Las desafortunadas declaraciones del presidente Puig

Seguramente será por los calores, pero el presidente Puig se ha despachado con unas declaraciones absurdas, inoportunas y que, por supuesto, ni vienen a cuento ni aportan nada de valor a la Comunidad Valenciana.

Porque ha pedido, nada menos, que se aplique un impuesto especial a la Comunidad de Madrid, a los madrileños, por el plus de ser capital de España. Curioso planteamiento, curiosa justificación, similar a los que podrían utilizar los ciudadanos de Albacete o de Cuenca para pedir un impuesto especial a nuestra comunidad por el valor añadido de tener una costa que atrae a turistas y veraneantes.

Insisto, será el calor.

Porque el señor Puig sabe perfectamente que Madrid es capital de España desde hace siglos y no hace tantos años, no más de diez y durante mucho tiempo antes, Barcelona era el referente de España en el mundo por ser modelo de prosperidad, de modernidad y de ser puntera en todo lo relacionado con la arquitectura, la tecnología, el diseño, la moda y tantas otras cosas fundamentales en el camino hacia la modernidad.

Barcelona, supongo que nadie lo habrá olvidado, era el motor de la economía española, con bancos locales que expandieron sus redes por toda la nación y por alguna que otra fuera de España y un prestigio internacional que le permitió montar ferias y congresos que han sido la envidia de otras comunidades, como el Mobile World Congress, por poner un ejemplo. 

Y eso era así porque, ladrones aparte, estaba muy bien gestionada por los gobiernos de la autonomía, que se resumen en uno solo: La familia Pujol. Es cierto que tuvo apoyos de los gobiernos centrales, pero muchos menos que los que han tenido en los últimos años los disparatados gobiernos independentistas, que han dilapidado en poco tiempo gran parte del capital social y el prestigio de la autonomía.

Y, no lo olvidemos, con la complicidad de una parte del capital y de la sociedad catalana a la que han sabido convencer o asustar, según casos. Luego, lo que ha ocurrido en Cataluña, y lo pongo solo como ejemplo de prosperidad sin capitalidad, es responsabilidad de los catalanes.

Y en contrapartida, hace años que la Comunidad de Madrid, ladrones aparte, comenzó una política diferente consistente en aprovechar hasta el último euro que entró en la comunidad reforzando servicios, mejorando la calidad de la enseñanza, activando una política de apoyo al empleo que ha funcionado y que ha permitido reducir la presión fiscal al mismo tiempo que aumentaba la recaudación, porque, al aumentar el empleo, hay más “aportadores” a las arcas de la comunidad. Y, en definitiva, políticas expansivas con la mirada puesta en un futuro mejor para los madrileños, que les han dado buenos resultados.

Y que también han propiciado un entorno de estabilidad política que resulta atractivo para las inversiones del capital nacional o extranjero.

Y, como estamos en España, Madrid, comunidad que he seguido de cerca y a la que tengo un cariño muy especial por lo bien que me trató el tiempo que viví allí, es objeto de deseo y envidiada por otras comunidades que no han sabido hacer bien su trabajo y ahora se ven “empobrecidas” respecto a lo que Ximo Puig llama “la capital”.

La Comunidad de Madrid, que recibió de los presupuestos del Estado una cantidad equivalente a la del resto de las comunidades por población y otros factores que determinan sus cuantías, en el año 2018 aportó al Estado 84.422 millones de euros, de los 171.056 millones totales aportados por las comunidades bien gestionadas. Es decir: La comunidad de Madrid aportó al Estado casi la mitad del montante total, aporte que ayudó a las comunidades más “pobres” porque no pudieron o no supieron gestionar mejor sus recursos, entre las que está la Valenciana.

La comunidad de Madrid es referente en índice de desempleo y la menos endeudada, muchísimo menos que el resto. Y en lugar de analizar con seriedad las razones de este hecho, algunas otras, especialmente Cataluña y Valencia, se dedican a pedir al gobierno central que “rompa” por decreto su buena gestión aumentándoles los impuestos, con argumentos pueriles que en el fondo enmascaran el clásico “porque sí”. Especialmente porque la señora Ayuso, que está continuando y mejorando las gestiones de otros gobiernos autonómicos, saca los colores a los gestores de otras autonomías que necesitan justificar sus fracasos achacando los éxitos de aquella comunidad a razones coyunturales, ajenas a los méritos de sus gestores.

Pues no, señor Puig. Me temo que si usted gobernara Madrid y sus gestiones dependieran de consensos y componendas con los partidos de la coalición, los recursos de la “capital” de España estarían tan poco aprovechados como lo están en nuestra comunidad y perderían el mismo tiempo que aquí se pierde en tontunas y subvenciones absurdas para causas poco definidas.

Y, aunque no dependa de usted porque es un asunto municipal, tendríamos en Valencia una Plaza del Ayuntamiento digna de su entorno y no el bodrio que han montado, mercado de barrio de los lunes incluidos.

A la Comunidad de Madrid se la podrá acusar de lo que quieran, pero en la mayoría de las ocasiones será por ideología, porque nadie que tenga una calculadora puede poner en duda su buena gestión. Y por eso no han servido de nada las manifestaciones de los últimos años diciendo que la sanidad es “la peor de España” cuando seguramente es la mejor, por tener una enseñanza muy valorada por sus resultados y por su filosofía del esfuerzo, por la iniciativa del ICEMA, que puso de ejemplo la Organización Nacional de la Salud, por haber construido un hospital-reserva, el Isabel Zendal, que sirva de apoyo a la medicina convencional en previsión de futuras emergencias sanitarias y por que la actual presidenta es del PP, o facha, o alta, o fea, o porque se ha apoyado con VOX o por lo que sea. Pero lo cierto es que los madrileños han demostrado mayoritariamente sentirse satisfechos con sus gobernantes. Y entre los votantes, no tengan la menor duda, hay muchos socialistas de a pie que se sienten protegidos por la gestión de su presidenta.

Por cierto, el nombre que han elegido, Isabel Zendal, no es el de una política eminente del PP que fue no sé cuántas cosas y tuvo no sé cuántos cargos. Es el de una enfermera que trabajó para luchar contra las pandemias y para difundir la vacuna de la viruela en España y en América.

Y que coste que a mí tampoco me gusta todo lo que han hecho, como inventar un chiringuito para Toni Cantó, por ejemplo.

Y ahora emplazo al señor Puig a que explique cuáles han sido los grandes logros de su gobierno y porque, si “ellos” y no pongo las comillas porque sean de izquierdas, son tan eficaces y porqué, si son tan, “tan” como dice, ¿Cómo es que no lo vemos los valencianos? ¿Cómo es que no arrasan en las elecciones y han tenido que montar un revoltillo de partidos para alcanzar la mayoría? Absolutamente lícito y democrático, por supuesto, pero revoltillo.

Este comentario es más acalorado de lo habitual porque las críticas del Señor Puig no son más que otra cortina de humo para distraernos de las cosas de nuestra comunidad.

Y porque cada vez más, este país nuestro es un país de locos. Yo hice un comentario, molesto porque hace un año, en Benidorm y el resto de nuestras costas se indignaban pensando que podría llegar “los madrileños”, apestados ellos y personalización de la octava plaga. Esos madrileños, también de otras comunidades, pero menos, que han aportado riqueza con sus segundas viviendas y por el hecho de pasar bastante tiempo en ellas.

Y ahora, los mismos guardianes de la salud de entonces, piden a gritos que lleguen británicos, alemanes, franceses italianos, holandeses, belgas y, por supuesto, muchos madrileños.

Un país en el que se repite día sí y día también, que si no se pagaran pensiones a los políticos se resolvería el problema de las jubilaciones, consiguiendo que semejante falsedad se convierta en creíble, incluso para españoles de cierto nivel cultural

Y es que así, con toda esta sarta de disparates y apoyando a los que los dicen porque son “los suyos”, no vamos a ninguna parte. Ni ahora ni en muchos años.

Y lo único que nos faltaba ahora es una guerra entre Autonomías como la que se produjo en la Primera República entre provincias y ciudades cantonales que acabó como acabó.

Pero también es posible que mis neuronas no funcionen bien y me hagan ver cosas que la gente normal no aprecia

Y, en cualquier caso, el daño ya está hecho. El President ha sido criticado por los medios de toda España y, aunque sé que algunos valencianos estarán de acuerdo con Ximo Puig, estas declaraciones arrastran de alguna manera a todos los valencianos y no nos deja en muy buen lugar precisamente.

Pero, como siempre, “Déu proveirà”.

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