Las cosas que igualan a Feijóo con Pedro Sánchez

Vengo diciendo desde hace años que el gran problema político de nuestra nación es la maldita ley electoral, la D’Hondt, la que fabrica zombis <<pulsa botones>>, incapaces de tomar decisiones por sí mismos, incluso si lo votado perjudica a la comunidad que los eligió.

Y también he dicho que, entre las opciones conocidas en nuestro entorno, segunda vuelta y otras variedades, mi preferido es el sistema de Gran Bretaña, por el que cada parlamentario se presenta por su cuenta y riesgo y es elegido en una zona electoral por sus propios valores, por lo que no tiene ningún voto de obediencia o subordinación al líder de su partido ni a ningún otro que se interponga entre sus votantes y él.

También he dicho que en esto coinciden totalmente de acuerdo los grandes partidos, porque ambos aspiran a disponer de esa grey que jura obediencia debida a cambio de asegurarse un buen futuro económico y social, porque pasan de ser perfectos desconocidos para los que les votamos, a ser <<padres de la patria>> elevados a los altares por arte de birlibirloque.

Viene todo esto a cuento de que ayer mismo, Feijóo anunció que, si ganaba las elecciones, cambiaría la ley electoral, pero no en el sentido de liberarnos de esta maldición, razón de ser del bloqueo total que permite la eternidad de Pedro Sanchez en el gobierno a poco que nos descuidemos, sino en el sentido de aumentar el número de obedientes ciegos, sordos y mudos, con un bono extraordinario de escaños para el partido que consiga más votos en las elecciones.

Sinvergüencería sobre sinvergüencería, cinismo sobre cinismo.

No, señor Feijóo. Si usted fuera tan democrático como presume, incluiría en su programa el cambiar la actual ley electoral, sí, pero para devolver la libertad de decisión a los votantes. La que nos permitiría tener auténticos representantes en las Cortes Españolas en lugar de ese pelotón de desconocidos que viven bien a cambio de nuestro cautiverio antidemocrático.

Que conste que no me ha defraudado porque, lamentablemente, me lo esperaba, ya que, en esta democracia con borrones que gozamos en la actualidad, los partidos no quieren nuestra libertad.

Todo ellos, su mínimo común denominador, es desear que solo opinemos una vez cada cuatro años y para nuestro mal menor. Porque, para pensar por nosotros ya están ellos y para decidir lo que nos conviene, ¿quién mejor que Pedro Sánchez o Alberto Núñez Feijóo?

Es por <<pequeños detalles>>, como este, por lo que nunca he querido entrar en un partido político, incluso habiendo tenido buenas razones para hacerlo.

Valencia, 30 de junio de 2026

José Luis Martínez Ángel

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