Primero de Mayo – Modelo sindical de ayer, lastre para el avance productivo y social del mañana.

En diciembre de 2016 escribí un artículo en mi blog titulado “Sindicalismo tradicional en la era de los robots” en el que decía lo siguiente.

“Esta madrugada he escuchado en una emisora de radio que UGT ha pedido que se grave con un impuesto a las empresas que usen robots en sus cadenas productivas. Supongo que esta petición, de ser cierta y perdonen la ironía, habrá ido acompañada por otra exigiendo que las mismas empresas dediquen más recursos para I+D.

España sigue siendo diferente y los sindicatos “históricos”, los de los dirigentes “históricos”, tienen tanta idea de mercado laboral como yo de física cuántica. Estos señores, que han vivido  en su juventud eso de entrar en una empresa “para toda la vida”, defienden únicamente a los trabajadores “empleados” para que sigan empleados hasta su jubilación, hasta su muerte o hasta  la muerte de las empresas. Y a los que no tengan trabajo que los mantenga el Estado.

Son ensoñaciones sobre tiempos pasados, que no volverán, y que condicionan sus políticas y sus estrategias porque condiciona sus “saberes”.

Parece una barbaridad, pero creo que sería mucho mejor para los trabajadores, empleados o en paro, que a los sindicatos los dirigieran economistas y gente con verdadero conocimiento de lo que son los mercados y las empresas del futuro, y digo empresas porque son estas, incluido el Estado como gran empleador, las que justifican su existencia. Porque los sindicatos no son generadores de empleo.

Seguro que conseguirían mejores resultados, negociarían de tú a tú con grandes empresas, patronales y gobiernos, y llegarían a verdaderos “gana – gana” de ambas partes, en lugar de defender posiciones tan fuera de lugar.

Un ejemplo: No conozco el perfil de los sindicalistas de la Ford de Almusafes, pero han sido un magnífico ejemplo de acuerdos laborales con la patronal, que ha permitido que esta empresa haya mantenido su calidad y sus mínimos de rentabilidad en lo peor de la crisis, sin daños irreparables en la plantilla.

Y ¿Cómo lo han hecho? Negociando ajustes de turnos y horarios para adaptarlos a las circunstancias de cada momento, según los altibajos en los flujos de demanda.

Espero que los Reyes Magos, que están en todo, regalen a los arcaicos dirigentes sindicales de los “dos grandes”, un manual de economía modelo Epi y Blás que, recordando que los costes de empleo son un capítulo importante en el coste del producto final,  diga cosas como esta:

  • Producción manual=más costes de empleo.
  • Más costes de empleo= pérdida de competitividad.
  • Pérdida de competitividad=pérdida de mercado.
  • Pérdida de mercado=pérdida de empleos.

Y su inversa:

  • Más ayuda tecnológica=mayor capacidad de producción/empleado/hora.
  • Mayor capacidad de producción/empleado/hora=menor coste del producto final.
  • Menor coste del producto final= más facilidad para ocupar mercados.
  • Más facilidad de ocupar mercados=mayores oportunidades de crear empleos.

Con el valor añadido de que cuando nos referimos a empresas avanzadas tecnológicamente estamos hablando de empleos fijos y mejor remunerados.

Naturalmente el porcentaje de “producto final hora por empleado” habrá aumentado, que es de lo que se trata, pero no a costa de un mayor esfuerzo físico. Y la pérdida de empleo potencial por la menor necesidad de mano de obra para conseguir el  producto final se compensa con la mayor venta del producto por su bajada de precio.

La resultante debería ser: se abarata el producto, luego se vende mejor, luego se genera más empleo con menos esfuerzo del productor. ¿Dónde está el problema?

Nos guste o no, la globalización exige cada vez más, una tecnificación avanzada de las empresas porque, respetando los mínimos de calidad, estamos y estaremos en una lucha abierta de precios y servicios.

Sinceramente, no se si lo entenderán. O lo que es peor: puede que lo entiendan pero no les interesa. Continuemos con la demagogia y los populismos y sigamos remando contra corriente.

Seguro que hay otras formas, más modernas y eficaces, de proteger a los empleados de los abusos salariales de empleadores desaprensivos sin perder el ritmo de crecimiento de empleo. Seguro que sí.

Pues bien desde entonces y pasando lo que ha pasado, me entero de que los dos genios de la economía y de las finanzas que ejercen como secretarios de los dos sindicatos que fueron tan importantes en la España de la transición a la democracia para corregir abusos patronales amparados por la ley, sugieren que una vez pasada la pandemia se debería estudiar la posibilidad de nacionalizar empresas.

Otros que tal. Como como algunos partidos, incluidos los que componen el ejecutivo, que se han confundido pensando que el momento de desconcierto en el que estamos sumidos y los poderes extraordinarios que se está tomando el gobierno al socaire de la situación, algunos justificados, es el mejor momento para cambiar el ordenamiento político y jurídico español por la vía de hechos consumados.

Y otra vez les digo que no lo conseguirán. Que no lo pueden conseguir. Porque España es un Estado de Derecho, no una propiedad del gobierno de turno, y entre las palabras o las intenciones de cualquier grupo y los hechos, hay toda una batería defensiva que empieza, o debería empezar por el control del propio Parlamento, que continúa en los tribunales, siendo el de mayor rango del Constitucional y que termina, el último baluarte al que será imposible convencer, en la Comunidad Europea.

Pero mientras, los muertos vivientes defensores de estrategias sindicales de principio del siglo pasado, los que dejaron de tener parte de su razón de ser en España a partir del Estatuto de los Trabajadores aprobado en 1995, no evolucionaron como lo hicieron los partidos políticos y las empresas y continúan intentando avanzar por una senda que no les conduce a ninguna parte.

¿Quieren que España de un verdadero salto cualitativo de bienestar? Retiren a estos dos señores que no han aportado nada en su vida como inspiradores de cambio y modernidad, que han consentido corrupción en sus filiales de Andalucía, Asturias y otras plazas alegando que “eso es cosa de las territoriales” y que han luchado contra la reforma de Rajoy mientras despedían a sus propios empleados aplicando las indemnizaciones por despido de dicha reforma porque les favorecía económicamente.

Sus nombres, por si no los recuerda,  son Unai Sordo y Pepe Álvarez y ya casi ni se sabe a qué sindicato representan cada uno. Expertos en nadar entre dos aguas, que lo mismo coquetean con el independentismo que con los proetarras, sin más tareas conocidas que soportar pancartas y sentarse en mesas de negociación para decir lo mismo que vienen diciendo desde que al mundo era en blanco y negro. Porque, o no se  han enterado o no tienen la más mínima capacidad para adaptarse a las nuevas situaciones.

Su mundo ideal: Seguir siendo los líderes sindicalistas de los empleados, que eso da poco trabajo  y que al resto de los obreros españoles, a los parados, les subvencione el Estado. Como a ellos mismos y a sus sindicatos. Que no viven de la cuota de los afiliados precisamente.

Mañana, primero de mayo, recordaré las luchas pasados por los derechos de los trabajadores y me volveré a tapar la nariz cuando escuche las recomendaciones y consejos de los dos líderes sindicalistas.

Lo que no dirán, seguro, es que se ha abierto juicio oral por la corrupción de UGT en Andalucía.

Y mi respeto, todo mi respeto, para los sindicalistas de “a pie” que han luchado por los derechos de los trabajadores en cada empresa. En la mía por ejemplo. En algunas ocasiones del pasado y por razón de mi cargo he tenido que discutir con ellos alguno de los puntos de sus demandas y lo hicimos con firmeza, pero de buena fe y, repito la palabra,  con respeto mutuo. Como debe ser.