Nuestra vicepresidenta guay y los trabalenguas conceptuales de nuestro presidente

La vicepresidenta Yolanda Díaz se nos desmelenó el otro día en un mitin de Podemos, del partido de los comunistas según reafirmó hace dos días el mismo Pablo Iglesias y anunció otra vez las medidas de gracia y bienestar que va a conseguir porque “están en el pacto de gobierno”.

Tengo que aclarar que el desmelene fue verbal, aunque sosegado según su estilo, porque desde el punto de vista estético estaba como suele de correcta, incluso con un punto de juventud rebelde con su minifalda, su blusa blanca y su pelo suelto. Suelto, que no desmelenado.

(¡Que buen gusto tiene o que buenos son sus asesores personales! Aunque tengo para mí que es más cosa suya)

Dicho lo cual, es lo de siempre en boca de comunistas sin poder, aunque sea vicepresidenta, ni responsabilidades reales de gobierno. Anunciar una Jauja de bienestares, y mensajes tópicos para el futuro inmediato y, especialmente, para “el día qué”

Porque no hay nada más bucólico y tierno que tomar un micrófono y prometer jornadas reducidas, subidas de las pensiones, subidas de los sueldos mínimos, subvenciones, pagas no contributivas, no aumentar la edad de jubilación y todo lo que se le ocurra, porque decirlo, a ella le sale gratis.

Y si un periodista le preguntara que cómo se iban a financiar todas esas cosas diría que esa no es su competencia. Que para eso está las ministras de hacienda. O el gobierno en pleno. Y si se viera muy apurada, volvería al lugar común de los comunistas del siglo XXI: subiendo los impuestos “de los ricos”.

Amiga mía, quizás sea demasiado joven y no ha conocido lo que es el llamado “socialismo real”, el comunismo, o no ha leído lo suficiente, porque u olvida o ignora que en los países comunistas nunca ha habido ricos para subirles los impuestos.

Decía Susanita, la amiga pija de Mafalda: “que suerte que haya pobres para poder hacer caridad”. Me temo que mi amiga, no me atrevo a llamarla la representante pija del comunismo, piense lo mismo, pero a la inversa: “que suerte que haya ricos para poder culparles de todo”.

He buscado en el diccionario de la RAE y no he encontrado ninguna definición que se acomode al “ser rico” de la vicepresidenta. Esperaré con paciencia la no llegada del caudillo revelado, todavía líder de Podemos, que dice que Pedro Sánchez debe negociar con Esquerra y con Bildu.

Y hablando de Pedro Sánchez, podemos pasar de la utopía de la vicepresidenta a esa insistencia suya en que somos incapaces de razonar o de interpretar adecuadamente los trabalenguas conceptuales a los que es tan aficionado.

Hoy ha anunciado la subida del salario mínimo argumentando que no se puede permitir que exista mucha gente en precario mientras hay empresas con muchos beneficios. No será la frase textual, pero, más o menos, es lo que he interpretado. Incluso puede que sea una frase de telediario sacada de contexto. Pero la trato como cierta porque ya hace días que se rumorea el tema, a modo de los terremotos que anunciaron la erupción del volcán de La Palma.

No puedo opinar sobre la subida del salario mínimo porque se trata de dos platos de una balanza muy difícil de equilibrar, sobre todo desconociendo los datos.

Que hay gente con problemas que necesitan soluciones, sin ninguna duda. No creo que haya un solo español que le lleve la contraria. Pero apoyarse en el argumento de que hay empresas con muchos beneficios para subir el salario mínimo no tiene ningún sentido ni existe ninguna relación. Es, simplemente, una de tantas frases con esa voz impostada de decir la verdad a las que nos tiene acostumbrado.

En una economía liberal, señor Sánchez, las empresas se crean para obtener beneficios y si alguna tiene la suerte de ganar mucho, mejor que mejor. Y si se quieren evitar excesos, lo legal es definir un programa y una política fiscal adecuada en el que figuren claramente las reglas del juego. Nunca con un “exprópiese” venezolano, insensato e ilegal que ni podrá aplicarse en España ni lo permitiría la Comunidad Europea.

El salario mínimo, señor Sanchez, se le va a subir a todos los empleados, repito a todos los empleados, o a los que están en espera de ser empleados por empresas, repito empresas, entre las cuales hay muchas que no solo no tienen grandes beneficios, sino que están en la cuerda floja y esta medida les dificultará más emplear a gente, Resultado: más economía sumergida y más picaresca y malas prácticas en la contratación.

Pero sonar, de cara a su galería ¿a que suena bien? Y mi gran pregunta es: ¿de verdad se cree “su galería” todas las sandeces e incongruencias de nuestro presidente? Porque a algunos los tengo por inteligentes. Incluso muy inteligentes.