El último servicio de Zapatero al gran dictador.

Zapatero ha prestado su último servicio a Maduro propiciando la salida de Venezuela del que debería haber sido reconocido como vencedor de las últimas elecciones, Edmundo González. Y digo el último en el sentido cronológico de la palabra, con mí ferviente deseo de que sea el último real, el definitivo.

Un Zapatero que no ha reconocido en ningún momento el pucherazo del usurpador, ni evitado las persecuciones y encarcelamientos de la oposición. Porque lo que en realidad ha conseguido, seguramente era su objetivo, es beneficiar a Maduro sacando de su país una autentica patata caliente que le estaba perjudicando mucho de cara a la opinión internacional y que daba esperanza a los disidentes venezolanos, para los que el ahora exilado en España, que aparece como “huido” de su país para muchos de sus seguidores, era un símbolo de cambios y libertad.

Imagen lamentable de que el verdadero presidente, por el que tanto han luchado, ya no está, mientras ellos se quedan. Y esa es la verdad oficial por mucho que trate de mantener el espíritu del cambio Corina Machado, única voz de los venezolanos demócratas en su país. Una imagen falsa, naturalmente, porque Edmundo González no ha tenido más remedio que salir de su país tras permanecer asilado en dos embajadas y bajo la amenaza de que el ejército las asaltara.

Espero que los venezolanos de bien y los españoles demócratas se den cuenta de una forma inequívoca de que Zapatero, este siniestro personaje que vende honor y transparencia en España y ampara mentiras, abusos e incluso crímenes en Venezuela, es un auténtico cáncer para ese país y para parte del electorado español.

No creo que tenga los intereses económicos que se sugiere, pero sí que es un iluminado peligroso que, por mucho que piense honradamente que una dictadura comunista es lo mejor para el pueblo, el poco pueblo que va quedando en Venezuela, no hace más que perjudicar a la buena gente que permanece en el país y a los millones que han tenido que salir de su patria casi con lo puesto, porque la vida se les hacía insoportable.

Eso y seguir engordando las arcas de los jerarcas venezolanos, cada vez más ricos y poderosos.

Y, como evidencia de lo que digo, no hay más que ver el tono amable y conciliador del dictador venezolano con Edmundo González, al que hace días llamaba cobarde, asesino y todo lo que le venía en gana, y al que ayer deseó “lo mejor” en su nueva vida fuera del país.

Mientras, el gobierno español, haciendo gala de su cinismo habitual, anuncia por boca de su ministro de asuntos exteriores, el portavoz de gesto impertérrito y como queriendo tener razón, que España reconocerá la de Edmundo Gonzalez cuando “se hagan públicas las actas”.

¡Tan largo me lo fiais! diría el clásico. Seguro que antes de que eso ocurra, tendrán pelos las ranas.

Por una Venezuela libre y un Zapatero desenmascarado, en Valencia, a 11 de septiembre de 2024.

José Luis Martínez Ángel.

Las elecciones en Venezuela 2024.

Este domingo parece posible, yo no me lo acabo de creer, la caída de un régimen corrupto, criminal, que ha provocado una huida masiva de sus ciudadanos y que campa por sus respetos sobre vidas y haciendas del país, al que ha llevado casi a la miseria.

Encabezado, al menos en las formas, por Maduro, un espécimen político al que hablan los pajaritos, puesto a conveniencia de militares y narcotraficantes, comunista declarado que ha amenazado con un baño de sangre en su país si no gana las elecciones.

Unas elecciones en las que ha inhabilitado por quince años a la cabeza visible de la oposición, la valiente Maria Corina, que no puede figurar en las listas, pero que acompaña en la campaña a Edmundo González Urrutia, al que ha cedido la candidatura a la presidencia.

Unas elecciones en las que no podrán votar los muchos millones de venezolanos residentes en tantos países del mundo y en el que no se ha permitido la libre presencia de observadores de otras naciones.

Pero, cómo no, allí estará, protagonista como siempre, el gran demócrata español, el expresidente Zapatero, valedor de miserables, gran aconsejador en nuestras campañas electorales y supuesto inspirador de la política de Pedro Sánchez.

Digo “supuesto” porque siempre he pensado que nuestro presidente le utiliza, como hace con todos sus colaboradores, porque Zapatero mantiene “caliente” a esa parte del electorado que traga con todo lo que le echen, por mucho que lo que propugna se contradice con lo que está pasando en el mundo.

Representante español en el Grupo Puebla, un supuesto “espacio de reflexión e intercambio político, que trabaja por el desarrollo integral de los pueblos latinoamericanos” controlado por dirigentes de naciones a las que han llevado a la ruina y con integrantes de tanta solvencia y solidez política, como nuestras españolas Yolanda Díaz e Irene Montero.

Por mis actividades sociales yo tengo contacto con muchos venezolanos, como también con los de otras naciones de centro y Sudamérica. Nunca les he preguntado por su ideología política, pero todos ellos lamentan haberse visto obligados a dejar su tierra, la de sus raíces y en la que siguen residiendo muchos de sus familiares y amigos.

Y, prácticamente todos, sueñan con el día en el que podrán volver poque su nación ha recuperado un mínimo de normalidad social.

Que así sea.

Valencia, 26 de julio de 2024

José Luis Martínez Ángel

Pedro Sánchez, entre el caudillismo y el “gambito de dama”

El presidente montó su numerito y yo estaba esperando el comentario de Patxi López, siempre clarificador de la mentalidad colectiva del núcleo duro porque, a diferencia de sus colegas de la cúpula del partido o del gobierno, es más primitivo, menos capacitado para “actuar” cuando expone algo.

Ya he comentado en otra ocasión que, en mi hábito de comparar a los personajes reales con otros de ficción, Patxi López es como Manolito, el amigo de Mafalda, cuadriculado y de pensamiento único. O como la matriuska más pequeña, la que aparece después de ir abriendo todas las falsas.

Y su conclusión, que seguramente resume lo que piensan todos los demás, fue decir “¡No pasarán!”

No quiero especular sobre las razones que tiene para decirlo, pero no puedo por menos de hacerme alguna pregunta sobre quienes “no pasarán”:

¿Retirarán las papeletas de los partidos “fascistas”, VOX, PP, UPN, etc. de las mesas electorales cuando haya elecciones?

¿Impedirán por Decreto Ley que los medios de comunicación críticos con la actuación de los políticos del bloque en general y del gobierno en particular publiquen sus errores o sus trapos sucios como lo han hecho y lo siguen haciendo cuando se trata de la “derechona”?

¿Impedirán, también por Decreto Ley, que los jueces admitan denuncias por delitos cometidos por la “izquierda” española y que potencien y sancionen severamente los actos indebidos de “los otros”, hablar mal del gobierno en sede parlamentaria incluido?

¿Ordenarán a la “delegada del gobierno en las Cortes”, Francina Armengol, que retire la palabra a cuantos osen criticar al gobierno en sede parlamentaria?

Porque este neo Frente Popular, cada vez más peligroso y absolutamente atípico en el que se mezclan churras con merinas, está dispuesto a romper cualquier atisbo de orden constitucional para conseguir sus propósitos, todos diferentes, todos egoístas políticamente, todos fraccionadores de la convivencia de los españoles.

Anteayer el presidente del gobierno sorprendió a propios y extraños con su original y desafortunado “gambito de dama”, anunciando que se retiraba del mundanal ruido, y de sus obligaciones como presidente de la nación, dicho sea de paso, para meditar si valía la pena seguir en el puesto después de que su esposa, Begoña Gómez, fuera denunciada como posible responsable de tráfico de influencias, cosa que no llegará a buen puerto en mi profana opinión, y “auto concluir” que este hecho ha sido el fruto de una concatenación de fascistas no adeptos a sus decisiones, entre los que me incluyo, una judicatura enemiga de la “justicia popular” y unos medios de comunicación corruptos y enemigos de la democracia.

Por cierto, he dicho porque lo creo que Begoña Gómez no acabará imputada, pero debería de haber sido mucho más prudente y no meterse a dónde nadie la llamaba, porque ser la mujer del presidente requiere obligaciones y renuncias, como siempre ha sido.

Espero que, a la luz de lo sucedido, se defina el papel oficial de la segunda dama.

Y, como era de esperar, el núcleo duro se ha apresurado a decir que “hasta aquí hemos llegado” y que no cederán ni un palmo más de terreno a las fuerzas antidemocráticas de la nación que nos quieren hacer retroceder a las catacumbas. Y lo han hecho con armas y bagajes, empleando a todos su tronadores de consignas, que no son pocos, y los muy enfervorizados medios audiovisuales, como la mismísima RTVE, la pública, en la que una presentadora se atrevió a señalar con nombres y apellidos a periodistas merecedores del fuego purificador.

Pero mi duda es, ¿a quién están defendiendo realmente? Al PSOE evidentemente no, porque hace dos años que está diluido en la sopa de siglas del bloque “progresista”.

¿Al bloque? Pero ¿Qué tiene que ver Bolaños con Bildu o con Junts, pongo por caso?

¿A una forma determinada de hacer política de Estado? Imposible, porque las políticas de Estado, las buenas, las que duran, son las que nacen del consenso entre partidos de gobierno. Y ninguno de los apoyadores del gobierno actual lo es.

Y, si no están defendiendo nada de lo anterior, me temo que lo que hacen es defender a un ciudadano llamado Pedro Sánchez, presidente de gobierno legal, pero incapaz de entenderse con nadie, incluidos los que le han apoyado, porque nunca ha sido por amor, ese amor que declara a su esposa y por el que le felicito sinceramente, sino por pura conveniencia, casi siempre bastarda y siempre contraria a los intereses de la mayoría de los ciudadanos, entre los que me incluyo de nuevo, que no entendemos lo que hace aunque, lamentablemente si porque lo hace.

Luego, por una regla de tres de democracia elemental, si no defienden a un partido, sino a una persona, estamos dejando atrás la democracia de partidos en busca de un caudillo salvador que nos conduzca hacia la vitoria final.

Y eso, lamentablemente, ya lo he conocido y no creo que sea lo más recomendable porque no es, de ninguna manera, lo más conveniente.

Alguien ha dicho que Sánchez, de la mano de Zapatero, está actuando como un Maduro de manual, pero ni es así ni nunca lo será porque estamos en una nación democrática y pertenecemos a la Comunidad Europea.

Y, porque a diferencia de Maduro, en esta España nuestra, ni el Poder Judicial ni las Fuerzas Armadas están sujetas al capricho del gobernante. En el caso de la judicatura, un bastión esencial de la democracia, lo intenta desesperadamente, pero resisten como leones.

En cuanto a las Fuerzas Armadas, ni lo intenta.

Franco se titulaba “caudillo por la gracia de Dios”. Desconozco cual sería el lema de Pedro Sánchez si consigue lo que pretende, pero solo faltaría el añadido de quien sería el gracioso, o los graciosos, que le encumbran al caudillismo soñado.

Y mientras, esperando al lunes para ver como continúa el juego después de su “gambito de dama”

Valencia, 26 de abril de 2024

José Luis Martínez Ángel

Zapatero y la libertad de los partidos políticos para hacer lo “que les dé la gana”

Siempre he dicho y lo mantengo, que Zapatero no es un caradura, ni un aprovechado ni un “trepa”. Es un iluminado que cree sinceramente lo que dice, lo que no quita peligro a sus actos o a sus opiniones, por mucho que hagan o se digan desde la honestidad personal.

Pues bien, ayer, en su defensa numantina de su valido político Pedro Sánchez, nos descubrió que la Constitución permite el hecho de que un partido, el de gobierno, haya contratado a mediadores para negociar pactos con otro partido en una nación extranjera. Una mediación “inter pares”, entre nación opresora una, nación oprimida la otra.

Y lo hace obviando parte del texto y, sobre todo, el espíritu de la Constitución. Porque el artículo 6, en que se habla de los partidos políticos y en el que se apoya, dice efectivamente que “el ejercicio de su actividad son libres”, pero oculta el texto completo que dice:

Los partidos políticos expresan el pluralismo político, concurren a la formación y manifestación de la voluntad popular y son instrumento fundamental para la participación política. Su creación y el ejercicio de su actividad son libres dentro del respeto a la Constitución y a la ley. Su estructura interna y funcionamiento deberán ser democráticos.

Porque, en el espíritu de la constitución, no son libres en absoluto para reunirse con supuestos militares golpistas que quieran a atentar contra la democracia, o con un país tercero para conspirar contra nuestros intereses nacionales.

Y, por otra parte, afirma “Los partidos políticos expresan el pluralismo político, concurren a la formación y manifestación de la voluntad popular

Algo muy confuso en este momento porque la representación parlamentaria, legítima y consecuencia de un acuerdo antinatura del gobierno con partidos que quieren destruir nuestra nación, o al menos nuestra democracia, no expresa en absoluto lo indicado en los programas políticos que permitieron acceder al parlamento.

Y así, en este momento y en encuestas presentadas hoy mismo por el diario El País, se dice que “Un 60% de los españoles considera que la amnistía es injusta y supone un privilegio“, y que, refiriéndose a territorios, solo encuentra comprensión “en Cataluña y el País Vasco.

Rechazo que incluye a los votantes del PSOE, aunque, como es natural, son menos críticos que los del PP o de VOX, pero consideran, como los demás, que crea “privilegios” y que es “injusta”.

La conclusión es evidente: hay una clara dicotomía entre la mayoría de la representación parlamentaria, obtenida por voluntad de los votantes españoles el 23 de julio y la opinión actual de estos mismos votantes.

Claro que todo esto le resbala a Pedro Sánchez y a sus apoyadores habituales, porque ellos van a la suya, y saben que no hay verdad que no pueda enmascararse con un buen relato.

Algo así como cuando marcamos las diferencias entre la opinión publica y la opinión publicada, pero este es un caso mucho más grave, porque los medios de comunicación pueden influir, pero no son los que deciden nuestro futuro.

¡Qué tiempos aquellos en los que los partidos políticos, y por añadidura el gobierno, hacían lo que queríamos que hicieran los que les votábamos! O casi todo. Porque los programas electorales eran, casi, casi, palabra de honor.

Valencia, 4 de diciembre de 2023

José Luis Martínez Ángel