Hablemos de la FAES, Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales

Animado por la actitud versallesca de José Maria Aznar con su partido, y con su generosa oferta de ayudarles a volver al redil, me he interesado por “quién y qué” es la Fundación FAES. Y me he llevado varias sorpresas.

En primer lugar he podido identificar a los vocales de la Fundación. Unos me gustan mucho, otros me gustan, y algunos no me gustan nada. No daré los nombres de cada una de estas agrupaciones porque es una opinión muy subjetiva y no acostumbro a opinar sin conocimiento de causa, pero constato que uno de ellos es Eduardo Zaplana.

Se trata de personas que, en general, han prestado grandes servicios a la nación, servicios muy importantes y con un gran esfuerzo personal, pero en otros tiempos y otras circunstancias.

La España de 2018 se parece muy poco a la de hace quince o veinte años, y sus riesgos, sus retos y sus oportunidades son totalmente diferentes. No parece, en términos generales, el equipo más adecuado para aportar ideas de futuro porque casi todos ellos tienen marcas y heridas de guerra que pueden condicionar sus opiniones. Es un grupo demasiado compacto, con poca mezcla de edades y de sensibilidades. Dando por sentada su honorabilidad y su mejor intención, que la doy, han asistido a demasiados funerales y visto morir a muchos amigos.

Y ¿cómo se financia?

En un momento dado José Maria Aznar decidió que FAES debía desvincularse del PP, con lo que ganaba en libertad de acción y de opinión, y que se financiaría por aportaciones de entidades o de particulares, que podían hacer donaciones públicas o anónimas.

Donaciones de las que, por lo que parece, FAES “no estará obligada a informar al Tribunal de Cuentas de las que superen los 25.000 euros”.

Entiendo, y es una suposición, que FAES no está obligada a informar porque la información la habrán proporcionado los donantes a Hacienda, si son particulares, o a los organismos correspondientes si son entidades.

Pero, leyendo sus normas de funcionamiento, en el apartado de “Transparencia y control”, se dice textualmente:

FAES se financia con aportaciones privadas, tanto de particulares como de empresas, cuya transparencia está garantizada con el cumplimiento de los requisitos establecidos en la legislación vigente. Adicionalmente, la Fundación hace público el informe anual de auditoría.

Los donativos realizados a la Fundación son fiscalmente deducibles. La Fundación se encuentra acogida al régimen fiscal de la Ley de Mecenazgo (Ley 49/2002, de 23 de diciembre) y, por ello, los donantes personas físicas tienen derecho a aplicar una deducción en la cuota íntegra del IRPF de 2015 del 50% (75% a partir de 2016) de los primeros 150 € donados (por contribuyente/año respecto a cualquier donación a entidades beneficiarias del mecenazgo) y del 30% o del 32,50% (35% a partir de 2016) del resto de la donación efectuada, todo ello en función del importe de los donativos realizados a la Fundación en los últimos dos años.

En el caso de donantes personas jurídicas, la deducción en la cuota del Impuesto sobre Sociedades será del 35% o incluso de 37,50% (40% a partir de 2016), todo ello en función del importe de los donativos que nos hayan realizado los últimos dos años. Esta información fiscal es meramente informativa y la Fundación no se responsabiliza de una incorrecta aplicación de la misma.

Mi primera sorpresa es que FAES está acogida a la Ley de Mecenazgo, como si fuera una empresa de interés social, como Cáritas por ejemplo, por lo que sus donantes gozan de beneficios fiscales. ¿Por qué razón?

Seguro que no es la única fundación asociada a otros partidos, sindicatos o entidades similares que tienen los mismos privilegios, pero el hecho es que estamos subvencionando con nuestros impuestos a fundaciones y grupos de opinión creados para apoyar a partidos o a determinadas corrientes ideológicas.

Y luego viene lo inesperado. Buscando información de prensa, no tengo otra, leo en el diario Público que “FAES recibió más de 26 millones en subvenciones en los últimos diez años”, con algunas curiosidades. Reproduzco parte de la información:
FAES (Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales), la fundación presidida por José María Aznar ha recibido, al menos durante estos dos últimos años, una subvención anual de la Generalitat de Catalunya de 67.703 euros, según la información publicada en Vozpópuli, que ha tenido acceso a las últimas cuentas de la fundación del expresidente del Gobierno.

Según las últimas cuentas de FAES, el motivo de esta donación es el de “estudios o actividades para entidades vinculadas a partidos”. La Generalitat de Catalunya no ha sido la única que ha subvencionado a la FAES. La Diputación de Barcelona proporcionó a la fundación de Aznar una subvención “para actividades de concesión directa”: un total de 24.069 euros en 2014 y 25.000 euros en 2013.

A pesar de la conocida oposición de José María Aznar al desafío soberanista de Artur Mas, la fundación que preside, tal y como aparece en su memoria de actividades, ofreció durante el año pasado una serie de cursos centrados en el proceso de secesión de Catalunya, “especialmente el que el presidente de la Generalitat Artur Mas ha puesto en marcha”.

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Realmente extraño. FAES recibiendo dinero de los organismos oficiales de Cataluña, partidarios de la secesión.

Desconozco el contenido de los cursos, pero parece una gran contradicción. Y en cualquier caso, es evidente que FAES, que arrancó como Fundación al servicio del PP, ha ido derivado hacia posturas incomprensibles para los que lo vemos desde fuera. Como si fuera un pedestal para soportar el ego de nuestro ex presidente.

Zapatero decía que “la tierra no pertenece a nadie, salvo al viento”, otros que “la nación es un sentimiento”. A Fraga se le atribuye la frese “la calle es mía”, que parece que nunca dijo. El presidente actual Sánchez dice que España es “una nación de naciones” y otros, muchos, dicen directamente que España es una mierda, con perdón, o que los españoles no catalanes de cincuenta generaciones, sin mezcla, somos una raza inferior.

Cosa que ya dijo nuestro recordado Javier Arzallus, el ex jesuita, cuando proclamó la peculiaridad del ADN de los vascos.

Divide y vencerás. ¿Alguien se está dando cuenta de que están pretendiendo fraccionarnos genéticamente de forma artificial como lo estábamos, de verdad, cuando llegaron las tribus celtas a la península ibérica? Entonces eran grupos de población aislados y “puros” como raza. Ahora no hay nadie en el mundo, afortunadamente, que no incluya en sus marcadores genéticos muchos registros de mil razas, como ocurre con los antiguos perros callejeros.

Y que todos nosotros, incluso los más sabios del mundo, los vascos, los catalanes más catalanes, o los neozelandeses más negros de Nueva Zelanda, tenemos un ADN común en un 90 % con los chimpancés, en un 88 % con los ratones, o en un 84% con los perros.

Hace sesenta años el régimen afirmaba con grandilocuencia que España “era una unidad de destino en lo universal”. Ahora, gracias a los que ahora nos dirigen, mejor manipulan desde la política, las fundaciones, el gran capital, los sindicatos, los “club de encuentro” con trampa, o desde cualquier punto sostenido por dinero interesado o por subvenciones que pagamos nosotros, esta sociedad que tanto adelantó gracias a la transición y a la generosidad de todos los españoles, deberían decir que a España “la tenemos hecha unos zorros”.

O eso parece. Pero, créanme, no es verdad.

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