Los 175 años de historia y servicios de la Guardia Civil.

Yo, hijo del cuerpo de varias generaciones, no sabiendo cómo empezar esta nota de felicitación, he pensado que no había mejor introducción que reproducir dos artículos de la “Cartilla del Guardia Civil”, “Aprobada por S.M. en Real órden 20 de diciembre de 1845 (sic)”, que resumen con toda claridad, en el lenguaje de la época, el espíritu y las intenciones de la que muy pronto sería reconocida como “Benemérita”.

1.º El honor ha de ser la principal divisa del Guardia Civil; debe por consiguiente conservarlo sin mancha. Una vez perdido no se conserva jamás.

Y, sobre todo, y como definición concreta de su esperada función en la sociedad, el artículo 6º

El Guardia Civil no debe ser temido sino de los malhechores; ni temible, sino á los enemigos del órden.

Procurará ser siempre un pronóstico feliz para el afligido, y que á su presentación el que se creía cercado de asesinos, se vea libre de ellos; el que tenía su casa presa de las llamas, considere el incendio apagado; el que veia á su hijo arrastrado por la corriente de las aguas, lo crea salvado; y por último siempre debe velar por la propiedad y seguridad de todos (sic).

Este fue el espíritu del fundador, y este es el que continúa presidiendo las actuaciones de sus miembros y las misiones de cada una de sus actuales especializaciones.

Esa Guardia Civil que yo conocía muy bien cuando era “caminera” y sus miembros vivían en cuarteles con sus familias para no mezclarse con la población civil, y no perder objetividad de juicio con amistades inapropiadas.

Y la conozco porque soy descendientes del Cuerpo desde hace dos generaciones, por lo menos, y toda mi infancia y mi juventud están asimiladas al olor de grasa de botas, (botos les llamaban ellos), y de los correajes, y de los limpiametales de la munición y de las hebillas.

Y del papel húmedo, casi mohoso, de los archivadores de atestados en esas carpetas de cartón cerradas con cintas rojas, de los libros de leyes, ordenanzas y reglamentos, y de los legajos varios ordenados en los armarios de aquellas “salas de armas” en las que se guardaban trofeos, y de cuyas paredes colgaban insignias, banderines y fotografías de actuaciones de los Guardias Civiles a pie o a caballo.

También recuerdo los olores del aceite rancio, del bacalao, y de los productos varios que compraban en sus economatos.

Hoy ya no existe esa Guardia Civil, pero solo en las formas. Porque dentro de cada uniforme, cada uno de los Guardias Civiles que recorren montes, o mares, o carreteras, o manejan ordenadores, o microscopios, o realizan vigilancias y contravigilancias para controlar a los malos o proteger a los buenos, lo hacen con voluntad de ser “pronóstico feliz para el afligido”

Y todos los que han muerto en acto de servicio lo han hecho “para  que á su presentación el que se creía cercado de asesinos, se vea libre de ellos”, o por intentar salvar a ese hijo arrastrado por las aguas, o por proteger vidas y haciendas de los españoles.

Un cuerpo que, como no, ha tenido muchas críticas interesadas, algunas fundadas porque un colectivo con tantos miles de agentes no puede estar libre del mal, y algún intento de presentar una imagen distorsionada del cuerpo.

Pero, curiosamente, la transparencia y la información globalizada de los tiempos actuales han despejado sombras e iluminado rincones oscuros, y ha puesto en valor, en mucho valor, el trabajo abnegado de los hombres de verde, que ha conseguido el justo reconocimiento de los españoles.

Sean bien hallados como fueron bien venidos cuando en aquel 1844, Francisco Javier Girón y Ezpeleta , II duque de Ahumada y V marqués de Amarillas, dio forma a un proyecto de seguridad ciudadana absolutamente necesario en aquel momento, como continúa siéndolo al día de hoy.

Repito mi felicitación, mi recuerdo a los muertos en acto de servicio en cualquiera de sus formas, y un abrazo para los mandos, suboficiales y números de un Cuerpo tan querido para mí y para la gran mayoría de los españoles.

Cuídense y sigan cuidándonos.

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