El presidente que nunca deja de sorprendernos. Los hombres del puro

Franco, que no tenía más ideología que la que consiguió en opa hostil a la Falange Española, a la Comunión Tradicionalista y a las Juntas de Ofensiva Nacional-Sindicalista, porque necesitaba “algo” para tener una cierta imagen de gobierno normal, no podía discutir con sus adversarios porque estaban escondidos y porque, ellos sí, tenían ideología y un concepto “normal” de lo social, de lo colectivo.

Y por eso tuvo que englobar a todos sus enemigos en un supuesto contubernio “judeomasónico” que no define nada en concreto, pero que simbolizaba las fuerzas ocultas que se oponían a su gobierno.

En resumen: “judeomasónico” y “contubernista” era todo aquel que no estaba con él.

Pues bien, una vez enterrado Franco en el Pardo, habiéndose amortiguado el tema del Rey emérito que descansa tranquilo en su exilio de oro, el presidente, que ha visto pelar las barbas de su vecino, necesitaba un enemigo al que vencer o que le amenace, y no ha tenido más opción que, rememorando a Franco, inventarse uno imposible de derrotar porque no se trata de un personaje real, visible y reconocible: los “hombres del puro”

Esos que, supuestamente, están detrás de todas las tropelías y negativas de colaboración del Partido Popular, porque comparten con ellos el objetivo de hundir a la nación por la via de desobedecer al presidente.

Es evidente que Pedro Sánchez no es un dictador porque nuestra forma de Estado sigue siendo Monarquía Parlamentaria por mucho que en ocasiones trate de disimularlo, pero no es menos cierto que cada día que pasa, se acrecienta su perfil autocrático. Y, como consecuencia ineludible al resurgimiento del PP, que le ataca con propuestas para consensuar lo que, según ellos, quiere “la gente”,  ha tenido que echar mano de un recurso tan antiguo como el hilo negro para justificar algo tan inocente desde el punto de vista político como el “no te ajunto” de los niños cuando se cabrean entre sí: dividir a los españoles, utilizando a los partidos políticos, en dos bandos irreconciliables: los que están con él  y “arriman el hombro” haga lo que haga y diga lo que diga, y el resto, más de la mitad de los españoles según las últimas encuestas, que se pasan el día conspirando contra él, azuzados por los hombres del puro.

En lo que ha fallado es en no explicarnos quienes son los poderosos, porque poderoso, supongo yo, es el grupo Atresmedia, propietaria de la Sexta, entre otras muchas cadenas y plataformas, o el Grupo Prisa, propietario de la Cadena SER y del diario El País, sin contar con parte del empresariado catalán y o de algunos miembros del INDEX 35, que, por lo que se ve, no son sus enemigos.

Aunque, hablando de poderosos, nadie como él, que es dueño temporal de la nación y dispone de herramientas de propaganda tan potentes como la TVE y todas sus cadenas de radio y televisión, de las encuestas del CIS de Tezanos, del “sí señor” de la presidenta del Congreso, cuando le ordena que haga cosas como cambiar el reglamento de las cortes a su conveniencia, de la fiscalía general del Estado y, en ello estamos, tratando de controlar INTRA y el Instituto Nacional de Estadística para que los datos oficiales de paro, de desempleo, o de inflación, sean como conviene que sean y no cómo son en la realidad.

Sin contar con que, con los apoyos actuales y entre otras cosas, puede promulgar leyes o tomar decisiones de más o menos calidad democrática que nos facilite o nos complique la vida, que puede subir impuestos hasta el punto de asfixiar a la ciudadanía o de comprometer la continuidad de las empresas.

En fin, eso sí que es verdadero poder.

Aunque, y eso no le dejará dormir por su obsesión mini imperialista, todavía no son suyos el Poder Judicial ni el Tribunal Constitucional.

¿Puede haber algún otro más poderoso en España? ¿Cuáles son esos famosos hilos que estarían moviendo?

No sé qué tiene entre manos para su futuro. Unos dicen que un alto cargo en la Comunidad Europea, otros que seguir en la política nacional no se sabe con quién ni para qué, pero, haga lo que haga, ya tiene asignado un título que nadie le quitará: ser el presidente más mentiroso y torticero desde la transición e incluso puede que desde que se conoce el parlamentarismo. Y buenos ejemplares, a fe que los hemos tenido a lo largo de la historia.

En política activa no creo que pueda seguir, porque la gente demanda lo que necesita cada vez más y porque los rescoldos del PSOE moribundo pueden reaccionar en algún momento. Y porque sus fantasías cómico-trágicas son tan infantiles que no le servirán de nada, como no le han servido en Madrid, en Castilla-León ni en Andalucía. Es cierto que falta mucho para las elecciones y que puede ocurrir un “no se qué cosa” que cambie las tendencias y las intenciones de voto, pero, si ocurre, no será nada bueno para el país y casi dará lo mismo quién lo gobierne.

Pero si todo transcurre como parece, ni siquiera le queda el recurso de Zapatero: ser la salsa en todos los platos del neo comunismo mundial, porque su predecesor es un iluminado, un radical convencido, mientras que este presidente que los votos nos han dado, solo es un convenenciero sin moral ni ideología. Un arribista que cuando termine su mandato solo dejará tras de él un desastre económico, una fractura social mucho mayor de la que ya existía y un intento de reescribir la historia desde el sectarismo y la falsedad, que tampoco se mantendrá.

Quizás la sucesora de Zapatero en el otro mundo, el de ultramar, sea Susana Díaz, la que ahora está sumando. Porque ella sí que puede acreditar un comunismo real, aunque con buena imagen física y su punto de glamur. Una neo peronista con pedigree.