Las verdades y las mentiras de los delitos de odio

En este país de nuestras desdichas en el que las liebres corren por el mar y las sardinas van por el monte, no podía faltar el que los máximos responsables de fomentar nuestro bienestar y nuestra convivencia tengan como estrategia electoral, porque hace muchos años que estamos en continuo período electoral, buscar y fomentar cualquier cosa que nos separe, tarea a la que tienen dedicados potentísimos equipos de marketing, fabricantes de frases rotundas con toda la apariencia de ser verdades evangélica cuando, lo normal, es que sean tan falsas como malintencionadas.

Y siendo cierto que los ataques personales son una desgraciada constante en la política parlamentaria, nunca se ha llegado al nivel actual, en el que se han saltado varias barreras, siendo la más importante que los líderes y portavoces de los partidos se están atreviendo a juzgar, a atacar y a cuestionar el buen juicio de los votantes de los otros partidos.

Y en eso tengo que hacer algunos distingos. Todos se pasan de la raya atacando a los líderes rivales, pero no todos bajan a la arena de agredir verbalmente a los que soportan a los “contrarios”. No lo hace el PP ni ciudadanos, ni tampoco, curiosamente, lo hace VOX, partido que no se caracteriza precisamente por su moderación verbal y sus buenos modos parlamentarios. Lo han hecho, y muy especialmente durante la famosa “campaña de Madrid”, que casi suena a episodio de la guerra civil, el PSOE, Podemos, IU y MásMadrid, entre otros.

Y esto viene a cuento de la mala, malísima, praxis que supone utilizar políticamente las desgracias ajenas y muy especialmente los llamados “delitos de odio”, en lo que son especialmente expertos los partidos de izquierda incluido, muy lamentablemente, el actual sanchismo.

Pero conviene empezar por el principio y es que la inmensa mayoría de los españoles somos defensores de la mujer y enemigos de cualquier tipo de violencia, sea del tipo que sea. Y ni el feminismo, ni la defensa de las igualdades son patrimonio de nadie. Ni de lejos, por mucho que se pongan bandas y medallas por ser “los primeros”, “los únicos” o “los pioneros”.

Escribo esta nota al hilo del desafortunado incidente del homosexual madrileño que presentó una falsa denuncia por agresión por un grupo de encapuchados. Noticia que disparó, como es habitual en estos casos, los mecanismos de los supuestos “salvapatrias”, “salvahumanidades”, “salvalibertades”, “salvahomosexuales” y salva todo, que se apresuraron a decir que “los otros”, refiriéndose especialmente a VOX, pero también al PP, son los responsables de estos sucesos por sus mensajes de odio. Por cierto, desconozco si es el caso de VOX, pero el PP tiene entre sus filas a algunos homosexuales muy cualificados, que nunca ocultaron su identidad sexual.

Y hasta el ministro del interior, el que estaría informado desde el primer momento de que existían serias dudas sobre la denuncia por la ausencia total de testigos en un barrio tan poblado y a una hora tan indiscreta y que debería ser especialmente prudente en las declaraciones por ser el responsable de las fuerzas de seguridad que lo estaban investigando, se apresuró a decir lo que no debía, incluso dando el nombre de VOX como uno de los responsables “de que ocurran estas cosas”.

Noticia que, ¡como no! trató de utilizar de inmediato el caza medallas que gobierna la nación anunciando que iba a presidir personalmente el comité de delitos de odio que, por cierto, parece que está haciendo un buen trabajo. Foto asegurada y méritos a añadir a los muchos ajenos que ha cosechado en los últimos tiempos.

Equipos de marketing y propaganda que, según los acontecimientos, hacen muy especial hincapié en la xenofobia, el maltrato a la mujer, los ataques homófobos o lo que haga falta, proyectando una imagen nacional e internacional de que somos un país plagado de agresores sexuales, maltratadores de mujeres o de gais y lesbianas y de todos los diferentes, cuando nuestros índices comparativos con otros países europeos son sensiblemente mejores. Incluso se dice, no puedo constatarlo, que España es el país más seguro del mundo ellos.

Un país donde el feminismo radical, insensato, inmoral y excluyente, está transmitiendo en los últimos tiempos la sensación de que España es una nación en la que los padres matan a sus hijos por odio a sus mujeres. Aprovechando, maldita sea, los muy desgraciados y escasísimos casos que se han producido en los últimos años

Información que, además de ser falsa, no beneficia en absoluto a la “marca España”

Pues bien, siguiendo mi costumbre he acudido a fuentes de información fiables, en este caso el Ministerio de Asuntos Interiores y he encontrado los siguientes datos oficiales sobre los delitos de odio.

Los realmente contrastados al margen de las informaciones interesadas, tendenciosas y claramente exageradas:

En el año 2020, el mayor número de delitos cometidos lo han sido por “racismo/xenofóbia”, con un total de 485 casos y una disminución de 30 sobre 2019. Este es un delito con causas/raíz sumamente variadas y confusas porque son muchos los factores que pueden favorecer el rechazo o el odio al inmigrante. Y siendo cierto que algunos mensajes procedentes del mundo de la política pueden favorecer el rechazo, dudo mucho que animen el delito.

En segundo lugar aparece, ¡oh sorpresa! los de “ideología”, delito del que no hablan nuestros líderes de izquierda porque, en su inmensa mayoría, son los partidos extremos y los malditos nacionalismos “practicantes” los que la alimentan. Es el odio al fascista, al españolista, al facha y también, en mucho menor número, al comunista. En 2020 fueron 326 y en el año 2019 nada menos que 596.  Es posible que la pandemia, los confinamientos y la prohibición de mítines y actos políticos haya influido en la disminución de estos delitos, pero, tal como están las cosas, me temo que esta cifra subirá notablemente en 2021.

El tercer lugar lo ocupa los delitos por “orientación sexual e identidad de género”, con 227 casos, uno menos que en 2019. Desconozco porque se producen o quién pueda alimentarlos porque, en este caso, todos los partidos tienen homosexuales en sus filas. Y aquí sí que descarto rotundamente a la extrema izquierda porque no solo no son enemigos, sino que parecen fomentadores de la multisexualidad o de la ambigüedad de género. Parece ser que son más propios de grupos tipo “ultras de futbol” o de bandas que salen a “cazar” homosexuales, como ha ocurrido en los últimos casos conocidos, pero ignoro las circunstancias o las motivaciones reales.

La “discriminación por sexo/género” ocupa el cuarto lugar con 99 casos, 33 más que en 2019. Tampoco puedo saber las causas/raíz de este delito, pero es evidente que ha sufrido un importante incremento desde al año anterior.

Y luego están todos los demás: “creencias o prácticas religiosas”, “persona con discapacidad”, “antigitanismo”, “discriminación por razón enfermedades”, “discriminación generacional”,aporofobia” o “antisemitismo”. Son cantidades mucho menores y con pocas variaciones sobre el año anterior.

Por lo visto hasta ahora, entiendo que:

  • En el año 2021 se registraron un total de 1.401 delitos de odio. Uno solo sería injustificable y, de ninguna manera quiero quitar importancia a los ocurridos. Solo trato de exponer los datos objetivos, sin los amplificadores o los amortiguadores, según convenga, de los interesados en utilizarlos políticamente.
  • Es decir, que menos de un 0,003 de los españoles han cometido algún delito de odio, suponiendo que entre los denunciados no haya casos de reincidencia.
  • Es de una claridad meridiana que los delitos de “ideología” no interesan a los grupos de marketing que trabajan para los partidos políticos, o bien porque son ellos mismos los incitadores, los partidos, o porque los cometen algunos de sus socios necesarios.
  • Y si observamos la distribución geográfica de los delitos de odio por cantidades totales, no es de extrañar que las zonas con más incidencia son las que tienen una carga mayor de ideología, especialmente provocada por los nacionalismos y los independentismos.

He intentado localizar datos de otros países europeos para compararlos, pero no he encontrado ninguna fuente fiable que me sirva para la comparación. Pero tengo la absoluta seguridad de que nuestros datos no son peores que el resto de las naciones. Ni mucho menos

Por todo lo anterior no hay ninguna duda de que, como en toda la información que circula por España en los últimos años, hay un altísimo componente de mentiras, falsas interpretaciones o verdades a medias al servicio de la política del peor nivel. La que juega con los sentimientos y las debilidades de los más desfavorecidos.

Tantas mentiras y de tanto calibre que harían avergonzarse al mismísimo NO-DO.

Acompaño algunas de las tablas que reflejan los datos que he comentado.

P.D.

He visto en el telediario que el presidente ha decidido que se creen unidades especiales contra los delitos de odio en la Policía Armada y en la Guardia Civil. No critico la medida, pero sería mejor si se hiciera extensiva a las policías autonómicas que, con esta especialización, podrían atender y entender mejor a los “odiados” en sus territorios por ser de partidos de la derecha o por no ser independentistas. Incluidos muchos policías y guardias civiles odiados por el simple hecho de estar destinados en algunas comunidades.

Ya se que no es justo ni apropiado frivolizar con estos asuntos, pero no soy yo el que lo hace. Son los cínicos que nos gobiernan.

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