Las elecciones andaluzas, la política nacional y la ley electoral.

Son tres temas que no están relacionados directamente, aunque no deja de ser cierto que unas llevan a las otras.

Empezando por las elecciones andaluzas, el PP no ha alcanzado la mayoría por dos escaños, el Partido Socialista Obrero Español de Andalucía ha obtenido el peor resultado de su historia, VOX ha conseguido 15 escaños, según ellos un gran triunfo, Adelante Andalucia ha subido <<de forma espectacular>>, aunque solo tiene 8 escaños y Por Andalucía, un partido con tantas siglas escondidas detrás de su título que es casi imposible recordarlas todas, solo 5.

Y mi pregunta es ¿para qué demonios sirve la presencia en el parlamento andaluz de Adelante Andalucía o Por Andalucía? No puedo opinar lo mismo de VOX, porque, en esta ocasión, puede ser clave de gobierno, pero diría lo mismo si no lo fuera.

¿Qué utilidad ha tenido Baldoví en el parlamento valenciano durante tantos años?

Me dirán que es una voz crítica con el gobierno de la Generalitat, pero lo mismo podría criticarlo si ejerciera su profesión, maestro, y exactamente con la misma eficacia, absolutamente ninguna.

Todos estos partidos son grupúsculos que ayudan al encabronamiento de la política autonómica, porque, no siendo determinantes, como no lo son en este caso, lo único que sirven es para lanzar acusaciones, generalmente en forma de insultos, contra el gobierno de turno, sin que sirvan absolutamente para nada.

Excepto, claro está, para garantizarles un sueldo y una posición destacada, para ellos y para sus asesores, durante cuatro años.

En cuanto a las Cortes Generales, nuestra muy perniciosa ley electoral, la D’Hondt, lo único que sirve es para sentar en el Parlamento a gente totalmente desconocida para nosotros, pero, eso, sí, absolutamente fieles a los que les han metido en las listas. A los que les dan de comer y comer bien.

Razón por la que ningún partido, ni el PP, ni el PSOE, ni ningún otro que pudiera, tiene la más mínima intención de cambiarla. Porque no hay nada mejor para ellos que levantar un dedo para indicar que botón deben pulsar sus manadas, sabiendo que el rebaño calienta sillones de sus listas van a obedecer sin ningún reparo.

Aunque lo votado perjudique claramente a la autonomía que le eligió.

Repito: son seres amorfos, sin patria ni razón, elegidos para que sigan sin objeciones al gran líder de su partido, por boca y dedo del responsable del grupo parlamentario.

Supongo que se nota que no soy muy partidario de lo que tenemos.

Creo más en una ley electoral como la francesa, con una segunda vuelta que obliga a los minoritarios a votar a alguno de los que tienen peso en su parlamento y mucho más en la británica, en la que cada parlamentario es propietario exclusivo de su escaño, porque lo ha conseguido presentándose por su cuenta en una circunscripción y nunca votaría algo que perjudique a sus representados, sus electores, los de su barrio, porque tiene obligación de rendirles cuentas en un bis a bis político en la oficina electoral de su zona.

O que, como ha ocurrido o puede ocurrir ahora con los laboristas, pueden obligar a dimitir al líder de su partido, siendo Jefe de Gobierno y elegir a otro sin necesidad de elecciones generales, que solo se celebran en las fechas fijadas o si se produce una crisis nacional.

Valencia, 19 de mayo de 2026

José Luis Martínez Ángel

P.D.

Repito lo que he dicho otras veces:

¿Se habían dado cuenta de que, en el Parlamento Británico, que tiene 650 parlamentarios, solo hay una pequeña parte presentes en las sesiones habituales?

Es porque los parlamentarios, me refiero a los de la Cámara Baja, solo asisten a los plenos si hay algo que afecte a sus representados, sus electores, los de su zona, y no se pasan horas y horas escuchando debates para aplaudir o protestar según quién tenga la palabra. Emplean ese tiempo moviéndose por su entorno geográfico, resolviendo sus problemas o escuchando lo que dicen sus representados, sean o no de su partido.

Y si hay una votación de interés nacional, la del Brexit, por ejemplo, cuando asisten todos, solo hay asientos para 420, por lo que 230 de ellos deben permanecer de pie o sentados en el suelo en una de sus dos plantas.

Y que, como ocurre en los Estados Unidos, en las elecciones se lleva todos los escaños el partido que ha conseguido más votos en circunscripción electoral, por lo que no hay grupos minoritarios, de valor cero en la práctica, como ocurre en España.

Sé que la democracia consiste en que decidan las mayorías escuchando a las minorías, pero el parlamentarismo de todos los países democráticos, también el de España, permite escuchar a sus minorías sin necesidad de que se pasen cuatro años sin más objeto que proporcionar titulares a los periodistas.