El grupo de poder que utiliza como coartada las siglas del PSOE y la provocación a elegir entre la integridad de Begoña Gómez, ciudadana española, o la de un juez instructor.

Vaya por delante, como siempre, que respeto las creencias de cada uno y, siendo demócrata convencido, nunca censuraré a quién haya votado a cualquiera de los partidos que participan en elecciones, o a los que voten en blanco.

A los únicos que recrimino es a los que no votan, porque, en mi opinión y dado que se niegan a participar, pierden todo el derecho a opinar

Dicho lo cual, me parece realmente extraño que personas a las que considero demócratas y con un conocimiento de la política suficiente para opinar, estén de acuerdo en aceptar el disparate de situación que se viene gestando desde hace tiempo y que puede llegar al clímax en las presentes elecciones a la Comunidad Europea.

Me explico:

No entro a calificar los argumentos de la o las oposiciones porque, como digo, están en la oposición y no tienen la potestad de manejar el BOE ni ninguna de las herramientas que proporciona el Estado a los gobernantes. Ellos se manifiestan, dan argumentos más o menos aceptables, falaces o disparatados, pero, como digo, solo pueden emplear la palabra y, por tanto, no son objeto de mi crítica.

Lo que no entiendo es la evolución del grupo de poder formado por el gobierno y una parte de dirigentes, el llamado “núcleo duro”, que utilizan como coartada las siglas del PSOE para tomar decisiones y derivas impropias de los que nos gobiernan y especialmente peligrosas porque atentan contra el orden establecido en la Constitución y en las leyes.

Como crear un relato con el mensaje subliminal de que Begoña Gómez, esposa del presidente, forma parte del entorno del gobierno y, por tanto, persona a proteger con las armas y argumentos del Estado.

Lo que es absolutamente falso. Porque Begoña Gómez es una civil como tú o como yo, sin rango ni título reconocido y que, como todas las anteriores que han cumplido la misma función, han tenido más obligaciones que privilegios para evitar que alguna de sus indiscreciones salpicara a su pareja, como ha ocurrido en este caso.

Por lo que ayer me sentí totalmente engañado como ciudadano, y manipulado descaradamente, cuando en un mitin del PSOE en el que apareció Begoña Gómez, todo fueron adhesiones y alabanzas a su persona y un ataque claro, rastrero, a la judicatura en general y al juez que lleva su causa en particular.

Juez que atiende, como es su obligación, una denuncia que presenta una asociación de dudosa trayectoria, pero la misma que sentó en el banquillo a miembros de la familia real y metió en la cárcel a uno de ellos.

La misma judicatura, no el mismo juez, mismos denunciantes, mismas leyes.

Porque si el juez ha aceptado abrir diligencias e imputar a la pareja del presidente, es porque ha apreciado algunos indicios para hacerlo. Y si avanzada la investigación comprueba que los indicios son poco consistentes, así lo declarará y a Begoña Gómez, ciudadana española como yo, la declararan tan inocente como lo fue hace un mes y como lo es en este mismo momento.

Pero utilizar a la mujer del presidente y pregonar una supuesta podredumbre en parte de la judicatura como banderín de enganche para que voten al presidente en las Europeas, para lo que es necesario la previa de hacerla “persona importante del estado”, es propio de una dictadura chavista, puro peronismo con una pseudo Evita incluida y una clarísima argumentación propia del mismísimo expresidente Trump, el que se pasa gran parte del tiempo acusando a sus acusadores y diciendo que el juez que le juzga es absolutamente corrupto porque “lo suyo” solo es una conspiración política.

Provocar que la ciudadanía española elija entre la integridad de una ciudadana, pareja del presidente y la del poder judicial de la nación es una irresponsabilidad que todos pagaremos caro por mucho que Pedro Sánchez vaya rateando soluciones a sus problemas personales y políticos.

Pagaremos nosotros con la pérdida de calidad de la democracia, perderá la imagen internacional de España porque pocos en el exterior entenderán semejantes desatinos y perderá el propio Pedro Sánchez que, no sé cuándo, pasará a la historia como el más mentiroso y falsario de toda Europa durante muchos años.

El que dejará tras de sí una fractura política y social que él mismo ha provocado deliberadamente, recordemos cuando anunció que iba a “levantar un muro”, desconocida desde los malhadados años previos a la guerra civil, durante el tercer bienio de la República Española.

Y lo que siento es que, si a Begoña Gómez la imputan por algún delito, cosa que no creo, o se le descubre maniobras impropias de su posición, muchos españoles de toda condición, la mayoría demócratas declarados, seguirán diciendo que todo ha sido una maniobra política para desprestigiar a Pedro Sánchez, como están haciendo, repito, los seguidores de Trump en los Estados Unidos.

Pedro Sánchez, el tramposo más inteligente que conozco, ha utilizado todo lo que tenía al alcance de su poder para permanecer en el gobierno: general leyes a medida de partes, dar competencias autonómicas que nunca debió transferir, repartir dinero que no es suyo para contentar a sus apoyadores o a bloques de ciudadanos catalogados como posibles electores, indultar, amnistiar, etc.

Solo le faltaba utilizar políticamente y a su favor las posibles imprudencias de su esposa.

¡Vivir para ver!

Valencia, 7 de junio de 2024

José Luis Martínez Ángel

En ocasiones resulta muy duro ser demócrata y tolerante. El caso de Pablo Iglesias y otros “revienta convivencias”.

Ayer me sentí realmente avergonzado al conocer el cruce de palabras entre el ¡Vicepresidente del gobierno! y el portavoz de VOX. Si algo me ha enseñado la vida y el haber tenido que lidiar en muchas plazas es que la actitud de Iglesias, le apeo el “señor”, era claramente provocadora, de chulo de bar que trató de desquiciar al portavoz de esa formación. No lo consiguió, pero sí que abandonara esa comisión para una supuesta recuperación que ni ha funcionado ni funcionará. Imposible con esos mimbres.

Actitud de matón de barrio, de chulo de barra de bar, acompañada con esa sonrisa de macarra perdonavidas, ese echarse hacia delante tan estudiado para aparentar autoridad y superioridad,  y ese lenguaje personal de ser “más que el que más” entre los mortales.

Permitida, como no podía ser de otra forma, por un “presidente florero” como Patxi López, político acomodaticio y cobarde, incapaz de controlar la situación y frenar ese desastre de intervención como era su obligación. Luego sí. Luego pidió disculpas y hasta se mostró autoritario con alguien de Podemos, pero para entonces el bicho ya no estaba en la plaza y el amonestado era apenas un becerrito sin fuerza ni poder. Así cualquiera es valiente.

El caso es que Iglesias dejó en ridículo al presidente de la comisión abusando de la impunidad que le da un Estado como el nuestro, ese que tanto desprecia, que ampara a los ciudadanos  aunque sean de la catadura moral de este señor o de Otegui, pongo por caso. Me gustaría verlo en Corea del Norte defendiendo la libertad de los norcoreanos y su derecho a un estado democrático.

Y lo hizo después de que el presidente de la comisión, el citado señor López, quisiera disculparle con ese gesticulante “ha dicho parece” al recibir la protesta del portavoz de VOX que se sintió ofendido por la manifestación de Iglesias sobre las intenciones golpistas de su partido.  Incluso acusó al Señor Espinosa de los Monteros de tener “la piel muy fina”.

Pero Iglesias, lejos de disculparse, paso de un “parece” a un “ustedes darían un golpe de estado si pudieran y tuvieran valor”, lo que provocó el abandono de la sala del ofendido.

Hecho que alegró evidentemente al gran provocador y destructor de convivencias que es el vicepresidente, que rubricó su histrionismo ofensivo con ese humillante “cuando salga cierre la puerta” destinado a su granero de votos, pero que me ofendió a mí y, supongo, a la ciudadanía más educada y tolerante de este país.

Y no estoy defendiendo al Señor Espinosa de los Monteros por ser del partido que es, que lo mismo protestaré el día que un portavoz de VOX tenga un comportamiento tan deleznable  con uno de Podemos, si es que lo hace.

La realidad es que ese tal Pablo Iglesias, que no es más que un personaje de ficción tras el que no hay más que  ignorancia y fanatismo, necesita un enemigo fascista, franquista o lo que sea para poder ejercer de salvador en tiempo de paz y orden y, como decía antes, en un estado que le protege. Y como no los hay, se los tiene que inventar para construir esa ficción de luchador suicida contra la opresión que daría la vida por el pueblo. ¡Anda ya! A otro perro con ese hueso.

Y puestos a analizar más fríamente lo afirmado por el gran héroe de pacotilla, he consultado a la Real Academia que, citando textos del Consejo General del Poder Judicial, define golpe de Estado con estas dos acepciones:

1.- Destitución repentina y sustitución, por la fuerza u otros medios inconstitucionales, de quién ostenta el poder político.

2.- Desmantelamiento de las instituciones constitucionales sin seguir el procedimiento establecido. Puede ser autor de un golpe de estado el propio presidente del Ejecutivo si, por ejemplo, disuelve el parlamento fuera de lo supuestos previstos en la Constitución.

No hay ninguna duda, porque así se ha comportado públicamente en muchas ocasiones, que  Iglesias es un señor que trata abiertamente de desprestigiar la monarquía, que odia la Constitución por mucho que de vez en cuando cite con voz susurrante y aspecto de telepredicador algún artículo concreto interpretándolo en su favor, que ha manifestado su deseo de que se suspendieran las Fuerzas Armadas, que ha tratado de opresores a las Fuerzas de Orden Público, las mismas que ahora protegen su casa y a las que han ordenado cerrar su calle para que no les acosen, que jamás ha usado otra bandera que la republicana, que ha defendido y sigue defendiendo la democracia asamblearia frente a la representativa, que afirma que hay que nacionalizar empresas al más puro estilo comunista, que no Chavista como se dice porque el comunismo es muy anterior y mucho más opresor que lo fue el propio Chaves, que defiende la dictadura del proletariado y que aspira a ser la reencarnación de Lenin, entra claramente en la segunda acepción de la definición, al menos en intenciones.

¿Alguien en este país duda de que si tuviera la más mínima oportunidad daría un golpe de estado para derrocar el régimen actual?   Y no se confundan. No permitiría una República como la que nosotros conocemos por muchas banderas que exhiba, porque no deja de ser otra forma de Estado tan democrática como la Monarquía Representativa. Su ideal no es la república a secas, es la “república democrática soviética”, eufemismo inventado por los comunistas, como la propia definición de “dictadura del proletariado”,  que tratan de enmascarar la dictadura de una casta superior que dirige, controla y organiza la vida de los ciudadanos sin que estos intervengan para nada en la organización del estado ni en sus propios destinos.

Es el comunismo histórico que acabó con tantas vidas en Rusia y en otros países y que terminó arrinconado por las ansias de libertad de sus ciudadanos, que acabaron derribando los muros vallas y alambradas que les separaban del mundo libre.

Y este buen señor se permite, porque es parte de su estrategia de provocación y desestabilización, acusar a los demás de lo que él haría mañana mismo si tuviera ocasión: Dar un golpe de estado.

Personaje que, inexplicablemente, está siendo imagen de España en medios de comunicación extranjeros donde dice, por ejemplo, que el PP está fomentando una sublevación de la Guardia Civil contra el gobierno y lindezas semejantes.

Pero sigo pensando que este “mil homens” no es más que una impostura porque no ha llegado a donde está por su gran cultura o sus grandes conocimientos de cualquier otra materia que no sea la agitación y la propaganda. No, él no es el responsable de sus fantochadas  y del grave desprestigio que está ocasionando a la nación.

Lo es, sin ninguna duda, el Presidente del Gobierno que debería haber provocado una crisis de gobierno y cambiar a esta banda de agitadores impresentables que tiene en la mesa de consejos por gente de más solvencia, del nivel de la Ministra Calviño, de Margarita Robles, o Reyes Maroto, la Ministra de Industria, Comercio y Turismo.

Buscando de paso una respetable jubilación a las representantes del “socialismo moderado”, como la Ministra de Hacienda, la de Educación o la vicepresidenta Carmen Calvo, que no han sido capaces de influir en lo más mínimo para evitar esta deriva social y política del “todo vale” en la que estamos inmersos en un momento tan delicado para el país.

Porque el gobierno, tal como está configurado, ya no es el camarote de los hermanos Marx. Es el Titanic poco antes de colisionar con el iceberg. Todavía puede corregir el rumbo, pero le queda muy poco tiempo.

Nunca he estado en la política activa porque no he militado en ningún partido. Peo si tuviera la más mínima influencia sobre los líderes de VOX, del PP y de Ciudadanos, les aconsejaría que no respondan a Iglesias diga lo que diga. Que no le interpelen. Que le contesten con el más absoluto de los silencios, porque es lo que se merece este personaje: Ignorarle, mirar hacia otro lado cuando se dirija a ellos.

Insisto: que difícil es en algunas ocasiones respetar las reglas de la democracia cuando te cruzas con personajes que se aprovechan de nuestras libertades para subvertirla. Porque personajes más radicales que Iglesias he conocido, pero más villanos no.

Y de nuevo acudo a la RAE que en su tercera acepción define villano como “ruin, indigno o indecoroso”, porque la segunda “rústico o descortés” creo que se le queda corta.

Y para que quede meridianamente claro, no cuestiono el derecho de Iglesias a defender sus ideas políticas, sino la forma de hacerlo.