De las prostituciones rechazadas, aceptadas, ignoradas, disfrazadas y/o aplaudidas.

En diccionario de la  RAE dice que “prostituto/a

1. m. y f. Persona que mantiene relaciones sexuales a cambio de dinero.

Y  define la palabra “prostitución”, como:

Del lat. prostitutio, -ōnis.

1. f. Acción y efecto de prostituir.

2. f. Actividad de quien mantiene relaciones sexuales con otras personas a cambio de dinero.

Leo o escucho con frecuencia comentarios, habitualmente condenatorios, sobre la prostitución y sus efectos perniciosos sobre algunos de los colectivos que la ejercen. Los hay de todos los colores, desde los que reclaman la legalización para proteger a los clientes y/o evitar la evasión de impuestos, hasta los que piden que se respete a las prostitutas y se sancione a los clientes.

Y mi pregunta es ¿de qué prostitutas estamos hablando? o ¿quiénes son sus clientes?

Si hablamos de ese grupo de prostitutas producto de la trata de blancas, de ninguna manera se puede autorizar su oficio. Hay que evitarlo en origen, detener a las mafias que trafican con ellas y castigarlos muy duramente cambiando las leyes si es necesario, porque su delito es más cruel que muchos homicidios o corruptelas que merecen grandes titulares de periódicos.  

Y si las víctimas llegan al España y pueden liberarse, debemos atenderlas y ayudarlas en lo posible para que se incorporen a la sociedad. Como están haciendo algunas ONG. Y por supuesto, hay que castigar a los clientes que en este caso son cómplices necesarios del delito.

Hay otro grupo de prostitutas que son las que ejercen esa actividad porque han llegado a un grado de marginación o de desesperación social que lo utilizan como forma de salir de situaciones muy comprometidas: madres solteras o casadas sin ingresos por que no encuentran trabajo, etc. Me sigue pareciendo muy mal porque no dejan de ser un fracaso de la sociedad y de los gobiernos que la lideran y la administran, pero no me considero con la  suficiente entidad moral para condenar este tipo de prostitución. Es mala e indeseable como hecho, pero una cosa son los hechos y otras las personas, y no seré yo quien lance la primera piedra.

También las hay que lo son porque quieren, porque sin estar necesitados necesitan lujos o caprichos que no conseguirían con actividades normales. No les entiendo ni les defiendo, pero considero que son libres de hacer con su vida lo que estimen conveniente, incluso cambiar lujos por dignidad.

Y luego están todos los demás. Los que no se si son, pero lo parecen.

Prácticamente todas las cadenas de televisión, esas que se rasgan las vestiduras defendiendo el feminismo, los derechos de la mujer, la igualdad y todos los eslóganes tan de moda en este momento, tienen programas que rozan, si no sobrepasan, la línea de una especie de prostitución “light” o, al menos, animan al sexo de bajo nivel, donde las mujeres suelen ser víctimas y los “guapos” protagonistas.

Y lo hacen por puros intereses económicos sin importarles lo que tienen de deterioro en la educación para una juventud que sigue ávidamente este tipo de programas, en los que pueden encontrar una especie de modelo de comportamiento.

Los villanos son las cadenas, por supuesto. Muy villanos. Pero ¿y los participantes? Me consta, aunque no tenga pruebas, que una de las condiciones es la posibilidad, casi certeza, de que se produzcan encuentros sexuales más o menos explícitos en algunos momentos.

Y, me figuro, que todos, chicos y chicas, hombres, mujeres y personas de toda condición sexual, cobran por participar en dichos programas. Excluyo muy a mi pesar a los que participen gratis a cambio de una supuesta fama. Pero seguro que son minoría.

Luego, si son personas que aceptan tener relaciones sexuales “a cambio de dinero” ¿de qué estamos hablando? No se trata de que les paguen cada acto sexual, pero ¡si va en el sueldo…!

Tampoco les juzgo a ellos porque probablemente son el fruto de una educación inadecuada, con una escala de valores muy menguada y con prioridades poco definidas.

Critico y muy duramente, a estos cínicos con poder en los medios que fomentan este tipo de espectáculos en aras de una de las grandes diosas de nuestros tiempos: la audiencia.

Y muy especialmente a los anunciantes que soportan este tipo de programas. Porque como ocurre con los clientes de la prostitución que tiene como origen la trata de blancas, son colaboradores necesarios.

Mi opinión es que los promotores y participantes en estos programas nos serán exactamente chulos y prostitutas, pero por ahí anda la cosa.

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