El desastre de España y la decadencia de Europa.

Vuelve a aparecer la gran amenaza, la amenaza real, esta vez en la Baja Sajonia. Y, de nuevo, la izquierda absurda y sin argumentos sólidos, cuestiona a los votantes y defiende sus virtudes y sus ensoñaciones tan fuera de lugar en los tiempos que corren.

Porque ellos, la izquierda, son los que han hablado mucho de derechos y casi nada de obligaciones y compromisos. Ellos son los que han convencido a los ciudadanos de que conseguirían una sociedad de rosas y miel, de tardeos y de vacaciones, sin añadir que el bienestar sobredimensionado es un gasto imposible que nos llevará a la ruina.

Ellos son los que han asegurado conseguir empleos dignos y viviendas sociales para quien las necesiten, repitiendo año tras año los mismos proyectos que nunca se han cumplido.

Y, cuando los votantes se sienten engañados y son conscientes de que la izquierda tradicional no consigue esa sociedad utópica, la de derechos y ocio, votan a la ultraderecha creyendo que el problema está en la gestión y no en el relato.

Ignorantes, porque así se lo han vendido, de que, si gobierna la derecha u otra izquierda que no llegue al poder engañando con dádivas imposibles, volveremos a pensar como seres racionales, conscientes de que hay un nivel de bienestar exigible y otro cuestionable.

Y que el cuestionable necesita unos ingresos del Estado imposibles de conseguir sin subir mucho los impuestos, en lugar de aumentar la deuda pública, como se ha hecho hasta ahora, o a recurrir a los fondos europeos, ahora consumidos casi inútilmente.

El resultado de toda esta insensatez es que nos encontramos con una Europa decadente porque sus gobiernos han sido cobardes a la hora de exigir y pródigos en ofrecer. Porque nos han hecho creer que la izquierda es la panacea del bienestar, cuando ese estado ideal no existe y que, en todo caso, no depende de ideologías de izquierdas o de derechas, sino de la buena gestión de los gobiernos de turno.

Y de tener la suerte de que no nos veamos afectados por fenómenos naturales que no podemos controlar, cada vez más frecuentes en forma de incendios, previsibles, o Danas imprevisibles.

Sabiendo que, en contra de los mensajes alarmistas de la izquierda, las libertades públicas y los derechos humanos están garantizadas en todos los países de Europa, gobierne quien gobierne.

Hoy mismo he escuchado de boca de nuestro presidente que él es único que pone freno a la ultraderecha europea. Él, Secretario General de un partido, el PSOE, que pierde votos en cada una de las elecciones generales y que fue nombrado presidente del gobierno gracias al apoyo de partidos independentistas y de un tercero que, además, es heredero de terroristas.

Lo que no le proporciona un perfil político muy de fiar como líder de la recuperación del sentido común y del buen orden en Europa, que es lo que necesitamos para frenar a locos populistas que prometen, como prometió la izquierda y los falsos liberales de la derecha, cosas que jamás podrán cumplir.

Mi conclusión, a la vista de lo que ha sucedido en los últimos diez años, es que no es la ultraizquierda la que alimenta a la ultraderecha. Ni tampoco la derecha. Es la izquierda que ha gobernado naciones prometiendo sin cumplir, que ha sido cobarde tomando decisiones y que no ha se ha adaptado a los cambios sociales.

Como ocurrió hace muchos años con el comunismo.

Escrito en plena decadencia de Europa, el 7 de septiembre de 2026

José Luis Martínez Ángel