El culebreo insostenible de Pedro Sánchez

Que Pedro Sánchez agotará la legislatura es algo incuestionable porque lo quiere él y porque le interesa, y mucho, a los partidos que le apoyan porque con cada votación le sacan algo, en dinero y/o transferencias el PNV y los independentistas catalanes, y en facilidades para los presos de ETA, Bildu.

Mientras, el presidente culebreará como pueda por el mundo de la gobernación evitando en lo posible el Parlamento, como ha hecho hasta ahora, y los partidos apoyadores, Podemos incluido, esta extraña formación que hace tiempo se ha convertido en oposición al gobierno desde el interior del gobierno, se repartirán los papeles de “malo bueno”, “malo malo”, como ha ocurrido en otro día con el voto de Bildu, seguro que pactado con los demás, para debilitar al gobierno lo más posible, pero sin llegar a forzarle a convocar elecciones.

Porque les va la vida en ello.

Disparates como el que el portavoz de Podemos, de cuyo nombre no quiero acordarme, pida constantemente que “rueden cabezas”, expresión fuera de contexto porque no estamos en el París de la guillotina ni en la España de los Comuneros de Castilla,  y pida directamente la dimisión, siendo su partido parte del gobierno, de una ministra preparada y sólida. Quizás la mejor preparada y la más sólida y con más sentido de Estado de todos ellos.

Y mientras, si yo fuera Feijóo y si la política de altura sigue siendo como era, prepararía al partido para las próximas elecciones autonómicas y municipales, y empezaría a buscar contactos discretos con el gobierno de los Estados Unidos y de otras naciones importantes de Europa, empezando por la administración de Joe Biden, porque las cosas son como son y, de momento, el poder y la influencia la siguen teniendo quienes la tenían.

Uno de los Consejos de Don Quijote a Sancho cuando se disponía a ser gobernador de la Ínsula de Barataria, era “Come poco y cena más poco; que la salud de todo el cuerpo se fragua en la oficina del estómago”. Pues bien, yo sigo pensando que el cuerpo de las buenas relaciones con Marruecos o con quien quiera que sea, pasan por el “gran estómago de occidente”, las oficinas de la Casa Blanca.

Porque hablar con el Rey de Marruecos es importante y necesario, pero no servirá de nada y lo pongo a modo de ejemplo, si los Estados Unidos no le han hecho una “escuchita” previamente. Y España lo tiene especialmente crudo en este momento porque las tonterías de nuestro gobierno han provocado que nuestro vecino alauita haya pasado a ser su socio preferente. Como ha ocurrido con Argelia, que nos ha cambiado por Italia.

Y para que los Estadios Unidos lo haga, se necesita recuperar en un futuro la muy desaparecida confianza en el gobierno de nuestra nación, tan deteriorada en este momento que Joe Biden no permite que Pedro Sánchez participe en las reuniones sobre estrategias de la OTAN, por ejemplo.

Y seguro que mucho más desde las tan famosas escuchas al independentismo catalán, los que llevan tiempo preparando “la gran denuncia”, con grandes aspavientos mediáticos en la Comunidad Europea y en España, proclamas de victimismo, registros de dominios en internet sobre el “catalangate”, y toda una estrategia muy elaborada. Y mientras, los chantajeados de nuestro gobierno, pidiéndoles disculpas, ordenando a la presidenta del Congreso que cambie las reglas para elegir a los autorizados a conocer los entresijos y las operaciones del CNI, mandando ministros a que los humillen en Barcelona y siempre a remolque de sus iniciativas, excelentemente planificadas, por cierto, como siempre lo han sido.

Y, como consecuencia, la seguridad de que todos los servicios de seguridad de las naciones occidentales habrán cortado las líneas de comunicación con el CNI, para evitar que los secretos necesarios para defender a las naciones se discutan al día siguiente en las tertulias de La Sexta o de cualquier otra cadena “amiga” de la muy peligrosa izquierda y extrema izquierda, comunistas confesos para ser más exactos,  que nos gobiernan.

Todo ello con una cumbre de la OTAN en España en fechas próximas.

Así que, señor Feijóo, a recuperar prestigio y relaciones exteriores y a ofrecer garantías de que toda esta locura sin sentido de Sánchez, “el elegido”, se desmontará en cuando se cambie de gobierno. Discreción y buenos contactos, que seguro que seguimos teniéndolos en todas las naciones si utilizamos como conseguidores a la mucha gente de nivel que ahora no está en el gobierno ni bajo su influencia.

Y si tenemos la desgracia de que Pedro Sánchez vuelve a ganar, Dios y la sensatez no lo permitan, porque a diferencia de lo que ha ocurrido con el PP, el PSOE de toda la vida está en paradero desconocido y/o fagotizado por el sanchismo, y no se vislumbra un líder capaz de aglutinar voluntades y recuperar ilusiones, siempre nos quedará París, como en Casa Blanca, porque aquí lo tendremos crudo. Muy crudo.

Alguien ha sugerido que Pedro Sánchez se está preparando una salida honrosa en la Comunidad Europea en la que espera ocupar un alto cargo, y que para reforzar su nombre aprovechará la cumbre de la OTAN y la presidencia de la Comunidad. Yo no lo creo porque me temo que, si lo buscan guapo, sí, pero si buscan a un buen gestor y hombre de palabra, me temo que no. Lo tienen muy “calado”.

Valencia, seis de mayo de 2022

Epi y Blas – Democracia, partidocracia.

Epi y Blas – Democracia, partidocracia.

Viendo lo que veo temía haber perdido mis referencias, pero he entrado en la RAE para recordar la definición de democracia y he comprobado que siguen siendo las mismas. Dos de sus acepciones son:

1.f. Sistema político en el cual la soberanía reside en el pueblo, que la ejerce directamente o por medio de representantes.

2.f. País cuya forma de gobierno es una democracia.

Pues bien, como suponía, la democracia se basa en que la soberanía es propiedad del pueblo, de cada uno de nosotros, y que en España la ejercemos eligiendo a otros ciudadanos que nos representan en las Cortes Españolas.

“Otros ciudadanos” que no han venido de Marte ni han salido de un huevo, y que tienen los mismos órganos internos y externos que tenemos todos los demás. Los que ya tenían antes de ser nuestros representantes

Siendo así ¿Qué es lo que ha ocurrido?

Que nuestros representantes legales, los que no deberían tener más forma de actuación ni más intervenciones políticas que las que decían tener cuando nos declararon sus programas y que fueron la razón de que los eligiéramos, una vez elegidos se pasan el tiempo riñendo a sus representados, diciéndonos lo que debemos hacer y criticando a los electores de otros partidos por no haber elegido su opción política. Electores que les son ajenos porque eligieron libre y soberanamente otras opciones.

Y pongo un ejemplo paradigmático.

Acaba de constituirse el gobierno de Castilla-León y desde que se supo que el PP pactaría con VOX, el resto de los partidos se lanzaron desaforadamente a una campaña de descalificaciones y de peticiones de “cordones sanitarios” que aislara a la llamada por ellos “ultraderecha” del panorama político.

Recomendando al PP que “aprendiera de Francia”, donde se había establecido un cordón a Le Pen para evitar que pudiera gobernar.

Una previa, y vayamos por partes:

La previa es que es sobradamente conocida mi opinión sobre VOX. Sigo diciendo que me parece un partido democrático porque ha cumplido con las condiciones para registrarse como tal, al que yo no votaría por algunas de sus ideas sobre la Comunidad Europea, el régimen autonómico español, el tratamiento de la emigración y algunas otras. Y, como dice el clásico, yo odio parte de lo que dice, pero defiendo que pueda decirlo.

La primera consideración es que, en las últimas elecciones generales 3.656.979 de electores confiaron su voto a VOX. Cantidad que supuso el 15,21 % de los votantes, muchos más que los que depositaron su confianza en buena parte de los partidos “tronantes” que, siendo minoría, pasan los días diciendo lo que deben hacer los demás y determinando “quien” y “quien no” puede participar en la gestión política en España.

Es decir: parte del PSOE, que tendría que hacérselo mirar por sus tics totalitaristas, Podemos, ERC, Ciudadanos y el resto de los partidos y partiditos, hinchan el pecho y deciden que el voto y la opinión de más de tres millones y medio de españoles no es válido. No desde el punto de vista legal, sino desde el político, en una simplificación absurda: “como no piensan como yo, su voto está deslegitimado”

Porque el cordón sanitario propuesto no se ejerce sobre el partido VOX, sino sobre sus votantes, los insensatos que no han elegido “cualquiera de nuestras opciones”. Posición y propuestas claramente antidemocráticas, se maquillen como se maquillen.

La segunda es que hace años que el consenso ha desaparecido del vocabulario político español y que, muy especialmente el gobierno, cualquier gobierno, porque es el que tiene la obligación de gestionar nuestros recursos, de practicar una política de información transparente y didáctica y de aglutinar las voluntades buscando un bien mayor, manteniendo sus ideologías, dedica una gran parte de su tiempo en criticar a los otros partidos, sin aportar nada positivo ni a la nación ni a la ciudadanía.

¡Incluso desde las ruedas de prensa del propio gobierno después de los consejos de ministros! Ni Miguel Angel Rodríguez se atrevió a tanto.

Y hemos llegado a un punto en el gobierno, todos, pero este mucho más, se ha convertido en oposición de la oposición, sin atender sus obligaciones más elementales, y solo actúa al impulso de los resultados de las encuestas y de las intenciones de voto. Gobierno que no ha dejado de parir ratones en lugar de leyes, algunas de ellas especialmente importantes para la ciudadanía, destinadas especialmente a contentar a sus simpatizantes y condenadas a desaparecer en cuanto llegue al poder otra formación política.

Y la tercera es que la ministra portavoz, en rueda de prensa del gobierno, repito, recomendó al PP que “aprenda de Francia”, omitiendo impúdicamente que en Francia son elecciones presidenciales, en las que es la ciudadanía la que elige directamente al presidente y no las componendas de partidos que, para nuestra vergüenza, sufrimos en las elecciones de Pedro Sanchez.

Y que, para aportar un margen de serenidad en la elección, en caso de que no se consiga una mayoría importante, como ha sido el caso, tienen prevista una segunda vuelta en la que solo pueden participar los dos partidos más votados y que permite a los franceses que votaron otras opciones reconsiderar su posición y apoyar al que consideran mejor o menos malo.

Es decir, y resumo: En Francia no son los arreglos y componendas entre partidos sino los ciudadanos los que eligen directamente a su presidente.

He manifestado muchas veces que mi sistema parlamentario preferido es el británico, que es muy diferente al francés, pero ambos están a años luz en calidad democrática de nuestra muy obsoleta ley electoral, que ningún partido propone cambiar porque a todos ellos les interesa mantener las actuales listas cerradas de sumisos y aborregados que prácticamente nunca rompen la disciplina de voto, aunque lo votado perjudique a las comunidades en las que fueron elegidos.

Y porque para la inmensa cantidad de los que se sientan en las bancadas del Congreso y del Senado, la política no es un servicio, sino una profesión.

Si yo tuviera el poder absoluto un solo día, tomaría una decisión: obligar a que las cupulas dirigentes de todos los partidos españoles participaran en talleres sobre qué es y que no es democracia, sino partidocracia, y cuál es el verdadero espíritu de nuestra Constitución.

Cursos impartidos por dos personajes cuya capacidad pedagógica está claramente contrastada, Epi y Blas.

Quizás ellos serían capaces de conseguir lo que nosotros no podemos. Entre otras cosas porque “nuestros representantes” nos han robado el poder para hacerlo.

Valencia, 14 de abril de 2022

Democracia, partidocracia y la ley electoral

Ayer comentaba en un artículo sobre la democracia en España el hecho de que en Francia son los ciudadanos y no los partidos políticos los que eligen directamente a su presidente. Hecho evidente que quiero recalcar por si había pasado desapercibido entre un texto más generalista.

Y lo hago saliendo al paso, de nuevo, a las falacias y medias verdades con las que suelen insultarnos intelectualmente los partidos de izquierda, incluido el propio gobierno y sus voceros.

Efectivamente, la ley electoral francesa tiene dos objetivos fundamentales: que los ciudadanos elijan al presidente y garantizar que sean las mayorías cualificadas las que lo hagan. Y es por eso por lo que, si en los resultados electorales ninguno de los candidatos consigue una mayoría cualificada, se celebra una segunda vuelta en la que solo pueden intervenir los dos más votados, en este caso Macron y Le Pen.

Y como el resto de los candidatos quedan fuera del juego electoral, no hay ninguna posibilidad de bloquear nada porque no tienen poder ejecutivo para hacerlo. Pueden recomendar a sus simpatizantes que voten a uno de los finalistas o que se abstengan y eso es lo que hacen, pero eso, por mucho que se empeñen en afirmarlo los contadores de milongas habituales, no es un cordón sanitario. Son puras recomendaciones sin más valor que manifestar opiniones, porque siguen siendo los ciudadanos y no ellos los que tienen la última palabra, el verdadero poder.

Y, a diferencia de los tan repetidos y utilizados cordones sanitarios en nuestra historia reciente desde el nefasto pacto del Tinell de Cataluña, el del “tripartito”, lo que decide un ciudadano con su voto nunca es ni puede ser negativo, porque es su opinión libremente expresada para favorecer a uno de los candidatos, no para perjudicar a los otros.

Y también decía que aquí seguimos manteniendo una ley electoral absurde y obsoleta, causa raíz de todos nuestros problemas, que da todo el poder a los partidos elegidos y a sus líderes para hacer todas las componendas que les venga en gana, porque la Constitución así se lo permite en la letra, aunque no en el espíritu.

Porque la Constitución no podía prever en aquellos momentos de ilusión y causas comunes que los partidos elegidos en listas cerradas se atreverían a mantenerse en el poder con pactos antinatura y componendas como la que ha hecho y sigue haciendo el gobierno legítimo que preside la nación.

Y es por eso por lo que decía que, en España, más que democracia, disfrutamos de una robusta y muy consolidada “partidocracia”

Aclarado

Valencia, 15 de abril de 2022

Las marrullerías y las tendencias autocráticas de nuestro presidente del gobierno.

En los últimos días he comenzado a escribir algunos comentarios sobre la actualidad política y social, pero los acontecimientos se producen con tanta rapidez que siempre aparece un tema nuevo antes de que pueda terminar mi comentario sobre el anterior.

Pero hay uno, el último, que no puedo dejar pasar sin una reflexión sobre los modos de gobernar de Pedro Sánchez, un político con graves tendencias autocráticas, que está consiguiendo, como efecto secundario a sus intereses personales, un gravísimo desmantelamiento de los conceptos democráticos y de las formas y estructuras previstas en nuestra Constitución.

Todo ello desde la legalidad, pero buscando atajos y vericuetos impensables en personas que realmente tienen como objetivo el bien común y, en su caso como presidente del gobierno, dejar la organización del país y el bienestar de los ciudadanos mejor que cuando tomó posesión del cargo.

Y, a modo de ejemplo,  me refiero a la última decisión de la presidenta de las Cortes Españolas, de cambiar el reglamento para rebajar los votos necesarios para acceder a la comisión de secretos. Potestad que le confiere el cargo,  como ocurre con casi todo lo anormal referido a esta legislatura, por muy escandalosa que parezca a la opinión pública.

Me explico:

Digo que el presidente gobierna con tendencias autocráticas porque no ha cesado de intentar controlar y tener el poder real sobre todos los estamentos y las instituciones del Estado. Y lo ha hecho colocando a gente “de su cuerda”, muy de su cuerda, en el CIS, en Correos, en la Presidencia de las Cortes y en todas aquellas en las que ha tenido oportunidad.

Y que no ha cesado de minusvalorar de hecho las funciones y la persona del Rey, intentado aparentar que él, “el elegido”, es el “más importante” de España.

Una de las garantías fundamentales de nuestra democracia, casi la más importante porque de que se cumpla dependen muchas otras garantías y libertades, es la separación de poderes para facilitar los controles y evitar los desmanes de los gobiernos de turno. Y sabemos, aunque casi no lo recordemos, que son tres:

El Legislativo, que entre otras obligaciones tiene la de controlar al gobierno, y aprobar, si procede, las leyes que proponga el propio gobierno o que lleguen a las Cortes por los otros canales previstos en la Constitución.

Recuerdo el artículo 66 de la Constitución que describe las funciones de las Cortes Españolas, el Poder Legislativo:

  1. Las Cortes Generales representan al pueblo español y están formadas por el Congreso de los Diputados y el Senado.
  2. Las Cortes Generales ejercen la potestad legislativa del Estado, aprueban sus Presupuestos, controlan la acción del Gobierno y tienen las demás competencias que les atribuya la Constitución.
  3. Las Cortes Generales son inviolables.

En cuanto al Ejecutivo, el gobierno, el artículo 98 dice

  1. El Gobierno se compone del Presidente, de los Vicepresidentes, en su caso, de los Ministros y de los demás miembros que establezca la ley.
    1. El Presidente dirige la acción del Gobierno y coordina las funciones de los demás miembros del mismo, sin perjuicio de la competencia y responsabilidad directa de éstos en su gestión.
    1. Los miembros del Gobierno no podrán ejercer otras funciones representativas que las propias del mandato parlamentario, ni cualquier otra función pública que no derive de su cargo, ni actividad profesional o mercantil alguna.
    1. La ley regulará el estatuto e incompatibilidades de los miembros del Gobierno.

Y el 102 aclara   que:

  1. La responsabilidad criminal del Presidente y los demás miembros del Gobierno será exigible, en su caso, ante la Sala de lo Penal del Tribunal Supremo.
  2. Si la acusación fuere por traición o por cualquier delito contra la seguridad del Estado en el ejercicio de sus funciones, sólo podrá ser planteada por iniciativa de la cuarta parte de los miembros del Congreso, y con la aprobación de la mayoría absoluta del mismo.
  3. La prerrogativa real de gracia no será aplicable a ninguno de los supuestos del presente artículo.

Es decir, que el Poder Judicial tiene la obligación de controlar que las actuaciones del presidente del gobierno o cualquiera de sus ministros se ajustan a la legalidad. Y es por eso por lo que debe ser libre e independiente, sin ningún tipo de subordinación a los gobiernos que debe controlar.

Pero como la España de la era Sánchez esta especialmente controlada por una partidocracia real y evidente, siendo cierto que el presidente del gobierno no puede intervenir legalmente en las funciones y las decisiones del Legislativo, no es menos cierto que lo está haciendo un día sí y otro también utilizando vías indirectas, legales, pero nada éticas. Diría que inmorales.

Como se ha visto ayer mismo cuando Pedro Sánchez necesitó los votos suficientes para sacar adelantes su última propuesta y, ante las amenazas de los partidos denunciantes del supuesto espionaje del CNI, “ordenó” a Meritxell Batet, presidenta de las Cortes, que cambiara la norma que regula los votos necesarios para elegir a los miembros de la comisión de secretos, porque lo necesitaba como moneda de cambio para conseguir apoyos, y la Presidenta de las Cortes lo hizo.

He entrecomillado el “ordenó” porque no lo hizo desde el BOE o utilizando ningún tipo de documento o formato oficial porque no puede hacerlo. Simplemente lo hizo, seguro, descolgando su teléfono de secretario general del PSOE para llamar a la “militante Batet”, u ordenando a Bolaños que se pusiera en contacto con ella.

Con el resultado de que la Presidenta de las Cortes, del Legislativo, cumplió los deseos del actual presidente del gobierno, el del Ejecutivo. ¿Por qué sino iba a cambiar la norma ese día y con que otro propósito?

Y me resulta impensable que ninguno de los anteriores presidentes de las Cortes, ni los del PSOE ni los del PP, habría actuado de esa manera y con semejante descaro, ignorando la imparcialidad que le exige la Constitución, para favorecer al partido al que pertenecían. Ninguno

¿Cuál es la raíz del problema? Que España ha pasado de ser una monarquía parlamentaria con separación de poderes a una partidocracia, en la que se pueden alterar leyes y normas manteniendo la legalidad.

Repito que todo legal, todo democrático, pero una auténtica catástrofe.

Un presidente tramposo que tiene por costumbre presentar en las Cortes, de forma conjunta, propuestas que no tienen ninguna relación entre sí y que deberían votarse por separado, chantajeando a los otros partidos y manifestando su indignación al pueblo español porque la oposición no vote a favor de aplicar medidas urgentes contra la pandemia, por ejemplo, cuando en el mismo paquete se votaba el ingreso de Pablo Iglesias en la Comisión de secretos, la que controla el C.N.I.

De nuevo legal, pero indignante y propio de un trilero de la política.

Situación, la de la partidocracia, que no tiene visos de solución si no es con un cambio en la ley electoral, cambio que no gusta a ninguno de los dirigentes actuales porque, como es el caso, prefieren tener a miembros de sus partidos en puestos claves de los estamentos de la nación, en la seguridad de que atenderán otros intereses que no son los propios de su cargo.

Y esa es la razón, me temo, de que Sánchez no permita que sean los jueces los que elijan a los miembros del Consejo Superior del Poder Judicial, que es, a su vez, el que nombra a los titulares de los tribunales. Porque, siendo antinatura, es muy posible que existan jueces que doblen la vara de la justicia en favor de una ideología o un partido político. Y el PSOE actual puede tener mucha basura bajo las alfombras, o estar tomando decisiones que, en pura lógica, la judicatura puede considerar ilegales.

Hay que recordar que Meritxell Batet declaró en su día un cierre del parlamento que fue declarado anticonstitucional, que se resistió a cumplir una condena judicial que inhabilitaba a un parlamentario. Y que el gobierno tiene varias causas pendientes en tribunales de justicia y sentencias y reclamaciones del Constitucional, del Tribunal de Cuentas y del de Transparencia que, por cierto, ha ignorado.

Y unos indultos que concedió en contra de la opinión del Supremo, y unas propuestas de rebajar las condenas por sedición y por rebelión que realmente dejan sin contenido el espíritu de la Constitución

Aberraciones democráticas, como que se permita que un juez sea ministro y luego vuelva a la Judicatura como si no hubiera pasado nada. Esto no lo ha inventado Pedro Sánchez, aunque lo esté utilizando, como ha ocurrido recientemente con Dolores Delgado y otros muchos de otros partidos.

Insisto: todo legal, pero con un tufo a autocracia y antidemocracia que asusta. Si Sánchez continua en el poder y sin los controles previstos por el Congreso y por la oposición, mirar mal a una mujer por la calle, cosa que no se debe hacer, por supuesto,  puede acabar siendo un delito condenado con cadena perpetua revisable y declararse en rebeldía, sancionado con sesenta días de tareas comunitarias.

Se que es una exageración, pero, cada vez más, “algo huele a podrido en Dinamarca”. Y en España

Valencia, 30 de abril de 2022

Sindicalismo “made in Spain”. El de las catacumbas

La verdad es que cada vez que veo a los dos secretarios de los sindicatos mayoritarios no puedo evitar que me parezcan dos artistas supervivientes del cine mudo, insistiendo en qué, como aquel cine, nada de nada.

Con la diferencia de que mis dos amigos viven de “la cosa” y lo hacen muy bien, con lo que les suministra puntualmente “papá gobierno” y algún que otro extra, como ha ocurrido recientemente con algunos millones de los fondos europeos, que no se a cuenta de qué han recibido.

Por lo que su supervivencia está garantizada, incluso les permite algún extra gastronómico de buena calidad o algún crucero de vez en cuando.

Por supuesto que soy partidario del sindicalismo, especialmente el de empresa, porque si no existiera se multiplicarían los abusos empresariales, pero no de este modelo sindical, cada vez más parecido al “vertical” que conocí en la dictadura, de dirigentes acomodados y nada conflictivos con el gobierno. Digamos que un sindicalismo “coartada”.  

Siempre que sean gobiernos de la izquierda, naturalmente, porque cuando gobierna la “extrema derecha” sí que se pone en pie de guerra el mundo de los liberados y subvencionados del sindicalismo español y desempolvan las pancartas del “no pasarán” y similares, con mucho acompañamiento de batucadas y coreo de consignas anti-recortes y anti-pérdida de libertades y derechos fundamentales.

Sindicalistas que ceden el protagonismo de la jornada a ¡una vicepresidenta del gobierno! para que anuncie la reforma de la reforma que acaban de reformar, esta vez la definitiva, incluso cambiando el estatuto de los trabajadores, que ya sería la bomba.

Vicepresidenta que, dicho sea de paso, ha fracasado en su proyecto de “las cuatro mujeres”, dos de ellas con serios problemas con la justicia y que, cada vez más, aparece como la lideresa de los sindicatos. Una especie de “libertad dirigiendo al pueblo” a la cabeza de los sindicatos, a la que solo le falta el gorro frigio francés y mostrar los pechos al aire, o, como una versión moderna de la “Mariana”, también con gorro frigio, pero con los pechos cubiertos castamente, que adoptaron como símbolo las repúblicas españolas a modo y semejanza de la francesa pintada por Delacroix.

Sindicatos que, para mayor virtud, ignoran sin el menor decoro a los desempleados, como si los parados no fueran merecedores de defensa. Probablemente porque están muy ocupados defendiendo a los independentistas catalanes y vascos, tema muy sindical sin ninguna duda, y no tienen tiempo para preocuparse de los parados, colectivo que ni son proletarios ni son nada de nada. Son invisibles, como los marginados sociales y los inmigrantes sin papeles.

Lo que es evidente es que cada vez más estamos en tiempos de farsas y crueldades. Una especie de “sálvese el que pueda”, especialmente en el mundo de la política y el sindicalismo. Porque a nosotros, los ciudadanos de a pie, no hay quién nos salve.

Solo nos falta el antiguo espectáculo folclórico-deportivo de la fiesta del trabajo en el Bernabéu, pero casi, casi, porque hemos tenido el partido de la victoria del Real Madrid en la liga.

Sindicatos que, seguro, están haciendo estiramientos y ejercicios varios para estar en forma si gana la “extrema derecha”. O para manifestarse contra la malvada Ayuso, la tabernaria, o contra la amenaza de la pérdida de libertades que va a suponer la aparición de Feijóo en la escena nacional.

Entonces sí, sacarán todo su ardor patrio y su mejor saber para movilizar a los que ahora adormecen, porque la ocasión lo merecerá y hay que ganarse el sueldo.

Valencia, 2 de mayo de 2022

Las decisiones de Pedro Sánchez y la bonificación de los carburantes

La buena noticia, claro que sí, es la rebaja de 20 céntimos en el precio de los combustibles, de los cuales 15 los aporta el gobierno y 5 las empresas petroleras.

Pero, tratándose de este gobierno siempre hay muchos peros y agradeciendo la rebaja, el formato que ha empleado para anunciarlo, tan fuera de procedimiento y la forma en que se aplicará el descuento, tan confusa para algunos y como hecha para conseguir tantos o más resultados políticos que sociales, es muy probable que acabe mareando a parte de los afectados, especialmente a las gasolineras.

A nosotros no nos afecta en cuanto al proceso, pero, como suele ocurrir, se aprovecha la ocasión para seguir vendiendo humo.

Decía que las formas han sido inapropiadas, muy marca de la casa: un gran formato rodeado por parte de las empresas del INDEX, televisión, buen maquillaje, discurso bien preparado y presentación sin preguntas de periodistas.

Y sin que, como tiene por costumbre, buscara un consenso con la oposición, a la que ni siquiera dieron una explicación medianamente aceptable, por lo que todos, incluido el PNV, se quejaron de que el ministro Bolaños, el brazo armado de Sánchez en la actualidad, apenas se limitó a un “simple cambio de impresiones” sobre lo que iban a anunciar.

La primera medida, la estrella, es el conocido descuento de veinte céntimos por litro. He estado haciendo unos números y, a no ser que me haya confundido, los datos son: el 21 por ciento de un supuesto precio de la gasolina a 1,90 euros son 40 céntimos, más del doble de lo que nos regala temporalmente. Pero hay más porque este es el resultado final de unos impuestos escalonados en cada etapa del proceso, por lo que los ingresos del gobierno son muy superiores al 21 % final.

Según afirma la revista “ELMOTOR”, “La suma de los impuestos que soportan los carburantes es de más del 50% de su coste en origen. Y hoy en día, con la invasión rusa de Ucrania, el encarecimiento del combustible, tanto gasolina como diésel, parece no tener fin”.

Se dice, como afirma esta revista, que la mitad o más del precio de los combustibles de gasolinera son impuestos. Pues bien, para ponerlo más favorable para el gobierno, según lo que afirma esta revista, y suponiendo que el total de los impuestos escalados en cada fase antes de la venta sean el 50 por cien, resulta qué de los 1,90 euros, precio de gasolinera, 0,95 serían impuestos.

Por lo que los 15 céntimos que aporta el gobierno suponen únicamente un 15,79 % de lo que ingresa por este concepto. Y, en términos puramente numéricos, si ingresa 95 céntimos por litro y nos regala 15, sigue teniendo un beneficio de 80 céntimos.

Y ahora viene la segunda parte. Parece que todavía no está claro la forma de conseguir la bonificación que, para los usuarios, es directa en las estaciones de servicio, pero que puede ser muy farragosa para las propias estaciones, con la posibilidad de que tengan que asumir financiar esos 15 céntimos para recuperarlos posteriormente, como ocurre con el IVA. Una financiación que puede ser muy importante, inasumible, según los plazos que se establezcan para recuperarlos.

Porque, por si los usuarios no lo saben, las gasolineras sobreviven por volumen de negocio y no por el margen en la venta, ya que su beneficio bruto es de pocos céntimos por litro vendido, lo que les obliga a afinar mucho en la compra porque los precios de las petroleras pueden cambiar varias veces al día.

Y la tercera y muy importante. ¿Porque no se aplica el descuento en forma de una reducción del IVA temporal equivalente al descuento aplicado, procedimiento muchísimo más sencillo y que no comprometería a nadie? Es imposible conocer exactamente las razones para no hacerlo así, por lo que solo se puede especular y es lo que hago.

Aunque hayan aplicado este procedimiento en otras ocasiones, es política tradicional y muy conocida de la izquierda presentar como “regalos” del gobierno lo que concede por algún concepto, porque la izquierda tiene a gala no rebajar los impuestos nunca y porque “lo que se da, se da”, se regala y se acabó. Crea imagen de generosidad sin comprometer a nada y si se repiten porque las circunstancias obliguen a hacerlo, se puede vender como otro gesto de generosidad.

Pero si se rebajan impuestos de forma temporal, cuando se restablecen parece que los están subiendo.

En la misma sesión se anunciaron algunas otras ayudas, como el control del coste del gas y la electricidad, por ejemplo, pero son tan confusas como esta misma y no es cuestión de que pierda el tiempo en buscar datos porque, al final, se trata de tener o no tener confianza en este gobierno de marketing y propaganda y yo, por mucho que me pese, no la tengo.

Un ejemplo de la propaganda gubernamental: El presidente, los ministros, los portavoces y cualquiera que ocupe algún eslabón en el conjunto del gobierno ha repetido tantas veces y con tanta seguridad que todo lo que está ocurriendo es “culpa de Putin” que la ciudadanía lo está asumiendo, cuando no es verdad.

Tampoco es cierto que el gobierno fuera el único responsable de la inflación anterior, porque es un hecho que cuando se produjo la invasión de Ucrania ya superaba el 6 %, por lo que el aumento real por lo sobrevenido por las sanciones a Rusia y la escasez de materias primas provenientes de esta nación y de Ucrania no sobrepasa los cuatro puntos.

Pero es tradición y hecho demostrado que una mentira repetida muchas veces, como hace este gobierno habitualmente, puede convertirse en verdad. En posverdad para ser más concretos.

Y sigue siendo un hecho irrefutable que este gobierno, el que nos pide sacrificios y comprensión a todos los españoles, no ha hecho ni un solo gesto de austeridad y continúa su deriva de despilfarros y del “todo vale”. Soy consciente de que es el famoso chocolate del loro, pero no deja de ser un gesto de insolidaridad y de mal ejemplo público.

Ni una sola propuesta de reducir ministerios o asesores o de eliminar la enorme cantidad de Congresistas y Senadores, claramente excesivos para los tiempos que corren. Sin que, para mi sorpresa, tampoco haya sido esta una de las exigencias de la oposición, porque en el fondo todos se benefician del mismo despilfarro.

Y, como ejemplo de lo que digo, a la única propuesta que he conoció para eliminar escaños, la de la asamblea de Madrid, ha merecido esta respuesta: “Más Madrid y UP creen que se quiere «recortar la democracia» con la reducción de diputados y PSOE escuchará la propuesta

¿Reducir el número de parlamentarios es recortar la democracia? Repítanlo muchas veces y acabarán convenciendo a los necios de que es cierto. Supongo que lo que se pretende es reducir congresista y toda la parafernalia que acompaña a cada escaño, pero ¿Qué podemos esperar de una clase política tan empobrecida en el conocimiento y, aunque parezca un contrasentido, en verdadera vocación política?

El nuevo currículo de la ESO propuesto por el gobierno:

Otra vez y de nuevo sin ningún tipo de consenso con la oposición ni con el colectivo de la enseñanza, el gobierno va a dar un nuevo rejonazo a la educación tradicional, la del conocimiento y el esfuerzo, en favor de algo sumamente amable y “poco invasivo”, adecuado a la actual sensibilidad del alumnado y para la indignación del profesorado comprometido, la inmensa mayoría, o la complacencia de los abúlicos, indulgentes, super empáticos, ideologizados o simplemente “pasotas”, que son una minoría.

Parece ser que se eliminan exámenes y las notas numéricas, en favor de bandas de resultados, seguramente porque un alumno que consigue un 5 en una asignatura se puede deprimir si otro consigue un 9 o un 10 y ni te digo si le hacen repetir una asignatura porque no ha dado un palo al agua, aunque sea el más inteligente de la clase.

Dicen que se suspende la filosofía en favor de una especie de manual de ética y valores que, naturalmente, se referirá a la ética y los valores del gobernante de turno y no a la ética universal, a modo de la “formación del espíritu nacional”, asignatura obligatoria en tiempos de la dictadura que, por cierto, también se presentaba con estos mismos planteamientos y que, naturalmente, no era más que una forma de adoctrinamiento a la juventud.

La historia parece que tratará conceptos y ciclos más que hechos puntuales, por lo que muy posiblemente desaparecerá el descubrimiento de América, la conquista y la reconquista, los tiempos de la reunificación y nacimiento de la nación española y acontecimientos similares

Y, por lo que parece, pone al pie de los caballos a los profesores comprometidos porque serán ellos los que decidirán si los alumnos pasan o no de curso con independencia de su nivel de conocimiento, porque tendrán que lidiar con padres y alumnos que no entenderán “porque a su hijo no” cuando a fulanito sí.

A los pies de los caballos únicamente a los profesores vocacionales, los enamorados de la docencia e interesados por el futuro de sus alumnos, porque algunos otros se librarán de problemas y compromisos aprobando a todo el mundo y aquí paz y después gloria.

Cambios que no harán más que lanzar al siguiente ciclo a alumnos con menos preparación y que tendrán problemas para el acceso a las universidades y al mercado laboral.

Pero eso no supone un problema para un gobierno cortoplacista e insensato como el actual. ¡Ya se encargarán los padres, si están interesados, en complementar la educación de sus hijos con recursos alternativos!

Porque ellos, tan empáticos, no quieren lanzar al mundo a jóvenes tan traumatizados como fuimos nosotros, lo que, para nuestro bien, hemos “sufrido” una educación exigente que nos ha permitido desenvolvernos mejor y tener un conocimiento general de las ciencias, pero también del humanismo y de la cultura general, que no tendrán las nuevas generaciones de escolares.

No hay duda de que, desde mi época escolar, en la que se aceptaba incluso que tu maestro te arreara algún paletazo en la palma de la mano o te pusiera cara a la pared algún tiempo por infracciones de comportamiento con todo el apoyo de nuestros padres, la verdad es que éramos bastante brutos, hasta el día de hoy, la enseñanza ha cambiado mucho. Mis maestros solo disponían de la pizarra y de algunos desplegables de mapas, mientras que ahora hay apoyos audiovisuales y toda clase de técnicas que ayudan al profesor y facilitan la comprensión del alumno.

Y eso ha permitido una mayor “amabilidad” del profesorado, no reñida con el compromiso con la enseñanza en general y con la de cada alumno en particular. Y doy fe de ello porque conozco a docentes en ejercicio que también sufren y se interesan por sus escolares como sufría por mí y por el resto de los alumnos mi querido Don Fidel.

Lo que no es lícito es igualar a los alumnos de una clase al nivel de los más vagos, ni tampoco con los que tiene más dificultades para aprender, a los que habrá que apoyar especialmente, en aras de un tiempo feliz, de vino y rosas sociales, que, en este caso, aporta una falsa tranquilidad a algunos padres, porque sus hijos pasarán los cursos hagan lo que hagan y que solo perjudica a los verdaderos sujetos de los programas educativos: los alumnos.

Que así no sea.

¿Unidad o consenso?

Ayer, nuestro presidente se dirigió a la oposición, también a sus socios de gobierno y a los apoyadores habituales, apelando a la unidad para hacer frente a los gravísimos problemas que tenemos sobre la mesa. Y lo hizo utilizando todas las técnicas conocidas en la comunicación verbal con el apoyo de gestos. Y así lo dijo en tono persuasivo, de extrañeza, apremiante, de incomprensión, de enfado, de complicidad y hasta de súplica. Con las cejas levantadas, dejadas caer, levantando una más que la otra, frunciendo el ceño, endureciendo la mandíbula, apretando la boca o amagando una sonrisa triste.

Y, como suele hacer, aplicando bien las pausas o los cambios en los tonos de voz para reforzar conceptos, al estilo de Rufián, que, en mi opinión es un auténtico virtuoso manejando estos recursos.

Es posible que le salga “de natural”, pero no dejan de ser técnicas recomendadas en cualquier curso para hablar en público si se quiere reforzar un mensaje o facilitar un entorno.

Pero claro, el presidente no repara en que el apoyo solicitado ha de estar ligado, necesariamente, a un mínimo de honestidad basada en una comunicación fluida y sincera en la que no se esconda nada, buscando los puntos de coincidencia en la que apoyar una determinada iniciativa y abordando un tema cada vez para no distraer el fondo del posible apoyo.

Entendiendo que unidad en una iniciativa no requiere necesariamente unanimidad de criterios porque para conseguirla basta con un mínimo común denominador que permita ceder en algo en favor de un bien mayor. Es lo que se llama consenso, que es una forma muy deseable de solucionar problemas de Estado.

Prácticas y actitudes totalmente ignoradas por el solicitante de unidad, que no pierde ni un minuto en tratar de negociar con nadie, ni siquiera en proporcionar un mínimo de información, con el resultado de que una y otra vez la oposición, incluso algunos miembros del propio gobierno se enteran del contenido de sus propuestas por la prensa.

Y, también una y otra vez, emplea esa técnica torticera de mezclar temas a los que nadie puede negarse con otros que ni vienen a cuenta y que, en la mayoría de los casos, son de dudoso recibo democrático por la importancia de lo “colado” en la propuesta.

Y así, junto a propuestas sensatas sobre la pandemia a las que nadie podía negarse, alguno si que se abstuvo, consiguió la aceptación para el ingreso de Pablo Iglesias en el CNI y ayer mismo se propuso un paquete en el que, junto a los 20 céntimos de los combustibles, se incluía el impresentable currículum de la ESO, la aprobación al cambio de opinión sobre el Sahara, la limitación del precio del alquiler de las viviendas en las renovaciones y otros temas similares, sin ninguna conexión entre ellos y, en algunos casos, merecedores de plenos monográficos.

Adobados por una relación lastimera de los muchos problemas que había tenido que soportar durante su mandato, problemas reales todos ellos, aunque en algunos casos, como la última calima, no creo que le hayan quitado el sueño muchas noches. Como si los anteriores presidentes no hubieran soportado los asesinatos de ETA, los muy complejos ajustes que hubo que hacer para consolidar la democracia o alguna crisis económicas de gran magnitud. La diferencia es que la mayoría de sus predecesores, en lugar de lamentarse de sus desgracias, cuando se trataba de problemas de Estado lo primero que hacían era descolgar el teléfono para hablar con los líderes de su oposición, aunque en el parlamento se tiraran los trastos a la cabeza día sí y día también.

Eran tiempos en que permanecía vigente la palabra “consenso” que, cómo decía antes, es la única realmente válida y operativa en democracia, sustituida actualmente por la muy utópica y demagógica “unión”, con un significado equivalente a “seguir al líder” diga lo que diga y haga lo que haga. Un “sed flexibles y haced las cosas a mi manera, porque yo soy el único que se lo que hay que hacer en todos los casos”. Porque los demás, cuando hay un líder indiscutible, lo que tienen que hacer es “arrimar el hombro” sin cuestionar las propuestas, frase que en si misma pone en evidencia la pobreza democrática del proponente

Y esta ha sido, es y será hasta que los votos nos separen, la actitud del presidente de la “unidad consigo mismo”, el que nos ha tocado en suerte para gestionar asuntos realmente importantes, siendo, como está demostrando, el peor gestor de todos los que nos ha tocado en suerte desde la restauración de la democracia.

El del permanente “yo no he sido” si algo sale mal, porque la culpa la tiene Putin, o los gobiernos anteriores, o la oposición, o las comunidades, o la Comunidad Europea, siendo el paladín indiscutible de todo lo que sale bien, como la campaña de vacunación, que tanto juego le ha dado, cuando ni fue el que las compró ni el que las inyecto.

¿Huelga o manifestación ilegal? El problema de los camioneros y la muy necesaria ley de huelga

Como España es como es, tan aficionada a empezar cosas brillantes y tan poco a rematarlas como se debe, en este momento nos encontramos en una situación totalmente esperpéntica, porque los cambios en los tiempos no se han acompañado con la actualización en las leyes. Y me explico:

El derecho de huelga, contemplado en la Constitución, está fundamentada en que los obreros, los empleados de una empresa, pueden convocarlas para denunciar irregularidades de patronos injustos y presionarles para que soluciones problemas salariales, de abusos, o de cualquier otro tipo. Es decir, las huelgas iniciales, las primeras, requerían la presencia de un patrón deshonesto y de trabajadores reivindicativos.

Planteamiento que prevalecía casi intacto cuando llegó la democracia, porque durante la dictadura, ese derecho quedó invalidado. Hubo algunas huelgas, sí, pero todas eran ilegales, lo que permitía a las autoridades reprimirlas con fuerzas de orden público, incluso con las de antidisturbios si era necesario. Y de eso saben mucho “los grises” de entonces que, en su mayoría, no hacían más que obedecer órdenes.

Pero los tiempos han cambiado y ha crecido de forma exponencial el número de autónomos, hasta el punto de que en este momento hay gran cantidad de colectivos de mini empresarios,  patrones de sí mismos, que no tienen a quién reclamar derechos si no es el gobierno de turno, que no es su patrón, pero es el que regula con leyes gran parte de las materias que les afectan directamente.

Y, por esta razón, no pueden convocar huelgas, solo cierres patronales y manifestaciones, porque, repito, el gobierno no es su patrón formal, ni tampoco acogerse a los derechos de los huelguistas convencionales. Son, en pleno Siglo XXI, una especie de proscritos legales, porque ni siquiera, siendo patrones, entran dentro de los supuestos legales para cesar en su actividad:

25.3. El cierre patronal

Es el cierre del centro de trabajo decidido por el empresario, en caso de huelga o cualquier otra modalidad de irregularidad colectiva en el régimen de trabajo, cuando concurra alguna de las circunstancias siguientes:

  • Notorio peligro de violencia para las personas o de daños graves para las cosas.
  • Ocupación ilegal del centro de trabajo o peligro cierto de que se produzca.
  • Inasistencia o irregularidades en el trabajo de tal volumen que impidan gravemente el proceso normal de producción.

Es decir, la sociedad ha evolucionado mucho, pero la legislación continúa exactamente igual que en los años 70, salvo algunas modificaciones que no afectan al hecho de que hay millones de colectivos en auténtica indefensión legal ante determinadas circunstancias que les perjudican.

Y tenemos el caso paradigmático y actual del colectivo de autónomos del transporte, los camioneros, la mayoría de ellos propietarios de un solo camión, cuyos ingresos proceden en su mayoría de subcontrataciones de empresas del llamado Comité de Transportes, muchas de las cuales casi no tienen camiones en propiedad y se valen de los autónomos para hacer frente a sus contratos.

Es decir: Tenemos empresas con pocos empleados y pocos camiones, únicos interlocutores con el gobierno de la nación y miles, muchos miles, de autónomos sin voz ni voto que son, en su mayoría, los que realmente realizan los trabajos.

Con la guinda de unos sindicatos absolutamente amortizados que viven de las subvenciones que recibe a cambio de servir de coartada legal para las decisiones del gobierno y a los que les importa un pito los trabajadores que “no trabajan”, los que están en paro o no están colocados en empresas, especialmente en grandes empresas o en la administración pública.

Y abriendo un paréntesis y hablando de huelgas legales, que no es el caso de las movilizaciones actuales de los camioneros, resulta que este gobierno clarividente, por dar satisfacción a sus socios de la izquierda, suavizó la ley que penalizaba las actuaciones violentas de los llamados “piquetes informativos”, concretamente el artículo 315 del Código Penal, pensando que los trabajadores solo hacían huelgas a los gobiernos del PP.

Y lo hizo con un preámbulo populista como es este gobierno, absolutamente impropio del BOE, que en uno de los párrafos decía: «Desde la llegada al Gobierno del Partido Popular en diciembre de 2011, se inició un proceso constante y sistemático de desmantelamiento de las libertades«.

Y se apostillaba con otro párrafo del mismo preámbulo que dejaba entrever que los jueces aplicaban la “forma agravada” a cada uno de los casos, con este texto:  “Así, se ha aplicado la forma agravada de coacciones prevista en el artículo 315, apartado 3, del Código Penal, sobre la más atenuada de coacciones genéricas, aunque en la mayoría de los casos los hechos no puedan ser entendidos como violentos o coactivos y, en consecuencia, como un riesgo cierto para la integridad de las personas o de los bienes o instalaciones donde se desarrollan. Con esta aplicación de la ley se ha tratado de disuadir a los ciudadanos de ejercer su derecho a la huelga y, en consecuencia, su libertad sindical”

Y digo que era un ataque directo a los jueces, porque son ellos los únicos que pueden aplicar la forma “más agravada” o más favorable para los denunciados en cada caso, dentro de la horquilla interpretativa que les permite la ley.

Y ahora se encuentran con las manos atadas porque parte de los desmanes que están cometiendo los camioneros, muy pocos, pero muy difundidos, pierden carga delictiva.

Es más, en ese mismo decreto, se pedía una revisión de las sentencias dictadas por alguna de estas causas: «Procederá la revisión de las sentencias firmes dictadas de conformidad con la legislación derogada«.

¿Y porqué ocurren todas estas cosas? Como siempre por la inoperancia y la cobardía de la clase política de todos los partidos, sin ninguna excepción, que no se han atrevido a abordar un problema, cada vez más complicado, haciendo lo que deben hacer:

Abordar y consensuar una ley de huelga que permita dejar de ir a remolque de los acontecimientos, aplicando parches legales para solucionar situaciones puntuales a conveniencia de los partidos en el gobierno.

Como ha sido el caso

El camino de VOX hacía la Ínsula de Barataria.

Lo sucedido recientemente en la Comunidad de Castilla-León como consecuencia del resultado electoral es algo casi imposible de valorar como bueno o malo a largo plazo, aunque de momento, invita a ciertas reflexiones. Reflexiones a pie de calle, naturalmente, porque las siempre falsarias “altas esferas de la política” hace mucho que no reflexionan. Se limitan a lanzar consignas interesadas, prefabricadas y acordes con el ideario de cada cual.

La primera es que a estas alturas parece que la decisión de convocar elecciones no tiene padre, que “entre todos la mataron y ella sola se murió”. Los mortales entendimos y nadie lo desmintió, que se adelantaron a instancias de la dirección nacional del PP, pensando que soplaban vientos favorables y que ocurriría lo mismo que en la Comunidad de Madrid con el tirón de Isabel Díaz Ayuso. Solo que algo se torció por el camino y las desavenencias de Casado con la que fue otrora su brazo armado, provocó un retroceso en las expectativas del PP y un ascenso, casi regalado, de VOX.

El pretexto, la posible moción de Ciudadanos, puede que fuera cierta, pero tenía toda la pinta de ser una coartada muy traída por los pelos.

Lo segundo es que, llegados a este punto,  Alfonso Fernández Mañueco se encontró con una patata caliente, muy caliente, porque una vez que el resto de los partidos representados en la cámara no aceptaron ningún acuerdo, solo tenía dos opciones: Pactar con VOX, o repetir elecciones, lo que hubiera resultado especialmente dañino para su comunidad y, muy posiblemente, para obtener los mismos resultados. Probabilidad que me viene al pelo para repetir una de mis frases favoritas, tan oportuna en este caso: “locura es hacer lo mismo una y otra vez esperando resultados diferentes”.

Y, como era de esperar, el gobierno de la nación, el PSOE, todos sus aliados parlamentarios y los medios que les son afines, se apresuraron a rasgarse las vestiduras, a sacar de su jaula el sangriento dóberman de antiguas campañas y a anunciarnos catástrofes sin cuento, no solo para la comunidad en cuestión, sino para España entera e incluso para la propia Comunidad Europea.

Catastrofismo alentado por el propio Casado en su inoportuna visita al Grupo Popular del Parlamento Europeo, olvidando de forma inexplicable que fue él mismo el que alentó a que se disolviera el parlamento y que, por tanto, es responsable directo de sus consecuencias, por acción u omisión, aunque la idea partiera de su ex secretario de organización.

No voy a entrar en lo dicho por la oposición castellanoleonesa, aunque es de cajón plantearse qué si tanto interés tenían en que VOX no entrara en gobierno, les hubiera bastado con abstenerse en la elección del presidente, sabiendo que, de haberlo hecho, hubieran tenido al PP cogido de salva sea la parte y en total indefensión política.

Pero las cosas están como están: VOX tiene la presidencia de las cortes, la vicepresidencia del gobierno y creo que tres consejerías. Y se ha firmado un pacto de gobierno que no he leído porque, diga lo que diga y como ha ocurrido con todos los firmados a nivel autonómico, incluso a nivel nacional, o no se cumplirá literalmente o se buscarán fórmulas para que parezca que “sí”, pero que será que “no” en cuanto surjan verdaderos conflictos.

Y no olvidemos que el señor Mañueco está en debilidad, pero sigue teniendo la potestad de disolver las cortes y convocar elecciones si le aprietan más de lo que puede o debe soportar. Y puede que, si se da el caso, el no pasar por determinado aro le proporcione una autoridad que parece muy menoscabada en este momento. Y al señor Mañueco no le temblará el pulso como le tiembla al señor Sánchez, porque no creo que haya cambiado el colchón de su residencia oficial, si es que la utiliza y no tendrá ningún interés personal en mantener el cargo. Ninguno.

A partir de ahora y como voy a hablar de VOX y de sus circunstancias, recuerdo lo que he publicado en tantas ocasiones: es un partido con el que no comparto en absoluto parte de sus objetivos políticos, objetivos políticos, repito, pero que es legal y por tanto tan democrático como cualquier otro, o quizás más que otros. Y por eso he repetido lo de “objetivos políticos”.

Y, en mi opinión, puede resultar muy positivo que VOX, que nunca ha querido “mojarse”, pase de predicar a dar trigo y asuma responsabilidades de gobierno. Responsabilidades en una comunidad autonómica, lo que parece un contrasentido dado que una de sus manifestaciones más conocidas es cuestionar la utilidad del sistema autonómico, que pide eliminar o limitarlo a cuestiones puramente administrativas, sin capacidad para tomar decisiones políticas que solo deben corresponder a las Cortes o al gobierno de la nación.

Porque ahora, estando los amigos de VOX en el gobierno, no van a tener más remedio que gestionar los recursos de que dispondrán para la mejor atención y los servicios a la ciudadanía. A toda la ciudadanía y sin capacidad de modificar leyes estatales aplicando su ideario. Aunque se esforzarán, como no, de hacer parecer lo que no es, dejándose llevar por su populismo tradicional.

He leído en titulares acuerdos como promover una ley de “violencia intrafamiliar” que protegerá a “menores, mayores, mujeres, personas con discapacidad o personas vulnerables”,  o que “el gobierno de Castila y León promoverá una inmigración ordenada que, desde la integración cultural, económica y social, y en contra de las mafias ilegales, contribuya al futuro de la región

Son textos asumibles en sus planteamientos y puro humo desde el punto de vista legal, porque, repito, ninguna comunidad puede promulgar leyes que contradigan las estatales, de rango superior.

Y la prueba de fuego de su futuro como partido estará en su comportamiento en el gobierno de la comunidad y en sus iniciativas parlamentarias. Porque de los otros “ultras”, los de la izquierda o los nacionalistas, sí que sabemos lo que han hecho y lo que han pretendido hacer, entre otras cosas dar un golpe de Estado, trabajar para cambiar la forma de gobierno, deslegitimizar a los otros poderes del Estado cada vez que sus decisiones o sus sentencias no se ajustan a sus planteamientos políticos o sociales y, siempre, encubrir al gobierno cuando toma decisiones que debilitan el contenido de la Constitución o no practica esa transparencia informativa que tanto pregonó antes de alcanzar el poder, alegando inexistentes secretos de Estado.

Y, ya metidos a gobernar, de aquellos revolucionarios nacidos del 15M, el Podemos que defendía la democracia asamblearia, apenas quedan restos. Sus dirigentes viven en otros lugares, viajan en coche oficial y, todo lo más, hacen alguna declaración de vez en cuando sobre temas varios para hacerse ver. Para aparentar que siguen en la brecha.

Pero de VOX no hay ningún historial de gestión. Solo mucho bla, bla, bla y repetir una y otra vez lo que harán cuando lleguen al gobierno de la nación, cosa que nunca conseguirán.

Y hasta puede que aprendan la lección del casi extinto Ciudadanos, partido que tuvo un gran auge en un determinado momento de la historia reciente y eviten querer ser “califa en lugar del califa”, el gran error de Albert Rivera y limitarse a influir, que no es poco, en lugar de presidir gobiernos.

Porque no olvidemos que la mayoría de los actuales votantes de VOX fueron otrora el ala más conservadora de AP y del PP, sin que eso supusiera un grave problema de convivencia con el resto de las “familias” internas.

Por lo que, en mi opinión, tenemos por delante un interesante experimento político que valdrá la pena seguir y del que podremos sacar conclusiones.