Lo que el Papa ha dicho y lo que algunos dicen que ha dicho.

Como ocurre desde hace mucho tiempo en España, la cúpula de los partidos políticos y los que son fanáticos seguidores de cada uno, no escuchan para entender, sino para contradecir. Afirmando cínicamente que es <<un deber sagrado>> de todos ellos, empleando la palabra sagrado, cuya etimología significa << algo digno de respeto o de veneración>> para lo que no fue concebida.

Y, a poco que nos dejemos llevar, acabarán contaminando a todos.

Porque, utilizando el famoso y repetido proverbio oriental: <<cuando un dedo señala a la luna, el necio mira el dedo>>, no solo es una figura literaria: es una imagen simbólica que transmite una idea más profunda.

Cuando, como sabemos, el dedo es lo superficial y la luna lo esencial.

Viene a cuento de que, llegado el Papa y habiendo dicho lo que tenía que decir, los lideres de los partidos y sus seguidores fanáticos, repito, se han apresurado a decir que el Papa les ha apoyado a ellos y ha condenado a los otros.

Siempre el dedo, obviando lo esencial, que es el contenido del mensaje.

Porque el Papa lo ha dejado claro. Ha reafirmado, sin lugar a duda, la postura de la Iglesia en la compleja situación actual de la humanidad y ha lanzado un mensaje potente a los poderosos de la tierra, apoyado en la gran pregunta:

¿Qué sociedad estamos construyendo?

Porque, con la deriva actual, acabará desapareciendo el mundo que hemos conocido en favor de una sociedad egoísta y deshumanizada, que solo piensa en lo inmediato, olvidando esa obligación que tenemos de dejar a nuestros hijos un mundo mejor que el que hemos encontrado.

Una especie de nueva caída de Roma que no fue, como se dice en las películas, causada por el asalto de Atila el Huno, el llamado <<Azote de Dios>>, sino a años y años de mollicie y degeneración social y moral que debilitó al imperio y permitió que los nómadas de oriente, entre los que también había caudillos guerreros, les colonizaran.

Y, siendo como es doctrina de la Iglesia, ha defendido la vida desde su concepción y ha declarado, entre otras cosas, que la familia es el primer lugar de transmisión de valores. Y, muy especialmente, ha recordado, ha insistido hasta la saciedad, que el hombre, el ser humano y su dignidad, es y así debe considerarse, la razón de ser de leyes y objetivos sociales de todos los gobiernos del mundo.

Conceptos de ética y moral comunes, estos sí, a cristianos, miembros de otras religiones, agnósticos, o ateos de todo el mundo, dirigido muy especialmente a los que tienen el poder de gobernar las naciones.

Los que tienen la “potestas”, que es la autoridad, pero carecen con demasiada frecuencia de la “autoritas”, la autoridad moral, el prestigio reconocido y la legitimidad social que una persona o institución adquiere, no por fuerza legal , sino por su reputación, sabiduría y experiencia.

Es cierto que los gobiernos y la Iglesia tienen techos y limitaciones diferentes: el gobierno español la Constitución y la Iglesia la Ley de Dios, pero, en el fondo, solo hay discrepancia en temas muy concretos, aunque sean muy importantes.

Ninguno de ellos contradictorios con que toda persona es un ser humano al que no debe despojarse de sus derechos ni de su dignidad y que el mundo, la sociedad, es un proyecto común en el que debe involucrarse gobernantes y gobernados sin diferencia entre unos y otros.

Y ha hablado de comprensión, de solidaridad y de muchas otras cosas, como la amenaza de la inteligencia artificial y otras tecnologías que, siendo intrínsecamente buenas, pueden utilizarse para el mal porque, como dijo, nada es inocente en manos inapropiadas.

Y que hay que cuidar las palabras para no embrutecer el lenguaje.

Pero, de todo ello, yo, que soy muy de simplificar mensaje, me quedé con una palabra mágica que resume todo lo deseable en nuestros comportamientos, tengamos el nivel social que tengamos:

Respeto.

Porque, si el respeto rigiera nuestras leyes y nuestros comportamientos, no ocurriría lo que está ocurriendo.

Respeto al otro ser humano, venga de donde venga, tenga el color de piel que tenga y profese la religión que profese. O que no tenga ninguna religión.

Respeto de los gobernantes hacia sus electores cuando promulgan leyes o toman decisiones.

Respeto, repito, de cada uno de nosotros a cada uno de los demás, tengan la religión que tengan, sean cual fueren sus ideas políticas, o su papel en la sociedad. Respeto al medio ambiente, respeto al que piensa como tú, respeto a la verdad

Respeto, respeto, respeto.

Porque respetar incluye comprender y ayudar al que quiere emanciparse y no puede,  a las mujeres que quieren ser madre y tienen tantas dificultades para conseguirlo, al que busca desesperadamente un trabajo que no encuentra, al que vive pensando cada día como puede llegar a fin de més y que cada vez son más invisibles, más molestos.

Respeto a los que llegan en pateras buscando una vida mejor para ellos y sus familias

Y si al respeto se le une la verdad, sin eufemismos, relatos y posverdades, tendríamos una sociedad mucho más ética y de propiedad común, en la que todos podríamos convivir, peleando en las dificultades del cada día, pero libres de las trabas que nosotros mismos estamos construyendo.

En fin, el propósito de este desahogo es lamentarme de lo que mi edad y mi experiencia me decía que iba a ocurrir.

Que seguiríamos hablando del dedo.

Así que, allá cada uno con su conciencia, pero, por favor, no empleen las palabras del Papa si no es para reforzar los caminos que pueden sacarnos del desastre de mundo que hemos fabricado. El de las guerras, las hambrunas, el de la brecha cada vez más profunda entre los que mueren o viven por una misma enfermedad según el lugar en el que residan.

Valencia, 13 de junio de 2026

José Luis Martínez Ángel