Los gobernantes mentirosos que nos desgobiernan

En solo veinticuatro horas varios miembros del gobierno nos han deleitado con actuaciones dignas de los mejores  charlatanes callejeros, esos que antiguamente nos vendían objetos varios en plena calle subidos a una tarima. La única diferencia es que en lugar de utilizar la vehemencia verbal que les hizo famosos, ponen esa cara especial y ensayada de ser incapaces de decir una mentira.

Porque siguen pensando, y lamentablemente aciertan en la mayoría de las ocasiones, que muchos de los escuchantes aceptarán como verdad incuestionable todo lo que ellos digan.

Así, la vicepresidenta Calvo dijo que Casado y el Partido Popular tratan a la opinión pública, en la que se incluía, “como si fuéramos idiotas”. Ella, la que, junto al resto de los ministerios que coordina, ha dicho tantas falsedades o verdades a medias que no tendría tóner suficiente en mi impresora si tratara de relacionarlas.

El ministro Ábalos, el de las cuarenta maletas en Barajas, se atrevió a decir que su partido estaba “impoluto”. Desconozco si se refería al “Partido Sanchista ¿Obrero? ¿Español?”, porque si hablaba del PSOE, que tantos servicios ha prestado a España y a la democracia y lo digo sin entrecomillados ni segundas intenciones, es el que tuvo los tropiezos de Filesa, Malesa y Time-Export, el de los GAL, el que nombró presidentes de la Cruz Roja, de la Guardia Civil o de la Fábrica de Moneda y Timbre a personajes destacados que robaron de forma inmisericorde, el de los ERES, el de las connivencias con la UGT, su sindicato de cabecera, que han sembrado de escándalos buena parte de la geografía española, y el de tantos otros casos de desvíos de fondos o abusos de poder protagonizados por una parte de sus cargos públicos en autonomías y ayuntamientos.

Pese a lo cual y lo digo con toda seriedad, “era” un partido que valía la pena y que cometió el error de pensar, como ha ocurrido con todos los partidos longevos en el poder, que un hombre honrado lo es eternamente aunque pase mucho dinero o mucho poder por delante de su mesa.

Así que uno de los puntales de la democracia española, sí. Impoluto ni de lejos

Pablo Iglesias, siempre original, nos deleitó con su afirmación de que en España no hay normalidad democrática. Y posiblemente tenía razón si la compara con sus referentes tradicionales, Venezuela por convicción, Irán por conveniencia y ahora Rusia por ganar cuatro votos poco homologables entre los comunistas, los antisistema y algún que otro independentista confuso en las elecciones catalanas. O quizás, quien sabe, porque esté intentando un acercamiento con el régimen de Putin.

Que, como cantaba Antonio Molina,  el futuro es muy oscuro trabajando en el carbón.

El ministro Garzón, no le confundan con el ex magistrado que se ha convertido en un poder fáctico consorte en la sombra, afirma que las mascarillas PCR2 son menos seguras que las quirúrgicas. No sé de donde lo ha sacado y, de verdad, casi me daría miedo preguntárselo porque puede que se lo haya dicho alguno de sus extraños asesores sanitarios.

Lo único seguro es que este tipo de mascarillas atascan mejor que las quirúrgicas los aseos del hospital Isabel Zendal. Que no digo que sea él ni ninguno de sus correligionarios quien lo hace, pero alguien lo hará. Y es preferible utilizar mascarillas usadas que empapadores.

Mientras, el candidato Illa insiste en que no habrá tripartito con los independentistas. Y si lo propiciara porque fuera “lo más conveniente”, haciendo un gran sacrificio personal, la ministra portavoz de este gobierno, que de ninguna manera trataría a la opinión pública “como si fuéramos idiotas”, afirmaría sin ruborizarse, como hicieron con las promesas de Pedro Sánchez, que eso lo decía el “candidato” y que nunca lo había prometido “el presidente” .

Y como apunte tangencial, Podemos y otras firmas, entre las que figura la de Cristina Narbona, nada menos que la presidenta del Partido Socialista Obrero Español, ha pedido a la Comunidad Europea que perdone la deuda a España y a otros países.

Sin renunciar, por supuesto, a que nos sigan prestando dinero.

Soy consciente de que la Comunidad Económica Europea es, sobre todo, un gran emporio administrativo y burocrático, pero también hay cabezas muy bien amuebladas. ¿Qué pensarán de España y su gobierno viendo estas cosas?

Y digo yo si no sería posible que en la lengua de los cargos públicos se tatuara la antigua leyenda que se grababa en muchas espadas toledanas hace algunos siglos: “no me saques sin razón ni me envaines sin honor”

Aunque seguro que buscarían la fórmula de seguir haciendo lo mismo pareciendo que hacen otra cosa. Como acostumbran.

Y utilizarían, por ejemplo, la tercera acepción de la palabra “Argumento que una persona aduce para demostrar algo o convencer a otra persona de lo que dice”, en lugar de la segunda, la fetén, que define razón” como “Acierto, verdad o justicia en lo que una persona dice o hace

Lo cierto es que todas estas incongruencias me han hecho reflexionar y reconocer la gran astucia del presidente Sánchez y de la factoría Redondo.

Y la que, muy posiblemente, sea la razón que permita estos desaguisados y mantenga a su muy poco preparado vicepresidente.

¿Porque decidió cogobernar con Podemos? Es posible que su grupo de asesores, esos sí que son buenos, se dieran cuenta de que si metía a Pablo Iglesias en el gobierno y le daba cierta cancha, siempre que limitara sus poderes, como está haciendo, conseguiría dos objetivos:

Tener un interlocutor fiable para buscar acuerdos con los actuales apoyadores del gobierno sin necesidad de que él, el amado líder, visitara cárceles o se reuniera directamente con los pro etarras de Bildu.

Que el propio Iglesias sufriera un desgaste importante y creciente gracias a sus dichos y sus propuestas y, por añadidura, la formación Podemos. Con lo que conseguiría desarmar con el mínimo esfuerzo al enemigo “de siempre” del socialismo tradicional: el comunismo. Rebañando además una parte de sus votos.

Estrategia que le ha dado un excelente resultado porque en este momento, con los presupuestos aprobados, puede deshacer el pacto cuando le convenga y buscar sin prisas otros acuerdos con otras formaciones. Incluso, no diría que no, con la muy peligrosa derechona.

Claro que esta estrategia perjudica a la nación y a la convivencia pacífica de los españoles, pero no son temas que figuren entre las prioridades de nuestro presidente, más interesado en amortizar el colchón que hizo comprar nada más llegara  a la Moncloa.

Sobre el caos político actual. ¿A modo de despedida?

Estos días, días horribles de un año horrible por muchas circunstancias, estoy considerando si es acertado que continúe con mis comentarios sobre actualidad política o sobre las decisiones equivocadas de los políticos. Comentarios que siempre tienen una carga de subjetividad, por mucho que trate de evitarlo, porque reflejan mi modo de entender de lo que debería ser una política liberal y respetuosas con las formas y los contenidos.

Y estoy llegando a la conclusión de que no tienen ningún valor. Ni pedagógico, ni de contraste de opiniones, ni de nada de nada. Que son simples pensamientos en voz alta, mejor en letra alta, tan inútiles como innecesarios más allá de que me supongan un desahogo personal ante lo que está pasando.

Porque cuando publico comentarios sobre temas puntuales apenas hay debate y si lo hay se modula de la forma más conveniente para que no llegue a dañar amistades ni buenos rollos, cosa que resulta casi inevitable cuando se participa en una tertulia y aparecen las visceralidades de cada uno de los participantes.

Por lo que estoy cuestionándome la conveniencia de dejar de escribir para el público, aunque sea tan menguado como el mío y puede que este sea el último comentario que publico.

Porque en lo individual hemos llegado a una situación, muy propiciada por el gobierno, en la que los ciudadanos no podemos hacer absolutamente nada. En su momento dimos nuestro voto a unos partidos que en algunos casos los han retorcido de tal forma que la situación real no se parece ni remotamente a lo que todos esperábamos, los constitucionalistas porque queríamos más y los independentistas y antisistema porque no esperaban tanto.

Situación que solo podrá romper la bancada socialista si alguna vez todos o algunos se dan cuenta del daño que se está haciendo a la nación y a nuestra convivencia. Pero eso no lo verán mis ojos. Ni tampoco que se cambie la ley electoral, razón real de nuestras desdichas.

Y como muestra de la penosa situación en la que nos encontramos, basta recordar algunas declaraciones recientes de líderes significativos de partidos políticos:

  • Bildu, por boca de Otegui, ha pedido el voto afirmativo a sus bases para apoyar los presupuestos del estado con el argumento de que será el principio de “la república vasca”. Y ya anteriormente había manifestado que la presencia activa de su partido en la política nacional tenía como objeto conseguir la “democracia y las libertades en España
  • Rufián, de ERC, ha manifestado públicamente que su apoyo a los presupuestos está condicionado a que el gobierno obligue a la Comunidad de Madrid a subir los impuestos porque es un “paraíso fiscal”. Es decir, el partido que se mantiene firme en el “no me toquen” al gobierno en su territorio, pretende ser el que marque las reglas de juego de otra autonomía, sino de la totalidad del Estado español.

Condición que el gobierno ha aceptado por lo que se desprende de las últimas declaraciones de nuestro presidente al día siguiente de estas exigencias del parlamentario independentista.

  • Pere Aragonés,  presidente provisional de Cataluña y también de ERC, afirma en rueda de prensa que van a conseguir todas las competencias, incluidas las fiscales, para su comunidad.
  • El PNV ha continuado con su estrategia del silencio mientras consigue cosas y, al margen de apuntarse algún éxito menor como la subida de impuestos al diésel, es un hecho que se están acercando presos de ETA y que les han regalado el cuartel de Loyola en San Sebastián, propiedad de Defensa y considerado de importancia estratégica y, especialmente, simbólica.

Y parece que está negociando cosas tan serias como la transferencia de la justicia al País Vasco. Y sabiendo lo que está pasando en Cataluña no es descabellado pensar que eso puede suponer una salida masiva de etarras de las cárceles, se hayan arrepentido o no de sus crímenes.

Se rumorea que el gobierno está trabajando para conseguir una prolongación de la alarma sanitaria hasta 2022, desconozco si es cierto y si el plazo es hasta el principio o al final del año. Es decir, que de ser así, España pasaría prácticamente toda la legislatura en estado de excepción, con un gobierno sin control parlamentario y que puede gobernar a base de decretos ley sin necesidad de que los aprueben las Cortes Generales.

Es muy difícil de creer que se llegue a tal extremo y espero que sea un bulo interesado porque, de darse el caso, Pedro Sánchez estaría en condiciones de conseguirlo con sus “apoyadores” tradicionales. Sin ninguna duda.

Y recuerdo que con estados de excepción semejantes es como empezaron la mayoría de los gobiernos “democráticos desviados” de buena parte del mundo.

Y les llamo “desviados” utilizando el mismo calificativo que escuché a José Maria Fidalgo, personaje lúcido y nada sospechoso de tener o defender intereses personales o políticos en sus afirmaciones, cuando definía la actitud del gobierno a la luz de algunas de sus decisiones.  Gobiernos supuestamente democráticos pero con actitudes peligrosas y tendencias absolutistas o poco claras.

Fenómeno cada vez más frecuente, como denunciaba en mi artículo “los abundantes enemigos de la democracia” al que se accede con este enlace

www.jlmartinezangel.com/2020/11/17/el-rincon-de-pensar-los-abundantes-enemigos-de-la-democracia/

Estamos en manos de un gobierno montado para ensalzar las virtudes de Pedro Sánchez, el que aparece en primera fila cuando hay buenas noticias, con guiones y puestas en escena preparados por la factoría Redondo y desaparece cuando de verdad hay de dar la cara.

Y, naturalmente, para mantenerlo en el poder cueste lo que cueste. Cueste lo que cueste a la nación, porque a él no le cuesta nada y cuando se vaya, lo hará sin asumir ni incurrir en ninguna responsabilidad.

El mismo que no visitó un hospital durante la época dura del COVI19, ni una morgue, ni apoyó a pie de obra a los sanitarios, a las fuerzas de Orden Público ni a nadie que se jugara el tipo aquellos días.

El que ha ocultado el número de fallecidos por el COV19 para mejorar estadísticas y que ahora, pasado el peligro y con signos de recuperación, aparece con bata blanca en los hospitales o visita plantas de envasado de vacunas como si fuera el mismísimo descubridor y el que nos las va a inyectar personalmente. Porque, naturalmente, el que de verdad entiende de vacunas y vacunaciones es el gobierno central y no las sanidades autonómicas que son las que está vacunando a millones de nosotros desde hace treinta años.

¡Gloria al líder!, proclama la propaganda “redondista”. “Ya suenan los claros clarines”, repetiría Rubén Darío anunciando la llegada del que intenta pasar a la historia como Pedro Sánchez “el vacunador”. “El salvador”, el que nos salvó de la pandemia.

Solo me queda la curiosidad de ver que hará Pedro Sánchez, el que barrió sin piedad a los antiguos líderes del socialismo y ha montado una política de tierra quemada con los antiguos organismos de control del partido, cuando no necesite a Pablo Iglesias.

Será todo un espectáculo y no le arriendo la ganancia al otro supuesto paladín de la justicia y las libertades que cada vez está consiguiendo una España más injusta y con menos libertad.

Hay otra posibilidad nada desdeñable. Que Sánchez “el mentiroso” incumpla todos los pactos acordados con los partidos que lo soportan, como ha incumplido el acuerdo firmado con Bildu sobre la derogación de la reforma laboral de Rajoy, o los que firmó con Albert Rivera, o la última promesa de conseguir la elección de los vocales del Poder Judicial por mayoría simple a Pablo Iglesias. Que de eso sabe y entiende más que nadie

Así que, volviendo al título de este comentario, es muy probable que deje de pensar en voz alta delante del ordenador y vuelva al intimismo de una buena lectura, a escribir fantasías y a escuchar buena música.

Y, por lo demás, que sea lo que Dios quiera. Eso sí, bajo la protección de todos los Santos y de la Comunidad Europea.