Hablando de Luis de la Fuente.

Hoy me han preguntado en la peluquería si me gustaba el seleccionador español y he dicho que no, pese a que mi peluquero era el que llevaba las armas y yo estaba a su merced sentado en el sillón.

Él, buen chico, me ha reñido diciendo que pensemos lo que pensemos, la selección española es de todos y tenemos que defenderla a muerte, lo que me ha obligado a aclararle, entre cohibido y temeroso de algún trasquilón, que me había preguntado por el seleccionador y no si quería que ganara la selección española de futbol.

Aclaración que me ha permitido explicarle dos cosas: el porqué de mi poca fe en el seleccionador y mi deseo de que la selección gane el mundial, a ser posible jugando mejor que lo está haciendo hasta ahora.

No me gusta porque me parece demasiado protagonista, siempre super equipado y siempre dispuesto a encontrar ese titular que hable bien de la selección, pero sin dejar al margen algo bueno de sí mismo.

Esto no es especialmente malo, porque la vanidad es algo intrínseco a la naturaleza humana y hasta puede que le salga de forma inconsciente, sin querer.

Tampoco es especialmente malo que tenga un grupo de jugadores en su mente, porque eso ha ocurrido con todos los seleccionadores. A eso se llama confianza y no lo critico.

Pero no me gustó la falta de reacción cuando el equipo estaba como atontolinado y falto de criterio en algunos momentos de los dos partidos jugados, especialmente el primero, como si tuvieran seleccionador, pero no entrenador.

Reacción que provocó, por ejemplo, Ancelotti en el descanso del partido de ayer, cuando Brasil se mostraba poco consistente y algo anárquico en el primer tiempo.

Pero lo que me parece lamentable, imperdonable, es que, siendo el responsable de la selección, haya llamado y mantenido en el grupo a jugadores que no están en su mejor forma, si no claramente lesionados, solo porque tienen nombres que <<deben figurar>> entre los elegidos.

Con el riesgo, nada desdeñable, de que, si juegan algún tiempo en algún partido, pueden agravar sus lesiones, con el consiguiente perjuicio para ellos mismos y para los clubs que los ha contratado

Eso no lo hubiera hecho nunca ningún seleccionador, ni Luis Aragonés, ni Vicente del Bosque, ni siquiera el más folclórico de todos, que fue Clemente, el que sustituyó en un partido internacional a un jugador de campo por un portero para avergonzar al equipo.

Convocar a jugadores que no estén al cien por cien, dejando fuera a otros que sí lo están,  es una decisión impropia de un seleccionador imparcial y con buen criterio y denota, o una cobardía impropia del cargo, o un deseo de que se asocie su nombre al de jugadores de postín.

Y es poner en riesgo el éxito de la propia selección y una clara falta de respeto a otros jugadores, que, siendo igualmente apropiados para ocupar puestos en la selección, no han sido llamados porque esas plazas están ocupadas por jugadores mermados en sus facultades físicas.

Lo dicho, sea por lo que sea, Luis de la Fuente no es el seleccionador que yo elegiría si tuviera posibilidades de hacerlo. Aunque acaben ganando el mundial.

Afortunadamente. Porque en temas de fútbol, es más cómodo criticar que tomar decisiones.

Valencia, 1 de julio de 2026

José Luis Martínez Ángel.