El nuevo currículo de la ESO propuesto por el gobierno:

Otra vez y de nuevo sin ningún tipo de consenso con la oposición ni con el colectivo de la enseñanza, el gobierno va a dar un nuevo rejonazo a la educación tradicional, la del conocimiento y el esfuerzo, en favor de algo sumamente amable y “poco invasivo”, adecuado a la actual sensibilidad del alumnado y para la indignación del profesorado comprometido, la inmensa mayoría, o la complacencia de los abúlicos, indulgentes, super empáticos, ideologizados o simplemente “pasotas”, que son una minoría.

Parece ser que se eliminan exámenes y las notas numéricas, en favor de bandas de resultados, seguramente porque un alumno que consigue un 5 en una asignatura se puede deprimir si otro consigue un 9 o un 10 y ni te digo si le hacen repetir una asignatura porque no ha dado un palo al agua, aunque sea el más inteligente de la clase.

Dicen que se suspende la filosofía en favor de una especie de manual de ética y valores que, naturalmente, se referirá a la ética y los valores del gobernante de turno y no a la ética universal, a modo de la “formación del espíritu nacional”, asignatura obligatoria en tiempos de la dictadura que, por cierto, también se presentaba con estos mismos planteamientos y que, naturalmente, no era más que una forma de adoctrinamiento a la juventud.

La historia parece que tratará conceptos y ciclos más que hechos puntuales, por lo que muy posiblemente desaparecerá el descubrimiento de América, la conquista y la reconquista, los tiempos de la reunificación y nacimiento de la nación española y acontecimientos similares

Y, por lo que parece, pone al pie de los caballos a los profesores comprometidos porque serán ellos los que decidirán si los alumnos pasan o no de curso con independencia de su nivel de conocimiento, porque tendrán que lidiar con padres y alumnos que no entenderán “porque a su hijo no” cuando a fulanito sí.

A los pies de los caballos únicamente a los profesores vocacionales, los enamorados de la docencia e interesados por el futuro de sus alumnos, porque algunos otros se librarán de problemas y compromisos aprobando a todo el mundo y aquí paz y después gloria.

Cambios que no harán más que lanzar al siguiente ciclo a alumnos con menos preparación y que tendrán problemas para el acceso a las universidades y al mercado laboral.

Pero eso no supone un problema para un gobierno cortoplacista e insensato como el actual. ¡Ya se encargarán los padres, si están interesados, en complementar la educación de sus hijos con recursos alternativos!

Porque ellos, tan empáticos, no quieren lanzar al mundo a jóvenes tan traumatizados como fuimos nosotros, lo que, para nuestro bien, hemos “sufrido” una educación exigente que nos ha permitido desenvolvernos mejor y tener un conocimiento general de las ciencias, pero también del humanismo y de la cultura general, que no tendrán las nuevas generaciones de escolares.

No hay duda de que, desde mi época escolar, en la que se aceptaba incluso que tu maestro te arreara algún paletazo en la palma de la mano o te pusiera cara a la pared algún tiempo por infracciones de comportamiento con todo el apoyo de nuestros padres, la verdad es que éramos bastante brutos, hasta el día de hoy, la enseñanza ha cambiado mucho. Mis maestros solo disponían de la pizarra y de algunos desplegables de mapas, mientras que ahora hay apoyos audiovisuales y toda clase de técnicas que ayudan al profesor y facilitan la comprensión del alumno.

Y eso ha permitido una mayor “amabilidad” del profesorado, no reñida con el compromiso con la enseñanza en general y con la de cada alumno en particular. Y doy fe de ello porque conozco a docentes en ejercicio que también sufren y se interesan por sus escolares como sufría por mí y por el resto de los alumnos mi querido Don Fidel.

Lo que no es lícito es igualar a los alumnos de una clase al nivel de los más vagos, ni tampoco con los que tiene más dificultades para aprender, a los que habrá que apoyar especialmente, en aras de un tiempo feliz, de vino y rosas sociales, que, en este caso, aporta una falsa tranquilidad a algunos padres, porque sus hijos pasarán los cursos hagan lo que hagan y que solo perjudica a los verdaderos sujetos de los programas educativos: los alumnos.

Que así no sea.

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