Varias veces he pedido que alguien me explique el fenómeno VOX, porque yo soy incapaz de entenderlo. Y, para ser sincero y gracias a sus enormes problemas internos y sus muy extravagantes decisiones políticas, cada día menos.
Lo que nació como una alternativa más a la derecha del PP, que en un momento determinado pensó que podía superarlo y que luego, viendo que eso era imposible, ha decidido apoyarlo, pero pretendiendo que fuera el PP el que asumiera sus postulados desde una posición impropia de su poder real y que ahora está perjudicando gravemente la estabilidad política de Extremadura, Aragón y Castilla y León, se ha convertido en un partido convulso, cada vez más presidencialista y, casi, enemigo de la España que dice amar y defender.
Un partido que, con los postulados actuales, no hubiera podido legalizarse por no cumplir con el requisito de ser democrático y cien por cien constitucional.
Un partido que ha expulsado de sus filas a la gran mayoría de sus fundadores por tener discrepancias con el siempre cabreado Abascal, que ha perdido todo asomo de transparencia y lógica en sus decisiones, muy <<estilo Trump>> y que intenta que en sus pactos con el PP figuren planteamientos contrarios a la Ley y a la Constitución, ¿Cómo puede ser de confianza para alguien?
Tiene seguidores, sí, y tendrá suelo de votantes porque hay una parte de la población que cree que esto de la democracia son majaderías y que lo que de verdad conviene a España es un gobierno central todopoderoso que decida por los que no sabemos decidir, como hay una parte de españoles que siguen pensado que el comunismo, el del gran fracaso histórico y los millones de muertos, es la mejor alternativa.
Solo que, a la derecha del PP, VOX casi es el único, mientras que, a la izquierda del PSOE tradicional, no del <<sanchismo>>, hay cuatrocientos líderes y mini líderes, separados entre ellos como corresponde a la tradición de la izquierda extrema, no tanto por sus diferencias ideológicas como por sus afanes de protagonismo.
Pues bien, llegados a este punto de bloqueo real a las comunidades que tienen pendiente consolidar el triunfo del PP en las últimas elecciones autonómicas, nos salen con que en hay que saltarse leyes y normas éticas, y decidir que el que no haya sido español <<de tota la vida>> es ciudadano de segunda.
Como si hubiera uno solo que pueda acreditar esa condición medieval de ser de sangre pura, limpia y libre de pecado, o como si los inmigrantes nacionalizados fueran subespecies dentro de la raza humana.
Y genios de VOX han salido diciendo que solo son españoles los nacidos de padre y madre española. No sé como le sentará esta afirmación a Ignacio Garriga, el líder del partido en Cataluña, con un padre de ascendencia belga y madre ecuatoguineana.
Semejantes majaderías, ilegales y faltas de toda ética, más parece una forma de perjudicar de forma significativa al que debería ser su aliado natural, el PP, cosa que no han conseguido hasta ahora, dando munición al sanchismo.
Inmigración controlada, claro que sí, y eso es competencia exclusiva del gobierno de turno. Favorecer la integración de esa masa de inmigrantes que viven en España y que están solucionando de forma ilegal muchos de los problemas sociales en nuestra nación, también y sin ninguna duda. Lo pidió La Iglesia y cientos de organizaciones españolas libres de toda sospecha.
Pero una regularización como la que ha planteado el gobierno, absolutamente imposible de que se cumpla por las dificultades de conseguir documentos que avalen ciertas condiciones, de ninguna manera. Porque es una regularización que ha despertado muchísimas expectativas y que va a provocar terribles desengaños que pueden convertirse en hostilidades contra España, que siempre ha sido tierra de asilo.
O que se potencien los guetos actuales, todavía manejables, para convertirlos al modelo francés, en los que es casi imposible una integración real en la nación que les proporciona acogida, porque son bolsas de desempleo y discriminación.
Muchas gracias a este partido que nos vino dado, no para solucionar ninguno de los problemas que tenemos los españolas sino para enturbiar nuestras relaciones y acrecentar los problemas de convivencia.
Y gracias también a los votantes que les apoyan pensando que VOX es la solución. Y no me refiero a los nostálgicos de toda la vida, porque esos, los que aspiran a que la historia retroceda noventa años, seguirán erre que erre esperando la resurrección de dictadores que ya murieron y están debidamente enterrados, físicamente y en la memoria del noventa y mucho por cien de los españoles.
No sé como se puede erradicar este cáncer antidemocrático y cada vez más antisocial, pero quizás no sería malo que el PP aguante el tipo y permita que se repitan algunas elecciones, que, en ningún caso, serían su responsabilidad. La tendría VOX y también este sanchismo insensato, incapaz de romper barreras, pensar en Estado y llegar a pactos con el PP que dejaría en la cuneta a los <<abascales>> y a los <<pablos iglesias>> que nos impiden avanzar en sentido común y convivencia.
Valencia, 25 de abril de 2026
José Luis Martínez Ángel