La sociedad civil y los gobiernos de la nación, dos mundos paralelos cada vez más alejados entre sí.

Lo que está sucediendo con la sanidad en España es un ejemplo paradigmático del caos en el que está sumida la sociedad española. Hay algunos temas que requieren soluciones a medio y largo plazo, como el de las pensiones, pero este, la sanidad, necesita medidas a muy corto plazo y una profunda reorganización porque está afectando a la población de toda España, aunque solo se hable de Madrid, y está seriamente dañada desde el caos inevitable que supuso la pandemia del coronavirus. Caos no resuelto del todo y con gravísimas amenazas de continuidad por las nuevas situaciones y los nuevos condicionantes.

Y hay que abordarlo ya porque este problema es mucho más grave que el hecho de que haya ciudadanos que pasen más o menos frio o que tengan más o menos dificultades para llegar a fin de mes, porque lo que está en juego es la salud pública y vidas humanas.

Y empiezo por decir que no voy a aportar posibles soluciones personales porque no las tengo. Solo pretendo hacer un análisis de la situación, unas reflexiones en voz alta plasmadas en un texto, en las que, en lugar de sugerir respuestas, plantearé preguntas.

Y eso viene a cuento de que todo lo que está sucediendo en España desde los últimos años, especialmente por la mala gestión de los recursos del Estado, en algunos casos forzada por los acontecimientos, choca frontalmente con mi forma de actuar cuando formaba parte de una empresa privada que trabajaba en calidad, donde el esfuerzo, la imaginación y la colaboración de todos sus empleados, permitía mantener una dinámica de renovación continuada para no perder ritmo ni mercado.

Posteriormente he tenido una empresa propia y las preguntas seguían siendo las mismas: si algo va mal ¿Cómo reconducir la situación para revertir la tendencia? Si el negocio va bien, ¿cuáles son las razones que lo justifican? Y en todo caso, vaya bien o vaya mal ¿cómo mejorar la gestión a corto, a medio y a largo plazo?

Y donde manejábamos los procesos de mejora de gestión o de resolución de problemas usando una metodología innegociable:

  • Conocer hasta el más mínimo detalle, con hechos y datos contrastables, cual es la situación actual.
  • Definir muy claramente el objetivo que se quiere alcanzar, igualmente dimensionado con datos muy definidos.
  • Qué plazo nos marcamos para pasar del “ahora”, la situación actual, al objetivo previsto. Plazo que requiere establecer controles intermedios en el tiempo de la migración, para asegurarnos de que las acciones o los procesos establecidos responden a las previsiones. Y si no es así, se revisan y se modifican.

Sin dejar nada, absolutamente nada al azar.

Y por supuesto, sin abordar mejoras en lo que puede ser una bola inmanejable, huyendo de definiciones como “mejorar la sanidad”, fragmentándolas y concretándolas de forma independiente en cada una de sus partes, como “mejorar la atención primaria” o “mejorar, la atención primaria en zonas rurales”, por poner dos ejemplos.

Porque la sanidad pública española necesita un gran proceso, pero dividido en áreas independientes de trabajo abordadas por equipos especializados en cada una de las áreas tratadas. Y, a ser posible, sin la intervención de políticos concernidos en los temas tratados o, todo lo más, como una voz más dentro de cada grupo.

Expertos si, políticos no.

Al final serán ellos, como únicos facultados para aprobar los presupuestos o de las medidas a tomar, los que firman lo que haya que firmar, pero, poniendo un ejemplo real, en la multinacional en la que trabajé no había ningún director ni dirigente incluido entre los componentes de los grupos de trabajo, aunque, eso sí, cuando le presentaban la solución sugerida a la dirección, eran ellos los que tenían que hacerla suya.

Y digo sin faltar a la verdad, que la dirección aprobó todos los trabajos que le presentaron los muchos grupos que se montaron para tratar temas concretos, porque todos contenían un análisis detallado de los costes, los beneficios y los plazos de ejecución de cada iniciativa.

Es por eso por lo que estoy convencido de que vivimos en dos mundos paralelos. El de la realidad, los ciudadanos tratando de salir adelante, las empresas grandes y pequeñas, intentando rentabilizar mejor sus inversiones para mantener los negocios, y el de la política basura de las ocurrencias, la visión a corto plazo y el no considerar las consecuencias de cada decisión, porque su objetivo no es el ciudadano ni administrar adecuadamente los bienes que les hemos confiado, sino mejorar las encuestas y las tendencias de voto.

Casi exclusivamente. Y no solo del gobierno actual, aunque este lo ha elevado hasta convertirlo en un arte.

Hay una frase que he utilizado con frecuencia dando cursos o en reuniones de trabajo: Lo fundamental en una orquesta es que cada instrumentista conozca a la perfección su partitura y como debe encajar en el grupo orquestal. Pero en la política española se ha dado el milagro de que el nombramiento de ministro lleva incluido el alcanzar la ciencia infusa y, de la noche a la mañana, sabe más que el que más y no necesita más consejos que los de sus cuatro amiguetes a los que ha nombrado “asesores”.

Prescindiendo de las recomendaciones de los estamentos previstos en el ordenamiento del Estado, o de los funcionarios de mayor nivel, excelentes profesionales en sus ramas. Es decir, pasan a ser el violinista que conoce a la perfección las partituras de todos los instrumentos sin haberlas estudiado.

¿Para que preguntar si ya lo saben todo?

Mas de justicia que los juristas, más de economía que los economistas, más de urbanismo que los urbanistas y, naturalmente, más de sanidad que los sanitarios o más de gestión de la sanidad, que es un tema diferente, que los gestores profesionales. Claro que sí

Y si he tomado como ejemplo el tema de la sanidad, es porque es un problema universal por mucho que la política de bajo nivel se empeñe que está centrado en la Comunidad de Madrid, ergo hay una responsable-culpable, ergo la solución es que dimita, ergo muerto el perro se acabó la rabia porque llegarán nuevas mentes con soluciones novedosas que resolverán lo que Ayuso se ha empeñado en destrozar. Y que conste que no quiero defender a Ayuso, sino denunciar a los que están utilizando las carencias de la sanidad como herramienta política, el colmo de la insensibilidad y de la ignorancia de lo que realmente está pasando.

Y empiezo con mis dudas y mis preguntas:

Los profesionales de la atención primaria, que parece ser el grueso del problema, dicen que no pueden atender en calidad a los sesenta pacientes diarios que ahora soportan, lo que, sin duda, es una verdad incuestionable. Y que quieren que se rebaje hasta un máximo de treinta y uno por jornada.

Pero, si les quitan los sesenta “sobrantes” ¿quién les va a atender? Porque todos, los sesenta, necesitan asistencia médica. Y si parece imposible contratar a nuevos profesionales porque falta presupuesto o porque sus salarios son bajos y prefieren ir a trabajar al extranjero, ¿cómo se soluciona el problema del paciente ciudadano, paciente en todas las acepciones de la palabra?

Porque subir el salario de los médicos y enfermeras supondría una discriminación entre el funcionariado y, teniendo en cuenta la falta de visión global de los españoles a causa de una clarísima carencia de pedagogía política, es seguro que el resto de los colectivos se lanzarían en tromba pidiendo “lo suyo”.

Y, por otra parte, ¿Cómo frenar la sangría que supone que el estado español cargue con el coste de la formación de los profesionales y que otros países se beneficien de sus conocimientos sin pagar un euro? Yo soy enemigo del sistema estadounidense por el que los universitarios sin recursos contraen una deuda por sus estudios universitarios que luego tienen que devolver, pero ¿se podrían dar títulos universitarios con alguna condición? ¿la de mantenerse en España un tiempo o devolver parte del coste de sus estudios?

Claro que para eso tendrían que tener empleo garantizado…

¿Se podría conceder la nacionalidad española inmediata a profesionales de la sanidad de naciones de habla española? Sería la solución más rápida y menos traumática porque conocen el idioma y muchas de nuestras costumbres.

Aunque, naturalmente, también tendrían que imponerse condicionantes para evitar que, siendo españoles y por tanto comunitarios, al cabo de un año se vayan a trabajar a Francia, Alemania o Gran Bretaña.

En fin, con estas preguntas solo pretendo evidenciar la dimensión del problema que nunca se solucionará con pancartas en las calles pidiendo dimisiones de quien sea o reivindicando derechos de determinados colectivos. Unos lo harán mejor que otros, pero lo que es evidente, aunque no se diga según en que telediarios, es que todas las comunidades, incluida la valenciana, tienen problemas muy importantes con la asistencia sanitaria.

Es un tema tan importante, tan complejo y tan urgente de solucionar, que necesita un auténtico pacto de Estado y la intervención de verdaderos profesionales de todos los colectivos concernidos, incluidos sociólogos, psicólogos y expertos en demografía, sin ninguna intervención de los políticos en el gobierno, porque no es un problema localizado en una o dos legislaturas que pueda resolver o modificar otro ejecutivo.

Ni de coña. La población envejece, los ingresos disminuyen por falta de población activa y se necesita una gestión honesta en los planteamientos y exquisita en las soluciones.

Algo imposible de esperar en los dirigentes políticos actuales.