Las elecciones catalanas o el continuar como estábamos

Las  elecciones en Cataluña han tenido lugar y, como suele ocurrir en los últimos tiempos, han ganado determinadas personas, pero no lo ha hecho ni la sociedad consultada ni los colectivos de que la componen. Porque, de hecho y a lo que parece, todo se ha quedado igual que estaba.

Illa ha obtenido más votos pero no más escaños por la peculiaridad de la ley electoral catalana, lo que en la práctica supone que es una victoria pírrica porque, como le sucedió a Ciudadanos en las últimas elecciones, son votos inútiles por la práctica imposibilidad de formar gobierno.

Eso sí, lo primero que hizo es dar las gracias a Iván Redondo que, ¡oh sorpresa!, ha sido el muñidor del llamado “efecto Illa”. Y la gran pregunta es ¿cómo se puede entender que el jefe de gabinete del presidente del gobierno de la nación sea el asesor de campaña del candidato de un partido político?

Pregunta que lanzo al aire porque está claro que nadie me la va a contestar.

Conclusión: Illa no será presidente porque ningún partido independentista querrá apoyar su candidatura. Exactamente lo mismo, repito, que le sucedió a Arrimadas. Pero, eso sí, el gobierno y el partido “sanchista” le presentarán a la opinión pública española como “el gran vencedor”

VOX ha conseguido una “gran victoria” que tampoco servirá de nada. Desde el punto de vista de la imagen es cierto que ha tenido un gran éxito electoral, pero se va a convertir en una oposición “tronante”, dura y nada negociadora, que es lo último que se necesita en Cataluña en estos momentos.

Le servirá, eso sí, para su marketing en el resto de España y para reforzar la imagen de su gran líder, Abascal, que quiere emular la figura de un Pelayo del Siglo XXI, personaje absolutamente inútil en estos tiempos en los que se necesitan gestores y negociadores y no  “reconquistadores”.

Ciudadanos se ha dado el gran batacazo y en este caso sí que debe tener consecuencias de gran calado porque es un partido que nació en Cataluña y para defender a los catalanes de los independentistas. Pero no sufran. Arrimadas no dimitirá ni aceptará buscar soluciones con los partidos conservadores y continuará liderando un proyecto totalmente superado que, en este momento, más que ayudar, está perjudicando seriamente a la nación. Exactamente como sucedió en su día con Rosa Díez y su UPyD

Esquerra ha conseguido ser la fuerza que tiene más posibilidades de formar gobierno apoyado por el resto de independentistas,  aunque cada uno de ellos sea el enemigo más declarado del resto. Porque no hay duda de las enormes diferencias políticas y estratégicas entre el partido de Puigdemont, el de Junqueras y el de la CUP, del que no conozco ni líderes ni personas que puedan controlarlo.

Gana Junqueras, no pierde Puidgdemont, gana y mucho,  la CUP, Y pierden los catalanes que seguirán viendo como las empresas huyen de su autonomía y que la inversión extranjera seguirá pensando en otros lugares en los que colocar su dinero.

Y se da la curiosa circunstancia de que son los propios partidos independentistas catalanes los que están consiguiendo que los beneficiados de sus decisiones sean “els espanyols” de Madrid, la gran enemiga, de Valencia o de otros lugares de nuestra nación.

Y lo siento, pero debo ser honesto. La culpa de todo esto, los únicos responsables son los catalanes, los que votan a determinadas opciones y, especialmente los que no van a votar.

Sé que en esta ocasión tenían la dificultad añadida del COVID19, pero los que tienen un interés evidente por alguna de las candidaturas y los más radicales  sí que han acudido a las mesas electorales. Y los que no votan, sea por miedo, por pasotismo o por cualquier otra razón, son tan responsables o más que los que votan radicalismo. Con el agravante de que han tenido la opción del voto por correo.

Y no pueden esperar eternamente que sean “los de fuera” los que les resuelvan los problemas. ¡Que ya está bien!

El Partido Popular también ha sufrido un resultado desalentador, casi desastroso, pero es un caso aparte porque la política catalana nunca lo ha tenido en cuenta. Y no lo ha hecho porque la función de derecha conservadora lo cubría la desaparecida Convergencia y el PP no tenía un hueco importante ya que esta sociedad, especialmente la antaño potente burguesía, también desaparecida, no les necesitaba. Para eso y para mucho más ya tenían al “molt honorable” señor Pujol

Como ocurre en el País Vasco, donde gracias a desgracias puntuales, y valga el juego de palabras, como  los asesinatos de ETA, el PP consiguió un cierto protagonismo ganado con la sangre de sus víctimas, pero que, en circunstancias normales, la derecha conservadora de la autonomía la representa el PNV. Partido mucho más de derechas y más tradicionalista que el propio PP.

Pero, resultados aparte, Casado ha hecho una campaña para olvidar y ha perjudicado a un excelente candidato.

La moraleja es que tanto Ciudadanos como el PP tienen que meditar muy seriamente cuales deben ser sus próximos pasos y si deben darlos juntos o separados.

Porque es necesario que sus dos presidentes asuman que sus estrategias han fracasado y que se necesita un liderazgo potente que aglutine a conservadores y liberales en un solo proyecto, serio e ilusionante.

Que puede encontrarse,  muy probablemente, en el noroeste español. Lo complicado es que este líder potencial acepte dejar su zona de confort en la verde Galicia de sus antepasados para cambiarla por los páramos y  las zonas pantanosas de la política española.

Decía Rosalía de castro refiriéndose a su tierra:

“Sin ela vivir non podo

Non podo vivir contenta

Que adonde quira que vaia

Cróbene unha sompra espesa”

Pero, de ser necesario, no me cabe duda que el Señor Feijóo aceptaría la responsabilidad de liderar esa nueva transición. Porque, por lo que parece, es un hombre de Estado. Y él sabe muy bien que el Estado le necesita

La política y la salud.

En este bucle insano en el que nos ha metido el gobierno con el tema de la salud y su decisión de nombrar a Illa candidato a las lecciones catalanas, nos encontramos con el gravísimo problema de que, nombre  a quién nombre como sustituto en el ministerio, no tomará ninguna decisión que contradiga o ponga en entredicho las que tomó el ministro actual mientras ocupó el cargo.

Porque sería muy perjudicial para su imagen como antiguo gestor de la pandemia y perjudicaría gravemente su imagen como candidato.

Y así será durante todo el tiempo que dure la campaña, sean las elecciones en febrero o en mayo.

Por lo que y sin ninguna duda, la política, tal como se presenta en este momento, puede causar muertes innecesarias y evitables. Incluso muchas muertes innecesarias y evitables

La RAE define la palabra “política”, en su tercera acepción como “Conjunto de los procedimientos y medidas que se adoptan para dirigir los asuntos que afectan a la sociedad o tienen relación con ella.

Es evidente que los académicos redactores eran  mucho más altruistas y románticos que los propios políticos en ejercicio, porque de no ser así y en estos tiempos, que tampoco serán tan diferentes a los pasados en esta cuestión, una de sus acepciones sería: “coartada o pretexto que sirve a los elegido en listas oficiales para conseguir sus objetivos personales o de partido, con desprecio a la conveniencia de la nación e incluso a la de sus propios electores.