La evidente inmoralidad de algunas legalidades. Venganza, revancha y el respeto debido a las leyes españolas y a los estamentos del Estado.

El otro día y desde Bruselas, nuestro presidente de gobierno hizo unas declaraciones a propósito de posibles indultos a los golpistas catalanes ahora en prisión. No entro en repetir las razones de su encarcelamiento porque ya las explicó en su día y en sentencia firme el Tribunal Superior de Justicia, que es el máximo intérprete de las leyes en España, después de un juicio realizado con luz y taquígrafos y con todas las garantías legales.

Tampoco dudo de la facultad que tiene el gobierno en indultarlos por la simple razón de querer hacerlo, aunque tuviera en contra la opinión del Consejo de Estado, la Fiscalía, o el Tribunal Superior de Justicia. O la de todos a la vez.

Esta es una brecha evidente en nuestro estado de derecho que habrá que condicionar mucho más en algún momento, porque según la interpretación de nuestro presidente, cualquier gobierno puede revocar de hecho y sin dar cuentas a nadie, cualquier sentencia firme de los tribunales, fuera cual fuera el delito y sus circunstancias.

Lo que supone en la práctica reconocer que el gobierno de turno, el ejecutivo, está por encima de las leyes y tiene un poder y una autoridad superior al judicial cuando, ignorando una sentencia y la opinión de los que la dictaron, puede indultar a condenados.  E incluso por encima del legislativo, que es quién redacta las leyes que aplican los jueces en nuestro país

Estoy exagerando deliberadamente, pero ese es el poder real del indulto. Facultad legal del gobierno que si no se motiva adecuadamente vulnera claramente los fundamentos de la democracia.

La Constitución, Señor Sánchez o quién le haya escrito las famosas frases, no está hecha para fomentar la convivencia. Está escrita para que podamos convivir pacíficamente, que no es lo mismo, aunque lo parezca. La Constitución es un compendio de reglas y marcos legales en los que se describen los derechos y las obligaciones de los españoles para que podamos mantener una mínima convivencia. Y luego cada cual convive mejor o peor con su vecino según niveles sociales, culturales, razas, ideologías, o aficiones deportivas.

Porque, repito, la Constitución no obliga a que nos amemos, sino a que nos respetemos. Y a que todos los estamentos del Estado, representados en el cada día por el gobierno, respeten nuestros derechos fundamentales, salvo circunstancias excepcionales que ella misma define. Su texto no favorece ni dificulta que un independentista vasco o un vecino de Teruel me quiera más o menos, o que se quieran entre ellos de forma especial. Solo exige respeto mutuo y luego allá cada cual con sus ideas o sus convicciones.

Algunos, los independentistas por ejemplo, sostienen la absurda opinión de que fomenta la discordia, pero no es cierto. La Constitución nos califica a todos libres, iguales y dueños y responsables de las grandes decisiones de Estado ejerciendo nuestro derecho al voto o participando en las consultas que el gobierno formule en cada momento. Y digo el gobierno, único autorizado para hacerlo en temas constitucionales en España, porque las comunidades si pueden convocar algunas de rango menor siempre que no afecten ni directa ni indirectamente a lo autorizado en la Constitución.

Son ellos los que fomentan la discordia porque no la acatan y quieren regirse por reglas y preceptos triviales y fuera de contexto que ellos mismos han inventado y que atentan contra las leyes y los derechos del resto de los españoles.

Y es un argumento tan falso como que un pedófilo diga que la Constitución le dificulta la convivencia porque le priva de sus derechos a abusar de menores.

Y siendo cierto que el gobierno tiene derecho a conceder indultos, no es menos cierto que esta facultad está regulada por una serie de condicionantes previos, como pedir la opinión al Consejo de Estado, o a la Judicatura, por ejemplo. Sus recomendaciones no son vinculantes, pero sí preceptivas.

Y sí que tienen influencia sobre la opinión del gobierno, porque si el informe del Poder Judicial no es favorable, el gobierno no puede aplicar indultos totales, sino parciales.

Y en caso de que la decisión de indulto no este debidamente motivada, se puede recurrir a la judicatura que, en algunos casos, ha sentenciado la anulación de algún indulto.

También conocemos indultos motivados por el ejecutivo y con voto favorable del judicial. Se trata de casos en los que, entre el momento de la comisión del delito y la sentencia y el decreto del indulto, han concurrido circunstancias que aconsejan el perdón y la reinserción del condenado.

Claro que ahora los voceros del gobierno y la factoría Redondo están lanzando mensajes sobre indultos concedidos a personas físicas, incluso a algún implicado en el golpe del 23F, como si todos fueran como el que propone el gobierno en este momento.

En primer lugar, fueron indultos individuales pedidos por los condenados o sus representantes por razones de edad, enfermedad, o circunstancias especiales. En esta ocasión, que yo sepa, no han sido los condenados los que han pedido el indulto, sino sus partidos políticos. Y, además, también por lo que se, se pide un indulto a un colectivo, por lo que en el fondo se está pidiendo un indulto al delito más que a los propios delincuentes.

Y en todos los casos conocidos se cumplió uno de los requerimientos necesarios para concederlo. El del arrepentimiento y las garantías de que no se reincidirá en el delito. Yo no digo que Antonio Tejero estuviera arrepentido de lo hecho cuando le pidieron el indulto, indulto que aprobó el Tribunal Superior pero que al final el Gobierno no concedió, pero desde luego no se pasó su tiempo en prisión diciendo que lo volvería a hacer.

Sí que se lo concedieron al General Armada, otro involucrado en el 23F, también con informe favorable del Tribunal, siendo titular de Defensa el socialista Narcís Serra.

Pero es lo mismo. Todo el poder mediático del gobierno dirá que este indulto es igual “que otros” cuando, evidentemente no lo es. Ni Igual, ni parecido. Indulto que crearía un precedente muy peligroso por tratarse de lo que se trata, circunstancias que no se daban en los casos anteriores

No puedo dar fe de que todos los indultos, desde la transición, cumplían los requisitos necesarios, pero parece que este no los cumple a juzgar por el dictamen del Consejo Superior del Poder Judicial. Pero este un tema legal en el que no puedo entrar porque carezco de la formación necesaria para hacerlo.

Lo que si puedo es condenar y quiero hacerlo con toda rotundidad, las desafortunadas palabras de nuestro presidente, el de todos los españoles y responsable máximo de cumplir y hacer cumplir la Constitución y las leyes del Estado, cuando hizo pública la intención de indultar a los políticos presos de Cataluña. A todos a la vez, en racimo.

Porque, según mi opinión, al pedir el indulto para los golpistas afirmando que “de ahora en adelante hay que buscar la convivencia y no la venganza y revanchismo”, da a entender, casi afirma, que la motivación del Tribunal Superior de Justicia al dictar sentencia no fueron los delitos cometidos y demostrados fuera de toda duda por los condenados, sino una persecución implacable y deliberada hacia los acusados. Extraña, retorcida y perversa interpretación de los hechos por parte de Pedro Sánchez.

Y porque, además, un posible indulto no aplacará los desvaríos de los independentistas catalanes que han afirmado y siguen afirmando que no se arrepienten de lo hecho y que seguirán con la misma hoja de ruta. Es más, saldrían fortalecidos por lo que supone de semi inmunidad por lo hecho. Y la prueba es que no se conforman con el indulto, aunque lo aceptarían como paso previo. Ellos exigen la inmunidad alegando que los políticos presos nunca cometieron delito alguno.

No beneficia a los catalanes no nacionalistas porque si crece la sensación de impunidad, también crecerá la presión del gobierno catalán en temas que afectan a los que no son independentistas.

No beneficia a los españoles no catalanes porque con esta decisión y otras en la misma línea, crea agravios comparativos con otras comunidades y genera una sensación de desamparo frente a los abusos de todo tipo de determinadas autonomías.

Beneficia, claro que sí, los intereses políticos del nacionalismo catalán y sus aspiraciones de autodeterminación e independencia.

Beneficia los intereses del resto de nacionalismos chantajistas presentes en el congreso, especialmente al PNV, por lo que tiene de precedente para futuros desmanes y exigencias

Y beneficia, como gran beneficiado, a Pedro Sánchez, persona física, el presidente más egoísta y amoral de cuantos he conocido y también al “presidente Sánchez” en su interés de mantenerse en el poder a toda costa y sin considerar las nefastas consecuencias de muchas de sus decisiones.

Es decir, en la balanza de daños y beneficios:

Gana Pedro Sánchez en su obsesión por mantenerse en el poder cueste lo que cueste y haga el daño que haga.

Ganan los partidos independentistas porque al tener al presidente sujeto por donde no deberían tenerlo, ganan en competencias, prebendas económicas e influencia en las decisiones del Estado. Un Estado que quieren destruir.

Y perdemos todos los demás, los de todas las autonomías, incluida Cataluña.

No sé cómo juzgará la historia a Pedro Sánchez, pero lo tiene muy difícil, casi imposible. Zapatero se equivocó en muchas cosas, una de ellas y muy grave fue negar la existencia de la crisis pensando quizás en no alarmar al capital extranjero, pero nunca fue un mentiroso y un trilero. Fue un iluminado peligroso, eso sí

Pero este presidente que ha gestionado mal todo lo que ha tocado, que se envuelve en el oscurantismo más absoluto calificando como secretos de estado muchas de sus actuaciones personales, que ha practicado el nepotismo nombrando asesores y  presidentes  de grandes empresas a amigos o gente afín, que cada vez cuenta menos en la esfera internacional, Comunidad Europea y Estados Unidos incluidos, que trata de invadir continuamente a los otros Poderes del Estado, que minimiza la función institucional del Jefe del Estado, que trata de burlar la constitución buscando trucos y atajos, que ha mentido si ningún rubor en muchas ocasiones, que ha pactado con el diablo político para mantenerse en el poder y que está haciendo desaparecer a un Partido Socialista histórico que tanto ha hecho por la paz, el progreso y la modernización de España, solo puede ser “premiado” con el olvido en el mejor de los casos.

Porque, no lo duden, cuando termine su mandato y se abran armarios y cajones, aparecerán informaciones que nos ruborizarán mucho más. Aunque parezca imposible.

Valencia 27/5/2021

Las milongas de nuestro presidente y el indulto a los políticos presos.

Si acaso doblares la vara de la justicia, no sea con el peso de la dádiva, sino con el de la misericordia”, fue uno de los sabios consejos que Don Quijote dio a Sancho cuando se suponía que iba a ser gobernador de la ínsula de Barataria. Un personaje, Don Quijote, que no entendía de marketing ni tenia asesores personales. Que nunca buscó ni hizo nada que le conviniera en lo personal y que dedicó su vida, ¡pobre loco! a solucionar las injusticias sociales y los abusos de los poderosos de su momento.

Sabio consejo este que debería atender Pedro Sánchez, nuestro presidente, el que lleva camino de convertir a España en una nación impensada, casi irreal. No en una Barataria supuestamente regida por el orden, la concordia, la generosidad y la honestidad, sino en una especie de antípoda imaginaria en la que no cabrían ni Don Quijote y el buen Sancho.

Y viene a cuento de otro de los comentarios del último “aló presidente” cuando respondía a una pregunta sobre posibles indultos a los políticos presos en Cataluña por haber cometido un delito de sedición. Contestación, como todas las suyas, camuflada con frases buenistas y confusas y con sus clásicas divagaciones afirmando, entre otras cosas, que todos “somos culpables” de lo sucedido en Cataluña y majaderías semejantes.

Y no dijo que no, con lo que adelantó el sí.

Señor presidente, el Estado español no es responsable en absoluto de los delitos cometidos por los condenados, como tampoco lo fue las otras veces que lo intentaron, la última en la Segunda República. Y si quiere indultarles haciendo uso de la facultad que le concede el cargo, hágalo sin más. Será un acto legal estemos o no de acuerdo con la decisión y será usted quien cargue con la responsabilidad política de su decisión.

Aquí, Señor Sánchez,  no hay equidistancia posible, porque el Estado es la ley. Los infractores, en este caso muy conocedores de la gravedad de sus decisiones y repetidamente advertidos por la judicatura española, por los servicios jurídicos de la Generalitat e incluso por el Tribunal Constitucional, no son víctimas de nada ni de nadie. Son los infractores.

Pero les indulte o no les indulte, si cambia la ley que no sea para favorecer al delincuente, sino para aclarar o modernizar conceptos. Hoy no son necesarias las armas para dar un golpe de Estado, por ejemplo. Bastaría con dirigirlo manteniendo a la nación prisionera y desarmada con un grupo de hackers bloqueando las comunicaciones y controlando redes oficiales, ordenadores de las Fuerzas Armadas y servidores de bancos y entidades financieras para conseguirlo. Pasando de la democracia al Gran Hermano.

Luego ya vendrían las fuerzas armadas del golpista para “mantener el orden”, pero el golpe de estado ya estaría consumado y eso sería rebelión en un concepto moderno de la tecnología y del control de una nación.

Y dicho lo anterior le aseguro que yo no soy nada revanchista. Lo mismo que creo en la ley creo en las segundas oportunidades y en la posibilidad de doblar la vara de la justicia por la fuerza de la misericordia. Pero siempre que se cumplan una serie de circunstancias que aquí ni se han dado ni hay ningún atisbo de que se puedan dar.

Porque sus favorecidos han reiterado tantas veces como se les ha preguntado que no se arrepienten de lo hecho y que, si tienen oportunidad, lo volverán a hacer. “Ho tornarem a fer”, dicen en su hermosa lengua materna.

Luego, si no hay ninguna justificación para aplicar la misericordia, solo nos queda afirmar que la vara de la justicia se puede doblar por la dádiva. Por el apoyo parlamentario que le están prestando los independentistas catalanes y que es la única forma de asegurar su legislatura sin pactar con partidos constitucionalistas.

Y le pongo un ejemplo con la salvedad de que en este caso no hay derramamiento de sangre de por medio: ETA comenzó a matar y, contra muchos pronósticos, siguió haciéndolo durante la democracia, incluso con mucha más violencia porque ellos también querían “volver a hacerlo”.

No quiero entrar en detalles, pero después de varias diferencias y muchas idas y venidas respecto a la violencia operativa, dentro del seno de la organización asesina se formaron dos corrientes diferenciadas: Los militares, la ETA mili que querían seguir matando y los poli-milis, la ETA político-militar que creía que había llegado el momento de tomar otro camino y buscar la vía política para conseguir sus objetivos.

Este grupo llegó a fundar la llamada alternativa KAS (Koordinadora Abertzale Sozialista) que incluso se presentó a unas elecciones.

Pues bien, muchos de los etarras que dejaron las armas en aquellos tiempos se encontraron con un gobierno que les ayudó y que amnistió o redujo las penas de muchos de ellos. Cosa que me pareció muy bien, como a la gran mayoría de españoles, porque se tenía la seguridad de que era un arrepentimiento sincero y que los beneficiados no volverían a las andadas.

Y como ejemplo, uno de los más destacados, al que recuerdo perfectamente, fue Mario Onaindia, que pasó de terrorista a dirigente de Eushadiko Ezkerra y parlamentario vasco por el Partido Socialista de Euskadi-Euskadiko Ezkerra.

Insisto, la ley, señor presidente, le permite indultar a quién usted quiera, incluso con la opinión contraria de la judicatura, pero no nos cuente milongas. Hágalo y punto. Que le va en ello la permanencia del gobierno “Pode-Socialista” que nos ha toca en suerte gracias a nuestros votos.