La “agitación y propaganda” de los independentistas catalanes.

Frases hechas, consignas, mantras. El mundo independentista y su modo de actuar. Hay que repetir muchas veces las mismas cosas para confundir, aglutinar y enardecer. El muy conocido “agipró”, agitación y propaganda, de los movimientos revolucionarios.

He visto, leído y oído montones de declaraciones con planteamientos muy similares, mezclando las partes con el todo y pretendiendo que hechos aislados y/o falsos se conviertan en paradigmas: “presos políticos”, “gobierno opresor”, “democracia es votar”, “justicia manipulada por el ejecutivo”, “quieren humillar a Cataluña”, etc.

A un lado están los buenos, los pacíficos, los que no odian, y al otro estamos los demás.

He visto en la televisión a Gerard López diciendo: “No hay derecho a que a los catalanes nos traten como criminales”, y también he comprobado que el Barça sigue, erre que erre, mezclando su buen hacer futbolístico con políticas barriobajeras y de muy poco nivel, por muy grandes que sean sus pancartas.

A los catalanes, amigo Gerard, nadie los trata como criminales. A los catalanes que han cometido algún delito se les ha abierto diligencias judiciales, eso sí. Como ocurre con los de Madrid, los de Sevilla o los de Burgos. ¿O hay algún tipo de patente de corso para los ciudadanos de esas tierras que desconocemos?

Catalanes hay millones por toda España y nadie se mete con ellos. Catalanes son los que viven en Cataluña y no piensan en independentismo, y tampoco se meten con ellos. Corrijo: nosotros no, Uds. Sí.

Catalán es Ud. que parece defender la independencia, y tampoco tiene problemas por expresarlo, emplee los argumentos que emplee y con la vehemencia que estime oportuno. Catalán es Pep Guardiola, admirado por muchos cuando era líder de la selección española de futbol y ahora independentista de toda la vida. Y no tiene ningún problema legal, aunque le lluevan las críticas por sus manifestaciones.

¿Qué Matrix les han montado para que personas con formación digan lo que dicen?

Lo contrario del odio es el amor, y sorprende que también han mezclado estos dos conceptos administrándolos según su criterio. Si digo que Cataluña, mi querida Cataluña, debe permanecer en España es que odio a Cataluña. ¿De verdad se lo creen?

Nunca me meto con el Sr. Rufián, entre otras cosas porque creo que él mismo ha creado un personaje de ficción, extremo, para redimirse de su condición de “charnego”.

Que diga lo que quiera, que está en su derecho, pero a mí, que he acompañado una vez a mis amigos de Barcelona, colegas de empresa y catalanes por raíces y convicciones, nacionalistas hasta la médula, nada independentistas, en su marcha a pie de cada año desde Barcelona hasta el monasterio de Montserrat, que sentí como propio el éxito de la Olimpiada de Barcelona porque allí me tuvieron, y a mucha honra, cuando pidieron mi colaboración, no me puede catalogar de enemigo de Cataluña. Ni cien mil “rufianes” podrán hacerlo. De ninguna manera.

Le aseguro que yo amo a Cataluña mucho antes de que Ud. naciera y de que sus padres dejaran su querida Andalucía huyendo de la miseria y se trasladaran a esa comunidad, que les acogió, para ganarse a vida.

Si quiere hablamos de las razones por las que Andalucía era pobre y Cataluña rica en aquellos momentos, pero me figuro que no le interesa porque las sabe. Y su conducta y sus principios de adopción están ayudando a que la brecha existente sea todavía mayor, en perjuicio de los habitantes de la tierra madre de sus antepasados.

Y claro, yo no estoy de acuerdo. Y en estas en las que estamos, me encontrarán en la acera de enfrente de las convicciones democráticas sin necesidad de votar nada en referéndums ilegales y sin garantías, porque ya voto cada cuatro años. Votaciones con garantías, estas sí. Como corresponde.

Así pues, señor Gerard y todos los que piensan como Ud. No pretendo que cambien, ¡ojalá bajaran a tierra firme desde esa nube a la que les han subido!, pero si están esperando que les entienda o les defienda, ¡olvídense!

Por cierto: ayer opiné que sería bueno que la juez Lamela retire la euroorden y permita que el Sr. Puigdemont y sus compañeros de fuga se queden Bélgica dando el coñazo a los belgas. Cada vez me gusta más la idea. Sería bueno para ellos, que eludirían la cárcel, y bueno para nosotros, que nos evitaríamos lamentos y victimismos.

¡Vixca Catalunya!.

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