Escuchando ayer a Patxi López, el público:

Es casi seguro, no lo sé porque nunca husmeo en la vida personal de nadie, que Patxi López será un buen padre de familia, si es que está casado y tiene hijos, amigo de sus amigos, campechano y con el que, seguramente, vale la pena tomarse unos chiquitos en cualquier taberna de cualquier lugar.

Pero una cosa es la persona y otra el personaje. Y el de Patxi es especialmente atractivo por la cantidad de situaciones que ha tenido que vivir y la de toros políticos que ha tenido que lidiar.

Patxi es un superviviente. Vive de la política desde que yo me interesé por estas cosas, y de eso ya hace muchísimos años, incluso ha ostentado dos cargos de mucha enjundia: lendakari y presidente del Congreso, en ambos casos, curiosamente, con el apoyo del PP, cosa que parece querer hacerse perdonar en cada una de sus actuaciones, sin tener porque, ya que eran otros tiempos y con partidos políticos de más nivel, como también lo tenían los parlamentarios que ocupaban escaños en Vitoria y en Madrid.

Como soy muy de imaginar cosas, su aspecto y su talante cuando interviene en el Congreso o en alguna comparecencia, me recuerda al de esos repetidores de bachillerato que no pasan de curso porque tienen más labia que fundamento.

Porque el buen Patxi lo mismo dice que “sí”, como que “no”, en ambos casos con el mismo “convencimiento” y, de vez en cuando, suelta un “a ti que más te da” que, de alguna forma resume lo que tiene en su trastienda intelectual. Recuerdo aquel debate en el que le preguntó a Pedro Sánchez, cuando le disputaba la secretaría del PSOE: “Pedro, ¿tú sabes lo que es una nación?” Yo no le haría esa pregunta a él mismo al día de hoy, porque podría entrar en un bucle de seguridades, inseguridades y contradicciones y no quiero ser el responsable de que sufra un bloqueo mental que necesite tratamiento médico.

Y si quisiera asimilarlo a un personaje de ficción, sería el Manolito de Mafalda, aunque no tenga un padre tendero. Cuadriculado, espeso y, como decía, amigo de sus amigos.

Ambos tres, El Patxi de la política, el repetidor de bachillerato o el Manolito de Quino, son personajes incapaces de tener enemigos, por muchos desatinos que digan de vez en cuando, porque, más bien, despiertan ternura por verse obligados a representar papeles que no les corresponden.

No sé que cosas le escucharé decir en un futuro, pero, como buen gregario que es, dirá “lo que tenga que decir”. Como siempre ha sido. 

P.D.

Por cierto, con el ministro Puente no, con él no iría ni a beber agua ni a la fuente del pueblo. El ministro, que ocupa un cargo de tanta relevancia porque la democracia se protege muy poco de personas con talantes tan indeseables, tiene un claro perfil de abusón de instituto, abusón que puede salir perjudicado si insiste en enfrentarse de una forma tan cerril con la presidenta madrileña, la que tiene una pareja “con derecho a roce”.

Porque la susodicha tiene ojos de gata y los gatos, y aún más las gatas, son malos enemigos.

Valencia, 19 de marzo de 2024

José Luis Martínez Ángel

El antipatriotismo de evadir impuestos.

Pues sí, tiene razón Pedro Sanchez cuando dice que tratar de evadir impuestos no es patriotismo, claro que no, pero si lo comparamos con amparar con una amnistía a los que quisieron romper “la patria” a cambio de siete votos para seguir siendo presidente, o proteger, como ahora se está haciendo, a los que rapiñaron a los españoles vendiendo mascarillas inservibles con la consabida fórmula de buscar “casos” de terceros, sean verdaderos o falsos, sean de políticos en ejercicio, sus amigos o sus parejas, como en este caso, para lanzar humo sobre los propios, o decir que “es política” romper la igualdad de todos los españoles con concesiones a sus apoyadores, no parece muy patriótico, que digamos.

Pero claro, el relato es el relato y aquí gana, o cree ganar, el que consigue más titulares.

Ayer vi al presidente en Barcelona y tengo que convenir, y lo digo sin ningún tipo de segundas intenciones, que no hay nadie como él llenando un escenario con su expresión verbal, su lenguaje corporal y su forma de enfatizar palabras o intercalar pausas cuando se debe. Tendrá “coaches” y otros asesores que le ayuden en el vestir o a determinar detalles, como que cantidad de canas debe lucir en cada momento, pocas si se dirige a jóvenes, más, las suyas, si interviene ante empresarios o foros que requieren más formalidad, pero es indudable que se trata de un auténtico profesional.

Por sacarle algún defecto, diría que en algunas ocasiones acaba frases de forma un tanto melindrosa, pero casi nada más.

No es un buen parlamentario porque le tiene miedo al debate real, por lo que nunca contesta a preguntas, limitándose al recurso facilón de contrainterrogar con entradas parecidas al “¿Cómo se atreve usted a…?”, sacando a pasear la famosa foto Feijóo con un amigo que le salió contrabandista y majaderías similares, pero si es un gran comunicador y es en el monólogo sin réplica donde está su fuerte.

¡Que ajada debe estar esa foto después de tantos años y tantos usos y cuantas fotos de socialistas con Koldo, las del presidente incluido, se deben estar haciendo desaparecer, quemándolas si están en papel, y borrándolas si están en las redes!

Forma de expresarse muy diferente y superior a la de su mozo de espadas, Zapatero, que tiene una oratoria convulsa, de cejas levantadas, ojos salidos y cuerpo envarado.

Otra cosa es lo que dice el presidente, pero sobre eso ya escribo muchas veces. Mi opinión es que, a estas alturas, no teniendo suficiente con el respaldo de un partido, el PSOE, porque necesita al bloque falsamente llamado progresista, (¿progresista el PNV o Junts, progresistas y no comunistas la mayoría de los grupúsculos que intenta controlar Yolanda Díaz?), su mensaje esta casi exclusivamente dirigido a sus seguidores declarados o sus apoyadores habituales.

Como ocurre con las folclóricas de buen porte y mejor hacer.

Valencia, 18 de marzo de 2024

José Luis Martínez Ángel

Otra vez, el aldabonazo moral del 11M

Mañana, 11M, es uno de esos días contradictorios. De olvidar, pero también para recordar, porque se cometió el atentado más sangriento de nuestra historia reciente y del que, desde nuestra perspectiva actual, podemos sacar muchas conclusiones, unas positivas y otras negativas.

Y en el que participaron activamente tres colectivos:

Los culpables, terroristas yihadistas que asesinaron a sangre fría a 191 viajeros de los trenes e hirieron a un mínimo de 1.857. No hay idea política, ni religión, ni ningún tipo de interés que pueda justificar una sola muerte, mucho menos cuando se trata de una barbarie de estas dimensiones. Proclaman los musulmanes que Alá es Grande, “Allahu Akbar”, dicen, y no se lo cuestiono, pero, por supuesto, no lo es por cosas como esta. 

Como tampoco nuestro Dios lo es por los abusos o asesinatos que cometieron hace siglos fanáticos de nuestra religión.

Las víctimas: muertos, heridos y familiares de los afectados, que sufrieron en sus carnes o en sus mentes los efectos de la salvajada. Muchos murieron, otros quedaron mutilados y todos sus familiares, todos, se vieron afectados por las pérdidas de sus seres queridos.

Los héroes, bomberos, fuerzas de seguridad, sanitarios, autoridades municipales y los miles de madrileños que se apresuraron a atender como pudieron y supieron a los que estaban necesitados de ayuda. Ciudadanos anónimos que volverían a sus casas agotados, con la ropa ensangrentada y sin entender lo que había sucedido y de donde habían sacado las fuerzas para ayudar a los que pudieron.

Y, al final, la basura. Los representantes de partidos políticos, unos más que otros, pero todos, que se apresuraron a sacar un beneficio político de la desgracia. Que lo hicieron entonces y lo siguen haciendo hoy mismo.

Basura que restó protagonismo a las víctimas, que difuminó la responsabilidad de los asesinos y que empañó el enorme esfuerzo cívico de los que atendieron a los afectados.

No deseo el mal a nadie, pero si se pudiera producir el milagro de que todos los políticos mendaces sufrieran una afonía aguda cuando tratan de engañarnos o sacar provecho de desgracias ajenas, seguro que nosotros, los ciudadanos normales, nos sonreiríamos más unos a otros y podríamos utilizar mejor nuestro tiempo hablando de nuestras zonas comunes en lugar de perderlo discutiendo en maldita sea la hora, quien de ellos tiene más o menos razón, porque, en el fondo, casi ninguno la tiene.

Políticos que han cambiado su responsabilidad de dejar la nación mejor que la encontraron y a los ciudadanos más protegidos de lo que estaban, por la tarea de seguir encuestas y estudiar proyecciones de votos, pasando de una vocación de servicio público a un oficio al que se aferran cueste lo que cueste. Como si les fuera la vida en ello.

Auténticos “chusqueros” de la política, pobladores de listas cerradas en elecciones generales.

Valencia, 10 de marzo de 2024

José Luis Martínez Ángel

La amnistía, el ministro Bolaños, “las inteligencias naturales” de los españoles y de como Pedro Sánchez va a tomar el pelo a los independentistas catalanes como ha hecho con la mayoría de sus seguidores.

He decidido no mostrar ninguna opinión sobre el caso Koldo, o como se llame, entre otras cosas porque ya está en manos de la justicia y la de nuestra nación es muy sólida, profesional y que, de decantar “la vara de la justicia” hacia algún lado, lo hará hacia el de las garantías de los procesados. Como siempre lo ha hecho.

Y siguiendo mi costumbre, cuando, como en este caso, la justicia interviene, ni opino ni discuto sobre las sentencias definitivas de nuestros tribunales.

En una conversación con un juez amigo mío que acabó formando parte del Supremo de la Comunidad Valenciana, le manifesté mí opinión de que debería ser duro estar tan mentalizados a no dejarse influir por presiones internas y externas, porque el 50 % de los procesados, los que perdían los juicios, les tendrían por jueces injustos. Él me corrigió en el sentido de que no, que son bastantes más, porque hay que incluir a buena parte de los que han obtenido una sentencia favorable que también se consideran injustamente tratados, porque la sentencia al condenado, en condenas reales o en indemnizaciones, les parece poco severa.

¿Cómo hay alguien que pueda tener la más mínima duda de que una justicia que ha sentado en el banquillo a miembros de la familia real, o que estando etiquetados como de tal o cual tendencia han metido en la cárcel a políticos de sus supuestas afinidades?

Tampoco pensaba entrar en el tema de la amnistía, porque, en contra de lo que se está queriendo hacer ver, aquí queda mucho trecho por recorrer, ya que una cosa es que se apruebe la ley y otra muy diferente que se pueda aplicar.

Pero resulta que ayer escuché a un exultante Feliz Bolaños felicitándose a sí mismo por el éxito obtenido y tratando de convencerme a mí, como al resto de los mayores de edad entre  los 48.085.361españoles registrados en el último censo, (yo soy, seguro, el último, el “uno”), de que, prácticamente, estaba todo hecho y de que esa ley iba a ser la maravilla del mundo mundial, ejemplo de herejes, como tantas otras impulsadas por Zapatero y por el propio Pedro Sánchez que se quedaron en agua de borrajas.

Y lo hizo mintiendo descaradamente y sin ningún tipo de rubor, hasta el punto de que llegó a ofenderme personalmente. Y lo hizo porque entre las varias inteligencias humanas conocidas, “lógico-matemática”, “lingüístico-verbal”, “espacial”, “musical”, “kinestésico-corporal”, “intrapersonal”, “interpersonal” y “naturalista”, es muy posible que muchos millones de españoles, incluso los que carecen de estudios, estemos a un nivel similar al suyo, aunque, como suele demostrar en sus intervenciones, destaque en algunas, como la “lingüístico-verbal”, la que permite encontrar las palabras correctas para expresar lo que quieres decir, que no implica que lo que expresas sea la verdad, ni siquiera lo que realmente sientes.

Yo tengo algunas carencias, lo reconozco, pero es muy probable que en la “lógico-matemática”, la que facilita razonar y cuantificar cosas, y la “interpersonal”, la que permite captar las emociones y los motivos de los demás, llegue, al menos, a la media nacional, como sin duda lo hará el abogado del Banco de España, ahora ministro “cuenta cuentos”, que nos quiere convencer de que en el mar corren las liebres y en el monte las sardinas.

Que uno ha trabajado en una multinacional, entre grandes profesionales y sabe distinguir entre una exposición informativa y otra de puro marketing, la que nos ocupa, en este caso con una evidente carga de impostura.

Concretemos:

Lo único que se consiguió ayer es que el comité de justicia de las Cortes aprobara por mayoría la presentación al pleno de la Ley de Amnistía. Nada más.

A partir de ahora la ley se debatirá, se aprobará por mayoría, pasará al Senado, se volverá a debatir, la mayoría del PP convocará a terceras personas que defenderán la inconstitucional de la ley, se votará en contra y volverá al Congreso, que, siendo el que tiene la última palabra, volverá a aprobarla y el gobierno la publicará en el BOE.

Y en paralelo, me figuro que la oposición presentará un recurso de inconstitucionalidad que, viendo “quien es quien” en este organismo, o apoyarán la ley o, lo más probable para no quedar mal del todo, demorarán tanto la sentencia que puede que cuando la hagan pública tengamos Alzheimer una buena parte de nosotros, Puigdemont se haya jubilado como Molt Honorable President de la Generalitat y Pedro Sánchez tenga su residencia habitual en Marruecos.

Y también es previsible que organizaciones de profesionales de la justicia, antiguos jefes de gobierno y políticos de toda condición manifiesten su desacuerdo con la ley. Declaraciones que no pasarán de ser testimoniales, porque en ningún caso serán condicionantes.

Y quizás, supongo que sí, el Supremo presentará una cuestión prejudicial a los tribunales europeos, que, no estoy seguro, podría paralizar la entrada en vigor de la ley hasta que el tribunal sujeto de la reclamación dicte sentencia.

En cuanto a las mil mentiras de Bolaños, las más importantes fueron las que aseguraron la falsa complacencia de la Comisión de Venecia y su comparativa de nuestro caso con otros muchos países, sin especificar si se refería a países europeos y con regímenes totalmente democráticos, cosa que no es así. Ni de lejos.

Porque hablar de “otros países” sin aclarar que entre los 61 citados están los 27 de la Unión Europea, nuestra referencia real y otros   como Argelia, Brasil, Chile, Corea del Sur, Costa Rica, Estados Unidos, Israel, Kazajistán, Kosovo, Kirguizistán, Marruecos, México, Perú y Túnez es hacer trampas en el solitario, en este caso en el circunloquio, porque cuando dice que “la medida es comparativa a la de muchos otros países” puede que se refiere, seguramente será así, a los 14 extracomunitarios, muchos de ellos de dudosa calidad democrática.

Y lo peor es su afirmación rotunda, categórica, incuestionable, enfática en la expresión oral y el lenguaje corporal, de que el Consejo de Venecia avala la ley de amnistía y la considera totalmente constitucional, hecho que no valora en ningún momento porque no puede hacerlo. Si es constitucional o no, es algo que tiene que decidir el país afectado, nunca un tercero, por voz de sus organismos legales, en este caso el Supremo y, como última instancia en caso de recurso, el Constitucional.

Leyendo el texto aludido son muchísimas las dudas que plantea y que no voy a citar aquí para no alargar el texto. Texto que corresponde a un borrador que llegó a manos del gobierno español, como es preceptivo en estos casos, por si tenían que hacer alguna consideración, que nunca deberían de haber filtrado a la prensa porque es confidencial.

Con el agravante de que el texto estudiado por la Comisión de Venecia no es el mismo que se votó en la de justicia porque ha sufrido modificaciones, algunas de calado, aunque a la SER de Àngels Barceló le parezcan menudencias.

Así que, amigo Bolaño, menos lobos y más comedimiento.

Aunque, pese a todo lo escrito y siendo malicioso como soy en bastantes ocasiones, me temo que el ministro de justicia no trataba de engañarme a mí, sino a los “beneficiados” por la ley.

Y me explico:

El hecho de que la ley llegue al pleno de las Cortes, en el que saldrá adelante, supone que los “beneficiados” aprobarán los Presupuestos Generales del Estado, que se presentarán a pleno antes de que terminen los plazos legales para que la Ley de Amnistía aparezca en el BOE.

Y no me puedo creer que con el gran equipo de juristas que asesora al presidente, no tenga serias dudas, casi certeza, de que la ley aprobada en el Congreso será inviable según las leyes españolas.

Pero, con los presupuestos aprobados, Pedro Sánchez se garantizaría una legislatura de largo recorrido. El que le pongan a caer de un burro en cada sesión si algo sale mal y Puigdemont tiene que seguir en Waterloo es lo de menos. Ya lo hace ahora la oposición y parte de sus apoyadores y no le causa ningún problema. Más bien parece que “le pone”.

Ande yo caliente y ríase la gente”, dice el refrán. En este caso, las palabras correctas no serías “y ríase”, sino “e insúlteme”, pero, como digo, su historia dice que al sujeto de los odios le ha importado un pito lo que digan de él y siempre tiene el recurso de no estar presente en la cámara por “razones de agenda”.

Es muy posible que hoy me haya levantado especialmente malicioso, con mi “inteligencia intrapersonal” algo alterada, pero ¡quién sabe! Cosas más raras hemos visto y oido.

Valencia, 8 de marzo de 2024

José Luis Martínez Ángel

No lo había visto pero es verdad, gana la convivencia.

Muchas veces me han acusado de ser poco flexible en según qué cosas, y es muy “casi seguro” que tuvieran razón. Que algo de Cuenca y otro tanto del País Vasco llevo en mis genes.

Esto viene a cuento de que puede que Pedro Sánchez tenga razón y que la amnistía y todas las concesiones que ha hecho a los independentistas catalanes sea bueno, muy bueno para la convivencia.

Porque, quien me iba a decir a mí que la antigua Convergencia, partido conservador donde los haya y representante del empresariado y la burguesía catalana, de media hacia arriba, iba a hermanarse con Esquerra, partido republicano, montaraz y enemigo declarado de los Pujol de toda la vida, representados ahora por el Puigdemont de amplio flequillo huido a Waterloo.

Para ellos sí, seguramente los únicos beneficiados, cogidos ahora de la mano para formar un corro de ilusiones, bailarnos una sardana de eterna hermandad y retomar las cosas donde las dejaron. Porque eso es lo que dicen por la mañana, a mediodía y por la noche.

Que la amnistía no es el fin, sino “el principio”. O como decía el genial Quino, “el continuose del empezose” por ellos mismos en otros tiempos. En esta ocasión, según creen, circulando por una senda llana y sin obstáculos porque ya no existirá ley alguna que les pueda parar.

Naturalmente el párrafo anterior es una licencia de este que les escribe, porque la amistad les durará hasta las elecciones en Cataluña y la sardana no es “su” baile, que es de todos los catalanes, incluidos los más catalanistas y menos independentistas de la Comunidad.

Los intereses sí. Esos continuarán hasta que se separen de España, cosa que nunca verán, o hasta que se estrellen definitivamente contra un muro de sensatez que solo puede poner la ciudadanía española no independentista, que es una absoluta mayoría.

Una mayoría aplastante, por mucho que parezca que no, viendo las votaciones del parlamento y escuchando a los apologetas de un extraño progresismo que no lleva a ninguna parte. A ninguna buena, quiero decir.

Hoy he escuchado algunas cosas que, dada mi curiosidad patológica, me gustaría tener vida para comprobar:

Una de ellas es que el acuerdo sortea las leyes españolas y se apoya en las europeas. Y la otra que ellos, ¡ellos! acusarán de prevaricadores a los jueces y magistrados que se atrevan a intentar aplicar las leyes que emanan de nuestra Constitución.

¡Manda huevos!, que diría cierto presidente del Congreso. El que dejó abierto su micrófono inconscientemente, mucho más preparado y defensor del Legislativo que nuestra Francina Armengol que, a no ser que surja un milagro, acabará siendo “fija discontínua” de la alta administración del Estado.

Valencia, 7 de marzo de 2024

José Luis Martínez Ángel

El Artículo de Jesús Cacho

No soy lector habitual de Jesús Cacho, pero un amigo me ha recomendado un artículo suyo publicado esta misma mañana, titulado “¿está muerto el caimán?”, en el que, entre otras muchas cosas, reproduce una de las frases de Frédéric Bastiat, liberal francés de principios del siglo XIX, que decía:

Cuando el saqueo se convierte en una forma de vida para un grupo de hombres en una sociedad, con el tiempo se crea un sistema legal que lo autoriza y un código moral que lo glorifica

Yo, que soy un modesto aficionado a escribir sobre hechos y sensaciones de lo que sucede en España desde hace algunos años, decía hace unos días corrigiendo a una amiga que había publicado la famosa frase “hecha la ley, hecha la trampa”, que la situación actual, desde la última legislatura, debería ser: “hecha la trampa, hagamos la ley que la ampare”.

Y no me refiero solo a la corrupción económico, que siendo grave es la que menos daño hace al Estado, sino a todas las maniobras que están dirigidas a que el Ejecutivo sea el único poder real de la nación, ocupando los otros dos, el Legislativo y el Judicial, de forma más o menos sibilina al principio y totalmente descarada en la actualidad. Descarada y con visibles urgencias.

Es lo que he venido denunciando desde mi modesta plataforma, con el añadido, y también lo decía muy recientemente, de que los líderes políticos de este supuesto PSOE, solo reconocible al que surgió en Suresnes por las siglas, han conseguido que, cuando se utiliza el término “corrupción”, se limite a los casos en los que alguien utiliza dinero público para enriquecimiento personal o del partido al que pertenece, quitando importancia a todo lo demás, especialmente lo que suponga uso indebido de cargos públicos para este deslizamiento continuado desde una democracia limpia, la conseguida en la transición, hasta este alto grado de autarquía del gobierno de la nación, siempre en su provecho y con el “bien mayor” de mantenerse en el poder cueste lo que cueste.

Estrategia absolutamente sucia, antidemocrática, por muy legal que resulte, y desleal con el Estado.

Porque todos los casos de corrupción por mal uso del dinero público, siendo escandaloso en cantidad, desde Filesa, trama montada para financiar al PSOE, los casos Carmen Mestre, Roldán y tantos otros que se enriquecieron personalmente en la etapa de Felipe Gonzalez, los muchos casos de chorizos del PP con pulsera con bandera nacional pillados metiendo la mano en las arcas públicas, los muy importantes de los ERES y otros tangenciales de Andalucía, los protagonizados por dirigentes de UGT o de Comisiones Obreras, también en Andalucía o en otros lugares de España, no son más que “chocolate del loro”, carne de titulares, que apenas han provocado problemas al Estado.

Se ha tratado, repito, de casos de chorizadas aisladas, aunque parezcan una multitud y el importe total de lo robado apenas araña ligeramente los presupuestos Generales del Estado.

Nada que realmente haya causado más daño a la nación que el mal ejemplo de los pillados metiendo la mano donde no debían.

Sin embardo, los nombramientos a dedo para cargos públicos de personas “amigas” del poder sin preparación para desempeñarlos que nos han costado millones y prestigio, las famosas puertas giratorias, los tráficos de influencia y, sobre todo, el debilitamiento de nuestras instituciones colocando en puestos clave a personas afines, como es el caso actual del Congreso o del Constitucional, para asegurarse la estrategia de cambiar la Constitución por la puerta trasera a base de debilitar su contenido, o redefinir delitos a conveniencia del gobierno, eso si que son casos gravísimos de corrupción que, por otra parte, serán muy difíciles de enderezar.

Son, en menor medida y sin la violencia histórica de otros que también fueron elegidos democráticamente, lo que hizo Hitler en su tiempo, lo que ha hecho y está haciendo Putin y lo que hacen tantos sátrapas que gobiernan naciones americanas.

Siempre con el mismo proceso: llegar al poder por unas elecciones y, una vez conseguido, aferrarse a él tergiversando la letra o, en nuestro caso, el espíritu de los constituyentes.

Y en ello estamos. En algo muchísimo más importante que los casos Koldo, Ábalos, Armengol y todos los que vayan apareciendo conforme se avance en la investigación sobre la compra de las mascarillas.

Y, curiosamente, podría ser este caso y no el intento de colar la Ley de Amnistía en beneficio del gobierno y de delincuentes condenados o perseguidos, el que haga caer el gobierno de Pedro Sánchez con el apoyo de todos los desleales a la nación que ha podido encontrar por los rincones. Debajo de las piedras, dijo literalmente.

Sería una paradoja digna de estudiar en los mismos foros internacionales que estudiaron la transición.

Otra batalla, la de Sánchez, que se perdería, de ser así, porque su caballo perdió una herradura. En este caso la mascarilla.

Valencia, 3 de marzo de 2024

José Luis Martínez Ángel

Incendio de Campanar: Terrible acción, magnífica reacción.

Terrible la desgracia que hemos sufrido con el incendio de Campanar y excelente, ejemplar, la respuesta del Ayuntamiento y la Generalitat, que han hecho lo que deben hacer las personas que hemos elegido para administrar nuestros recursos y proteger a los ciudadanos.

Desde la solución habitacional, que facilitará, sin duda, la recuperación psicológica de los afectados, hasta las ayudas “dinero en mano” que les ayudarán en esos inevitables primeros gastos. Ha sido una reacción ejecutada en tiempo y forma. Como se debe.

Quiero pensar que de haber tenido otras autoridades en el municipio y la comunidad la respuesta hubiera sido parecida, pero lo que hemos visto, lo que sabemos, es que los gobiernos actuales han respondido con rapidez y eficacia.

Con ello no han hecho más de lo que debían, pero en política suele haber una gran distancia entre lo que se hace y lo que se debería hacer.

Y, de paso, hemos visualizado la utilidad y la necesidad de los impuestos, porque es de ahí donde se obtiene el dinero y los recursos empleados, bien empleados en esta ocasión. Es un balón de oxígeno, un contrapunto a las informaciones que nos llegan cada día sobre otros cargos públicos, irresponsables y corruptos, que utilizan sus talentos para perjudicarnos. Y no me refiero solo a los protagonistas de los titulares estos días.

Mi felicitación a los que han aportado todo lo que han podido. No doy nombres porque las cabezas visibles han sido la alcaldesa y el presidente de la Generalitat, pero detrás de ellos han trabajado hasta la extenuación bomberos, policía local y cuerpos de seguridad, personal sanitario, psicólogos, vecinos del barrio y miles de ciudadanos anónimos que han desempeñado tareas de voluntariado y apoyo material a los perjudicados, sin reparar en ideologías, ni su estatus social, ni razas, ni nacionalidades.

Un tropel de ciudadanos ayudando a otros ciudadanos en debilidad.

Gracias a todos y espero que no tengamos que volver a demostrar como una sociedad sana es capaz de salir de su zona de confort y de sus prejuicios para ayudar a quién sufre algo tan terrible como lo que han sufrido nuestros conciudadanos de Campanar.

Valencia, 2 de marzo de 2024

José Luis Martínez Ángel

Los gallegos de Galicia y del resto del mundo

Tengo el privilegio de haber vivido más de un año en ese maravilloso lugar llamado Vigo, en la antigua Escuela de Electrónica y Transmisiones de la Armada, hoy desaparecida, enclavada en su preciosa ría, y también de tener muchos amigos gallegos, conocidos aquí y allá a lo largo de mi vida.

Y de haber leído mucho de lo escrito por los genios de la literatura gallega, hombres y mujeres, siempre nostálgica, siempre intimista, siempre cuidada y brillante.

Y desde el primer momento me sorprendí al descubrir lo que aparecía oculto a juzgar por la tradición humorística española de que los gallegos son como despistados, primitivos, aislados del mundo en sus lugares y con sus tradiciones.

Nada más lejos de la realidad. Los gallegos son, lo aseguro, inteligentes y eminentemente prácticos, que juegan al despiste y que alientan su estereotipo, si no lo inventaron ellos mismos, porque, supongo que esa es su opinión, más vale hacerse el tonto que pasarse de listo.

Porque de acobardados y conformados con su suerte, nada de nada. Ellos fueron de los primeros que hicieron sus petates y decidieron buscar nuevos horizontes y nuevas oportunidades allende los mares cuando el trabajo escaseaba “na súa terra”. Los que, a la chita callando, en este caso más bien haciendo mucho ruido, reaccionaron cuando vieron que el contrabando de tabaco, después de droga, era un peligro para el futuro de sus hijos y se enfrentaron decididamente con los Oubiña, los Carlines y a todos los capos gallegos hasta hacerlos desaparecer, los que han sabido compaginar el fomento del turismo con el de una industria creciente y consolidada, los que han pasado miserias y calamidades cuando no tenían más remedio que pasarlas, pero luchando siempre para salir adelante, sin la resignación que se les atribuye.

Es cierto que los gallegos no se sienten “tan de Bilbao” como los bilbaínos, tan de Madrid como los madrileños, ni tan diferentes como se sienten los de otras regiones, pero también lo es que han sabido mantener esencias y capear temporales agarrados a sus minifundios o pescando lo que podían con sus barcos o con el más minúsculo de los chinchorros.

Hombres y mujeres, porque recuerdo perfectamente la imagen de mujeres con pañuelo en la cabeza y manos cuarteadas, con sus hijos pequeños tapados con mantas para protegerlos del frio, recogiendo patatas u hortalizas en sus pequeños huertos, seguramente después de haber repuesto lo consumido el día anterior en esa olla de lacón con grelos.

Decía que son inteligentes, sardónicos y con un sentido del humor tan peculiar que nos han hecho creer que cuando nos encontramos con alguno de ellos en una escalera era imposible distinguir si “subía ou baixaba”, como si eso fuera importante.

“E que máis dá? Que che importa?”, dirán riéndose para sus adentros.

En Vigo me encontré con compañeros que me invitaban a ir a sus casas si estaba “franco de ría”[1], ¡que expresión tan gallega y definitoria! O que compartían conmigo amistad y confidencias. También me encontré con alguno cabezón que, siendo cabezón y gallego, era cabezón, cabezón. Como mi amigo “o cangrexo”, paradigma de la cabezonería, el que, si creía que tenía razón, era casi imposible hacerle cambiar de opinión, por mucho que su error le perjudicara.

Recuerdo que el buen “cangrexo” tenía una novia, creo que en Timoeiras y quería ir a verla, pero no podía porque la ETEA era una “escuela” y estábamos en régimen de internado. Pero él, cabezón, cabezón, saltaba la valla y, como casi siempre le pillaban, siempre estaba arrestado.

También recuerdo a un suboficial instructor de electrónica especialmente inteligente, del que no doy su nombre, que una vez nos dijo en clase: “vivan, pero no intenten analizar la vida”. Años después me enteré con tristeza que se había suicidado, posiblemente porque no había seguido su propio consejo y porque las penas y las tristezas, en la negrura de los inviernos y las lluvias de aquellas tierras, tienen un peso especial. Son “penas negras”.

Pero, dejando a un margen estos extremos, si alguna cualidad caracteriza especialmente a los gallegos, como he dicho antes, es ser prácticos, el no luchar contra imposibles y ser coinventores de la resiliencia. La dureza de su tierra y de su historia así los ha forjado.

Lo afirmo desde el privilegio de haber crecido en un lugar tan amigable, tan acogedor, como es mi Valencia de mar y montaña, de sol y de bonanza.

Por eso, pese a escuchar los mensajes de la durísima campaña electoral, esperaba que votaran lo que era más conveniente para ellos sin caer en las redes de la palabra fácil y del populismo. Así lo han hecho otras veces y también en esta ocasión,

De la misma forma, aunque con mayor rotundidad, que sucedió en julio del año pasado con los castellano-manchegos. Que conociendo como conocían quienes eran y que hacían los gobiernos de su autonomía, se mantuvieron impermeables a promesas de terceros, en aquel caso de los candidatos del PP.

Y ha sido este hecho, las elecciones, el que ha servido para recordad mis tiempos de “gallego de adopción”, en los que conocí y reconocí la realidad de su tierra y sus habitantes, imperfectos como somos todos, pero mucho menos de lo que son los de otras regiones españolas que presumen de listos y adelantados.

Dicen que hay siete clases de gallegos y seguro que es verdad, pero me temo que los de la clase “menos lista”, saben cómo hacer relojes de madera.

Lo cierto es que “teño morriña” de esa maravillosa tierra de brumas y meigas, que “habelas, hailas”, mar bravío y sol escaso pero muy de agradecer, en la que, por un momento, temí ver aparecer la “Santa Compaña” durante una guardia nocturna entre el bosque de eucaliptus que marcaban el linde oeste de los terrenos de la ETEA.

Tierra que descubrí un día del año 1960, a la que volví en varias ocasiones y a la que, lamentablemente, es muy probable que no pueda volver.

Son páginas queridas de mi vida, recordadas sin nostalgia, que me han hecho recordar unas elecciones celebradas en el mes de febrero de este año de gracia, 2024.

Valencia, a 20 de febrero de 2024

José Luis Martínez Ángel


[1] Franco significa “de permiso”, y “ría” era una especie de medida de distancia para considerar a quienes les permitían pasar el fin de semana, con su familia, fuera de la escuela. Realmente no se refería a los que tenían familia “en la ría” como tal, sino a los que la tenían en los pueblos del alrededor. También se permitía este favor si demostrabas que estabas invitado por la familia de algún compañero que cumpliera esta condición.

¿Necesita Pedro Sánchez al PSOE?

El pasado domingo se celebraron las elecciones en Galicia y se cumplieron los pronósticos que aseguraban la mayoría absoluta del Partido Popular. Les pusieron muchas minas por el camino en forma de pellets, casi más peligrosos que la famosa marea negra del Prestige según el relato, salieron a la luz supuestas conversaciones secretas del partido con Junts, se habló de un “off the record” en el que Feijòo había confesado poco menos que haber ofrecido un puente de plata a Puigdemont, pero, como yo me suponía conociendo a los gallegos como los conozco, y de eso hablaré en otro momento, los electores decidieron que, conociendo lo que habían hecho o dejado de hacer los sucesivos gobiernos del PP y ante posibles saltos en el vació, optaron por ser prácticos como es habitual en los habitantes de aquellas tierras y votaron continuidad, con un crecimiento importante del PNG-PG y un gran descalabro del PSOE .

Al día siguiente, lo previsto: Pedro Sánchez volvió a entonar el “yo no he sido” y, pese a haber estado muy presente en la campaña electoral, ha afirmado por bocas de sus relatores que la votación se ha producido en clave local y, curioso, que el PSOE pierde fuerza porque están faltos de líderes territoriales. Cabezas de lista “sin tirón”, según él, que son los que ha nombrado casi a título personal.

Pero eso, como he dicho en el párrafo anterior, son las cosas de un caudillo sin valores que nunca asume en primera persona los errores que el mismo propicia. Él y su valedor Zapatero, que es el que faltaba para completar ese dúo del disparate capaz de afirmar las cosas más falsas y absurdas sin que se les arrugue la ceja o se le endurezca la mandíbula.

Pero hay un tema mucho más preocupante que se venía venir y que se ha concretado en estas elecciones. Pedro Sánchez “pasa” olímpicamente del PSOE, del que solo necesita las siglas y al que considera en clara decadencia y sin tirón electoral, para decantarse por la recua de partidos separatistas y anti España porque sabe que siempre serán su apoyo incondicional, digan lo que digan desde los estrados, porque son conscientes de que oportunidad como la que les brinda este gobierno, ni la han tenido a lo largo de la historia ni la volverán a tener, gane el PP por mayoría o en coalición con algún otros partido, incluido un posible PSOE “tradicional”.

Hecho que no ha dudado en manifestar en el comunicado de esta mañana, en el que Sánchez urge a “consolidar liderazgos” en las comunidades “que incluso trasciendan la marca” del PSOE.

Es decir, que el líder del PSOE, anima a apoyar a otros partidos, como ha ocurrido subliminalmente en Galicia con el BNG, al que no atacó en ningún momento, sabiendo como sabía que, si conseguían buenos resultados lo harían restando votos al Partido Obrero Socialista Español, su partido.

Con lo que pone en evidencia, sin la más mínima duda, que renuncia a ser el líder de un partido, para convertirse en caudillo de un “bloque”.

Sería muy osado por mi parte afirmar que soy politólogo o un buen analista político porque no lo soy, pero si que leo, escucho y empleo el sentido común para afirmar hechos evidentes y demostrables y, de vez en cuando, para especular con posibilidades de futuro.

Y en esa línea, el pasado mes de septiembre publicaba uno de mis comentarios en el que decía textualmente:

Y, por el contrario, y ese es el arranque de mi nueva forma de ver las cosas, tenemos un PSOE fraccionado y sin tener nada claro ni que son ni que están haciendo. Y es así porque Sánchez necesitaba ser caudillo, no líder, de la formación y por eso, a su regreso, se rodeó de una auténtica guardia de corps absolutamente incapaz de discutir ninguna de sus decisiones, bien sea por temor, por conveniencia, o por esa suerte de hechizo personal que tiene Pedro Sánchez, el de la sonrisa inocente y/o la mandíbula tensionada.

Un partido que, de la mano de su secretario, ha ido perdiendo fuerza y votos elección tras elección, como se demostró en las autonómicas y municipales de mayo y las generales de julio.

Pero eso parece no preocuparle en absoluto a Pedro Sánchez porque sabe, y esa es mi especulación de esta noche, que un PSOE resucitado, potente, sería, como lo fue antaño, el de las corrientes, familias y diversidad de pensamiento entre el socialismo más de izquierda y la socialdemocracia.

Dirigentes y afiliados que solo tenían en común lo más importante, ser socialistas, pero que discutían opciones y criticaban públicamente decisiones del propio secretario general.

Y, seguramente estando muy equivocado, imagino que, a un autócrata de manual, lo que le interesa es gente a su alrededor que le necesite de forma inequívoca, sin matices, capaces de decir hoy blanco y mañana negro sin más motivos que haber recibido un email que así se les ordenaba, y otros que saben que, sin él, solo tendrán oscuridad, como ocurre con separatistas y otras gentes de mal vivir.

Y para sujetar a estos por donde les favorece, tiene dos herramientas potentísimas: el BOE y dinero, mucho dinero, que no tiene que devolver. Dinero que no es suyo, pero legalmente “regalado” si las adjudicaciones están debidamente justificadas y aprobadas por el gobierno.

Evidentemente era un análisis muy aventurado, pero quizás no tan desencaminado.

Lo siento porque, de ser así, me he quedado sin alternativa a un posible mal gobierno futuro del PP. Y porque la situación actual de la política española, siendo legal, no tiene nada que ver con la esencia de unas reglas democráticas basadas en la buena voluntad de las partes y unidad de esfuerzos para conseguir mejoras para la ciudadanía. Las de la transición.

Cualquier parecido con la realidad de esta situación con un estado democrático de libro es pura coincidencia, con el agravante que la ligazón de los miembros del bloque liderado por Pedro Sánchez, su mínimo común denominador, no es la ideología, sino los intereses de cada cual, absolutamente diferentes en cada uno de ellos.

También podría hablar del papelón de VOX, de Sumar y de Podemos, pero, amigos míos, hoy “no toca”

Valencia, 20 de febrero de 2024

José Luis Martínez Ángel

Rita Maestre, Àgueda Micó y las montañas de petardos.

El otro día leí que Rita Maestre, la portavoz de Más Madrid, dijo que la «mascletà» que se va a disparar en su ciudad es una «montaña de petardos» y una “lamentable idea», «intento absurdo de colocar la atención en ideas y en espectáculos que nadie había pedido en Madrid y que nadie ha echado de menos en Madrid» y a la que suponía serios peligros por la contaminación que produciría y por el riesgo físico a las edificaciones próximas a la zona de fuego.

Lo esperado, siendo quien es y que ideas tiene. Oponerse a todo lo que disponga la alcaldía de la ciudad, sin tener en cuenta otras consideraciones.

Razón por la que no hice ningún comentario sobre el hecho en sí, ni sobre la opinión de la política madrileña que, como dicen los niños “se me importa”

Pero el otro día me encuentro con la sorpresa de que “la portavoz de Compromís en el Congreso, Àgueda Micó, afirmó este martes que la “mascletá” que se celebrará en Madrid el 18 de febrero «solo sirve para quedar bien con el PP de Madrid» y pidió que la alcaldesa de Valencia, María José Catalá, se centre en los «intereses de los ciudadanos«.

Y, claro, no puedo por menos que extrañarme de que una fuerza política valenciana, que debería defender las costumbres de nuestra región, se meta en camisa de once varas con un comentario que, como en el caso de Maestre, no tiene más objeto que atacar a su alcaldesa.

Y entristecerme porque la política haya llegado a un extremo tan lamentable, aunque parezca un tema menor.

A la señora Maestre le diría que tranquila, que los valencianos llevamos siglos jugando con la pólvora y que, desde hace bastantes años, las “mascletás” de Valencia, como las de otros lugares de la comunidad, se celebran en plazas o recintos cerrados sin que se caigan los edificios ni los vecinos tengan que huir despavoridos por el tremendo ruido del material pirotécnico.

Mas bien, todo lo contrario, suelen invitar a sus amigos o sacar algún rendimiento alquilando balcones a quien quiera sufrir más de cerca la “contaminación” de la pólvora quemada. Y que, de quejarse de algo, lo hacen de que la “mascletá” del día no haya sido “un poco más ruidosa”.

Pero ¿Qué le puedo decir a Àgueda Micó que ella no sepa? Quizás que el acto programado es un acercamiento entre comunidades, siempre deseable, y una oportunidad para abrir un nuevo mercado a la industria pirotécnica en la seguridad de que si se celebra se repetirá, claro que se repetirá.

Es posible que esta inteligente opinadora no haya asistido a ninguna mascletá porque mientras se disparaba estaba trabajando intensamente por los intereses de los valencianos, como ella recomienda a la alcaldesa, pero no me lo creo. Ni de coña.

Lamentar que, ¡maldita sea!, la política intente contaminar algo tan popular, tan del pueblo, como es una buena “mascletá”, a las que, posiblemente, tengamos que calificar como progresistas o de derechas según el ritmo y la intensidad.

¡Váyanse todos y todas a freír espárragos y dejen en paz tradiciones que no les pertenecen! Las fiestas populares, como los idiomas y tantas otras cosas, son propiedad exclusiva de la ciudadanía, de la gente normal, y no tienen ningún derecho a tratar de domesticarlas en su favor.

De potenciarlas, sí. De regular normas que ayuden a proteger a los participantes mientras se celebran, también. Pero “hacerlas suyas”, ni de lejos.

Y si la señora Maestre quiere localizar “montañas de petardos”, haría bien en fijarse en quien ocupa muchos de los sillones de los parlamentos autonómicos o del Parlamento español. Y asegurarle qué si la mascletá se repite en Madrid, como así será, también los vecinos de la zona de fuego invitarán a sus amigos o alquilarás los balcones. Se lo aseguro.

Dejen en paz las “mascletás”, que ya han estropeado demasiadas cosas.

Valencia, 11 de febrero de 2024

José Luis Martínez Ángel.