cambio de concesiones inmorales a gente que no ha hecho ni el más mínimo esfuerzo para merecerlas. A los del tiro en la nuca y a los relatores actuales de una historia que los hace aparecer como héroes salvadores de la patria vasca.
A los que organizan fiestas de bienvenida a asesinos declarados cuando salen de la cárcel. Asesinos que han cumplido sus condenas, sí, pero que se muestran desafiantes, con los puños levantados, las mandíbulas apretadas y ese brillo en los ojos al que solo tienen derecho los que sufrieron por causas justas, no a los que asesinaron indiscriminadamente a niños, a funcionarios de todo tipo, a políticos, a civiles, o a los que no pagaban ese “impuesto revolucionario” al que creían tener derecho, típico de mafiosos de la peor ralea, vigente hoy en lugares donde campan por sus respetos bandas de narcotraficantes de Méjico o de otros lugares del mundo.
Asesinos incluso de otros etarras, los que fueron carne de su propia carne, porque decidieron dejar la lucha armada, como Yoyes y otros, ya que, según ellos, sus asesinatos eran justos y necesarios. Lo que se merecían los traidores a “su” patria vasca.
En cuanto a Patxi López en particular, al que siempre he considerado un superviviente de la política con pocas luces y menos merecimientos, el que fue lendakari con los votos del PP y rival de Pedro Sánchez a la Secretaría General del PSOE, se ha acomodado sin condiciones a la sombra del gran traidor, dando un salto degenerativo y en la peor dirección. La de la mentira histórica y la justificación de lo injustificable.
La que hace que Bildu se sienta más justificado para exigir al gobierno actual lo que otros gobiernos no les dieron, razón por la que ETA asesinó a 850 ciudadanos de todas las condiciones e hirieron a muchísimos más.
Y así ha sido hasta que Pedro Sánchez necesitó los seis votos manchados de sangre de Bildu y no ha tenido inconveniente en conceder todo lo que le han pedido, impunidad, protagonismo y poder real en el País Vasco.
Y si es tan justo como afirma ahora ¿por qué no lo decretó el primer mes de su mandato? No. Ha tenido que ser ahora, después de seis años de poder hacerlo, porque ahora, amenazado por muchos flancos, es cuando necesita imperiosamente apalancar los votos de los filoterroristas.
“Dirás y harás muchas más cosas que me helarán la sangre”, decía la madre de Joseba Pagazaurtundua. Pero también me la hiela a mí, porque esto, las concesiones del gobierno, no es el fin de nada, solo un paso más en la misma dirección, antes matando, ahora consiguiendo autoridad para proponer y quizás conseguir barbaridades jurídicas y lógicas, como que las Fuerzas del Orden Público, las que nos protegen, se sientan cada vez más indefensas ante antiguos asesinos, convertidos ahora en matones de barrio con total impunidad para hacer lo que les venga en gana.
Permitiendo que cualquier alborotador agresivo pueda atacarles con piedras, barras de hierro o con adoquines, mientras que los responsables de mantener el orden, solo podrán pararlos con mucho “diálogo” y pelotas de foam.
Esto que sucede son cosas que los que no lo han vivido no lo pueden entender gracias a la desinformación interesada sobre lo que sucedió, incluso puede que piensen que “de eso hace mucho tiempo” y que mejor pasar página.
En cuanto a lo de “hace mucho” tiempo, solo vale para blanquear a ETA o para justificar los desafueros del gobierno, porque mucho más ha pasado desde la dictadura y, si pudieran, seguro que trasladarían de lugar los restos de Franco cada vez que surge algo que les perjudique seriamente.
Ayer mismo escuché a la portavoz del gobierno decir que el “caso Koldo”, cada vez más “caso Ábalos”, está cerrado porque el presidente cesó al antiguo ministro de fomento “en cuanto supo” que había cometido infracciones. Y afirmar que Feijóo no tiene “autoridad” moral para acusar a nadie por “esa” fotografía de los años 90 en la que aparece con un amigo que luego resultó estar metido en la droga.
Es cierto que Sánchez cesó a Ábalos, pero no recuerdo que dijera que lo hacía por corrupto.
Lo ocurrido en los 90 son rabiosa actualidad, suposiciones incluidas, y lo de ahora mismo es pasado. Cualquier día aparece en el BOE que se anula el calendario gregoriano en beneficio del “sanchiano”, que permitirá estos condicionantes temporales a beneficio de inventario.
Naturalmente que es bueno pasar página y así se hizo en la transición cuando se decretó la amnistía general que incluía a los asesinos de ETA. Pero muchos de ellos decidieron seguir matando en democracia y, aun así, todos los gobiernos de la nación mantuvieron abierta la mano para reintegrar a los que estaban arrepentidos, aplicando políticas de reinserción como fue la famosa “Vía Nanclares”, que el pelotón de Sánchez aprovecha torticeramente para decir que “también el PP acercó presos a ETA”.
Borja Ventura publicaba el 15 de mayo de 2012:
“Son aproximadamente una treintena. Entre ellos hay históricos exjefes de la banda, como Urrusolo Sistiaga, y algunos de los más sangrientos terroristas conocidos nunca, como ‘La Tigresa’ o ‘Txelis’. Son presos que han decidido alejarse de la disciplina de ETA para iniciar el camino de vuelta a la sociedad. El Estado trabaja con ellos para facilitar esa ruptura con el entorno terrorista y garantizar el final de la lucha armada. Hace un par de semanas salieron con libertad condicional dos presos de ETA por primera vez en la historia tras culminar su proceso de reinserción. Uno de ellos recibió la noticia bajo mandato socialista y el otro bajo mandato del nuevo gobierno popular, que ha decidido continuar con la estrategia penitenciaria”
Ésta fue la llamada “Vía Nanclares”, ventajas penitenciarias para los que manifestaran arrepentimiento y voluntad de abandonar cualquier contacto con ETA.
Y funcionó en bastantes casos, pese a la presión de los asesinos más fanáticos que pasaban mensajes amenazantes a los arrepentidos aprovechando la visita de sus abogados, como lo fue Mertxe Aizpurua Arzallus, actual portavoz de Bildu en el Congreso.
Todo lo regalado a los independentistas catalanes a cambio de sus votos es pura ruindad que nos costará mucho dinero y disgustos, pero las concesiones a Bildu son mucho peor, son los votos de la ignominia, porque afecta a sentimientos de muchos españoles que sintieron en sus carnes la muerte o las heridas de sus familiares y los de muchos más, como yo mismo, que no habiendo víctima en el sentido formal de la palabra, empatizamos y seguimos empatizado con su dolor sabiendo que los asesinos pueden recuperar sus vidas sin arrepentirse de lo que hicieron.
A ellos, a los asesinados, no se les puede favorecer con ninguna medida de gracia.
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Y si alguien quiere saber el terror que reinaba en el País Vasco, vuelvo a recomendar la lectura del libro “Patria”, de Fernando Aramburu. Es ficción, pero relata magistralmente la realidad de lo que ocurría en los “años del plomo”, hace “cuatro días” en sentido histórico y pocos años utilizando el calendario gregoriano.
Valencia, 15 de octubre de 2024
José Luis Martínez Ángel