Begoña Gómez y el jurado popular

No entro, como nunca he hecho, en asuntos que están judicializados, pero sí quiero opinar sobre el jurado popular en general y sobre el que juzgará a Begoña Gómez en particular.

El Tribunal Popular se implantó en España en mayo de 1995, siendo presidente del gobierno Felipe González, con la intención de que los ciudadanos participaran directamente en decisiones judiciales y ejercieran como jurados en determinados casos.

Una idea muy romántica, pero también muy peligrosa. Los jueces profesionales analizan las pruebas y dictan sentencia conforme a las leyes vigentes, con un margen de interpretación muy estrecho y bajo la tutela de tribunales superiores. Esto se ha visto, por ejemplo, en el caso del juez Peinado, cuyas decisiones han sido corregidas o refrendadas por la Audiencia de Madrid durante la instrucción del caso de Begoña Gómez.

En cambio, los miembros de un jurado, que no pueden ni deben tener formación jurídica, dictan sentencia analizando las pruebas, sí, pero apoyándose inevitablemente en sus impresiones personales más que en criterios estrictamente legales.

Y en un país tan dividido y mediatizado, gracias al excelente trabajo de los responsables políticos que parecen necesitar forofos en lugar de ciudadanos con sentido crítico, resulta prácticamente imposible encontrar personas no contaminadas para ejercer como jurado.

Sigue siendo cierto que todos los ciudadanos somos iguales ante la ley: Begoña Gómez, la esposa del presidente, va a ser juzgada porque, en opinión de jueces profesionales, debe serlo igual que lo sería yo en las mismas circunstancias. Pero el gran problema es que yo soy un perfecto desconocido y ella no.

Lo preocupante es que la actitud de los jueces, que cuando se ponen la toga actúan de la misma forma sean progresistas, conservadores o socios del Betis, es prácticamente imposible de replicar en ciudadanos normales, cargados de filias y fobias alimentadas por titulares de prensa, tertulianos supuestamente imparciales o los tuits desaforados de ministros que tienen de demócratas y de honorables lo que yo tengo de académico de la lengua.

Mi conclusión: dado que la elección entre jurado popular o jueces profesionales depende del tipo de delito y no del acusado, y existiendo casos en los que la imparcialidad del jurado es prácticamente imposible, soy partidario de eliminar esta figura, tan impropia de nuestra cultura jurídica y de nuestras tradiciones.

Valencia, 17 de julio de 2026

José Luis Martínez Ángel

Miriam González Durántez y Democracia 21

Miriam es una persona muy válida para la política nacional, pero , en mi opinión, al presentarse como promotora de un nuevo partido, otro más de centro, esta vez de ideología liberal, Democracia 21, no hará más que aumentar la mucha confusión que existe en este momento entre el electorado.

Porque, me pregunto, ¿de dónde obtendrá los votos? Del sanchismo, no y del PSOE me temo que muy pocos. ¿De la abstención? No creo porque la mayoría del absentismo con ideología son socialistas desengañados de Sánchez, pero fieles al PSOE. ¿De VOX? ni de broma.

Luego, su masa crítica, su granero de votos, como ocurrió con Ciudadanos, es el de votantes del PP, con el resultado de que debilitaría a este partido y potenciaría a VOX y al sanchismo.

Es un análisis muy simple, ya lo sé, pero no creo estar muy desacertado.

Le deseo lo mejor en lo personal y lo peor en lo político, a no ser que se integre como corriente en el PP, para potenciarlo más y sanearlo, o en un PSOE sin Sánchez, para renovarlo.

Es lo que me gustaría, pero solo soy un ciudadano que opina.

Valencia, 9 de julio de 2026

José Luis Martínez Ángel

Hablando de Luis de la Fuente.

Hoy me han preguntado en la peluquería si me gustaba el seleccionador español y he dicho que no, pese a que mi peluquero era el que llevaba las armas y yo estaba a su merced sentado en el sillón.

Él, buen chico, me ha reñido diciendo que pensemos lo que pensemos, la selección española es de todos y tenemos que defenderla a muerte, lo que me ha obligado a aclararle, entre cohibido y temeroso de algún trasquilón, que me había preguntado por el seleccionador y no si quería que ganara la selección española de futbol.

Aclaración que me ha permitido explicarle dos cosas: el porqué de mi poca fe en el seleccionador y mi deseo de que la selección gane el mundial, a ser posible jugando mejor que lo está haciendo hasta ahora.

No me gusta porque me parece demasiado protagonista, siempre super equipado y siempre dispuesto a encontrar ese titular que hable bien de la selección, pero sin dejar al margen algo bueno de sí mismo.

Esto no es especialmente malo, porque la vanidad es algo intrínseco a la naturaleza humana y hasta puede que le salga de forma inconsciente, sin querer.

Tampoco es especialmente malo que tenga un grupo de jugadores en su mente, porque eso ha ocurrido con todos los seleccionadores. A eso se llama confianza y no lo critico.

Pero no me gustó la falta de reacción cuando el equipo estaba como atontolinado y falto de criterio en algunos momentos de los dos partidos jugados, especialmente el primero, como si tuvieran seleccionador, pero no entrenador.

Reacción que provocó, por ejemplo, Ancelotti en el descanso del partido de ayer, cuando Brasil se mostraba poco consistente y algo anárquico en el primer tiempo.

Pero lo que me parece lamentable, imperdonable, es que, siendo el responsable de la selección, haya llamado y mantenido en el grupo a jugadores que no están en su mejor forma, si no claramente lesionados, solo porque tienen nombres que <<deben figurar>> entre los elegidos.

Con el riesgo, nada desdeñable, de que, si juegan algún tiempo en algún partido, pueden agravar sus lesiones, con el consiguiente perjuicio para ellos mismos y para los clubs que los ha contratado

Eso no lo hubiera hecho nunca ningún seleccionador, ni Luis Aragonés, ni Vicente del Bosque, ni siquiera el más folclórico de todos, que fue Clemente, el que sustituyó en un partido internacional a un jugador de campo por un portero para avergonzar al equipo.

Convocar a jugadores que no estén al cien por cien, dejando fuera a otros que sí lo están,  es una decisión impropia de un seleccionador imparcial y con buen criterio y denota, o una cobardía impropia del cargo, o un deseo de que se asocie su nombre al de jugadores de postín.

Y es poner en riesgo el éxito de la propia selección y una clara falta de respeto a otros jugadores, que, siendo igualmente apropiados para ocupar puestos en la selección, no han sido llamados porque esas plazas están ocupadas por jugadores mermados en sus facultades físicas.

Lo dicho, sea por lo que sea, Luis de la Fuente no es el seleccionador que yo elegiría si tuviera posibilidades de hacerlo. Aunque acaben ganando el mundial.

Afortunadamente. Porque en temas de fútbol, es más cómodo criticar que tomar decisiones.

Valencia, 1 de julio de 2026

José Luis Martínez Ángel.