El BarMar y la energía verde

No tengo idea clara de lo que es el BarMar, supongo que este nombre viene de las abreviaturas de Barcelona y Marsella, si es ese el final del gaseoducto de la famosa energía verde, ni tampoco de las ventajas que supone esta nueva fuente de energía, pero tampoco me importa.

Lo que me parece raro, muy raro, es que se arriesguen a construir un conducto submarino después de la experiencia del sabotaje del gasoducto del Mar del Norte que inhabilitó todo el conducto por un atentado atribuido a un submarino ruso.

Es evidente que construirlo por tierra firme sería más costoso, pero mucho, muchísimo más seguro porque incluso sufriendo algún tipo de daño, solo afectaría a un tramo perfectamente reparable.

Y los tiempos actuales están demostrando que las energías, todas, pueden ser utilizadas como auténticas armas de guerra, por lo que es muy arriesgado tomar decisiones basadas en la experiencia tradicional sin contar con las nuevas variables.

Porque la diferencia de costes sería, seguro, mucho menor que el que está suponiendo para Europa el corte de energías rusas o las ayudas armamentísticas a Ucrania en una semana.

Por lo que tengo que suponer que esta decisión, cuya rentabilidad tampoco está nada clara, obedece a intereses políticos de Francia, respaldados por España y Portugal. Intereses políticos de consumo interno de cada país y de tan corto recorrido que, en el fondo, parece que solo pretenden mejorar las imágenes actuales de los mandatarios de Francia, consentidora del proyecto eludiendo que el gaseoducto pase por su territorio, y de España y Portugal, protagonistas de la iniciativa.

Todo ello consentido, no se porque razón, por la Comunidad Europea y teniendo un alto coste de financiación y un largo periodo de ejecución.

Suelo repetir que “locura es hacer lo mismo una y otra vez esperando resultados diferentes”. En este caso es locura y, muy posiblemente, dilapidar un dinero en algo tan indefenso como es un gaseoducto marítimo, expuesto al que el Putin de turno decida mandar un submarino, o que un grupo de esos que lanzan pinturas a los cuadros de los museos y se pegan a los marcos, por poner un ejemplo de disparate, pongan una bomba en algún lugar asequible de su trazado, sabiendo que un agujero en cualquier parte inutiliza todo el conducto.

Pero, seguramente, estaré equivocado cuando tante gente y de tanto nivel están respaldando el proyecto. Lo que ocurre es que estos “tantos y de tanto nivel” son todos políticos a los que les viene bien los grandes titulares, porque los científicos no lo tienen nada claro. La mayoría creen que la energía verde es algo que necesita una mayor investigación y, como muestra, cito una opinión autorizada:

“Antonio Turiel, investigador del CSIC y especialista en recursos energéticos, coincide en que el hidrógeno verde “es una tecnología que no está preparada para una implementación masiva” y “tampoco se ha demostrado que sea viable”.

El científico está de acuerdo en que se invierta en investigación y desarrollo al respecto, pero discrepa en un asunto, y es que “se está vendiendo como el gran desarrollo industrial que viene cuando no es así”. Añade que “decir que vamos a hacer este despliegue sobre una tecnología dudosa me parece peligroso. Tiene un coste de oportunidad importante”

Pues eso

José Luis Martínez Ángel

Valencia, 10 de diciembre de 2022º