El Sr. Marhuenda y otras cosas de Cataluña

El director de La Razón, Sr. Marhuenda, pidió en twitter que no se cruce la “X” de la iglesia en las declaraciones de la renta porque una parte del clero catalán se ha declarado pro referéndum. A mí me duele mucho que lo hagan, porque representantes de la iglesia no debería meterse en esos berenjenales, pero hay muchos periodistas y columnistas manifiestamente impresentables, y no hago campaña para que no se compren periódicos. Que todos somos mayorcitos y cada uno es responsable de sus propias decisiones.

Supongo que esta súbita beligerancia con las flaquezas del clero no tendrá nada que ver con que no le hayan renovado como tertuliano de la 13TV, la emisora de la iglesia. Y, según dijo, “de muy malas formas”.

Dicho sea como comentario al margen, los misioneros católicos siempre defendieron y siguen defendiendo la identidad de los pueblos indígenas, sus idiomas y sus costumbres, contra la voracidad de los colonizadores, pero, repito, se trata de poblados indígenas, a años luz de la potencia destructora de sus depredadores naturales: el capitalismo.

No es el caso, ni mucho menos, del pueblo catalán, por lo que tampoco entiendo que desde algunos púlpitos se trate de defenderlos de no sé qué persecuciones. Tenemos las mismas raíces, los mismos genes, apellidos cruzados, hablamos una lengua común más el catalán en Cataluña, pagamos impuestos similares, nuestra cultura es greco-romana, nuestro Cristo es un cristo universal, y las vírgenes catalanas más celebradas, La Mercé y la de Montserrat, son advocaciones de la misma Virgen María que se venera en cualquier pueblo de España. ¿Esperan acaso que la Virgen de Montserrat sea la protectora de los independentistas? Si es así, “deberían hacérselo mirar”, como diría un catalán de solera.

Pueden discutirse aspectos fiscales, culturales y hasta políticos, pero ¿religiosos? Me temo que en alguna de esas parroquias, muy pocas y con párrocos extremistas, solo se desee la paz “als bons catalans”. A los demás “¡bon cop da falç!”. Que curas trabucaires no han faltado en nuestra España negra. La de las guerras y las revoluciones.

Pero eso es cosa de cada uno. Ellos sabrán por qué lo hacen y supongo que sus feligreses tampoco son borregos que les obedecen a pies juntillas. En nuestras parroquias, cada domingo, nos predican la necesidad de practicar el bien, la solidaridad, la tolerancia, el amor fraterno y la caridad y, lamentablemente, tampoco hacemos mucho caso.

Abundando en el mestizaje, esta mañana he escuchado en una emisora de radio que ninguno de los veinte primeros apellidos más frecuentes en Cataluña tiene raíces catalanas. No me lo he creído y he consultado el “Institut d’estadística de la Generalidad de Cataluña”. ¡Resulta que es cierto!. No sé qué puesto ocupará en esta estadística oficial el primer apellido catalán, pero él último de los veinte primeros, los únicos que se presentan en esa tabla, es Álvarez. Y el mío, Martínez, ocupa el segundo lugar.

En otras fuentes estadísticas el primer apellido verdaderamente catalán, Vila, ocupa el puesto número veinticinco. ¿De que raíces, culturas, derechos robados y privilegios están hablando? ¿Los de los pobladores actuales apellidados García, Martínez, López, Sánchez, o Rodríguez? Cualquier ciudadano de otra comunidad histórica, histórica de verdad, no la definición que de este término hacen los políticos, mantiene mucho más apellidos con solera que la Cataluña actual. La del Siglo XXI.

Pero lo que ocurre no parece casual. Los apellidos “d’el president i d’els consellers” son Puigdemon, Turull, Oriol, Romeva, Rull, Pontasí, Borràs, Comín, Bassa, Forn, Puig, Vila, Mundó y Serret. Como se puede apreciar todos “charnegos” y emigrantes de países diversos.

Visto desde fuera, da la impresión de que en Cataluña se está produciendo una involución a glorias pasadas, gestada desde hace décadas, en la que no será posible recuperar la pureza de la supuesta raza, pero sí el control absoluto de las instituciones.

En este esquema, los futuros gobernantes serán, y así se apunta, los que controlen todos los poderes de la república catalana y harán y desharán a su antojo, como lo hacían los antiguos señores en sus añorados “tiempos históricos”. Y en esta estrategia es irrelevante el origen de los “súbditos”, porque el control de la sociedad lo tendrá quien lo debe tener. Los que de verdad saben lo que hay que hacer, como lo sabían los “Aristoi” (“los mejores”) de la antigua Esparta.

Cualquiera vale para súbdito, pero solo los privilegiados pueden ostentar el poder. Casi es preferible que los ciudadanos de a pie, los que van a trabajar y compran el pan de cada día, sean inmigrantes de otras provincias o de otros países, personas honradamente agradecidas, que vinieron huyendo de la miseria y encontraron en Cataluña su tierra de salvación. Porque había lo que más necesitaban: trabajo.

Y luego, en el orden de jerarquías, está esa segunda línea en la que se admiten foráneos, extraños y conversos, como el Sr. Rufián, hijo de padre y madre andaluces. En el PSC se permitió hace años la asimilación de los “de fuera”, que incluso llegaron a puestos de dirección, y también ocurrió en Esquerra, aunque menos.

En Convergencia no. En Convergencia los que mandaban, los que copaban los puestos clave, eran “los de allí”, gente de ocho apellidos y mucho poder. Y para comprobarlo basta con buscar los nombres de los actualmente imputados por corrupción.

Sobre la CUP no opino porque la mayoría son niños pijos hijos de papá, sin problemas económicos, que juegan a cambiar el mundo hasta que se cansen de hacerlo y se integren en los negocios familiares.

Pero es un esquema que no puede funcionar. En primer lugar porque es una situación imposible de legalizar, que no sería reconocida por ningún país de los llamados occidentales.

Y en segundo lugar porque las promesas mentirosas que han hecho a los catalanes son imposibles de cumplir. Ni remotamente. Esa Jauja con pensiones garantizadas, desempleo prácticamente erradicado, sanidad en grado de excelencia y universal, políticos próximos a los ciudadanos y el aplauso encendido, con bises, de la Comunidad Europea y de los países con capacidad de comprarles todos lo que les quieran vender. Más bien creo que soñaron con crear un paraíso fiscal, tipo Gibraltar, pero no está occidente para más bromas.

Valdría la pena contemplar una proyección virtual de lo que pasaría si triunfara la independencia imposible. Claro que todos los males se achacarían, como siempre, a esa España perversa y sus maquinaciones internacionales para unir a todo el mundo mundial en una sola causa: hundir a esa “Catalunya, triomfant” que tenía todas las posibilidades de alcanzar la gloria y que, según dicen los embaucadores que han provocado esta situación “tornarà a ser rica i plena!

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