El sainete nacional (si fuera para tomarlo a risa) – Parte 1

Revisando las noticias veo que Pedro Sánchez, el del “no es no” y “que parte del no, no ha entendido, Sr. Rajoy” acusa al gobierno ¡de no querer dialogar con los nacionalistas catalanes!, que han dicho por activa y por pasiva que ni reconocen la autoridad de las instituciones españolas, salvo cuando se trata de defender algún tipo de beneficio personal, ni quieren ningún tipo de diálogo que no sea para insistir en que no pongamos palos en la rueda de su independencia.

Ahora, recobrando su perfil de imprevisible e incomprensible para el común de los mortales, incluyendo entre los mortales a parte de sus compañeros del PSOE y de sus electores, ha propuesto que una forma de solucionar el problema de los independentista catalanes, que no de Cataluña, es reformar la constitución para configurar una España federal, como si eso fuera a contentar al actual gobierno de la Generalitat, y retocar la financiación, que en voz de José Luis Abalos podría concretarse en que el gobierno central acepte una quita de la deuda de Cataluña.

Supongo que ambos, Sánchez y Abalos, saben que manifestaciones como estas debilitan al gobierno, dan alas a los promotores de la independencia, y resucita, otra vez, a ese PSC amortizado que tanto daño ha hecho al socialismo español.

También es noticia que Sánchez Lage, antaño aliado con Susana Díaz contra Sánchez y avisador público de que Podemos quiere fagocitar al PSOE, busca un pacto de gobierno con este partido en Castilla la Mancha defendiendo, como no, que es lo mejor para el pueblo. Supongo que no se referirá al mismo “pueblo” que votó mayoritariamente, aunque no por mayoría absoluta, al PP.

Pablo Iglesias y su estado mayor siguen buscando con un candil referentes políticos por todos los rincones, y solo encuentran gente de paz y personajes dignos de imitar entre lo más tenebroso del País Vasco o allende los mares, en su ejemplar y generosa, Venezuela. ¡Nadie en el resto de España!

Mientras, las partes del todo que componen Podemos se van separando las unas de las otras de una forma lenta pero inexorable, como ocurre con los bloque de hielo de la Antártida.

A Pablo Iglesias le corresponde el mérito de aglutinar en Podemos las diversas corrientes del 15M, utópicas la mayoría de ellas, y a grupos sueltos, casi fuera del sistema, existentes en todas las comunidades españolas. Lo hizo con un gran esfuerzo imaginativo y utilizando lugares comunes y su buena dialéctica de profesor de universidad.

Pero si este “tótum revolútum” comienza a fraccionarse, no habrá líder que pueda volverlas a juntar. Es posible que, no tardando mucho y a poco que se espabile el PSOE, tendrán que cambiar el nombre de su partido sustituyendo el actual “Podemos” por “Hubiéramos podido” o “Casi podemos”.

Los de Ciudadanos parecen un poco más centrados. No me atrevo a decir que hayan recuperado la cordura, pero al menos no parece que se alegren tanto de la corrupción para usarla como ariete contra el PP, como parecía hace unos meses. Posiblemente porque alguien se ha dado cuenta de que por ese camino y usándola como único argumento no iban a ninguna parte.

Pero, por lo que vi el otro día, entre los reseteados no parece estar Toni Cantó, el de las “pluri fidelidades” interesadas y profesional de la farsa en su vida anterior, que ejerce como tal, en cuanto puede, en su vida actual. Comisiones del parlamento incluidas.

Aunque no le salió muy bien. Tendría que aprender del Sr. Rufían, que siendo aficionado, le saca varios cuerpos de ventaja. Un castizo diría que “tiene más cuajo”.

Pero, como he dicho muchas veces, son un partido joven, tan joven, que no han sabido explicar a sus electos “de que va la cosa”.

Resulta que en la Valencia de mis amores, cuatro de sus diputados, el ex portavoz, Alex Marín, y los diputados David de Miguel, Domingo Rojo y Alberto García, abandonan el partido, pero no renuncian a “su” acta y se van al grupo mixto. A esos grupos inclasificables que tienen en común, en el caso de los tránsfugas, la falta de principios y de vergüenza.

Apologetas laicos salidos de la masa que alegan que el escaño y la razón son suyos, y “Santa Rita, Rita, Rita, lo que se da no se quita”.

Y seguramente tienen razón, porque los votantes de Ciudadanos y yo mismo si los hubiera elegido, me habría decidido ¡cómo no!, porque estos cuatros señores figuraban en la lista. Y los conocía porque su nombre aparecía cada día en el Calendario Zaragozano que compro cada año.

De verdad ¿Alguien había oído hablar de alguno de ellos?

De todos modos todavía les pasa poco a los dirigentes de todos los partidos, incluidos los nuevos. Eligen a “siseñores” deseosos de cargos y sillones, adictos al pesebrismo, en la seguridad que seguirán fielmente sus consignas.

Y, naturalmente, se sienten engañados cuando, los muy desagradecidos, se caen del caballo derribados por un rayo de luz y descubren que ellos, ¡ellos!, ni el partido ni sus dirigentes, son los importantes.

La luz y la verdad sí, pero sin perder el pesebre que, como dicen algunos disidentes catalanes, de los que no quiero hablar en este momento, el patrimonio es el patrimonio.

¡Qué sabrán ellos de listas abiertas, distritos electorales u otros sistemas electorales en los que el candidato, o vale, o se queda con las ganas!

Podría recrearme en muchas otras situaciones nacionales, pero necesitaría mucho espacio y más información.

Mañana continuaré, en una segunda parte, con las “noticias locales”.

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