El problema de Facebook y de las redes sociales – ¿Que podemos hacer?

Estos días se ha puesto en evidencia algo que todos sabíamos o deberíamos de saber. Los peligros que se esconden detrás de tantas cosas aparentemente buenas, como es el caso de la utilización maliciosa de los datos disponibles en las bases de Facebook, nuestros datos, como ejemplo de los muchos otros riesgos de la red.

¿Qué ha ocurrido? Parece que Facebook ha vendido a una empresa 150.000 registros de su base de datos para un estudio de mercado. Eso es legal y lo hemos autorizado cuando nos damos de alta en el servicio, porque, pese a lo que piensan muchos, Facebook y el resto de los operadores, no nos proporcionan los servicios a cambio de nada. En este caso lo pagamos con nuestros datos.

Con este estudio se pretende conocer las preferencias de mercado según edad y condición de los analizados, con objeto de asesorar a marcas y/o enviar mensajes publicitarios directos a todos los usuarios de Facebook, que son muchos millones, ajustando las ofertas a los perfiles de compra de cada uno de nosotros. Es un gran negocio, pero un negocio, repito, legal.

El problema es que esta empresa ha vendido a una tercera, Cambridge Analytica, los datos cedidos por Facebook, y que, a partir de las fichas cedidas, ha conseguido localizar a más de 50.000.000 millones de usuarios.

¿Cómo lo ha hecho? Muy sencillo. Cada uno de nosotros tenemos “amigos”, “compartimos”, y reaccionamos con “me gusta” a las informaciones que nos envían.

Los “amigos” están enganchados a nuestro identificador personal en Facebook, de manera que, si “escarban” en mi identificador, por ejemplo, saben que tengo un número de amigos, supongamos que 300, que a su vez tienen amigos, y así sucesivamente, de forma que, partiendo de uno, que soy yo, pueden localizar a otros trescientos, mis “amigos”. Como los granos de uva de un racimo. Para efectos de control, yo sería 1+300

Pero si estos trescientos tienen un promedio de 50 amigos cada uno, estamos hablando de 1+300+(300×50) = 15.301.

Y si cada uno de estos usuarios tuvieran, a su vez, 50 amigos, la cantidad de “controlados” pasaría ser de 15.301×50=765.050

Se da la circunstancia, muy frecuente, de que tenemos “amigos” compartidos con nuestros propios “amigos”. En este caso no duplicará registros, por lo que no captura la totalidad de los 765.050 “nuevos” contactos. ¿Los dejamos en 650.000?

Y aquí me detengo.

Es decir, que si uno de los usuarios conseguidos por Cambridge Analytica fuera yo, tirando de mis amigos y de los amigos de mis amigos, tendrían a su alcance la posibilidad de hacer llegar mensajes publicitarios a un mínimo de 650.000 usuarios de Facebook. En este caso si que se está cometiendo algún tipo de delito, porque se ha vulnerado el pacto que Facebook tenía con cada uno de nosotros al no proteger la información vendida o cedida al primer comprador.

Pero incluso esta práctica, siendo ilegal, no nos crea más problemas que un posible bombardeo de anuncios y ofertas muy atractivas. A “nuestra medida”.

¿Dónde aparece la malicia de todos estos tejemanejes?

Supongamos, y es una ficción, que la empresa Cambridge Analytica está asesorando la campaña electoral de un candidato a la presidencia de los EE. UU., o de cualquier otro país, y lanza un mensaje a sus 50.000.000 capturados de Facebook diciendo “la asociación XXX, o el grupo ZZZ, condenamos la matanza de focas en Canadá. Pásalo”, acompañado de imágenes sangrientas de un cazador rodeado de focas muertas.

Y que ese mensaje lo reciben solo un 10 % de los “capturados”: 5.000.000 de usuarios.

Ante imágenes tan crueles, lo lógico es que una parte de los receptores opten por “pasar” el mensaje. Cada “pásalo” permite aumentar el número de usuarios controlados, y también a sus amigos, de la misma forma que me controlan a mí.

Pero la segunda fuente de información son los que pulsan el “me gusta” o cualquier otro icono de conformidad con la denuncia de la falsa asociación.

Sin duda este tipo de mensajes, niños maltratados por sus padres o escenas especialmente desagradables, despiertan el rechazo de los receptores, que se manifiestan claramente de acuerdo con la denuncia, y lo manifiestan con sus “me gusta”.

Si el número de “me gusta” es importante, como sería el caso, esta empresa, la que asesora al candidato, le recomendará de inmediato que en su próximo discurso mencione el hecho de que es un gran defensor de la naturaleza, y que odia la matanza de focas, con lo que está lanzando un mensaje que sonará muy bien a la gran mayoría de los habitantes del país, que son muchos más que los 5.000.000 de usuarios que han opinado en Facebook.

Porque esta cantidad, los 5.000.000, es una muestra estadística muy importante, teniendo en cuenta que las encuestas que realizan las empresas dedicadas a estas tareas y que publican los medios de comunicación, suelen ser de algunos cientos de personas, algunos miles en el mejor de los casos.

Es evidente que son prácticas maliciosas y mentirosas dedicadas a engañar a los electores, pero de uso frecuente. Es lo que hay.

Pero hay una actuación “B” que aumenta un escalón la manipulación y las malas prácticas.

Junto con el mensaje de acabar con la matanza de focas, se empieza a rebuscar en hemerotecas, videotecas, filmotecas y/o en las redes si el/o la candidata opositora ha hecho algún tipo de manifestación que indique, aunque sea muy remotamente, que está de acuerdo con que maten animales, (no hace falta que sean focas), lleven prendas fabricadas con pieles, etc.

Al primer mensaje del candidato asesorado, “yo soy ecologista”, le indicarán que añada un segundo: “mi rival es enemiga de los animales”, o “de la naturaleza”. ¡Qué suerte si la hubieran pillado en una cacería de elefantes! ¡O de cabras montesas!

Y el tercer escalón, que lamentablemente es una práctica habitual, el colmo de la indignidad es montar un mensaje en Twitter, que ha pasado de ser una plataforma de opinión y de información en una máquina de intoxicación, que diga “se ha visto a fulanito o menganito (el candidato rival) cazando cabras montesas”.

No importa que sea o no sea verdad. Le dan al botón que dispara los Twitter automáticos desde sus servidores y, en ese momento, miles y miles de perfiles falsos relanzan el mensaje inundando las redes del rumor. Y eso no hay candidato que lo resista.

Y digo que es una práctica habitual porque lo hacen grupos de asesores como el del ejemplo, partidos políticos, naciones como Rusia, o particulares como el tal Assange, refugiado en la embajada de Ecuador en Londres, al que visitaron, entre otros, algunos de los que están detrás del independentismo catalán, seguramente para que difundiera sus mensajes malintencionados y sus campañas.

En el caso de los gobiernos de las naciones, las redes se han convertido en un arma mucho más poderosa que sus tanques o su flota naval. No matan, pero pueden hacer mucho daño.

Y lo mismo que pueden saber nuestra opinión sobre la matanza de focas, también pueden averiguar nuestras ideas religiosas, posiciones políticas, intenciones de voto, tendencias sexuales, o cualquier parte de nuestro perfil que “les venga bien” para vender o para manipular.

¿Qué es ciencia ficción? Ni mucho menos.

Y voy a demostrarlo con un hecho real. Yo soy el administrador de la página web de una sociedad sin ánimo de lucro, http://www.Aculliber.com. Acabo de pedir las estadísticas sobre el perfil de las personas que la han visitado en los últimos seis meses, y me dicen que el 51% de son mujeres, y el 48,82, hombres.

Que el 6,40 % de los usuarios están entre 18 y 24 años, el 15,93 % entre 25 y 34, el 23,81 % entre 35 y 44, el 17,08 % entre 45 y 54, el 21,67 % entre 55 y 64, y el 15,11 % tienen más de 65 años.

Me proporciona otros datos, pero basta con los que he comentado.

Si cuando acceden a nuestra página lo hacen de forma anónima porque no tenemos claves de acceso ni ningún tipo de identificador, ¿de dónde sacan estos datos?

Pues los sacan, y son muy fiables, de la información que proporciona ese gran hermano, que es la red, de cada uno de nosotros. Es cierto que yo entro sin identificarme y no saben quién soy, pero todos nosotros estamos identificados en los navegadores, que son los que nos direccionan por la red.

Y cuando abrimos cualquier navegador y preguntamos cosas, accedemos a Amazon o al Corte Inglés, hacemos compras por internet, buscamos los horarios de trenes, o gestionamos cualquier tipo de consultas, sus bases de datos registran toda la actividad y van trazando nuestro perfil: Si consulto ropa femenina es que soy mujer. Analizando la ropa que busque o el tipo de zapato saben si soy joven o mayor, y conforme avancen las consultas (tipo de maquillaje, espectáculos por los que pregunto, etc.), concretarán más la edad y otros aspectos de mi personalidad.

Y así sucesivamente. Como todos nosotros entramos varias veces al día todos los días del año, es muy fácil concretar quienes estamos detrás de cada identificación, no con nuestros datos personales (excepto teléfonos que también los tienen), pero sí con nuestro perfil comprador, y, por lo tanto, es muy sencillo determinar qué tipo de propaganda debemos recibir. Propaganda que también se lanza de forma automática.

Los errores en la muestra (ordenador que usa más de una persona, productos que pueden servir a varios perfiles, o similares) son relativamente pequeños comparados con la cantidad de datos que suministramos. Un amigo mío que viajó a Tokio y llevaba conectado el Bluetooh de su teléfono me contaba que un escaparate le dijo en perfecto castellano: “fulanito, tengo la cámara fotográfica… (marca, modelo)”, que era por la que se había interesado varias veces en internet. No puedo dar fe del hecho porque no estaba allí, pero me lo creo.

Porque a eso llegaremos.

Concluyo diciendo: como nadie ofrece servicios de forma gratuita, es lógico que, a cambio, aceptemos que nos hagan publicidad de determinados productos.

Pero mucho cuidado con los reenvíos y los “me gusta”. Te estás poniendo al descubierto y hay muy mala gente en la red. Las mejores oraciones del Papa o los mensajes más inocentes sobre la infancia pueden estar lanzados por esta mala gente para captar direcciones, sabiendo que serán muy compartidos. Y cuando digo “compartir” no me refiero solo a Facebook. También vale para Twitter, WhatsApp, o cualquier otra plataforma con la que operes.

Hay gente tan inocente que llega a anunciar a sus amigos que se va de vacaciones a Cantabria, por señalar uno de los sitios que vale la pena, y les comunica las fechas del viaje. Luego se quejan de que les han robado, cuando solo les ha faltado dejar una llave puesta en la puerta de su casa.

Y no digo que no compartáis nada o que no deis “me gusta” en alguna ocasión. Pero siendo conscientes de que estáis dando más poder a alguien, o corriendo el riesgo de que alguien use tus datos para un mal fin.

Otra cosa son los mensajes de texto, como los e-mails o los de WhatsApp: No escribáis nada que no pueda leer cualquiera, porque puede que algún indeseable acceda a vuestras cuentas y os puede poner en evidencia o haceros algún tipo de chantaje, pero, de momento, no tienen los peligros del resto de servicios de internet.

Estas reflexiones se publican en mi blog que, por suerte o por desgracia, tiene una difusión muy limitada. Pero acabo de consultar en internet el ranking de los cinco “blogueros” que más ingresos tienen en el mundo y son los siguientes (corto y pego):

1. The Huffington Post 2.300.000$/mes. Fundado por Arianna Huffington, sus ingresos vienen fundamentalmente por publicidad. Este mismo febrero lo ha vendido a AOL por 315 millones de dólares. Realmente impresionante.

2. Mashable 560.000$/mes. Fundado por Pete Cashomre, sus ingresos vienen fundamentalmente por patrocinios publicitarios.

3. Perez Hilton 450.000$/mes. Fundado por Mario Lavandeira, sus ingresos vienen de patrocinios publicitarios.

4. Techcrunch 400.000$/mes. Fundado por Michael Arrington, sus ingresos vienen de patrocinios publicitarios y organización de eventos. En septiembre de 2010 lo compró AOL por 30 millones de dólares.

5. Timothy Sykes 200.000$/mes. Fundado por Timothy Sykes, sus ingresos proceden de las suscripciones de pago y la venta de productos.

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En muchos casos tienen millones de seguidores pendientes de que ropa se ponen hoy, o cual será la moda el mes que viene. Pero claro, si venden sus bases de seguidores a una marca o se ponen determinada prenda, cobran mucho, mucho dinero.

¿Hay o no hay negocio? En estos ejemplos negocios legales.

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